lunes, 19 de noviembre de 2018

La Casa de Bernarda Alba, de Miquel Ortega, en el Teatro de la Zarzuela. 18 de noviembre de 2018.


Este mes de noviembre, se encuentra en el cartel del Teatro de la Zarzuela la ópera del director y compositor catalán Miquel Ortega La Casa de Bernarda Alba, basada en la obra maestra de Federico García Lorca. Esta ópera, primera en castellano en tratar esta magna obra, llega a Madrid en versión para orquesta de cámara, tras haber sido estrenada en Rumanía en 2007.

La última obra teatral de Lorca es una de las cumbres del teatro español. El poderoso texto, respetado por el libretista Julio Ramos, refleja la horrenda realidad de la España rural de principios del siglo pasado; la tragedia de unas mujeres asfixiadas, ahogadas por un castrador código moral que no perdona el más mínimo defecto. En él se encuentra la malvada Bernarda Alba, que representa la rigidez de ese mundo opresor (del que sin saberlo, también es víctima), la obediencia de las criadas, la resignación de unas hijas muertas en vida a consecuencia de esa opresión y las ansias de libertad de Adela, la hija menor que despierta a la vida y a la sexualidad.

A lo largo que transcurre la historia, cada vez nos cuesta respirar más, haciendo lo posible por entender como hombres modernos una realidad que en nuestro país no desapareció del todo hasta hace unas pocas décadas y que en muchos países del Tercer Mundo sigue imperando en toda su crueldad. Y sufriendo con sus personajes, que a consecuencia de todo ello terminarán devoradas por el odio, la amargura, la envidia y finalmente la muerte. Es una historia en la que sólo aparecen mujeres, pero se siente y se padece a un hombre: ese Pepe el Romano que altera sus vidas.

La partitura de Ortega es tradicional y agradable de escuchar, aunque a algunos no les parezca memorable. Empieza con una música sombría y a la vez con los gritos de la madre de Bernarda llamando a su hija. A medida que avanza, la obra parece estar más inspirada, con un intenso final del segundo acto. El tercero empieza con un preludio, con un destacado solo para viento, y toda la primera mitad del acto tiene melodías que parecen inspiradas en nuestros más destacados autores. La escena de la abuela con la oveja es una de las más bonitas musicalmente de la obra. Sea una obra para pasar simplemente una velada agradable, o uno de nuestros referentes líricos en los últimos años esperemos que tenga el recorrido que merece por nuestra geografía y por el extranjero: seguramente un clásico tan nuestro sea del interés de públicos franceses, italianos y alemanes.


La Orquesta de la Comunidad de Madrid estaba dirigida por el compositor, que sacó una dirección de buen pulso dramático, con un excelente sonido en el denso primer acto, por destacar un momento importante.

La puesta en escena de Bárbara Lluch intenta captar, desde la mayor fidelidad posible al ambiente rural, la castradora atmósfera de esta historia. Durante toda la obra se verá el mismo patio del caserón de Bernarda, con una enorme puerta, una planta superior donde duermen las protagonistas, de madera destartalada. Al lado izquierdo vemos la paja del corral. Por el portón entrarán en procesión la matriarca y sus hijas, de negro riguroso y sentadas en viejas sillas. La iluminación es sin embargo muy estática, si bien un momento estéticamente bello es el final del segundo acto cuando la luz amarilla y azul se funden para recrear el atardecer. La dirección de actores está lograda, y gracias a que las cantantes son actrices consumadas podemos sentir la tensión que Lorca intentó transmitir. El final no puede ser más aterrador, con una Bernarda afectada (qué diferencia con una Irene Gutiérrez-Caba que reprime sus sentimientos en la película de 1987) pero que mantiene la compostura y manda callar a sus hijas. El escenario se oscurece con los últimos compases y antes de que caiga el telón sólo queda iluminado el vestíbulo en el que Adela se ha ahorcado, resaltando el trágico final.


El reparto estaba conformado por un grupo de sólidas intérpretes.

