martes, 13 de marzo de 2018

Vídeo: Aida por la Folkoperan de Suecia en Lanzarote.



Hace muchos años, me encontraba haciendo la compra de la semana en un Alcampo, cuando en la sección de todo a un euro, encontré este extraño DVD de Aida en versión película. Me sorprendió ver esta versión, y ya que costaba un euro mi afán coleccionista pudo más que yo y me lo llevé a casa, a pesar de que no veía más que nombres suecos en el reparto y un anuncio grandilocuente. Al llegar a casa me percaté de que la ópera estaba cantada en sueco y descubrí hasta dónde me había llevado mi ingenuidad. Lo que vi por encima me pareció coqueto pero no lo vi entero y lo desterré a mis estanterías.

Ahora que Aida está en cartel en el Real, volví a acercarme a este vídeo. Siempre he tenido curiosidad por  nuevos horizontes y cosas inusuales en ópera, así que me animé a ver esta producción.

La Folkoperan (ópera popular) es un teatro de ópera popular en Estocolmo, que lleva a cabo producciones en idioma sueco con gran éxito de público. En 1987, su fundador Claes Fellbom se traslada con la compañía a Lanzarote, para rodar una película de esta genial ópera verdiana.

Claes Fellbom rueda en espacios naturales de la isla canaria de Lanzarote, cuya deslumbrante naturaleza volcánica le sirve para ambientar la película en el antiguo Egipto. El presupuesto de entonces (150 millones de pesetas) permitió construir un templo egipcio en la cantera de Tinamala y contar con un centenar de figurantes de la zona, pero esta misma razón aleja la película del Peplum y le da un toque más íntimo, más cercano a la película polaca "Faraón" de 1966.

Cantera de Tinamala, que sirvió como Set para el templo de Ptah.

Se la ha llamado "Top-less Aida", porque los personajes femeninos (salvo Amneris) están casi siempre en top-less y con poca ropa. ¿Un enfoque más naturalista y tribal? La sencillez de la ambientación le confiere un aire de naturalidad  poco visible en una representación de ópera en las escenas o dúos de los protagonistas. La estancia de Amneris está muy lograda, y esta vez no son los esclavos pequeños sino exuberantes bailarinas las que llevan a cabo la danza de la primera escena del segundo acto. Como dato curioso, la marcha triunfal es un desfile glorioso donde se vierten las manos cortadas de los derrotados como ofrenda victoriosa al Faraón, además de mostrarse como flashback imágenes del pueblo etíope sojuzgado. Y es que este recurso es utilizado en varios momentos: las escenas de amor de los protagonistas o la infancia de Aida.

                                                       Gran Final del segundo acto.

El sueco es un idioma que le sienta raro a Verdi, y de hecho las líneas son cambiadas muchas veces para que puedan rimar con la música; lo que hace que determinados fragmentos queden irreconocibles, como el final. Pero la música del maestro es superior a estos obstáculos y momentos como el final del acto primero siguen emocionando aún cantados en esta lengua escandinava.

La Orquesta de la Folkoperan está muy bien dirigida por Kerstin Nerbe, aunque la obra presenta cortes que dejan la película en una duración de 116 minutos, una media hora menos de lo que duraría la ópera habitualmente. Y los coros igualmente son buenos.

                                                    Margareta Ridderstedt como Aida                                     

Margareta Ridderstedt es una soprano cuya carrera lírica ha transcurrido principalmente en sueco. Hay que reconocer que su estupenda forma física y su belleza (con un aire a su compatriota Catarina Ligendza) le ayudan en su creación del personaje. Su voz tiene un sonido agradable; pero no es verdiana, sino más bien apropiada para un personaje germánico. No obstante, su interpretación vocal es aseada en su conjunto.

                                                      Ingrid Tobiasson como Amneris

Ingrid Tobiasson es la estrella principal del reparto. No sólo porque es la única del mismo que ha tenido una carrera internacional importante, sino porque consigue dar una conmovedora creación del personaje. Su Amneris es la de una mujer posesiva, autoritaria, que atrapa con la mirada. Pero detrás de ese carácter fuerte se esconde una mujer atormentada por su amor imposible. Tobiasson consigue hacerse con la psicología de este personaje lleno de aristas. Muy desgarradora es su interpretación en el cuarto acto, sin peluca y con un aspecto completamente desaliñado que refleja la tristeza y ansiedad de Amneris. La voz es muy bella, quizá le falte ese fuego que tiene la italianità verdiana; pero canta como una profesional y por destacar algo los graves son buenos. En resumen, nos deja una interpretación magistral en lo actoral y bastante notable en lo vocal.

