domingo, 18 de febrero de 2018

Michael Nyman en el Auditorio Nacional, 18 de febrero de 2018.




Este 18 de febrero  Michael Nyman se presentó en el Auditorio Nacional de Madrid con su famoso conjunto musical, The Michael Nyman Band, en la gira por el cuarenta aniversario de su formación. Nyman es habitual en esta sala madrileña, y su fama mundial como célebre compositor de música minimalista y New Age fue suficiente para reunir a más de 2000 personas en una tarde que prometía ser mágica.

Personalmente, tengo que decir que no conozco mucho a Nyman; salvo por su bellísima  ópera Facing Goya, y por sus obras para el cine. Además he de admtir que me gustan más otros minimalistas como Steve Reich. Y dado que el Auditorio tampoco facilitó el listado de obras del concierto, fui prácticamente virgen de conocimientos a la función.

Nada más entrar a la sala me sorprendí de ver la amplificación, algo que deslució un poco
el concierto porque el sonido era verdaderamente atronador. Creo que no le habría hecho falta, pero desconozco las razones por las que se puso. La orquesta sólo estaba formada por doce músicos incluido el propio Nyman al piano.


Empezó el concierto con mucho brío, y poco a poco Nyman fue interpretando varias de sus mejores obras para su agrupación: comenzó por Chasing Sheep is Best Left to Shepherds, luego llegaría una impactante versión de An eye for optical theory, o la conocida Sheep and Tides , el Memorial de  El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, la vibrante Drowning by Numbers y un largo etcétera.

Tras acabar el concierto, vino una generosa ronda de bises. Nyman apareció en solitario para interpretar al piano la célebre The Heart Asks Pleasure First. Y en ese momento el mundo pareció detenerse. La famosa melodía de la banda sonora de la película El Piano tiene ese poder indescriptible para conmover, para mantener al público con la respiración contenida. Fue algo mágico.

Luego vinieron otras piezas orquestales y el concierto terminó con Nyman de nuevo en el piano para interpretar Franklyn, de la película Wonderland.


El concierto fue recibido con una calurosa acogida por un público entusiasta de la música de Nyman, y tuvo momentos que percibí como mágicos pese a mis pocos conocimientos en este autor. Una velada memorable, sobretodo para quien conozca muy bien su música.

domingo, 11 de febrero de 2018

Peter Grimes en el Palau de les Arts de Valencia. 10 de febrero de 2018.






Peter Grimes es una de las mejores óperas del siglo XX. Cuando tenía 14 años leí sobre la historia de autodestrucción de este huraño marinero, y sentí la necesidad de escuchar por primera vez esta ópera. Me quedé fascinado con los interludios musicales y algunos de sus números, incluído el trágico final.
Con esta obra, Britten nos muestra una realidad descarnada: cómo los inadaptados a la sociedad  como Peter Grimes son destruídos irremediablemente por ésta. Y no sólo eso, sino que también es la misma sociedad la que con sus chismes, rechazos y su morbo por la miseria ajena crea a estos personajes y les empuja a cometer acciones que serán su perdición. También nos muestra que en medio de la desolación, siempre hay voces amigas como Ellen Orford o el Capitán Balstrode que creen en alguien, aunque a veces esa ayuda no pueda evitar el desastre final. Y por último nos hace un retrato de la hipocresía de la sociedad de The Borough, que es capaz de disfrazar de moral puritana y justiciera su moral baja y chismosa. Y por no hablar de su genial musica, que le da a esta triste historia momentos de épica sinfónica y de dramatismo. Britten creó (y que me perdone Purcell), la cúspide de la ópera británica, muchas veces innovando donde no tuvo referentes en los qué inspirarse. Una empresa que sólo genios como él pueden sacar adelante con éxito.

Por todo ello, en cuanto supe que Peter Grimes estaba anunciado en esta temporada del Palau de les Arts supe que Valencia sería el destino de mi segundo viaje operístico. Nunca antes había visto esta obra en vivo y no me lo pensé.



