viernes, 23 de marzo de 2018

Aida en el Teatro Real. 19 y 22 de marzo de 2018.




Después de largo tiempo, los aficionados madrileños hemos podido ver Aida en el Teatro Real, después de una ausencia de veinte años. Demasiados para uno de los títulos más celebrados del repertorio y por este motivo, la mayoría de asistentes a estas funciones estamos viendo esta genial obra posiblemente por primera vez en nuestras vidas.

El Real repone este gran título con el mismo montaje que se programó hace dos décadas y que lleva la firma de Hugo de Ana. El director de escena argentino afirmó que sería una reelaboración de aquella producción, hasta el punto de presentarla prácticamente como nueva. Entre otras cosas, se han aducido razones de seguridad. Y desde luego con un vestuario opulento aunque no siempre fiel del todo, como en el caso del coro en la marcha triunfal.



El telón metálico con decoraciones egipcias, que se levanta en cada cambio de escena

Al empezar la obra se levanta el telón de color metal y con decoraciones egipcias que domina la sala, para dar paso a una escena dominada por un enorme obelisco, pero tapada por un tul en el que a lo largo de la obra se proyectarán imágenes de templos,estatuas e ilustraciones del antiguo Egipto. Por ejemplo, el preludio es un recorrido en 3D por un templo. Sobre el escenario, hay proyecciones que funcionan bien vistas frontalmente, que en el tercer y cuarto actos parece dar la sensación de un paisaje de pirámides, pero vistas desde un lateral se ve que eso es una trampa y sólo hay en el escenario un obelisco aislado y un pico de pirámide. En el primer acto y en el final esas proyecciones dificultan muchísimo la visión.

El gran final del acto segundo, lo más celebrado del montaje.

Lo más logrado es el segundo acto: primero porque se ve el escenario sin el dichoso tul. En la primera escena vemos un enorme monumento ricamente decorado que es la estancia de Amneris, y luego la gran marcha triunfal. En la gran escena final de ese segundo acto vemos la enorme pirámide en la que se sitúa el asfixiante poder con el Faraón, Ramfis y los sacerdotes mientras que el pueblo y el cuerpo de ballet se sitúa a ras de suelo. Después de la marcha la pirámide se acerca más y entran los prisioneros y los personajes y finalmente entran las imágenes de los dioses. Cuando termina esta escena se ilumina y apaga varias veces, como si fuera el propio montaje el que estuviera saludando. No dejo de ver en este aspecto una copia de los viejos montajes del Met, pretendiendo ser Zeffirelli sin conseguirlo.

                                               Acto Primero. Danza de las sacerdotisas.

Las coreografía de las escenas de danza corren a cargo de Leda Lojodice, la cual no me termina de convencer. En el primer acto la danza de las sacerdotisas la realizan unos cuerpos espectrales y casi desnudos intentando deshacerse de unas vendas larguísimas y no muy bien conseguidas, casi de papel higiénico; lo que nos hace pensar que son momias. En el segundo acto la cosa mejora en la danza de los esclavos moriscos; pero el resultado es desigual en la marcha triunfal, porque los soldados hacen una danza victoriosa cuando uno se hace a la idea que deberían desfilar. En la música inmediatamente posterior se ve un cortejo entre bailarinas y soldados, siendo mejor la danza de ellas que de ellos.

Pese a todo, es un consuelo que muchos nos bauticemos escénicamente en una Aida como esta y no con un versión más provocadora que no tenga ni un atisbo de Egipto. El público ha disfrutado del lado más espectacular de este montaje.


 En lo musical, Nicola Luisotti dirige una Aida irregular. Aunque va de menos a más a medida que avanza la función, tiene momentos en los que abusa del forte, y ni aun así el sonido de la orquesta consigue ser bello del todo (el viento no da todo de sí en varias ocasiones, por ejemplo). En la función del día 22 estuvo mucho mejor que el día 19 pero en ambas la dirección carece de agilidad en algunos momentos; yo no pude estremecerme al final del segundo acto, por poner un ejemplo.

En cambio el coro estuvo estupendo en sus intervenciones.


                                                    Violeta Urmana como Amneris.

