lunes, 19 de agosto de 2019

La Verbena de la Paloma en el teatro EDP Gran Vía. 18 de agosto de 2019.

En febrero de 2019 vi mi primera función en teatro de La Verbena de la Paloma. Era para mí una especie de asignatura pendiente, el ver la más famosa de las zarzuelas, todo un icono cultural de la ciudad de Madrid. Lo hice en el templo mayor del género, el Teatro de la Zarzuela. La producción fue del juvenil Proyecto Zarza, que hizo una versión moderna divertida y agradable. Sin embargo, a causa de ello tuve la sensación de verla y no verla, por lo que me prometí a mi mismo ir a alguna función donde se viera una versión clásica y tradicional, tal y como muchos se la imaginan: ese mundo castizo donde chulapos y chulapas pasean por las calles del viejo Madrid.

Cada verano, la Compañía Luis Fernández de Sevilla programa funciones de La Verbena  en el Teatro EDP Gran Vía (anteriormente teatro Philips de la luz) justo en las fechas de la verdadera festividad. Dirigida por Nieves Fernández de Sevilla, la producción y dirección de escena corren a cargo del tenor Lorenzo Moncloa.


Moncloa recrea una producción es totalmente clásica, con un decorado corpóreo y pintado representando a una típica y pintoresca calle madrileña, con algunos balcones decorados con mantones. Los personajes visten los tradicionales trajes de chulapos y chulapas, con algún que otro baile. Como es costumbre en el género chico, se han hecho algunas modificaciones para hacerlo más duradero y no se quede en la hora escasa que suele durar. La obra empieza con un diálogo con rimas entre Don Sebastián y la Señá Rita, para luego dar paso a la obertura, que afortunadamente se representa con el telón bajado. La pena es que el público hablaba durante la pieza, como si no fuera una pieza importante para ser oída. Hay que agradecer, que a diferencia de otros montajes, no haya una sobrecarga de bailes (que por otro lado, se esperan en todo montaje) a cada momento, sino cuando es estrictamente necesario, aunque los que hay, como el chotis del tercer acto, son deslumbrantes.


Además, se han añadido algunas piezas de otras obras y otras de nueva composición a cargo de César Belda, arreglista musical de esta producción.

Enrique García Requena dirigió la orquesta de la compañía con un buen saber hacer, aunque por momentos las trompetas sonaban a veces demasiado metálicas. En cambio, la flauta en su maravilloso solo en el preludio estuvo exquisita. La pequeña orquesta estaba situada debajo del escenario, y con todo logro que la música de Bretón fluyera por la sala incluso como si fuese la agrupación más numerosa de lo que era.
El coro fue de lo mejor de la noche, con unas buenísimas voces y proyectándose magníficamente por toda la sala, sin signo alguno de descontrol, y con una buena vis cómica.

En esta última función, se vio el segundo reparto, en el que el único cambio es en la pareja protagonista.

Por fin se escucha un Julián tenor, a cargo de Víctor Díaz, cuya interpretación de Julián es la de un joven impetuoso, y al mismo tiempo con un lado tierno. Aunque en su romanza de entrada tardó un poco en entrar en calor, sus tablas consiguieron que sacara la función adelante y a un buen nivel. En el famoso dúo "Dónde vas con mantón de Manila" llega a su mejor momento vocal, ya en plenitud. Su voz suena juvenil  y fue mejorando a medida que avanzaba la función.

Marta Pineda fue una estupenda Susana de principio a fin, una soprano con una voz estupenda, aseada y con unos agudos generosos que se dejaron oír por la sala. Es la suya una Susana coqueta, pero enérgica y muy castiza, deliciosamente creíble cuando muestra su amor por Julián al final.

El veterano Santos Ariño impresionó a la sala con su poderosa voz de barítono como Don Hilarión y su genial creación del personaje, un boticario apacible pero lujurioso, siempre desde un divertido enfoque. Su versión de las Coplas alcanzó un nivel memorable, y por ello fue merecidamente el más aplaudido de todo el elenco.



Amelia Font  hizo reír a toda la sala con su hilarante interpretación de la tía Antonia, con su voz ronca y aguardientosa y su temperamento cómico, que ha paseado por muchos teatros españoles. Carmen Aparicio tiene una estupenda y enorme voz para la Señá Rita, además de transmitir  lo maternal y matronil del personaje. Ángel Walter fue un excelente tenor cómico a cargo del rol de Don Sebastián, con una bella y divertida voz y con un sentido del humor, especialmente en el tercer acto. Nancy Rodríguez cumplió sobradamente en el rol de Casta. El tabernero de Diego Falcón me parecía discreto al principio, pero a medida que avanzaba la función consiguió dominar y también transmitir muy bien lo chulesco y castizo del personaje. Teresa Martínez interpretó, a una cantaora con unos graves impresionantes (los mejores que haya oído hasta el momento en este papel) y con una bella entonación flamenca. El resto de personajes cumplió bien con su cometido y como los principales lograron que el público pasara una buena tarde.


