Madrid, 11 y 13 de julio de 2026.
Las representaciones de Il Trovatore de Verdi entran en su recta final, ya que concluyen el día 20. Como es habitual en las óperas veraniegas, navideñas y de inicio de temporada, elencos de fabulosos cantantes internacionales se alternan en las funciones. Ya he reseñado anteriormente el exitoso primer reparto, cuya función del pasado día 10 se ha emitido en pantalla gigante en la Plaza de Oriente para miles de espectadores, coincidiendo con la Semana de la Ópera que el Real organiza cada verano. Sin embargo, he tenido la oportunidad de ver dos repartos más, tan estelares como el primero.
En la función del día 11, cantó el segundo reparto, cuya trayectoria internacional nada tiene que envidiarle al del primero. Dos aclamados artistas españoles, Saioa Hernández como Leonora y Juan Jesús Rodríguez como el Conde de Luna; y dos estrellas internacionales que hacen su debut en el Real, tras muchos años de gloria en los principales teatros, el italiano Vittorio Grigòlo como Manrico y la georgiana Anita Rachvelishivili como Azucena.
Hernández es una de las sopranos más aclamadas en la capital, y que al fin está consiguiendo hacer la carrera que merece en los principales teatros del mundo. Vuelve al Real tras su éxito con Madama Butterfly hace dos años, y la tendremos en Manon Lescaut a finales de este verano. En la función que nos ocupa, su Leonora sonó con cuerpo (una visible voz de pecho), con un timbre dramático, y unos bellos agudos que crecen en intensidad. Estas cualidades llegan a su cénit en su gran escena del acto cuarto, ofreciendo una versión dramática del "D'amor sull'ali rosee", en una voz de spinto, muy aplaudida.
Rodríguez tiene una voz potente, pero su estilo no puede diferir más del de Rucinski en el primer reparto. La voz del barítono español tiene más cuerpo y su interpretación del Conde de Luna crea un personaje más tosco. Su interpretación de "Il Balen del suo sorriso" fue bastante entregada y buena en general, siendo muy aplaudido tras ella.
Grigòlo debuta por fin en el Teatro Real. El tenor italiano lleva más dos décadas de carrera, y cuenta con una importante discografía. Mucho ha tardado en venir aquí, y ahora lo hace como Manrico. Su voz es bella, sonora, con suficiente volumen, con timbre lírico, juvenil. Pero no las tiene todas consigo, porque hay momentos en que suena poco refinada. Un poco anárquico sonó en la entrada con el bello "Deserto sulla terra". En la bellísima aria del tercer acto "Ah sì ben mio" pasó por algunos apuros con la inclemente tesitura. Tiró de tablas y espectáculo en la Pira que cierra dicho acto. Muy bien en su última escena en el acto cuarto, tanto con Azucena como con Leonora.
Rachvelishvili es una de las mezzosopranos más importantes de los últimos veinte años, con aclamadas interpretaciones, entre otras, de Carmen o Azucena en este Trovatore. Durante su época de gloria, y eso que aún es muy joven, tampoco la vimos por aquí. Parece que desde hace unos años, su rendimiento vocal ya no es el mismo. Sin embargo, el material que aún mantiene, pese a las dificultades, es tan poderoso que pienso que aún puede ofrecer mucho como artista ¡y cómo debió ser en su mejor momento! Su voz tiene un timbre oscuro, casi de contralto, que suena imponente y bello. Su entrega en escena es total, y lo mejor de todo es que su grave, es casi de ultratumba, y pone los pelos de punta. En 25 años viendo ópera en vivo, he visto pocos tan impactantes como el de esta mujer. No niego que hubo momentos en los que lo pasé mal, cuando el agudo no le acompañaba (como al final del "Condotta ell'era in ceppi", aunque el resto del aria lo hiciera bien; o en el final, que no le salió en el "sei vendicata, o madre" que cierra la obra) , pero los buenos momentos me han merecido tanto la pena, como un impactante "Stride la vampa", el grave sobrecogedor en "Ma nell'alma dell'ingrato" o en los dúos con Manrico, que deseo volver a ver en vivo a esta artista consumada.
El resto del elenco estuvo igual de notable, la única variación respecto del primer reparto fue la Ines de Mar Morán, con una voz tan imponente que a veces se fundía con la de Hernández en la escena de ambas en el primer acto.
La cancelación de la soprano rusa Anna Netrebko para sus cuatro funciones de esta ópera, debido a problemas de salud debido al agotamiento debido al extremo calor que ha azotado Europa y la acumulación de actuaciones en este periodo; ha dejado a todos los que tenían entradas compradas desde hace meses solo para verla, con un gran fastidio. Sobre todo porque se trata de uno de sus grandes roles y había mucha expectación por verla. Su marcha dejó cojo al reparto, porque ella era el principal reclamo, y porque su ya exmarido y aún compañero artístico, el tenor Yusif Eyvazov, no despierta el mismo entusiasmo como bien es sabido, y él sí que se queda en el reparto. Las funciones pudieron salir adelante gracias a la disposición de la soprano italiana Eleonora Buratto, quien sustituyó a la diva rusa. Junto a ella, el barítono George Petean, y la mezzosoprano francesa Clémentine Margaine completaron el reparto al que vi el día 13.