La producción de Willy Decker es ya un clásico, en 24 años de andadura ha conquistado ciudades como Tokio o Madrid. Parece que Britten se le da bastante bien: su producción de Muerte en Venecia es igualmente bella.  Sin embargo, me ha parecido por momentos un poco vieja ya pero a medida que avanzaba la función ha ido ganando enteros y convertirse en un montaje poderoso e intenso.



Nada más abrirse el telón vemos unas paredes negras con una plataforma inclinada, Grimes lleva el ataúd de su anterior aprendiz, que simboliza la carga de sospechas y recelos que el pueblo carga sobre sus hombros. Decker crea un ambiente onírico y a la vez opresor, con el cielo nuboso y oscurecido de fondo. La dirección de actores es estupenda, con momentos memorables como el final del primer acto (con la taberna de paredes rojas) o la escena en la cabaña de Grimes. En cuanto a los decorados, por momentos la austeridad aunque pretende destacar lo irrespirable de la atmósfera del pueblo cae en lo aburrido, por ejemplo en la primera escena del primer acto. Los movimientos del coro son de lo mejor de la dirección de actores. Decker lo convierte en un personaje maledicente, cargante y temible (impresionante cómo se agolpan todos al final del primer acto señalando a Grimes y su aprendiz una vez que se han ido a casa).


Decker convierte las escenas sociales del pueblo del principio y el final en un oficio religioso, en el que se chismorrea y conspira contra Grimes. Un gran momento es el cuarteto femenino en el que las mujeres del coro se unen a las solistas con su silencio cómplice, así como la cabaña del protagonista: unas asfixiantes paredes grises que dan una idea de lo horrible que es la convivencia con él. La iluminación es igualmente magistral, creando escenas de iluminación tenue cautivadoras.


La Orquesta de la Comunidad Valenciana es la mejor que puede tener una casa de ópera de este país. Su sonido es espectacular, y más aún lo es con la excelente acústica de la sala. Pero además se lleva de calle a orquestas como la del Liceu o la del Real (la cuerda valenciana es mejor que la madrileña).  Christopher Franklin la dirige a un gran nivel, pero no llega a ser sobrecogedora. Aunque por momentos va demasiado rápido y la sección de trompeta parece descordinarse un poco, en otros muchos momentos llega a tener buenos momentos, como en los interludios o en el final.

El Cor de la Generalitat a cargo de Francesc Perales fue de lo mejor de la noche,  con unas poderosas intervenciones y además muy bien actuadas.

Gregory Kunde y el resto de solistas en un momento de la obra.

Gregory Kunde era el otro gran reclamo. Y no ha defraudado:  la suya ha sido una actuación perfecta. La voz es bella, corre por la sala y a nivel interpretativo es excelente. Su Grimes es temible, agresivo pero digno de compasión (cómo llora tras la muerte de John). Creo que éste es el mejor papel que le haya oído. Pocos han cantado What Harbour shelters peace? con tanta belleza. Y que gran escena final.

Leah Partridge y Robert Bork han sido unos excelentes Ellen Orford y Capitán Balstrode. Ella tiene una hermosa voz juvenil y robusta (excelente su aria Embroidery in childhood); además de ser una buena actriz , y él posee una gran voz.

Entre los comprimarios hubo un buen nivel, entre ellos Rosalind Plowright fue una tétrica Sra. Sedley, cuya voz estridente convenía al personaje. Me gustó Dalia Schaechter como la tía, de voz pastosa (es una tabernera, también conviene al personaje) aunque a veces no se oía. Richard Cox fue un excelente Bob Boles.
Gregory Kunde recibiendo en solitario la ovación cerrada del público.

El teatro no estaba ocupado del todo, pero los que estuvimos ahí aplaudimos y ovacionamos con fuerza. No ha sido el mejor Peter Grimes del mundo pero me parece un hito para Valencia el que se programe y se amplíe más el repertorio del público con una de las más bellas óperas del siglo pasado. Y además, el Palau de les Arts es un edificio impresionante, con unas vistas increíbles y una bella sala moderna.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con su publicación en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

martes, 6 de febrero de 2018

Dead Man Walking en el Teatro Real, 6 de febrero de 2018.



