sábado, 4 de julio de 2020

Las Hadas de Wagner en Viena: una pequeña aproximación a una obra juvenil.


Die Feen (en español, Las Hadas) fue la primera ópera que compuso Richard Wagner con tan sólo 20 años, en 1833. Durante la década de 1830, y hasta que su genio definitivo empezara  a despuntar con "El Holandés Errante" en 1843, el joven Wagner se acercaría a varios estilos en las que llamaría "obras de juventud", de las que renegaría en su época madura, cuando Bayreuth ya estaba tomando forma. En su primera ópera, Wagner muestra claras influencias de Carl Maria von Weber, quizá el compositor de ópera más importante de aquél momento en Alemania. No obstante, en ella ya se encuentran algunos indicios, pese a la influencia romántica de su tiempo, de lo que será el maestro: vemos trazos, anticipos de lo que se convertirá en Lohengrin, Tannhäuser o incluso el Oro del Rin.

De las tres óperas de juventud, Die Feen sea posiblemente la menos escenificada. Pese a que se cuentan con diez grabaciones en disco, no tiene ni una sola versión completa en vídeo, a diferencia de Rienzi (con dos DVDs respetables, y videos antiguos) y Das Liebesverbot (cuya versión en DVD fue filmada durante las divertidísimas funciones en Madrid a cargo de Kasper Holten e Ivor Bolton). La única referencia visual de esta obra se encuentra en una versión para niños, en una producción de la Ópera de Viena en 2012, que se pudo ver recientemente en livestream en la web del teatro el pasado mes de abril, mientras Europa pasaba por el pico de la pandemia.
                          
Esta versión de 45 minutos (de una obra de más de tres horas) y orquesta reducida estuvo a cargo de Kathleen Kelly en la dirección musical y de Waut Koeken en la escénica. Naturalmente, este único vídeo de esta obra tan infrecuente no puede considerarse como una versión al uso de la misma sino como una pequeña aproximación con el fin de hacerla completamente adecuada para los más pequeños, valga la redundancia. Y a consecuencia de esto se presenta con una orquesta reducida, acompañada de piano.

                                       
¿Cómo sintetizar una obra sobre los amores de una ninfa inmortal y un príncipe que lo deja todo por ella, incluso un reino con problemas? El montaje empieza con una voz que -en alemán- pregunta si uno cree en las hadas, si ha visto alguna y si todo en este mundo es magia. A continuación se eleva el telón transparente (donde se proyectan siluetas de estos seres sobrenaturales, y más cosas) y se muestra el único decorado: un suelo yermo en el que hay un coche enterrado. Arindal entra y caza un ciervo que se convierte en una bella ninfa de pelo rojo, la etérea Ada. El reino de las hadas se muestra con un precioso cielo nocturno, y del suelo seco emergen las hadas y demás seres mágicos con sus faldas verdes y sus coronas de flores. El mundo de los humanos se representa sin ese cielo y con el escenario menos luminoso, con los príncipes y héroes más cansados, sucios y más bastos que sus alegres compañeras. A pesar de todo, hay momentos para el drama, como cuando Ada lamenta temporalmente la pérdida de Arindal, cuando se envuelve en un manto y sale el sol, aunque ella aún no sepa la nueva de que su amado está vivo y todos serán felices, lo que ocurre pronto. Y sí, el amor triunfa al final, con Lora y Morald ostentando unas coronas de reyes, y las hadas en escena, mientras saludan a los niños del público, proclamando la felicidad eterna de Ada y Arindal, que se ha convertido en inmortal. 

                                     

El reparto está formado por competentes cantantes, como Sorin Coliban, bajo habitual en grandes teatros de Europa interpretando a Wagner, incluido Bayreuth, aquí apareciendo como Harald y Rey de las Hadas, con su espectacular voz de bajo profundo y dando la nota de autoridad. En cuanto a la pareja protagonista, Gergely Németi es Arindal, un tenor con una voz interesante, pero al que le cuesta un poco cuanto más alto apunta la voz. Daniela Fally es una estupenda Ada, con un buen registro agudo y una voz en general buena, aunque a veces el rol también le traiga alguna dificultad, y muy entregada como actriz. Caroline Wenborne es una soprano dramática cumplidora, aunque aparezca cansada en el aria de Lara. Donna Ellen como Zemina y Monika Bohinec como Farzana realizan una gran prestación vocal y actoral como las hadas.


A pesar de la reducción y la versión para niños, esta única referencia visual de la primera ópera completa de Wagner ha sido considerada como una interesante versión escénica más allá de su público objetivo. Pese a que es más una pequeña degustación que una propia aproximación, los wagnerianos no deben perderse este pequeño universo que el maestro y la Ópera de Viena han creado.

                                    

Algunas fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

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