En las dos funciones a las que fui vi al mismo reparto, que fue el primero, salvo en la intérprete de Amneris que varió un día respecto del otro.

Liudmila Monastyrska, una de las sopranos verdianas más aclamadas en estos últimos años, debuta en el Teatro Real como Aida. Hay que decir que tiene un volumen enorme, y que cuando da un agudo es capaz de sobrepasar a la orquesta, el coro y los solistas. Cuando tiene que cantar en piano, el sonido es bellísimo, y todos los pianissimi nos deleitaban. En general, su voz es bella y de gran calidad pero interpretativamente a veces la encuentro un poco fría. Para el recuerdo el Numi pietà y el O Patria Mia, donde hizo una exhibición impresionante de bellos sonidos. También se guardó para el final, donde estuvo conmovedora.

Gregory Kunde volvía a un Real donde es venerado, interpretando a Radamés; pero siento mucho que esta vez no pueda deshacerme en halagos. El Celeste Aida  ya le cuesta mucho y aunque los agudos siguen siendo impresionantes, la voz resiste y aún conserva un timbre más o menos dramático; la peligrosa sensación de quiebra vocal impregnó la interpretación el día 19. El 22 fue mucho mejor pero siguen evidenciándose esas carencias, lo que hace pensar que ya no está para hacer este personaje o que debería disminuir su vertiginosa agenda o que el aria se le hace cuesta arriba. Posiblemente la dirección atronadora de Luisotti hizo que al final del primer acto la orquesta le sobrepasara.

Sin embargo, sus aún generosos medios le devolverían la gloria en la segunda mitad: en el tercer acto estuvo muy bien en los dúos con Aida y Amneris, con la voz aún sonando bella. En el final estuvo igualmente muy bien, con una interpretación estupenda: bellísima interpretación la que hizo en La Fatal Pietra. A sus 64 años este tenor estadounidense ha demostrado ser gran artista y tiene un nivel muy superior muchos de sus colegas, pero según el repertorio que se cante la voz podrá soportar mejor el temporal porque Otello no es Peter Grimes (que abordó en Valencia el mes pasado en estado de absoluta gracia), ni Radamés es Devereux.

Amneris fue interpretada el día 19 por Ekaterina Semenchuk, una mezzosoprano de voz  oscura y con enorme talento escénico, con bello sonido de contralto; que dejó una escena del juicio para el recuerdo.  Violeta Urmana la interpretó el día 22, pese a estar indispuesta según se anunció en megafonía. Siempre he disfrutado con Urmana y era la primera vez que la veía como mezzosoprano. Pese a su estado, cantó con su habitual hermosa y temperamental voz, además de tener unos graves excelentes.Sus actuación fue generalmente convincente y al igual que Semenchuk, su talento escénico dejó también para el recuerdo la escena del juicio del acto cuarto, con un agudo final espectacular.

Roberto Tagliavini interpretó en su buena línea habitual al sacerdote Ramfis. George Gagnidze interpretó a Amonasro en su línea habitual: voz que suena mejor en vivo pero ahora tendente un poco al "ladrido", que estuvo bien en lo interpretativo pero en lo vocal ya empieza a sonar algo difícil aunque esa voz sea de las que corren por todo el teatro.

Soloman Howard es un faraón de físico espectacular, y la vocalmente no se queda atrás pues la voz es enorme. Tiene un buen sonido de base; pero un poco gutural a veces, lo que dificulta la dicción.
Sandra Pastrana y Fabián Lara como la sacerdotisa y el mensajero respectivamente cumplieron muy bien sus personajes comprimarios con unas estupendas voces.