Después de tres largos meses, volvía al Teatro Real para ver Dead Man Walking, una ópera basada en una historia real. Había leído y oído que se trataba de toda una sensación y avivó mis ganas de verla. Me he encontrado con una obra muy bonita, que sin ser un hito (al menos de momento, pero el tiempo lo dirá; y segundas lecturas si procede) emociona, trata un tema actual, íntimo y universal.
Una función muy emocionante es la que se ha vivido este 6 de febrero en el Real.

La historia de la religiosa Helen Prejean fue llevada al cine, y Susan Sarandon ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación. Prejean recorrió un camino para el que se necesita humanidad, y también mucha entereza: asistir a un condenado a muerte en la recta final de su vida. Recientemente, el compositor Jake Heggie la convirtió en una ópera, que ha tenido mucho éxito. Y ahora ha repetido ese triunfo en Madrid.

La música de Jake Heggie es preciosa, y por encontrarle un análogo me ha parecido mejor que The Perfect American. Además, ha conseguido gustar al público. Muy americana en el estilo y las melodías - opiniones más leídas encuentran influencias de Bernstein-, y con un esquema que incluye preludios, arias, monólogos, escenas, impresionantes coros, etc. Personalmente, recuerdo una bella música para viento en una escena a solas de la protagonista en el segundo acto. La producción de ópera contemporánea en Estados Unidos suele tener aceptación entre el público debido a la composición tradicional y el tratamiento de temas históricos y sociales estadounidenses. Ahí tenemos a Adams y a veces a Glass.

Mark Wigglesworth dirigió muy bien a la orquesta del Real, aunque no lograse ésta un nivel supremo. No eché en falta brillantez en ninguna sección esta vez, lo que es decir mucho.



La puesta en escena de Leonard Foglia es espectacular y funcional a la vez. Nada más abrirse el telón se ven unas rejas y el asesinato de los jóvenes por parte del protagonista y su cómplice, para luego dar paso a una colorida escuelita donde empieza la historia. Muy bien resuelta el aria de la Hermana Helen mientras conduce, con proyecciones de fotografías de carreteras americanas: una excelente composición de Elaine J. McCarthy.  La plataforma escénica que representa la prisión es impactante, así como la dirección de actores para el coro de presos; que se comen a Helen con la mirada. Muy bella la aparición de Joe (el condenado) con una iluminación azul y violácea de fondo. La dirección de actores como ya dije antes ha sido espléndida, siendo cada vez más conmovedora: la comisión de inocencia y todo el acto segundo llegan al alma. Pero el final es aún más espléndido, con la ejecución del preso en silencio sepulcral con una aturdidora iluminación amarilla y esos pitidos de máquina del corazón que llegan a provocar ansiedad acrecenta la fuerza de la escena. Gran trabajo.

Joyce DiDonato y Michael Hayes en un momento de la representación

Joyce DiDonato ha interpretado magistralmente a la gran hermana Helen Prejean. Su actuación ha sido impecable y vocalmente bella. De piedra me he quedado con el espiritual final a cappella, sobrecogedor. Para el recuerdo.

Michael Mayes ha sido igualmente un gran Joe De Rocher. Quizá no me lo imagine como Rigoletto o el Conde de Luna por esa voz un tanto gutural, pero a este personaje le viene como anillo al dedo; porque a partir de ella realiza una interpretación sobrecogedora, que nos hace sentir al antihéroe. Me gustó mucho el pianissimo que hace en "everything is going to be alright" en el dúo con Helen en el primer acto.

Measha Brueggergosman volvía al Real después de mucho tiempo. Me gustado esta vez su interpretación y su voz, que sonaba preciosa y se dejaba oír (algunos dicen que su voz es muy pequeña). Creo que Brueggergosman está más indicada en este papel de comprimaria que hace años como Antonia de Los Cuentos de Hoffmann, de la que hizo una interpretación olvidable. Aquí resultaba encantadora.