Nancy Fabiola Herrera tiene un talento musical consagrado, y la hemos podido disfrutar muchas veces en Madrid. Es la líder indiscutible del reparto. Su autoridad escénica consigue  crear una Bernarda convincente y electrizante. A nivel vocal, su bello registro grave y su timbre aterciopelado nos daban una tarde para el recuerdo. Una gran interpretación.

Carmen Romeu fue una excelente Adela, con unos agudos impresionantes, una buena voz y una excelente interpretación de la libre y rebelde hija menor.

El barítono Luis Cansino interpreta a la Poncia, sacando a escena sus tablas y su enorme voz. Siendo el único intérprete masculino, siguiendo la tradición lorquiana, interpreta a la criada con mucha gracia.

La veterana y popular actriz Julieta Serrano estuvo a cargo de María Josefa, madre de Bernarda y la desequilibrada abuela de la casa. Su papel es el único hablado pero es tan buena actriz que consigue que sus dos breves intervenciones sean de los momentos más destacados de la noche, especialmente en el anteriormente mencionado momento con la oveja en el segundo acto, sacando incluso risas del público.

Las hermanas de Adela estuvieron aun enorme nivel, destacando a Carol García como Martirio y Berna Perles como Angustias. Milagros Martín hizo un cameo de lujo como una de las criadas.


En definitiva, una disfrutable tarde de ópera gracias a una igualmente disfrutable ópera sobre una de  las más intensas historias que haya dado la literatura española; que además fue transmitida en directo por Facebook a todo el mundo, miles o quizá millones de espectadores que se sumaron a los mil de la sala a este goce lírico y lorquiano al mismo tiempo.

Puede verse el streaming en este enlace.

martes, 6 de noviembre de 2018

Only the Sound Remains in Teatro Real, Madrid. November 5, 2018.





Kaija Saariaho is one of the most renowned musicians today. Her opera L'amour de Loin has been celebrated in the last two decades. After its world premiere in Amsterdam in 2016, her new opera Only the Sound Remains is being performed in Teatro Real, Madrid, in early November 2018.

The score is nice, mystical, full of intimism and spirituality. The title is actually a motto, the verification of a constant reality who is the link of the two operas making the show. The first one is Always Strong, the story of a priest who prays for the soul of a warrior, the favourite of the Emperor,, and how his ghost remembers his good old days and this makes him to fell into melancholy and finally disappears, remaining only his voice. The second opera is Feather Mantle, narrating the story of a fisherman who finds a mantle made by feathers, which belongs to an angel who needs it to return to heaven. The fisherman agreeds to give it back if the angel dances, and after the dance, the angel disappears. Both stories have a deep narrative, as they are taken from the japanese noh theater.

There is no smphony orchestra. Instead, there is a small ensemble made up of a string quartet, a choral quartet, percussion, flute and a kantele. In addition, it includes amplification and sound engineering.



This opera is marking the return to Teatro Real, after many years, of the French counter-tenor Philippe Jaroussky, who sang in 2010 a historical Poppea under William Christie; and the director Peter Sellars, a current guest during the seasons of the late Gerard Mortier. Both artists gave the Madrid audience many glorious nights, and this one was just another memorable one. With Jaroussky, the baritone Davone Tines and the dancer Nora Kimball-Mentzos formed the  performing trio.


Sellars' production is the great success of the show. His work is beautifully simple, and  fits very well with the austerity of the music and drama. At entering in the hall, a wall painted by the famous painter Julie Mehretu is greeting the audience. In Always Strong we see the priest in a table invocating the ghost, and a spotlight put close to him projects the shadows in the wall.

Feather Mantle is by far the highlight of the show. The wall is now bigger, and we can appreciate better the force and the intensity of its streaks, and sometimes evocating a coast landscape for the drama. Here the dances are more intensive and also the lighting, reaching a great moment when the wall is lighted in yellow color, when the angel says doubt doesn't exist in heaven. The ending is powerful: the wall rises and the floor is illuminated in dark green and later in purple, with the rest of the stage empty excepting for the first smaller wall visible in the first part. As the angel and the dancer disappear, the baritone dances in trance and the chorus close the work, the scene gets dark slowly.