                                                              Niklas Ek como Radamés

No puedo decir lo mismo de Radamés. El tenor Robert Grundin tiene una voz que no casa para nada con el personaje y el timbre vocal y la entonación no son nada italianas. En la película le da vida el bailarín maduro Niklas Ek, a quien le sacan muchos primeros planos con expresiones más propias de ballet que de teatro, haciendo poco creíble el personaje; además de ser completamente anulado en escena por Amneris y Aida.

En cuanto al resto de solistas, Jan Van der Schaaf es un aseado Amonasro,  Alf Häggastam es un Ramfis correcto, Marianne Myrsten  (en la película la interpreta la actriz Françoise Drapier) una agradable sacerdotisa. Una curiosidad es la eliminación vocal del personaje del Faraón: aquí es interpretado por un anciano figurante español al que tienen que asistir; y su rol lo asume un heraldo, malamente interpretado por Staffan Rydén, de voz nada agradable.

Si uno abre la mente y consigue hacerse a la idea de que va a escuchar Aida en un idioma nada latino, se puede encontrar uno con una película amena. Siempre he sido de explorar horizontes nuevos y cosas atípicas; porque el arte es diverso, y la ópera es un arte ... con independencia del resultado.

Aquí la película completa en MyMail.ru

Nota de prensa del diario El País sobre el rodaje en Lanzarote.


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sábado, 24 de febrero de 2018

La Bohème en el Auditorio Nacional de Madrid. 23 de febrero de 2018.


Qué ganas tenía de volver a ver en vivo La Bohème. Doce años llevaba sin poder ver una función de esta maravillosa y conmovedora ópera del maestro Puccini. Una neumonía me impidió verla en enero en el Real, pese a tener una entrada desde hacía meses. Me quedé con la espinita, pese a que después de ver el vídeo de la función emitida por Facebook sentí que no me había perdido gran cosa.

Por eso en cuanto supe que la cita operística anual de la Orquesta Filarmonía de Madrid en el Auditorio Nacional sería la Bohème, pensé que tenía una oportunidad para ver esta obra.

Se trataba de una versión semiescenificada a cargo de Jesús Peñas, pero en honor a la verdad ha sido una auténtica función de ópera porque la Orquesta estaba situada debajo de los cantantes, aunque significó que varias veces fueran tapados. Había utensilios y un coqueto pero sencillo vestuario a cargo de Paz Volpini, que nos situaba en la historia. En el segundo acto hubo un batiburrillo de actores y funambulistas que intentaban hacernos imaginar el Café Momus.

                                                   
                                   


Pascual Osa dirigió a la orquesta. Los tempos tenían alguna irregularidad y el sonido quizá podría refinarse un poco más. Fuera de eso, el maestro concertaba a las voces. Hubo cortes al principio de los actos tercero y cuarto, supongo que por agilizar la duración de la función ya que empezaba bastante tarde.

Los coros no actuaban sino que estaban en sus bancos mientras en escena les daban vida un grupo de actores. Y lo mismo el coro infantil.

El principal reclamo aquí era la Mimí de Montserrat Martí. Nunca antes la había escuchado en un rol de enjundia. Hay que decir que probablemente fuera la más experimentada de todos. Y hay que decir también que escénicamente tiene presencia y su aportación actoral es intachable: muy tierna en el tercer acto. Vocalmente, quizá tuviera la voz más grande de toda la plantilla. Hay momentos de belleza redondeados por su interpretación del personaje, pero también algunos manierismos heredados de su ilustre madre, como a la hora de afrontar el pianissimo en Mi chiamano Mimì. El agudo es poderoso, pero puede ser un poco estridente. Me sorprendió cómo éste podía engullirse a los solistas y a la orquesta.

Israel Lozano fue un Rodolfo de aceptable centro, pero tenía complicaciones si se iba por el agudo, lo que le pasó demasiada factura en el primer acto. Mucho mejor en el tercero y en el cuarto acto, donde se desempeñó decentemente en el Mimì tu più non torni.