El resto del reparto ha estado a un buen nivel. Particularmente, hemos de mencionar a  Maria Zifchak, que interpretó magistralmente a la madre de Joe, y también a Toni Marsol como Owen Hart (padre de una de las víctimas), excelente a nivel vocal y actoral.



Creo firmemente en que la ópera debe seguir viva a través de nuevas creaciones. Hay muchos caminos como obras de arte deje cada uno, muchos no gustarán al público y otros sí. Obras como esta pueden no sólo agradar al público más conservador sino que también su temática actual atraerá a personas ajenas a la ópera: a mí me han preguntado algunos interesados profanos, aunque no he podido esta vez traerme a nadie. De momento, esta vez la sala tenía alta ocupación y por los comentarios el público ha salido entusiasmado. Junto a La Favorita, ya tenemos al éxito del año en lo que llevamos de temporada.


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viernes, 29 de diciembre de 2017

Estrellas del Bolshoi y el Cascanueces en el Coliseum. 27 de diciembre de 2017.

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Como cada navidad, las compañías de ballet ruso llegan a Madrid. Esta vez, el Teatro Coliseum ha organizado para navidades unas funciones de El Lago de los Cisnes y El Cascanueces. Esta vez estaría a cargo de las Estrellas del Teatro Bolshói junto al Moscow State Ballet.No esperaba a Lopatkina ni a Ovcharenko pero confié en que habría algún nivel. Y tenía el aliciente de una gran orquesta sinfónica en vivo y en directo.



Subestimé la capacidad del Coliseum. Nada más ocupar mi butaca contemplé con horror que no había sitio para decorados. La orquesta estaría situada al fondo del escenario y los bailarines tendrían que moverse en poco más de la mitad del mismo. Aquello significó un problema para los bailarines, ya que tuvieron que moverse en un espacio reducido. En fin, mi gozo en un pozo.

La "Gran Orquesta Sinfónica" anunciada era la Orquesta Sinfónica Estatal de Dneper, una orquestina ucraniana de 30 músicos. El director fue Iván Kostyakhin. El conjunto se dedicó a acompañar el espectáculo pese a algunos momentos fallidos como un desafine de la trompa en el Vals de las Flores o el fallo de amplificación de la celesta-sintetizador que afectó a la danza china.


Las anunciadas estrellas del Teatro Bolshoi eran los bailarines Maria Allash como Clara y Andrei Merkuriev como el Príncipe. Hay que reconocer que el nivel del famoso teatro ruso se notaba en ellos, respecto del resto de bailarines e incluso de compañías que he visto hasta ahora. Sus movimientos estaban perfectamente sincronizados y en sus danzas se apreciaba una técnica muy especializada, con muy pocos fallos. Estuvieron magníficos en sus solos y Allash podía realizar posturas complicadas durante mucho tiempo. Y sin embargo, tengo que decir que pese a su virtuosismo eché en falta una interpretación más intensa de sus personajes. En este sentido no pude evitar pensar en Andrey Batalov y su grandioso Sigfrido en el Teatro Philips este verano.

Sergey Smirnov hizo un Cascanueces muy bueno, y Dmitrii Chetin fue un Drosselmeyer que aunque bailó más que otros que he visto, estuvo más bien correcto. El resto de la compañía estuvo a un nivel digno, pero sólo puedo destacar la danza árabe de Valeriia Savina y Oleg Turko. Los bailarines de la danza china tuvieron los movimientos muy limitados por el espacio reducido.


Creo que un ballet necesita por lo menos un decorado para poder operar completamente la magia, ya que en un escenario tan pequeño como el del Coliseum con una orquesta detrás tienen los movimientos reducidos. A falta de decorado, había en la pared del fondo unas proyecciones de imágenes corrientes de un salón lujoso, de un paisaje nevado y del país de los dulces. Pero no era lo mismo. Supongo que ese era el precio a pagar por tener una orquesta en vivo.