Jaroussky sings the spiritual roles with his beautiful and angelic voice, despite he is not in his usual repertory. He could solve the ascending notes in the score thanks to his skilled coloratura.

Tines sings the human roles. His baritone voice has a nice sound but a bit weak volume. He seems to dance accomplishedly the dances in the second opera.

Ivor Bolton was planned to conduct tonight, but after being indisposed, he was replaced with the Spanish conductor Ernest Martínez-Izquierdo, a Catalan composer and director of the Ensemble Barcelona 216. As a result, his knowledge on contemporary music leads us to believe the level was secured.



This work could be defined with an adjective: simplicity, and its accomplished management by the stage and musical work seems to state that we could be in front of one of the best moments in the current operatic season in Teatro Real. Well done.


My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural.

Any reproduction of my text requires my permission. 

Only The Sound Remains en el Teatro Real. 5 de noviembre de 2018.


Kaija Saariaho es una de las compositoras más renombradas de la actualidad. Su ópera L'amour de loin ha cosechado una consideración muy alta en estas últimas décadas. Tras su estreno en Holanda en 2016, su nueva obra, Only the Sound Remains ha llegado al Teatro Real. Tras su estreno en Ámsterdam, esta coproducción con varios teatros europeos y uno canadiense llega a Madrid.

La mística, íntima, evocadora partitura de Saariaho consigue dejarse oír y hacer pasar un rato agradable. El título es en realidad un lema, un hecho constatable que se convierte en el nexo que une las dos pequeñas óperas que realmente conforman el espectáculo: Always Strong y Feather Mantle. La primera trata sobre un sacerdote que con sus oraciones por el alma del guerrero favorito del Emperador, con cuyo espíritu interactúa, y que le cuenta recuerdos que terminan atormentándole y haciéndole desaparecer, quedando sólo su voz. La segunda trata sobre un pescador que se encuentra la capa de plumas de un ángel, que le pide que se la devuelva ya que sin ella no puede ir al cielo. El pescador le pide entonces que baile para él, aunque duda, cosa que el ángel refuta ya que en el cielo ésta no existe. Tras su danza, desaparece. Ambas historias están traídas del teatro noh japonés, y tienen una gran densidad narrativa y emocional. No hay orquesta en esta obra, sino un pequeño conjunto musical formado por un cuarteto de cuerda, un cuarteto vocal, una flauta, un kantele y percusión. Además emplea amplificación y elementos de sonido.

Esta ópera supone además un doble regreso, dos grandes artistas: el conratenor francés Philippe Jaroussky, quien cantó una Poppea de Monteverdi para el recuerdo en la última temporada de Antonio Moral en el Real y un apoteósico concierto barroco en 2011; y el del director de escena Peter Sellars, habitual de las temporadas del añorado Gerard Mortier, en las que nos dejó trabajos bellísimos como Ainadamar y The Indian Queen. En el pasado más reciente, ambos nos dieron noches gloriosas y ésta ha sido una más. Junto a Jaroussky, el barítono Davone Tines y la bailarina Nora Kimball-Mentzos formaban el trío protagonista.


Sellars nos presenta un trabajo escénico bello y sencillo que casa con la espiritualidad de la obra. Nada más entrar en la sala vemos un telón que contiene un atractivo mural blanco y abstracto de la escenógrafa y pintora Julie Mehretu, sobre la que se proyectarán la iluminación de colores. Al apagarse las luces y empezar la primera ópera, vemos una pequeña mesa, donde el sacerdote aparecerá invocando al espíritu del guerrero. un foco ilumina de cerca a los personajes, proyectando sus sombras en la pintura, aumentando y disminuyendo el tamaño de las mismas según convenga al drama.