Marta Estal fue Musetta y su vals fue aceptable. Enrique Sánchez como Marcello no estuvo mal pero en las altas zonas a veces era difícil oírle.

El veterano bajo Francisco Santiago fue la segunda gran voz de la noche después de Martí. Siempre que le he escuchado me ha sorprendido gratamente. Tiene una gran presencia escénica y su voz es bella. Nos dejó una bonita versión del aria de Colline del acto final.



La función se hizo amena gracias al empeño de la compañía por hacerla accesible (por ejemplo a la hora de vestir y hacer actuar a los solistas), pero para disfrutar no se puede venir a exigir un nivel como en el Real porque ocurrirá lo contrario.


Como curiosidad, cuando todos ya habían saludado y se habían ido, el coro infantil salió a escena y se puso en formación. Los que quedábamos les aplaudimos.

No quiero terminar esta crónica sin dejar de referirme al pésimo comportamiento de parte del público de esta noche. Al menos en la zona de  Anfiteatro la gente se ponía a hablar incluso en momentos clave como la muerte de Mimí. Tengo la impresión de que iban a la ópera como si fueran al cine de barrio. ¿Cómo puede disfrutarse así de la musica? Sin comentarios. Pese a todo, me gusta la iniciativa de esta formación musical  de acercar la ópera al gran público a precios asequibles.

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lunes, 19 de febrero de 2018

Michael Nyman en el Auditorio Nacional, 18 de febrero de 2018.




Este 18 de febrero  Michael Nyman se presentó en el Auditorio Nacional de Madrid con su famoso conjunto musical, The Michael Nyman Band, en la gira por el cuarenta aniversario de su formación. Nyman es habitual en esta sala madrileña, y su fama mundial como célebre compositor de música minimalista y New Age fue suficiente para reunir a más de 2000 personas en una tarde que prometía ser mágica.

Personalmente, tengo que decir que no conozco mucho a Nyman; salvo por su bellísima  ópera Facing Goya, y por sus obras para el cine. Además he de admtir que me gustan más otros minimalistas como Steve Reich. Y dado que el Auditorio tampoco facilitó el listado de obras del concierto, fui prácticamente virgen de conocimientos a la función.

Nada más entrar a la sala me sorprendí de ver la amplificación, algo que deslució un poco
el concierto porque el sonido era verdaderamente atronador. Creo que no le habría hecho falta, pero desconozco las razones por las que se puso. La orquesta sólo estaba formada por doce músicos incluido el propio Nyman al piano.


Empezó el concierto con mucho brío, y poco a poco Nyman fue interpretando varias de sus mejores obras para su agrupación: comenzó por Chasing Sheep is Best Left to Shepherds, luego llegaría una impactante versión de An eye for optical theory, o la conocida Sheep and Tides , el Memorial de  El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, la vibrante Drowning by Numbers y un largo etcétera.

Tras acabar el concierto, vino una generosa ronda de bises. Nyman apareció en solitario para interpretar al piano la célebre The Heart Asks Pleasure First. Y en ese momento el mundo pareció detenerse. La famosa melodía de la banda sonora de la película El Piano tiene ese poder indescriptible para conmover, para mantener al público con la respiración contenida. Fue algo mágico.

Luego vinieron otras piezas orquestales y el concierto terminó con Nyman de nuevo en el piano para interpretar Franklyn, de la película Wonderland.


El concierto fue recibido con una calurosa acogida por un público entusiasta de la música de Nyman, y tuvo momentos que percibí como mágicos pese a mis pocos conocimientos en este autor. Una velada memorable, sobretodo para quien conozca muy bien su música.

lunes, 12 de febrero de 2018

Peter Grimes en el Palau de les Arts de Valencia. 10 de febrero de 2018.