La sensación de que la producción tanto escénica como musicalmente es mejorable, era latente. Por eso el 19 fue recibida fríamente aunque el 22 hubo ovaciones sonoras, quizá porque los intérpretes dieron más de sí y todos salimos ganando. Pero en el fondo, el público sabe que Aida es una obra maestra, tanto por las conocidas escenas que requieren muchos figurantes en escena: como por las escenas más intimistas de unos personajes que aman intensamente y sufren por ello, que se manifiestan en las más bellas arias y escenas salidas de la pluma de Giuseppe Verdi, el verdadero gran triunfador de estas noches.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con su publicación en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

domingo, 18 de marzo de 2018

Vídeo: Maria Callas como Tosca (1958 y 1964)


Todo aficionado a la ópera se encuentra con la figura divina de Maria Callas. Ya sea empezando su afición al género, o como un aficionado de raza, la figura de la soprano griega es un referente omnipresente y un mito universal. Y también por los no tan melómanos que ven en ella a un icono con su elegancia inigualable. 

Es muy difícil escribir sobre ella. Al menos para mí lo es de forma minuciosa y objetiva, por que ella es inabarcable. Más que una leyenda, un antes y un después. La Callas era el drama hecho soprano: una voz bella (aunque controvertida) con un instinto dramático y un temperamento que hacen vivir la historia, aunque sólo sea por medio de un disco. Y Maria, la mujer, un personaje que vivió una vida intensa y llena de sufrimientos.

Pese a su legado como cantante e intérprete, los aficionados de hoy tenemos pocos testimonios para hacernos una idea de ese animal escénico que esta gran soprano fue y que ha sido siempre referido. Pero por suerte, tenemos además de filmaciones de recitales dos versiones del acto segundo de Tosca; ambos legendarios: uno en 1958 en París y otro en 1964 en Londres.

Tosca fue uno de sus roles insignia (y tuvo tantos). La heroína de Puccini y la Callas son casi sinónimos en el subconsciente operístico, y parte de la culpa de ello lo tiene su mítica grabación en disco de 1953; un hito de la discografía.



El 19 de diciembre de 1958, Maria Callas debutaba en París, en la legendaria Ópera Garnier. Tal magno evento contó con la asistencia del mismísimo presidente de Francia. Además, fue emitido por televisión  y millones de personas pudieron seguir esta velada mágica. Primero empezaría con una selección de arias, y la segunda parte comprendería el segundo acto de Tosca. La filmación es buena, pero no muy cuidada. Callas estaba aún en buena forma vocal en 1958, y podemos ver una actuación musical excelente con un "Vissi d'arte" potentísimo e igualmente impecable en lo actoral: por ejemplo cuando Scarpia le pregunta innumerables veces si Cavaradossi estaba solo y ella le responde enérgicamente "Solo, sì!". 

Si Tosca es sinónimo de Maria Callas, Scarpia es sinónimo de Tito Gobbi. Sin embargo, en esta versión aunque su Scarpia es excelente, no alcanzará los niveles excelsos de ocho años después. Aquí Cavaradossi es Albert Lance, un modesto tenor australiano. La puesta en escena es convencional pero no tiene una dirección de actores muy trabajada y no saca el provecho de los artistas que debería. La dirección corrió a cargo de Georges Sebastian, competente director de orquesta.


Aunque las fotografías que he subido están a color el vídeo es en blanco y negro.

Seis años después estamos en 1964. Para ese entonces, Maria Callas estaba vocalmente casi acabada. No cantaba una ópera entera en tres años y en su vida personal la relación con Onassis le había pasado aún más factura. Regresó a Londres a principios de ese año para cantar unas funciones de Tosca que se convertirían en leyenda. Y se volvería a filmar y televisar el intenso segundo acto, que ahora contaría con la dirección de escena de todo un experto como Franco Zeffirelli, quien sacaría (si es que fuera posible) aún más rendimiento de Callas y de Gobbi, además de crear una lujosa ambientación. 

Aunque sólo sea un acto, el más intenso de la obra, esta filmación es la mejor que se haya hecho nunca de Tosca: no hay nada más allá de esto: es ópera en estado puro y la tensión dramática se respira en todo momento. Cincuenta y cuatro años después, no ha sido superado.