En la segunda ópera, la producción encuentra su punto álgido. Ahora el telón es más grande y pueden apreciarse los detalles del mural; cuyos trazos tan viscerales como abstractos, bien mirados, pueden hacer de paisaje de costa, de paisaje marítimo. Aquí aparecerá la bailarina que representa el estado de ánimo del ángel, cuya danza  ejecuta. Pero a su vez anuncian que lo que vamos a presenciar merece atención y calma. Aquí la iluminación de colores está muy bien trabajada, con un momento precioso en el que se ilumina de amarillo cuando el ángel dice que en el cielo no existe la duda. Hacia el final de la obra, el gran mural se levanta, para descubrirnos al fondo el mural pequeño en medio del escenario desnudo y nos descubre una preciosa iluminación de color verde oscuro, que luego se volverá violeta. Finalmente la obra termina con la desaparición del ángel y la bailarina, con el barítono/pescador bailando mientras el cuarteto vocal cierra la obra y cae el telón.

 Jaroussky interpreta a los personajes espirituales con su bellísima y angelical voz, aunque no está en su repertorio habitual, aunque la partitura tiene notas ascendentes que puede abordar debido a su destreza con la coloratura. Tines  interpreta a los personajes terrenales con su voz de barítono, aunque ésta suena un poco débil y se defiende muy bien en las danzas de la segunda ópera.

Ivor Bolton es el director musical previsto, pero por indisposición fue sustituído por el catalán Ernest Martínez-Izquierdo. Personalmente, al no conocer la obra no puedo saber cuán inspirada estuvo la dirección aunque sabemos que dirige el ensemble Barcelona 216, especializado en música contemporánea, por lo que se le presupone rodaje.



Esta es una obra caracterizada por la sencillez. Y el excelente manejo de la misma por la puesta en escena junto al eficiente trabajo musical hace que nos encontremos ante uno de los posibles momentos más álgidos de esta temporada del Real que sigue en sus comienzos. Buen trabajo.

lunes, 29 de octubre de 2018

Mariella Devia in Teatro Real, Madrid. October 28, 2018.


After her successful 2015 performances as Elisabetta in Roberto Devereux and an splendid 2016 performance as Norma, and very close to the end of her career, Mariella Devia has sung her farewell concert to Teatro Real in a Donizetti Tudor Queens Gala. This Gala featured both the Overture and Finale to the operas Anna Bolena in the first part and Maria Stuarda in the second part.

Devia is the last italian belcantist soprano, and with Edita Gruberova, the last of some brave sopranos who sang Donizetti's Tudor Trilogy and succeded: Gencer, Caballé, Sills and both Devia and Gruberova, among few others.



At age 70, the grade of accomplishment still in her voice and style are simply astonishing. The pianissimo is still charming, her old style belcantism, her still amazing high notes (despite sometimes being just a bit troubled, a consequence of age) are just some of her vocal merits. Not every great artist is able to succeed singing main roles in his or her seventies.

Many of us were surprised to know the program. In many recitals, she has sung the three finales, including Roberto Devereux, but maybe because she had already sing it complete, it was excluded. However, we also know that a night of high-level belcanto was waiting for us.

Along with her, José Miguel Pérez-Sierra conducted the Teatro Real Orchestra and Chorus, improving as the show went by. For the finales, some soloists were brought: the bass Javier Franco (splendid Talbot), the tenor Alejandro del Cerro (a great Leicester), the mezzo-soprano Sandra Fernández (with a beautiful voice both for Smeton and Anna Kennedy), the baritone Gerardo Bullón and the tenor Emmanuel Faraldo.

The show, as well as the first part, started with the Overture to Anna Bolena. The orchestra got ready for the next scene. After the chorus sang, Devia entered and her first words Piangete voi? were sung with tenderness, to be followed by an unforgettable Al dolce guidami sung in pianissimo. The ending cabaletta Coppia Iniqua was sung with her great  technique and her typical high notes in ei m'acquisti, giving a dramatic effect. She didn't give the final high note here, but it didn't matter.



