miércoles, 4 de febrero de 2026

La dignidad que derrota al mal: inolvidable Ariadna y Barbazul en el Teatro Real.


Madrid, 31 de enero de 2026.

Paul Dukas es conocido hoy en día, principalmente por su obra El Aprendiz de Brujo, un scherzo orquestal de 1897, popularizado mundialmente por Mickey Mouse con su icónico traje rojo de mago, en la película Fantasía, de 1940. Además de eso, Dukas es conocido por ser un importante compositor de la bella escuela impresionista francesa, y por ser tan perfeccionista que destruía las composiciones que no le gustaban, por lo que su catálogo es más reducido de lo que podría haber sido. Entre ese reducido catálogo se encuentra su única ópera (aunque hubo proyectos para otras que no llegaron a buen puerto), Ariadna y Barbazul (Ariane et Barbe-bleue, en francés), de 1907, con libreto de Maurice Maeterlinck, quien puso texto a la gran ópera impresionista, Pélleas et Mélisande, de Claude Debussy.  Esta mágica, sugestiva y hermosa ópera cuenta de forma distinta el mito de Barbazul, quien se casa con Ariane, una joven independiente y carismática, cuya curiosidad le llevará a descubrir el infame harén de esposas sometidas de su esposo. A diferencia de Judith, en la ópera de Bela Bartók sobre el mismo personaje, que termina aceptando su destino, Ariane se convierte en una esperanza para estas sufridas mujeres, y se enfrenta al tirano. Pero desgraciadamente, ellas no salen de su zona de confort, de su dependencia psicológica y de su miedo a la emancipación, siendo Ariane la única que rompe esa cadena. 


Este año, el Teatro Real ha incluído en su temporada las célebres óperas de Bartok, el noviembre pasado, y ahora de Dukas, sobre el infame coleccionista de esposas. Esta ópera se estrenó por primera vez en el Real en 1913, hace ya ciento tres años. Ahora vuelve al regio escenario con una producción procedente de la Ópera de Lyon, a cargo de Alex Ollé, de La Fura dels Baus. Ni qué decir tiene que esta producción ha sido ambientada en tiempos modernos, pero más allá de algún detalle contradictorio, la producción no molesta, y permite seguir la obra sin alterar demasiado la trama. Durante el coro inicial, se ve proyectada una película en la que se ve a los protagonistas, recién casados, viajar en coche, dejando atrás la mismísima ciudad de Madrid con sus icónicas cuatro torres de fondo, rumbo hacia su nuevo hogar... porque Barbazules hay en todas las épocas y naciones. Durante el primer acto, parte del escenario está oscurecido, y en una pequeña parte del mismo, Ariane y su aya visitan todas las habitaciones, en cada cual aparece Barbazul con una mujer, y diferente iluminación, representando cada una de las estancias. Cuando Ariane termina de oír el canto de unas mujeres, las otras esposas de su marido, se ilumina todo el escenario y se ven unas mesas ocupadas por comensales, y rodeadas por enormes lámparas: los invitados a la boda, entre los que se hallan las demás mujeres del harén, además de las cinco esposas, aparecen otras mujeres, como sie el haré fuera más grande. Esta sala será el principal decorado del resto de la obra: en el segundo acto, cuando Ariane encuentra la salida y muestra a sus compañeras el mundo exterior, esto se reflejará en una ordenación nueva de las mesas: formando una torre con ellas en la que está Ariane como líder emancipadora, y las lámparas alrededor. En el último acto, el coro lucha contra Barbazul, al que derrotan tras una larga pelea, y es atado a una silla, con la cabeza baja, mirando a sus mujeres y de espaldas al público. Barbazul no es liberado, al principio sus mujeres, especialmente Alladine, le agreden pero finalmente no lo matan. Finalmente Ariane se va con su aya, pero las demás no le liberan: le dejan atado en la silla y le dan la vuelta, exhibiéndole ante el público, mirando fijamente hacia los espectadores.

 
Es todo un acontecimiento el regreso al Teatro Real, después de dieciséis años, del gran maestro israelí Pinchas Steinberg, una de las mejores batutas de ópera que puede encontrarse hoy. Desde su debut en 1974, al frente de la Orquesta Sinfónica de Radio Berlín, larga ha sido la exitosa carrera de este maestro competente, quien además en el mundo wagneriano es conocido por su grabación de El Holandés Errante de 1992 para el sello Naxos, y por su magistral Rienzi en DVD en Toulouse en 2012. Steinberg es más o menos asiduo en las temporadas sinfónicas madrileñas, pero en el Real no dirigía desde hacía muchos años. En 2005, el maestro dirigió una espectacular versión de La mujer sin sombra, de Richard Strauss, que permanece en el recuerdo de los que la vimos. En 2010, terminando la última temporada del mandato de Antonio Moral al frente del teatro, regresó para dirigir una igualmente impresionante, bella versión de La ciudad muerta de Erich Wolfgang Korngold, que conmovió a muchos de los que estuvimos presentes en las funciones. A sus ochenta años, el maestro se vuelve a poner al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real para sacar de ella el mejor sonido posible, transmitiendo la belleza, el intimismo, lo evocador de la partitura, a un nivel muy alto desde la misma introducción orquestal. En el preludio del tercer acto la madera tuvo un gran momento. El Coro Titular del Teatro Real a las órdenes de José Luis Basso, da una excelente interpretación de su escena inicial, y luciendo su poderosa sección masculina a lo largo de la obra, sin desmerecer a las mujeres en el final del primer acto.


La indudable protagonista es Ariane. La mezzosoprano irlandesa Paula Murrihy tiene el porte escénico suficiente para interpretar al carismático personaje, además de ser una mujer muy bella. Vocalmente, su interpretación va a más en la función, con su timbre más bien agudo, que aumenta la belleza de su retrato del rol. El personaje de Barbazul canta muy poco, aunque su presencia tiene que ser el contrapunto escénico y musical a la arrolladora Ariane, de tal modo que cuando no esté, se le sienta. En este caso, el bajo italiano Gianluca Buratto está a la altura, con su oscura y potente voz, así como su autoritaria presencia escénica. 

Sin embargo, las intérpretes más destacadas fueron las mezzosopranos Silvia Tro Santafé, con una preciosa voz como el aya, y Aude Extrémo con una imponente y oscura voz como Sélysette. Las sopranos Jaquelina Livieri y especialmente María Miró, fueron unas notables Ygraine y Mélisande. El reparto se cierra con unos competentes Renée Rapier como Bellangére, de imponente presencia escénica, y el bajo Luis López Navarro (a quien recuerdo como un excelente carcelero en la Tosca de 2021, frente a Jonas Kaufmann) como el viejo campesino. La actriz Raquel Villarejo interpretó a la muda pero muy sufrida Alladine.


Sorprendentemente en una ópera no tan popular, el teatro estaba altamente ocupado, aunque las ovaciones fueron principalmente para Murrihy y Steinberg. Cuando una ópera tan bella, está bien servida, se disfruta doblemente. Puedo afirmar que este es el más redondo espectáculo de lo que llevamos de temporada en el Real.


Las fotografías  escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

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