Callas ya no es vocalmente lo que había sido, pero como intérprete sienta cátedra y no ha sido superada. Sus expresiones, sus ademanes, su entonación son un torbellino que deja al borde del asiento. Para el recuerdo su mirada asustada (es que uno se siente acorralado con sólo verla) cuando Scarpia le insinúa sus intenciones, el terrible grito de "Assasino" que le lanza cuando descubre que su amado se ha desvanecido por la tortura, la expresión doliente en el Vissi d'arte, el terrible "questo è il bacio di Tosca" cuando apuñala a Scarpia, cómo le coloca el crucifijo al cadáver toda estupefacta y cómo sale corriendo de la estancia cuando baja el telón. Es impresionante, imposible describir la sensación. Como ya he dicho antes, vocalmente ya no está en su mejor momento pero es capaz de emocionar, porque la voz sigue siendo bella y su histrionismo ayuda a salvar la noche. Aunque ya le cuesta el Vissi d'arte consigue salir airosa. Es una interpretación que todo aficionado a la ópera no debe perderse, porque vivirá en la historia. 

Tito Gobbi aquí está igualmente insuperable. Puede que su voz no fuese bella, puede que fuese un intérprete más rudo que otros grandes barítonos, pero él es Scarpia. Nadie como él ha sabido entonar, interpretar, transmitir la maldad del personaje. Tampoco está ya en su mejor momento pero igualmente su interpretación es legendaria. A partir de "Ha più forte sapore" las cosas se ponen en un nivel excelso: sus expresiones de sadismo y brutalidad aterrorizan. Insuperable en todo momento, aterrador en la escena de la tortura y repulsivo en las escenas de coacción a Tosca.



Renato Cioni es un tenor digno de tal nombre. Aunque no sea una leyenda como Corelli o Di Stefano estamos ante un cantante excelente. Los Vittoria son potentes y su actuación es igualmente excelente, posiblemente animada por sus coprotagonistas y por el gran trabajo de Zeffirelli. Personalmente siempre me ha gustado la potente y juvenil voz de este tenor.

Robert Bowman canta Spoletta con un fortísimo acento británico, y no muy agradable de escuchar siempre. La orquesta está dirigida por Carlo Felice Cillario, quien logra una estupenda dirección orquestal.

Me ha resultado muy difícil hacer esta reseña, porque hacer justicia a Maria Callas es una labor titánica debido a su enorme envergadura y significancia para la historia de la ópera. No contamos con una ópera completa pero afortunadamente estas dos filmaciones de uno de sus mejores roles nos permite disfrutar y comprender aún más del arte de la que quizá fue la mejor soprano que jamás subió a un escenario.


martes, 13 de marzo de 2018

Vídeo: Aida por la Folkoperan de Suecia en Lanzarote.



Hace muchos años, me encontraba haciendo la compra de la semana en un Alcampo, cuando en la sección de todo a un euro, encontré este extraño DVD de Aida en versión película. Me sorprendió ver esta versión, y ya que costaba un euro mi afán coleccionista pudo más que yo y me lo llevé a casa, a pesar de que no veía más que nombres suecos en el reparto y un anuncio grandilocuente. Al llegar a casa me percaté de que la ópera estaba cantada en sueco y descubrí hasta dónde me había llevado mi ingenuidad. Lo que vi por encima me pareció coqueto pero no lo vi entero y lo desterré a mis estanterías.

Ahora que Aida está en cartel en el Real, volví a acercarme a este vídeo. Siempre he tenido curiosidad por  nuevos horizontes y cosas inusuales en ópera, así que me animé a ver esta producción.

La Folkoperan (ópera popular) es un teatro de ópera popular en Estocolmo, que lleva a cabo producciones en idioma sueco con gran éxito de público. En 1987, su fundador Claes Fellbom se traslada con la compañía a Lanzarote, para rodar una película de esta genial ópera verdiana.

Claes Fellbom rueda en espacios naturales de la isla canaria de Lanzarote, cuya deslumbrante naturaleza volcánica le sirve para ambientar la película en el antiguo Egipto. El presupuesto de entonces (150 millones de pesetas) permitió construir un templo egipcio en la cantera de Tinamala y contar con un centenar de figurantes de la zona, pero esta misma razón aleja la película del Peplum y le da un toque más íntimo, más cercano a la película polaca "Faraón" de 1966.

Cantera de Tinamala, que sirvió como Set para el templo de Ptah.