The second part opened with a larger overture to Maria Stuarda, longer than the more known gallop-like prelude. After a chorus and a brief scene, Devia entered again to sing Di un cor che muore, and later with harp, in an ethereal singing. The final cabaletta Ah se un giorno da queste ritorte was the best moment in all the show, specially with the high notes in il flagello di un dio punitor, remarking the sadness and tragical destiny of Mary Stuart. She closed her scene with an amazing and powerful high note echoing in the hall. It is always a pleasure to hear her artistry on high register.

After this intense finale, the hall went into an outstanding ovation for Devia, and despite being called for many bows, she didn't sing any encore, probably due to the tireness after such scenes.
Anyway, this recital has been really at a high level, and Devia showed us that a timely retreat, with her voice still in good shape at 70, is a victory. For such wonderful opera nights and for being (with Gruberova) the latter exponent of  a style of singing bel canto, we will always remember and miss her, as well as her artistry.


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Mariella Devia en el Teatro Real, 28 de octubre de 2018.


Después de unas memorables funciones de Roberto Devereux y una apoteósica función de Norma, y cada vez más cercano el final de su carrera, Mariella Devia ha decidido despedirse del Teatro Real con una gala de reinas Tudor: las oberturas y finales de las óperas Anna Bolena y Maria Stuarda.

La Devia es la última gran intérprete italiana belcantista a la vieja escuela. Esa escuela donde la belleza, la virtuosidad,  la pirotecnia y el estilo son abordados por grandes intérpretes que dominan este estilo de canto. Pocas han sido capaces de salir airosas de la partitura de la Trilogía Tudor: Gencer, Caballé, Sills, Gruberova y la propia Devia han sido de las valientes que se han atrevido con la endemoniada trilogía y han salido como mínimo airosas.

A los 70 años, es sorprendente aún la calidad que aún tiene la voz, todavía aterciopelada, con una técnica que la permite bordar estas difíciles obras. El pianissimo es delicioso, la delicadeza con que aborda las arias y su estilo belcantista de vieja escuela, por no hablar de los agudos que en su mayoría son aún impresionantes son algunas de las virtudes que mantiene. Es cierto que el agudo a veces le baila, pero aún puede emocionar y deslumbrar. No todas las grandes artistas llegan a esa edad con la capacidad de abordar protagonistas y con las facultades vocales tan bien preservadas.

Para sorpresa de muchos, el programa no incluía a las tres reinas Tudor, quizá porque la de Devereux la cantó ya. Pero sabíamos que nos esperaba una última gran noche de bel canto.

Junto a ella, José Miguel Pérez-Sierra dirigía la orquesta del Teatro Real, que fue de menos a más pero mejor en las escenas y arias que en las oberturas. El tenor Alejandro del Cerro (excelente Leicester), el bajo Javier Franco (Enorme Talbot), la mezzo Sandra Fernández (excelente Smeton y aún mejor Anna Kennedy), junto al tenor Emmanuel Farraldo y el barítono Gerardo Bullón completaron el grupo solista que acompañaba a la diva.

El programa empezó con la obertura de Anna Bolena, que sirvió para que la orquesta entrara en calor. Luego siguió el coro para que poco después entrara Devia cantando con una insuperable ternura el recitiativo Piangete voi seguido de un Al Dolce Guidami para el recuerdo. La cabaletta final Coppia Iniqua fue excelente,  y parte de su cosecha son los sobreagudos en ei m'acquisti que le dan un toque dramático, aunque en este momento a veces los agudos parecían estar en plenitud debido a la edad. No terminó esta escena con el agudo, pero no le impidió ser una gran interpretación.


La segunda parte empezó con la obertura de Maria Stuarda, una pieza larga en lugar del breve y galopante preludio que suele interpretarse habitualmente. El coro y la orquesta estuvieron mucho mejor en esta parte. Tras una breve escena, Devia volvió a entrar con una excelente escena de oración, para luego rematar el final Ah, se un giorno da queste ritorte con una excelente técnica, con ese agudo precioso en il flagello di un Dio punitor, que es un recurso que le da sentido dramático. Al final nos dio un sobreagudo fantástico que se escuchó en toda la sala, con el que coronó una genial interpretación, del que ha sido una de sus mejores creaciones.