Peter Grimes es una de las mejores óperas del siglo XX. Cuando tenía 14 años leí sobre la historia de autodestrucción de este huraño marinero, y sentí la necesidad de escuchar por primera vez esta ópera. Me quedé fascinado con los interludios musicales y algunos de sus números, incluído el trágico final.
Con esta obra, Britten nos muestra una realidad descarnada: cómo los inadaptados a la sociedad  como Peter Grimes son destruídos irremediablemente por ésta. Y no sólo eso, sino que también es la misma sociedad la que con sus chismes, rechazos y su morbo por la miseria ajena crea a estos personajes y les empuja a cometer acciones que serán su perdición. También nos muestra que en medio de la desolación, siempre hay voces amigas como Ellen Orford o el Capitán Balstrode que creen en alguien, aunque a veces esa ayuda no pueda evitar el desastre final. Y por último nos hace un retrato de la hipocresía de la sociedad de The Borough, que es capaz de disfrazar de moral puritana y justiciera su moral baja y chismosa. Y por no hablar de su genial musica, que le da a esta triste historia momentos de épica sinfónica y de dramatismo. Britten creó (y que me perdone Purcell), la cúspide de la ópera británica, muchas veces innovando donde no tuvo referentes en los qué inspirarse. Una empresa que sólo genios como él pueden sacar adelante con éxito.

Por todo ello, en cuanto supe que Peter Grimes estaba anunciado en esta temporada del Palau de les Arts supe que Valencia sería el destino de mi segundo viaje operístico. Nunca antes había visto esta obra en vivo y no me lo pensé.



La producción de Willy Decker es ya un clásico, en 24 años de andadura ha conquistado ciudades como Tokio o Madrid. Parece que Britten se le da bastante bien: su producción de Muerte en Venecia es igualmente bella.  Sin embargo, me ha parecido por momentos un poco vieja ya pero a medida que avanzaba la función ha ido ganando enteros y convertirse en un montaje poderoso e intenso.



Nada más abrirse el telón vemos unas paredes negras con una plataforma inclinada, Grimes lleva el ataúd de su anterior aprendiz, que simboliza la carga de sospechas y recelos que el pueblo carga sobre sus hombros. Decker crea un ambiente onírico y a la vez opresor, con el cielo nuboso y oscurecido de fondo. La dirección de actores es estupenda, con momentos memorables como el final del primer acto (con la taberna de paredes rojas) o la escena en la cabaña de Grimes. En cuanto a los decorados, por momentos la austeridad aunque pretende destacar lo irrespirable de la atmósfera del pueblo cae en lo aburrido, por ejemplo en la primera escena del primer acto. Los movimientos del coro son de lo mejor de la dirección de actores. Decker lo convierte en un personaje maledicente, cargante y temible (impresionante cómo se agolpan todos al final del primer acto señalando a Grimes y su aprendiz una vez que se han ido a casa).


Decker convierte las escenas sociales del pueblo del principio y el final en un oficio religioso, en el que se chismorrea y conspira contra Grimes. Un gran momento es el cuarteto femenino en el que las mujeres del coro se unen a las solistas con su silencio cómplice, así como la cabaña del protagonista: unas asfixiantes paredes grises que dan una idea de lo horrible que es la convivencia con él. La iluminación es igualmente magistral, creando escenas de iluminación tenue cautivadoras.


La Orquesta de la Comunidad Valenciana es la mejor que puede tener una casa de ópera de este país. Su sonido es espectacular, y más aún lo es con la excelente acústica de la sala. Pero además se lleva de calle a orquestas como la del Liceu o la del Real (la cuerda valenciana es mejor que la madrileña).  Christopher Franklin la dirige a un gran nivel, pero no llega a ser sobrecogedora. Aunque por momentos va demasiado rápido y la sección de trompeta parece descordinarse un poco, en otros muchos momentos llega a tener buenos momentos, como en los interludios o en el final.

El Cor de la Generalitat a cargo de Francesc Perales fue de lo mejor de la noche,  con unas poderosas intervenciones y además muy bien actuadas.

Gregory Kunde y el resto de solistas en un momento de la obra.

Gregory Kunde era el otro gran reclamo. Y no ha defraudado:  la suya ha sido una actuación perfecta. La voz es bella, corre por la sala y a nivel interpretativo es excelente. Su Grimes es temible, agresivo pero digno de compasión (cómo llora tras la muerte de John). Creo que éste es el mejor papel que le haya oído. Pocos han cantado What Harbour shelters peace? con tanta belleza. Y que gran escena final.

Leah Partridge y Robert Bork han sido unos excelentes Ellen Orford y Capitán Balstrode. Ella tiene una hermosa voz juvenil y robusta (excelente su aria Embroidery in childhood); además de ser una buena actriz , y él posee una gran voz.