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lunes, 18 de diciembre de 2017

Leo Nucci en el Teatro de la Zarzuela. 18 de diciembre de 2017.




Después de un memorable concierto hace tres años en el Teatro de la Zarzuela, en el que el público se rindió a su arte, el gran Leo Nucci volvió a dar un recital en el Ciclo de Lied del famoso teatro. Sus incondicionales  teníamos  pues una cita, aunque no llenásemos el teatro.

Esta vez, se hizo acompañar por el pianista británico James Vaughan.

Por motivos de fuerza mayor sólo pude ir a la segunda parte del recital. Me dijeron que en la primera parte del mismo hubo canzone italiana, pero empezó con el prólogo de Pagliacci. La segunda parte estaba centrada en la ópera.

Nada más entrar, se pudo ver muy cerca del piano una mesa con elementos de atrezzo para "dramatizar" algunos números. Nucci por momentos se convertía en un showman.

Cada año que pasa, Nucci acusa un declive cada vez mayor. Comparado con él mismo hace tres años, o uno solo, la voz está ya bastante ajada,  y cuanto más arriba vaya más tiende a zozobrar. Pero aún queda material: el suficiente para impresionar por momentos y hacer que el teatro se venga abajo. El volumen sigue siendo impactante, al igual que los agudos y todavía tiene alguna capacidad para el legato. Por no hablar de las tablas, que siguen ahí, sobretodo para compensar las limitaciones ya lógicas de su edad. Esas tablas que transmiten experiencia, drama y que se ganan al público.

Empezó pues esa segunda mitad con  Era uguale la voce? de Gianni Schicchi, que acometió con vis cómica y poniéndose un gorrito blanco. Luego tocó un aria de Foscari, O vecchio cor, que empezó a tener ya visos de mejora y sobretodo demostrando que aún sabe sonar a Verdi.

Luego, el pianista Vaughan interpretó una preciosa pieza, el Nocturno nº18 para piano en mi mayor, "Midi" , de John Field, en la que demostró mucha destreza. De hecho el acompañamiento en las arias fue generalmente bueno.

Reapareció Don Leo con el Eri tu del Ballo verdiano, que fue muy bueno aunque el fraseo le bailaba en l'universo avveleni per me. El concierto debía terminar con el Largo al Factotum del Barbiere, en el que Nucci sacó al cómico que lleva dentro una vez más (jugando con una flor y un bastón), y también demostrando que por qué sigue siendo el mejor Fígaro que haya oído aunque sea en una sola aria, con un fraseo que aún impresiona. Tras este número llegarían los bises, que serían cuatro.

Empezó con una Muerte de Rodrigo de Don Carlo, en la que impresionó de nuevo al público: con la voz ya entregada, su interpretación fue impecable y muy emotiva. De nuevo ese sonido de barítono que suena a Verdi y sabe de qué va la música de Verdi, con esos agudos aún poderosos ¡menudo ahimé final! Sin duda fue el mejor momento de la noche. Siguió con el Cortigiani de Rigoletto, su alter ego escénico, al mismo gran nivel.

Después vino un Nemico della Patria en el que hubo mucha entrega y buenos momentos, pero tuvo un gallo en com'era irradiato di gloria il mio cammino!, que evidenció su fatiga. Pero se le perdona, he de decirlo.  Tras esto, y con su habitual simpatía deseó al público unas felices fiestas. A petición de una señora del público, cantó la Mamma de Bixio, en la que hizo participar al público, cerrando la función con unos aplausos atronadores.



Leo Nucci podrá estar empezando a acrecentar su declive, pero el animal escénico sigue incólume. Aún tiene material para impresionar, emocionar y hacer pasar un buen rato. Podrá criticársele el hacer un circo de la ópera, pero no se puede negar que el público termina entregado con su simpatía y su arte; porque sabe que estamos ante el último gran barítono italiano.