El público ovacionó a la artista con mucha entrega, aunque el teatro no estuviera lleno. Pero estaban los que tenían que estar. Pese a las muchas llamadas a escena, la soprano no se decidió a dar un bis. Lo más probable es que estuviera muy cansada después de tanta intensidad, lo que es comprensible, aunque nos hubiera encantado algún número extra con el que redondear la noche. En cualquier caso, el concierto ha sido del más alto nivel belcantista, y Devia nos ha demostrado que retirarse a tiempo es una victoria, aunque nos deje huérfanos de su estilo, de su escuela y por tanto nos preguntemos por quién será capaz de dar continuidad a tanta belleza vocal. Siempre la recordaremos y desde ya añoraremos su arte.


Algunas de las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

sábado, 27 de octubre de 2018

Vídeo: Tosca con Montserrat Caballé(1933 - 2018), 1980. Homenaje y recuerdos de una artista.


El pasado 6 de octubre, la insigne soprano española Montserrat Caballé fallecía en Barcelona a los 85 años; tras unas semanas hospitalizada. La noticia provocó, como era de esperar, un enorme impacto no sólo en el mundo de la lírica, sino en toda España y en gran parte del mundo. Pero como siempre digo, Caballé no murió, sino que se convirtió en inmortal. Y al hacerlo, los amantes de la ópera nos hemos quedado huérfanos.

La artista catalana era uno de esos artistas a cuya presencia todos estábamos acostumbrados. Su estátus de leyenda viva del canto, su simpatía y su sentido del humor, así como su imponente presencia y otras muchas cosas que no nos querían hacer pensar demasiado en que un día como el 6 de octubre de 2018 llegaría. Cuando me desperté no me lo podía creer. Es de esas noticias que a uno lo impactan, porque Caballé fue una de esos artistas (y lo será para siempre)con cuya presencia artística se termina encontrando todo aficionado a la ópera. Porque amplio fue su repertorio, abarcando los más grandes títulos de la ópera: una gran Tosca, una gran Aida, una de las Normas indispensables, una gran Salomé, y bordando los más endiablados títulos del belcanto como las protagonistas de Roberto Devereux, Lucrezia Borgia o Il Pirata. Porque en la música popular el mundo la recuerda por canciones como Barcelona junto a Freddie Mercury, o sus incursiones en la música pop y autores de música ligera. Porque también fue una de las más grandes intérpretes de zarzuela en España. Su legado musical es tan grande como omnipresente para todos los que amamos el género lírico.

Esta vez hablo en primera persona, para referirme a una de mis divas de cabecera. Poseedora de una hermosa voz, de una técnica increíble, reina del legato y del pianissimo; mis primeras aproximaciones serias a su voz fueron con sus grabaciones de Aida, Tosca y Don Carlo en el año 2003, cuando yo era un adolescente. Por eso, cuando en abril de 2004 fue anunciada la temporada 2004-2005 del Teatro Real y descubrí que en diciembre de ese año Caballé interpretaría dos funciones de la Cléopâtre de Massenet supe que tenía que hacer lo posible por ir a verla.

Montserrat Caballé interpretando Cleopatra de Massenet en el Teatro Real, diciembre de 2004.

Tuve suerte. Mi madre compró a primera hora de la mañana (yo estaba en el instituto) de la salida a la venta una de las escasas localidades que quedaban, cuando no estaba muy extendida la venta por internet en el teatro. Y así, el 17 de diciembre de 2004, tuve mi primera y única cita con el arte de esta gran soprano. Sabía que su estado vocal distaba mucho de ser ideal, porque un par de meses antes escuché por la radio las funciones que dio en Barcelona de esta ópera; con la voz en un declive ya muy acusado. Pero no me importaba. Era una de mis divas y verla suponía un honor suficiente para mí. Junto a ella, cantaban su hija Montserrat Martí como Octavia, el barítono Franck Ferrari como Marco Antonio, Nikolai Baskov como Spakos y Marita Solberg como Charmion, y la orquesta y coro del Teatro Real dirigidos por Miquel Ortega.