Entre los comprimarios hubo un buen nivel, entre ellos Rosalind Plowright fue una tétrica Sra. Sedley, cuya voz estridente convenía al personaje. Me gustó Dalia Schaechter como la tía, de voz pastosa (es una tabernera, también conviene al personaje) aunque a veces no se oía. Richard Cox fue un excelente Bob Boles.
Gregory Kunde recibiendo en solitario la ovación cerrada del público.

El teatro no estaba ocupado del todo, pero los que estuvimos ahí aplaudimos y ovacionamos con fuerza. No ha sido el mejor Peter Grimes del mundo pero me parece un hito para Valencia el que se programe y se amplíe más el repertorio del público con una de las más bellas óperas del siglo pasado. Y además, el Palau de les Arts es un edificio impresionante, con unas vistas increíbles y una bella sala moderna.

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miércoles, 7 de febrero de 2018

Dead Man Walking en el Teatro Real, 6 de febrero de 2018.



Después de tres largos meses, volvía al Teatro Real para ver Dead Man Walking, una ópera basada en una historia real. Había leído y oído que se trataba de toda una sensación y avivó mis ganas de verla. Me he encontrado con una obra muy bonita, que sin ser un hito (al menos de momento, pero el tiempo lo dirá; y segundas lecturas si procede) emociona, trata un tema actual, íntimo y universal.
Una función muy emocionante es la que se ha vivido este 6 de febrero en el Real.

La historia de la religiosa Helen Prejean fue llevada al cine, y Susan Sarandon ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación. Prejean recorrió un camino para el que se necesita humanidad, y también mucha entereza: asistir a un condenado a muerte en la recta final de su vida. Recientemente, el compositor Jake Heggie la convirtió en una ópera, que ha tenido mucho éxito. Y ahora ha repetido ese triunfo en Madrid.

La música de Jake Heggie es preciosa, y por encontrarle un análogo me ha parecido mejor que The Perfect American. Además, ha conseguido gustar al público. Muy americana en el estilo y las melodías - opiniones más leídas encuentran influencias de Bernstein-, y con un esquema que incluye preludios, arias, monólogos, escenas, impresionantes coros, etc. Personalmente, recuerdo una bella música para viento en una escena a solas de la protagonista en el segundo acto. La producción de ópera contemporánea en Estados Unidos suele tener aceptación entre el público debido a la composición tradicional y el tratamiento de temas históricos y sociales estadounidenses. Ahí tenemos a Adams y a veces a Glass.

Mark Wigglesworth dirigió muy bien a la orquesta del Real, aunque no lograse ésta un nivel supremo. No eché en falta brillantez en ninguna sección esta vez, lo que es decir mucho.



La puesta en escena de Leonard Foglia es espectacular y funcional a la vez. Nada más abrirse el telón se ven unas rejas y el asesinato de los jóvenes por parte del protagonista y su cómplice, para luego dar paso a una colorida escuelita donde empieza la historia. Muy bien resuelta el aria de la Hermana Helen mientras conduce, con proyecciones de fotografías de carreteras americanas: una excelente composición de Elaine J. McCarthy.  La plataforma escénica que representa la prisión es impactante, así como la dirección de actores para el coro de presos; que se comen a Helen con la mirada. Muy bella la aparición de Joe (el condenado) con una iluminación azul y violácea de fondo. La dirección de actores como ya dije antes ha sido espléndida, siendo cada vez más conmovedora: la comisión de inocencia y todo el acto segundo llegan al alma. Pero el final es aún más espléndido, con la ejecución del preso en silencio sepulcral con una aturdidora iluminación amarilla y esos pitidos de máquina del corazón que llegan a provocar ansiedad acrecenta la fuerza de la escena. Gran trabajo.

Joyce DiDonato y Michael Hayes en un momento de la representación

Joyce DiDonato ha interpretado magistralmente a la gran hermana Helen Prejean. Su actuación ha sido impecable y vocalmente bella. De piedra me he quedado con el espiritual final a cappella, sobrecogedor. Para el recuerdo.