Buratto ha cantado varias veces en el Real, y especialmente recordada es su Norina en Don Pasquale dirigida por Riccardo Muti en 2013, cuando era una soprano de coloratura. Su voz ha evolucionado hasta llegar a cantar a Verdi, y recientemente aseguró que uno de sus grandes sueños era cantar el rol de Leonora. Su interpretación de este rol ha sido más bien lírico, recordando su época pasada, cantado con mucha sensibilidad, con dulzura. Sus agudos son bellos y su timbre juvenil. En el "Tacea la notte placida" mostró soltura con la breve coloratura que cierra el número. Muy bella igualmente su interpretación del "D'amor sull'ali rosee", mostrando un lado introspectivo del personaje.
Eyvazov se quedó en el reparto como recuerdo de las funciones que debieron ser si hubiera compartido escenario con su exmujer. El tenor azerí podrá tener limitaciones, que además no convienen al rol de Manrico, pero no se le puede negar el esfuerzo. Valorarlo objetivamente supone un conflicto, porque si bien tiene trucos para sacar adelante el personaje, es el timbre poco grato de su voz, que empeora a medida que sube su agudo, lo que no le acompaña. La suya es una voz grande, que llega bien a todo el teatro, pero termina dando una de cal y otra de arena debido a que a partir de cierto momento, lo que es una voz que sin ser bella suena competente, se convierte en un agudo difícil de oír. Así, su interpretación del "Ah si ben mio", pasa de sonar bien a sonar estridente. Igual que Grigolo, pero con más arrojo y más volumen, sacó adelante la Pira pese a sus irregularidades, cerrando el número con un prolongado agudo final. Donde mejor le vi fue en los dúos con Azucena y en el final.
Petean interpretó un notable Conde de Luna, con una bella voz, de volumen considerable y timbre villanesco. Dio una preciosa intrerpretación del aria "Il Balen del suo sorriso", totalmente desenvuelta, con unos preciosos agudos y cerrando el aria, igual que Eyvazov, prolongando la última nota.
Margaine fue una Azucena impactante, debido a su potente voz, su entonación dramática y sus medios vocales, en plena forma. Aun así, al principio me pareció el suyo un timbre no siempre tan grato. Sin embargo a partir del tercer acto, donde estuvo memorable, su canto alcanzó niveles muy altos: conmovedora en "Giorni poveri vivea", y excelente en su escena final. Además su agudo es formidable, lanzando dos potentísimos: uno al final del aria "Condotta ell'era in ceppi" y otro al final de la obra.
En aquella función, Ferrando fue interpretado por Marko Mimica, cuyo volumen era más generoso que el de Baczyk, además de más oscuro e imponente, haciéndose oír en todo momento. El resto de comprimarios, Rocío Faus como Inés, y los tenores Lara y Marín estuvieron igual de notables.
En esta ocasión, siento que pude oír al coro en la primera parte, en la que la sección masculina se pasa encerrada debajo de la puesta en escena, que el día del estreno, pudiendo apreciar ahora sí en su fuerza al coro masculino en el famoso coro de gitanos. En la segunda mitad sonaron tan bien como siempre, debido a que no cantan dentro de ningún decorado. Una vez más vuelven a deslumbrar con su gran nivel canoro y actoral.
La orquesta bajo el maestro Luisotti siguió sonando con la misma pasión, aunque la noté mejor el día 13 que el 11.
La respuesta del público fue entusiasta para ambos elencos. Ningún abucheo y muchos aplausos. En la función del día 11 fueron muy emotivos los saludos de Grigòlo y Rachvelishvili, generosamente recompensados por el público, y ambos artistas se emocionaron, tocando el escenario como un gesto cariñoso de agradecimiento.
Aún quedan unas pocas funciones de esta ópera, que estarán hasta el día 20. Y un reparto más, con Celso Albelo como Manrico y Teresa Romano como Azucena, quienes unidos a Hernández y Rodríguez forman el "reparto español", pero no podré verlo. Estas funciones han proporcionado al público un gran disfrute en forma de festín vocal, con muchas de las voces más competentes disponibles para esta ópera, poniéndonos al nivel de los grandes teatros del mundo por una vez. No recuerdo un entusiasmo así desde la inolvidable serie de Toscas que tuvimos en 2021, que contó con Kaufmann, Radvanovsky y Netrebko, entre otros, para todas esas funciones. Recordaremos con cariño este final de temporada.
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