El Teatro Real estaba bastante lleno aquél día. A mi lado, dos turistas alemanes trajeados que se hicieron con las dos localidades al lado de la mía. La orquesta estaba en el foso y sobre el escenario el coro y los solistas. Aquella noche, Caballé interpretó a Cleopatra. Mis recuerdos de la interpretación son ya vagos, pero aunque la voz estuviese muy desgastada y físicamente pareciera estar agotada, todo giraba entorno a ella. Recuerdo que apareció en cada acto con un vestido diferente, para dar una nota escénica o colorista. Y con todo, la velada musical fue entrañable y todos ovacionamos a nuestra querida Montserrat cuando salió a saludar sola. También recuerdo que bajando las escaleras del vestíbulo principal, escuché  a una joven decir que aquello había sido impresionante.

Y esa fue la única vez que pude disfrutar en vivo de su arte. En 2012 regresaría a Madrid para dar un concierto en el Arena (porque esa es otra, nunca se retiró, de hecho su última actuación la dio junto a su hija en Moscú el pasado 6 de junio), pero no me fue posible ir.

Dicho esto, el homenaje particular de rigor lo hice viendo un vídeo de uno de sus personajes fetiche, Tosca, en una función en la ópera de Niza el 18 de abril de 1980. Hay varias de sus Toscas en Youtube, pero esta función francesa es la de mejor calidad de imagen. El reparto aquí es del más alto nivel vocal, toda una fiesta musical donde todos los cantantes están pletóricos. También es una Tosca con gran presencia española, debido a que de nuestro país es el trío protagonista.

En 1980 la voz de Montserrat Caballé aún estaba en un gran momento, pese a que en esta época ya empezaba su desgaste. Su Tosca es muy musical, y dada la fuerza del personaje tanto a nivel escénico como vocal supone un enorme reto. Los agudos son impresionantes, así como estremecedores sus graves,  y de todo ello da un enorme despliegue en el segundo acto. La voz deslumbra por su belleza en los dúos con Mario. Asistimos a la belleza de su legato y sus pianissimi, por ejemplo esa ternura con la que canta al final de su primer dúo: inolvidable la ternura con que canta la frase Ma falle gli occhi neri en pianissimo. Su Vissi d'arte es un momento en que se para el mundo: los primeros Vissi los interpreta con una fuerza única, para ser desde entonces interpretada el aria con igual intensidad y plenitud de facultades. Cuando llega a su última frase perché Signore, perché  me ne rimuneri così? empieza con un impresionante agudo para luego descender dulcemente al piano y luego prolongar la última nota con una gran habilidad y belleza. A nivel interpretativo resulta creíble pese a que la actuación no fuera del todo su fuerte, en el acto segundo solloza a cada momento porque el terror que la rodea es insoportable. Es la suya una Tosca sensible pero frágil, ya que pese a su fuerte carácter se ve asustada y superada por la situación de vida o muerte en la que se encuentra. Todo un placer el poder ver una de sus más destacadas interpretaciones, y comprender porqué es una celebrada intérprete de este personaje.

Junto a ella, José Carreras interpreta a un Cavaradossi lírico y de bellísima y potente voz, en plenitud de facultades. Impresionante el agudo en La vita mi costasse en el primer acto, donde está pletórico. Juan Pons es igualmente un Scarpia excelente a nivel vocal, siendo además un gran actor.

Los comprimarios están al mismo gran nivel, destacando el bajo Sergios Kalabakos como Angelotti y el tenor Alfred Navello como Spoletta.