Michael Mayes ha sido igualmente un gran Joe De Rocher. Quizá no me lo imagine como Rigoletto o el Conde de Luna por esa voz un tanto gutural, pero a este personaje le viene como anillo al dedo; porque a partir de ella realiza una interpretación sobrecogedora, que nos hace sentir al antihéroe. Me gustó mucho el pianissimo que hace en "everything is going to be alright" en el dúo con Helen en el primer acto.

Measha Brueggergosman volvía al Real después de mucho tiempo. Me gustado esta vez su interpretación y su voz, que sonaba preciosa y se dejaba oír (algunos dicen que su voz es muy pequeña). Creo que Brueggergosman está más indicada en este papel de comprimaria que hace años como Antonia de Los Cuentos de Hoffmann, de la que hizo una interpretación olvidable. Aquí resultaba encantadora.

El resto del reparto ha estado a un buen nivel. Particularmente, hemos de mencionar a  Maria Zifchak, que interpretó magistralmente a la madre de Joe, y también a Toni Marsol como Owen Hart (padre de una de las víctimas), excelente a nivel vocal y actoral.



Creo firmemente en que la ópera debe seguir viva a través de nuevas creaciones. Hay muchos caminos como obras de arte deje cada uno, muchos no gustarán al público y otros sí. Obras como esta pueden no sólo agradar al público más conservador sino que también su temática actual atraerá a personas ajenas a la ópera: a mí me han preguntado algunos interesados profanos, aunque no he podido esta vez traerme a nadie. De momento, esta vez la sala tenía alta ocupación y por los comentarios el público ha salido entusiasmado. Junto a La Favorita, ya tenemos al éxito del año en lo que llevamos de temporada.


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viernes, 29 de diciembre de 2017

Estrellas del Bolshoi y el Cascanueces en el Coliseum. 27 de diciembre de 2017.

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Como cada navidad, las compañías de ballet ruso llegan a Madrid. Esta vez, el Teatro Coliseum ha organizado para navidades unas funciones de El Lago de los Cisnes y El Cascanueces. Esta vez estaría a cargo de las Estrellas del Teatro Bolshói junto al Moscow State Ballet.No esperaba a Lopatkina ni a Ovcharenko pero confié en que habría algún nivel. Y tenía el aliciente de una gran orquesta sinfónica en vivo y en directo.



Subestimé la capacidad del Coliseum. Nada más ocupar mi butaca contemplé con horror que no había sitio para decorados. La orquesta estaría situada al fondo del escenario y los bailarines tendrían que moverse en poco más de la mitad del mismo. Aquello significó un problema para los bailarines, ya que tuvieron que moverse en un espacio reducido. En fin, mi gozo en un pozo.

La "Gran Orquesta Sinfónica" anunciada era la Orquesta Sinfónica Estatal de Dneper, una orquestina ucraniana de 30 músicos. El director fue Iván Kostyakhin. El conjunto se dedicó a acompañar el espectáculo pese a algunos momentos fallidos como un desafine de la trompa en el Vals de las Flores o el fallo de amplificación de la celesta-sintetizador que afectó a la danza china.


Las anunciadas estrellas del Teatro Bolshoi eran los bailarines Maria Allash como Clara y Andrei Merkuriev como el Príncipe. Hay que reconocer que el nivel del famoso teatro ruso se notaba en ellos, respecto del resto de bailarines e incluso de compañías que he visto hasta ahora. Sus movimientos estaban perfectamente sincronizados y en sus danzas se apreciaba una técnica muy especializada, con muy pocos fallos. Estuvieron magníficos en sus solos y Allash podía realizar posturas complicadas durante mucho tiempo. Y sin embargo, tengo que decir que pese a su virtuosismo eché en falta una interpretación más intensa de sus personajes. En este sentido no pude evitar pensar en Andrey Batalov y su grandioso Sigfrido en el Teatro Philips este verano.

Sergey Smirnov hizo un Cascanueces muy bueno, y Dmitrii Chetin fue un Drosselmeyer que aunque bailó más que otros que he visto, estuvo más bien correcto. El resto de la compañía estuvo a un nivel digno, pero sólo puedo destacar la danza árabe de Valeriia Savina y Oleg Turko. Los bailarines de la danza china tuvieron los movimientos muy limitados por el espacio reducido.