Se la ha llamado "Top-less Aida", porque los personajes femeninos (salvo Amneris) están casi siempre en top-less y con poca ropa. ¿Un enfoque más naturalista y tribal? La sencillez de la ambientación le confiere un aire de naturalidad  poco visible en una representación de ópera en las escenas o dúos de los protagonistas. La estancia de Amneris está muy lograda, y esta vez no son los esclavos pequeños sino exuberantes bailarinas las que llevan a cabo la danza de la primera escena del segundo acto. Como dato curioso, la marcha triunfal es un desfile glorioso donde se vierten las manos cortadas de los derrotados como ofrenda victoriosa al Faraón, además de mostrarse como flashback imágenes del pueblo etíope sojuzgado. Y es que este recurso es utilizado en varios momentos: las escenas de amor de los protagonistas o la infancia de Aida.

                                                       Gran Final del segundo acto.

El sueco es un idioma que le sienta raro a Verdi, y de hecho las líneas son cambiadas muchas veces para que puedan rimar con la música; lo que hace que determinados fragmentos queden irreconocibles, como el final. Pero la música del maestro es superior a estos obstáculos y momentos como el final del acto primero siguen emocionando aún cantados en esta lengua escandinava.

La Orquesta de la Folkoperan está muy bien dirigida por Kerstin Nerbe, aunque la obra presenta cortes que dejan la película en una duración de 116 minutos, una media hora menos de lo que duraría la ópera habitualmente. Y los coros igualmente son buenos.

                                                    Margareta Ridderstedt como Aida                                     

Margareta Ridderstedt es una soprano cuya carrera lírica ha transcurrido principalmente en sueco. Hay que reconocer que su estupenda forma física y su belleza (con un aire a su compatriota Catarina Ligendza) le ayudan en su creación del personaje. Su voz tiene un sonido agradable; pero no es verdiana, sino más bien apropiada para un personaje germánico. No obstante, su interpretación vocal es aseada en su conjunto.

                                                      Ingrid Tobiasson como Amneris

Ingrid Tobiasson es la estrella principal del reparto. No sólo porque es la única del mismo que ha tenido una carrera internacional importante, sino porque consigue dar una conmovedora creación del personaje. Su Amneris es la de una mujer posesiva, autoritaria, que atrapa con la mirada. Pero detrás de ese carácter fuerte se esconde una mujer atormentada por su amor imposible. Tobiasson consigue hacerse con la psicología de este personaje lleno de aristas. Muy desgarradora es su interpretación en el cuarto acto, sin peluca y con un aspecto completamente desaliñado que refleja la tristeza y ansiedad de Amneris. La voz es muy bella, quizá le falte ese fuego que tiene la italianità verdiana; pero canta como una profesional y por destacar algo los graves son buenos. En resumen, nos deja una interpretación magistral en lo actoral y bastante notable en lo vocal.

                                                              Niklas Ek como Radamés

No puedo decir lo mismo de Radamés. El tenor Robert Grundin tiene una voz que no casa para nada con el personaje y el timbre vocal y la entonación no son nada italianas. En la película le da vida el bailarín maduro Niklas Ek, a quien le sacan muchos primeros planos con expresiones más propias de ballet que de teatro, haciendo poco creíble el personaje; además de ser completamente anulado en escena por Amneris y Aida.

En cuanto al resto de solistas, Jan Van der Schaaf es un aseado Amonasro,  Alf Häggastam es un Ramfis correcto, Marianne Myrsten  (en la película la interpreta la actriz Françoise Drapier) una agradable sacerdotisa. Una curiosidad es la eliminación vocal del personaje del Faraón: aquí es interpretado por un anciano figurante español al que tienen que asistir; y su rol lo asume un heraldo, malamente interpretado por Staffan Rydén, de voz nada agradable.

Si uno abre la mente y consigue hacerse a la idea de que va a escuchar Aida en un idioma nada latino, se puede encontrar uno con una película amena. Siempre he sido de explorar horizontes nuevos y cosas atípicas; porque el arte es diverso, y la ópera es un arte ... con independencia del resultado.

Aquí la película completa en Youtube.

Nota de prensa del diario El País sobre el rodaje en Lanzarote.


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