Jésus Etcheverry dirige dignamente, aunque con tempos bastante rápidos a la competente Orquesta Filarmónica de Niza. La puesta en escena de Giuseppe de Tomasi es de lo que podríamos definir como de cien por cien "cartón piedra", totalmente concebido para ayudar a los solistas, aunque no resulte especialmente  siempre agradable de ver, como por ejemplo ese primer acto ocupado por completo por unos andamios cubiertos por una manta blanca para luego dejar paso a una gris iglesia, más parecida al arco de una plaza mayor de una ciudad medieval. En el segundo acto el despacho de Scarpia es una sala de color marrón con lujosos motivos dorados. No sé cómo tomar el traje del barítono en este acto, con una chaqueta de color dorado brillante más propia de una gala de fin de año que la de un brutal jefe de policía. Para mi gusto, el mejor momento es el tercer acto, ya que toma la perspectiva del Castel Sant'Angelo desde un enorme y pétreo vestíbulo con unas igualmente enormes rejas, dándole una sensación de densidad escénica. E igualmente es resultón el efecto del amanecer.

Montserrat Caballé ha dejado al mundo su enorme legado musical, donde siempre que haya alguien que escuche sus maravillosas interpretaciones, la soprano será eterna. Cuánto la echamos y la seguiremos echando de menos.


Aquí  se puede ver un enlace a la Tosca de Niza que acabamos de comentar.

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sábado, 20 de octubre de 2018

Schoenberg's Gurrelieder in Auditorio Nacional de Música, Madrid. October 19, 2018.

Arnold Schoenberg is the composer who made a revolution in the history of music, giving the step that post-romantic and Wagner-influenced works in late 19th Century needed towards atonalism. In many places, his atonal work is more known than his previous one, giving him the fame of difficult composer.

The Gurre-lieder are a masterpiece of his tonal period, and one of his most celebrated with Transfigured Night or Pélleas and Melisande. This is not an opera, but it seems so. It tells the love story of  the King Waldemar and his mistress Tove, how he rebelates against God after her death, and his final condamnation, as well as his henchmen.

Four years ago, Eliahu Inbal conducted an unforgettable version of this epic work. And now in 2018, the Gurrelieder return to Madrid in the Orquesta y Coro Nacionales de España (Spain National Chorus and Orchestra) 2018/2019 season.


David Afkham, the principal conductor of the orchestra, gave a fantastic performance, with the orchestra in a complete state of grace. The prelude is brilliant and the orchestra achieves to show its descriptive spell. During the work, Afkham's conduction is opulent and spectacular, maybe a bit unnecesary in some moments of Waldemar's and Tove's songs. However, in the final Tove's song the orchestra reached a charming level of lyricism. The second and third part were in the same and splendid level. The chorus, joined by the Coro de la Comunidad de Madrid,  sang their complicated parts at an accomplished level, specially the male section.

During the first part, I sat in the upper stalls behind the chorus, close to the organ, who is an ungrateful zone to hear the voices, specially when having such an orchestra behind. After the pause I could locate in front, and to hear them better.

The tenor Simon O'Neill sang the part of King Waldemar. He has good qualities, for example good high notes and good acting skills, but the voice doesn't always resist the overwhelming orchestral volume. However, his song Du wunderliche Tove  and his last song were well sung, showing a good middle register and remarkable high notes.

Juliane Banse was a beautiful and dramatical Tove, reaching a charming voice in her last song. Karen Cargill was splendid as the Wood Bird, with amazing low register and attractive voice, despite being a bit nasal. Hers was a tragic and descriptive version.

Barry Banks and Wilhelm Schwinghammer sang very well their parts as Klaus the Jester and the Peasant respectively. The first one an accomplished character tenor and the second a bass with a nice voice to hear.

Thomas Quasthoff was the narrator of the final sprechgesang part. His voice has that great low-pitched sound reminding us the marvellous bass he used to be, reciting his poem with authority and dramatism.


The Gurrelieder are a marvellous experience when listened in an auditorium. Due to their difficulty its performances are not so regular. That is why whenever they come, it's an opportunity we shouldn't miss. And specially when it is performed with experienced musicians.


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