Y eso fue lo que ocurrió, su público incondicional le premió con una gran ovación y múltiples halagos. Y yo volví a salir satisfecho del teatro.




domingo, 19 de noviembre de 2017

Norma por la Ópera de Moldavia. 18 de noviembre de 2017.


Este otoño, la temporada del Teatro Auditorio Adolfo Marsillach de San Sebastián de los Reyes programaba una función de ópera. El título, ni más ni menos que la Norma de Vincenzo Bellini. Un reto titánico. La compañía en cuestión es Concerlírica, una productora de ópera que organiza funciones de ópera por toda España, con cuerpos estables y solistas extranjeros (aunque a veces hay solistas españoles en sus repartos).
Función en Holanda de esta producción.

La soprano que tuvo el reto de encarnar a Norma fue la soprano venezolana Mariana Ortiz. Su voz tiene un material apreciable, pero para Norma me parece más ligera que dramática. Tras un excelente recitativo de entrada, el Casta Diva lo cantó de una forma muy íntima, lo que por momentos hacía que la orquesta casi pareciera sobrepasarla y la caballetta posterior pudo suponerle algún apuro aunque cumplió notablemente. Pero desde el segundo cuadro del acto primero hasta el final de la obra no hizo más que subir. El acto segundo fue muy disfrutable, conmovedora en la primera escena con sus hijos, y con un dramatismo solvente en el dúo con Pollione. Tanto el Mira o Norma como el final (con una línea de piano muy buena) los interpretó muy bien. No puede negarse que la soprano tiene tablas para sacar el espectáculo adelante.

Pollione estuvo a cargo del tenor italiano Simone Frediani, quien tenía la voz más grande de todos los artistas. Ya desde su entrada hizo gala de su sonido descomunal, que se escuchaba por encima de todos. El espectáculo estaba garantizado en cualquier caso. En lo referente a su interpretación, ha sido correcta, con agudos como auténticos trompetazos.

La soprano Rodica Picireanu fue una gran Adalgisa, la mejor de la noche. Su voz tiene un sonido muy bello, con un toque oscuro y de volumen aceptable. Muy buena en la coloratura de los dúos con Norma.

Maksim Ivaschuk  fue un Oroveso de voz pequeña, intuible en el primer acto pero que se pudo oír en el tercero.

Excelente la Clotilde de Tatiana Virlan y pasable el Flavio de Nicolae Vascautan.

Los cuerpos estables, al igual que la mayoría de solistas salvo Norma y Pollione, provenían de la Ópera Nacional de Chisináu, Moldavia.

La orquesta estaba dirigida por Nicolae Dohotaru, y estaba formada por poco más de 30 músicos. El sonido no estaba muy equilibrado y eso se notaba en la obertura, afectando particularmente a las cuerdas, que eran tapadas por el viento y la percusión(el platillo parecía de juguete). Pero a medida que avanzaba la noche la orquesta iba mejorando, con una excelente introducción al acto segundo. El coro era demasiado pequeño, también de una veintena de coristas.



La puesta en escena era anunciada como de la "Nederland Opera", dirigida por Iuri Matei. Era una puesta en escena clásica, de cartón piedra... pero que ayudaba a comprender el argumento de la obra dentro de las limitaciones de espacio. El telón se abre para dejar paso a una estructura de aspecto montañoso, con una estatua de un dios emergiendo del suelo y una luna colgante, con un par de árboles magros. Luego se bajará un decorado de color rocoso para recrear el refugio de Norma. El vestuario era más ornamentado para los hombres y muy sencillo para las mujeres.



Es curioso ver cómo se hace ópera en otros lugares sin grandes temporadas estables. Creo que si quienes estamos acostumbrados a ir al Real dejamos de lado los prejuicios, podemos apreciar funciones disfrutables y emocionarnos. Y yo en el Mira o Norma me emocioné. Estas compañías llevan la magia de la ópera en vivo a localidades donde no es frecuente, y su labor es encomiable. Ayer había algo de Bellini en ese pequeño teatro.

martes, 7 de noviembre de 2017

La Favorite en el Teatro Real, 6 de noviembre de 2017.




