viernes, 24 de julio de 2020

La Traviata en el Teatro Real, tercer reparto: una función más que disfrutable y con una valiosa protagonista.


Función del día 23 de julio.

Después de la intensidad de la Traviata de ayer, la función del tercer reparto fue una función bonita y disfrutable, con el teatro no tan concurrido pero ello no restó a la función ni un ápice de valía, sino que le dio un ambiente más acogedor. Es interesante ser testigo de la historia al asistir a estas Traviatas.

Hoy la orquesta fue dirigida por Luis Méndez Chaves. Este joven director y clarinetista se está ocupando de algunas de las funciones de esta serie de Traviatas. La diferencia con Luisotti el día anterior fue notoria. Ya desde el preludio, la orquesta parecía otra, empezando por no sonar con un volumen tan fuerte, con un sonido suave, íntimo por parte de las cuerdas, durante toda la primera mitad. Méndez parecía centrarse en cuidar las voces, dejando que estas fluyeran. No obstante a partir del segundo acto la orquesta empezó a hacerse notar cada vez más, sonando con mucha fuerza en el concertante de dicho acto y con una notable ejecución del preludio del tercero, para terminar con una opulencia parecida a la de la función anterior.


Ekaterina Bakanova interpretó a Violetta. Esta soprano rusa ha cantado el rol por muchos teatros, apuntándose un éxito con él en nuestro país en el Festival de Peralada. La voz es muy buena, con timbre más tendente a lo dramático, si bien el agudo a veces se me antoja un poco nasal. En el primer acto tuvo dificultades en la coloratura, que le llevaban a patinar en el Sempre Libera, con pausas a veces demasiado largas que me hicieron temer lo peor. Por suerte, ese gran material lo supo aprovechar en los dos actos restantes, y en el final de segundo acto el Alfredo, Alfredo di questo core, lo cantó maravillosamente. En el tercer acto esta voz dramática supo mezclarse con una interpretación dramáticamente convincente, resaltada por su gran belleza física.

Matthew Polenzani fue Alfredo. Con una gran carrera internacional, este tenor estadounidense posee una enorme voz, más propia de un spinto que de un lírico-ligero. Durante la primera mitad la voz no sonó tan grata, con los agudos abiertos, especialmente al pronunciar las aes. No obstante, esta enorme voz spinto sonó mejor a partir de la segunda mitad, especialmente al final del segundo acto, donde encontró el equilibrio, recreando a un Alfredo desesperado y tierno en el acto final. El sonido de su voz juvenil tiene aún reminiscencias del lírico que fue o que sigue cantando (Elisir en Nueva York, por ejemplo), e incluso es capaz de cantar en pianissimo en el Parigi, o Cara y salir airoso del reto.

El rol de Germont padre estuvo a cargo de Luis Cansino, quien dio una interpretación conmovedora, la de un padre atormentado, afligido al ver el daño que tiene que causar, involuntariamente pero obligado por su sociedad. Y en este aspecto, Cansino supo transmitir el dolor del personaje como nunca antes lo había visto. La voz se hace eco de esto, en una interpretación íntima en el Di Provenza, con graves imponentes, alcanzando su mejor momento en el final del segundo acto.



El coro y el resto del reparto estuvieron al mismo buen nivel de ayer, aunque el esfuerzo titánico pasa factura especialmente al coro, después de tantas funciones.

Y con esta función termina mi periplo por estas Traviatas históricas en el Teatro Real. Nadie podía pensar hace tan solo unos meses que estas funciones podrían hacerse ya que la situación en nuestro país era bastante grave. Muchos soñábamos con volver a vivir la magia de la música en vivo en cada transmisión en streaming, ya fuera con las funciones a puerta cerrada, con la gran gala del Met desde las casas de los artistas, y luego con las noticias de los primeros teatros que iban abriendo, primero la ópera de Wiesbaden con un número reducido de espectadores, y luego todos las demás. Si el coronavirus sigue poniéndonos las cosas difíciles, y si se las sigue poniendo a la lírica, Madrid no solo se ha puesto en el mapa operístico por su valentía, sino para que el resto de teatros importantes puedan encontrar en esta notable función semiescenificada un momentáneo ejemplo a seguir.



Por último, me gustaría terminar esta reseña con una anécdota que demuestra, hasta qué punto, que nada es fijo en esta vida lírica. Hace tres años, en el verano de 2017, tras una espléndida función de Macbeth, el gran Plácido Domingo firmaba autógrafos en camerinos a todos los que le esperábamos. De repente, alguien le preguntó que si cantaría el Germont padre aquí. Entonces el divo comentó que posiblemente en 2020, si conseguía llegar a las cuatro mil funciones. ¡Cómo han cambiado las cosas desde entonces!

Algunas fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

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