Creo que un ballet necesita por lo menos un decorado para poder operar completamente la magia, ya que en un escenario tan pequeño como el del Coliseum con una orquesta detrás tienen los movimientos reducidos. A falta de decorado, había en la pared del fondo unas proyecciones de imágenes corrientes de un salón lujoso, de un paisaje nevado y del país de los dulces. Pero no era lo mismo. Supongo que ese era el precio a pagar por tener una orquesta en vivo.


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martes, 19 de diciembre de 2017

Leo Nucci en el Teatro de la Zarzuela. 18 de diciembre de 2017.




Después de un memorable concierto hace tres años en el Teatro de la Zarzuela, en el que el público se rindió a su arte, el gran Leo Nucci volvió a dar un recital en el Ciclo de Lied del famoso teatro. Sus incondicionales  teníamos  pues una cita, aunque no llenásemos el teatro.

Esta vez, se hizo acompañar por el pianista británico James Vaughan.

Por motivos de fuerza mayor sólo pude ir a la segunda parte del recital. Me dijeron que en la primera parte del mismo hubo canzone italiana, pero empezó con el prólogo de Pagliacci. La segunda parte estaba centrada en la ópera.

Nada más entrar, se pudo ver muy cerca del piano una mesa con elementos de atrezzo para "dramatizar" algunos números. Nucci por momentos se convertía en un showman.

Cada año que pasa, Nucci acusa un declive cada vez mayor. Comparado con él mismo hace tres años, o uno solo, la voz está ya bastante ajada,  y cuanto más arriba vaya más tiende a zozobrar. Pero aún queda material: el suficiente para impresionar por momentos y hacer que el teatro se venga abajo. El volumen sigue siendo impactante, al igual que los agudos y todavía tiene alguna capacidad para el legato. Por no hablar de las tablas, que siguen ahí, sobretodo para compensar las limitaciones ya lógicas de su edad. Esas tablas que transmiten experiencia, drama y que se ganan al público.

Empezó pues esa segunda mitad con  Era uguale la voce? de Gianni Schicchi, que acometió con vis cómica y poniéndose un gorrito blanco. Luego tocó un aria de Foscari, O vecchio cor, que empezó a tener ya visos de mejora y sobretodo demostrando que aún sabe sonar a Verdi.

Luego, el pianista Vaughan interpretó una preciosa pieza, el Nocturno nº18 para piano en mi mayor, "Midi" , de John Field, en la que demostró mucha destreza. De hecho el acompañamiento en las arias fue generalmente bueno.

Reapareció Don Leo con el Eri tu del Ballo verdiano, que fue muy bueno aunque el fraseo le bailaba en l'universo avveleni per me. El concierto debía terminar con el Largo al Factotum del Barbiere, en el que Nucci sacó al cómico que lleva dentro una vez más (jugando con una flor y un bastón), y también demostrando que por qué sigue siendo el mejor Fígaro que haya oído aunque sea en una sola aria, con un fraseo que aún impresiona. Tras este número llegarían los bises, que serían cuatro.

Empezó con una Muerte de Rodrigo de Don Carlo, en la que impresionó de nuevo al público: con la voz ya entregada, su interpretación fue impecable y muy emotiva. De nuevo ese sonido de barítono que suena a Verdi y sabe de qué va la música de Verdi, con esos agudos aún poderosos ¡menudo ahimé final! Sin duda fue el mejor momento de la noche. Siguió con el Cortigiani de Rigoletto, su alter ego escénico, al mismo gran nivel.

Después vino un Nemico della Patria en el que hubo mucha entrega y buenos momentos, pero tuvo un gallo en com'era irradiato di gloria il mio cammino!, que evidenció su fatiga. Pero se le perdona, he de decirlo.  Tras esto, y con su habitual simpatía deseó al público unas felices fiestas. A petición de una señora del público, cantó la Mamma de Bixio, en la que hizo participar al público, cerrando la función con unos aplausos atronadores.



Leo Nucci podrá estar empezando a acrecentar su declive, pero el animal escénico sigue incólume. Aún tiene material para impresionar, emocionar y hacer pasar un buen rato. Podrá criticársele el hacer un circo de la ópera, pero no se puede negar que el público termina entregado con su simpatía y su arte; porque sabe que estamos ante el último gran barítono italiano.

Y eso fue lo que ocurrió, su público incondicional le premió con una gran ovación y múltiples halagos. Y yo volví a salir satisfecho del teatro.