El Teatro Real celebra esta temporada su bicentenario. Para los días 2 y 6 de este mes se había programado dos funciones en versión concierto de La Favorite , ópera que inauguró el teatro (pero en su célebre versión italiana) en noviembre de 1850. La función de gala era el día 2, pero tuvo carácter privado y asistieron personajes de relevancia social y cultural, lo que hizo que el teatro estuviera semivacío según señaló la prensa invitada. No comprendo cómo un Teatro que ha promocionado su efeméride de forma tan repetida y habiendo sacado a la venta localidades para otras galas homenaje a grandes artistas ahora no haga lo mismo con este homenaje a su propio teatro, un teatro que pretende ser de todos. 

El día 6 la sala estaba altamente ocupada. Tenía muchas ganas de ver esta ópera, antes frecuente y hoy toda una rareza. Ya en 2003 pudo verse en este mismo escenario con la gran Dolora Zajick. Siendo famosa por un puñado de espectaculares arias, esta ópera podría programarse un poco más de lo que se hace habitualmente, y sobretodo con una puesta en escena para disfrutarla en su gloria trágica. La música tiene momentos de gran belleza más allá de los números más conocidos.


El principal reclamo era el Fernand de Javier Camarena. La voz es hermosa y el mexicano domina el repertorio, pero la dificultad del personaje a veces puede con él. Pero cuando se viene arriba es capaz de desatar la locura en el público y nos regala agudos impresionantes. Empezó un poco  a media voz en el Un ange, une femme inconnue, pero a partir del dúo con Léonor empezó a estar espléndido, con  la voz a pleno rendimiento. En la caballetta final del primer acto impresionó al público.  En el aria Ange si pur pasó algún pequeño apuro pero en el dúo final con Léonor volvió a estar a gran nivel. Con todo, seguimos ante uno de los grandes tenores belcantistas de hoy.

Jamie Barton como la protagonista ha supuesto una gran sorpresa. Tras una entrada algo tapada por la orquesta, una contundente y bella voz de contralto se abría paso para impresionarnos con un dominio absoluto del canto y del personaje:  unos dúos con el tenor verdaderamente magníficos, una preciosa versión del O mon Fernand  y una aún mejor de la caballetta siguiente, con un agudo impresionante en la fiancée sera morte ce soir, de esos que retumban oídos en toda la sala.

Simone Piazzola fue un decente Alphonse. Si bien en su primera aria pasó algún apuro, en las siguientes escenas y en la famosa aria Pour tant d'amour mejoró notablemente. Simón Orfila fue un gran Balthazar, siempre con su poderosa voz de bajo, y con mucha autoridad y presencia. Los comprimarios fueron excelentes, con Marina Monzó como una deliciosa Inès siendo aplaudida con su escena de entrada, y Antonio Lozano fue un excelente Don Gaspar. El coro dio una gran actuación, pero lo que esta vez fueron dignas de atención sus intervenciones en el acto cuarto; alcanzando un canto en pianissimo muy bello, casi etéreo.

Daniel Oren hizo un buen trabajo al frente de la orquesta, pero con matices: no la llevó a un nivel supremo. Durante el preludio, tras una excelente ejecución de las cuerdas, la orquesta en sus tutti sonaba con demasiados decibelios. Pero por suerte esta obra tiene muchos y muy bellos momentos orquestales, como el ballet que se representó entero, un precioso solo de trompeta en el acto primero, las introducciones a cada acto... y es ahí donde Oren se desempeñó notablemente y extrajo de la orquesta un bello sonido. Igualmente impactantes sus saltos (que molestaban en la audición del preludio al golpear el podio) y sus aspavientos al dirigir.



Pese a que el nivel no fue todo lo sublime que personalmente esperaba, hay que decir que esta ha sido una muy disfrutable noche de ópera. El público estaba tan entusiasmado al terminar la obra, que los aplausos se prolongaron por largo tiempo.


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