Aunque el teatro no estaba lleno, y el público pese a haber gente de todas las edades, tenía una media de edad bastante más mayor que en las juveniles funciones del Proyecto Zarza. Pero estadísticas aparte, lo cierto es que se respiraba un ambiente familiar en la sala con los espectadores pasando una divertida tarde de zarzuela. No pueden elegirse mejores fechas para representar esta obra maestra que en verano, cuando la verbena real está en la calle y esta cita anual en el Teatro Gran Vía ya es un clásico indispensable que esperemos que siga durante mucho tiempo.

Algunas fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

viernes, 2 de agosto de 2019

Vídeo: Tannhäuser, desde el Festival de Bayreuth. 25 de julio de 2019.

Celebramos el segundo año de este blog, de nuevo con una transmisión en vivo desde el festival de Bayreuth, con una nueva producción de Tannhäuser, del gran Richard Wagner, a cargo de Tobias Kratzer como director de escena y Valery Gergiev como director de orquesta.

Vuelve Tannhäuser a la colina verde después de cuatro años de ausencia, cuando se retiró del cartel la abucheadísima producción de Sebastian Baumgarten, que ambientada toda la obra en una fábrica de biogás.

Kratzer propone una versión divertida de la obra, convertida por momentos en una comedia camp, y consiguiendo algo nunca visto en Bayreuth: que el Festspielhaus mismo sea parte de la representación y ambientación, lo que en los dos primeros actos refuerza la ironía y la comicidad del montaje. El tercer acto, es por el contrario, desgarrador y trágico. Con Kratzer, la gran tragedia romántica del poeta maldito se convierte en una tragicomedia. Tannhäuser es un artista incomprendido, decididamente valiente y arrogante. El ser distinto es algo que le vale el rechazo radical de su comunidad. En la visión de Kratzer no es menos, solo que a diferencia de la visión tradicional, donde la esperanza se convierte en redención, aún cobrándose la vida de sus protagonistas, aquí no hay esperanza alguna, sino una ruptura total de los vínculos entre sus personajes.


La obertura empieza con una filmación desde el aire de los paisajes típicos de la Turingia, con el castillo de Wartburg. Abriéndose paso entre las carreteras, aparece una vieja furgoneta Citroën, donde encontramos a un grupo de cuatro amigos que van sin rumbo: Tannhäuser (vestido de payaso), Venus (caracterizada como una activista anarquista), Oskar (el personaje Oskar Matzerath, de la novela "El tambor de hojalata", de Günter Grass, interpretado por un actor con enanismo) y Le Gateau Chocolat (una drag queen negra), quienes se dedican al robo de poca monta. En un momento dado, Gateau se dedica a hacer footing mientras el coche atraviesa los campos de la Turingia. En el camino, pasan por una fábrica de biogás que cierra "por falta de demanda", una alusión a la anterior producción de la obra en Bayreuth. En un momento dado, el grupo se queda sin comida ni combustible. Entonces, deciden ir a un Burger King. Mientras Gateau y Oskar roban gasolina en un bidón y reparten panfletos (que se verán en toda la obra) con un lema de Wagner que dice "Libre en la voluntad, libre en la acción, libre en el disfrute", Tannhäuser y Venus intentan pagar la comida con una tarjeta falsa. Al intentar escapar, se encuentran con un policía. Venus no lo duda: pisa el acelerador y el policía muere atropellado. Aturdidos, los amigos deciden poner rumbo a ninguna parte.


Se abre el telón, y la furgoneta llega a una casa donde se ven estatuas de gnomos. Allí toman la cena del Burger. Tannhäuser está arrepentido, tocado por la experiencia del policía, mientras que Venus intenta que todo pase. Ambos se suben a la furgoneta y simulan conducir mientras la pantalla representa una carretera en movimiento. Tannhäuser se baja del vehículo y cae a un bosque (representado por la pantalla) y entonces se encuentra con el Pastorcillo, que es una blaue mädchen, es decir una de los jóvenes azafatos del Festival de Bayreuth, que se dirige al teatro en bicicleta. Se abre de nuevo el telón y se ve en escena ni más ni menos que la explanada del mismísimo Festspielhaus de Bayreuth, donde los peregrinos son los invitados al festival (¿será por las entradas por las que han esperado tantos años?), lujosamente vestidos. Finalmente Tannhaüser se encuentra con los caballeros y el Landgrave, que son artistas del festival.


El segundo acto nos muestra una representación de la ópera en el mismo Festspielhaus. Se trata de una puesta en escena completamente clásica, con una recreación de un pétreo salón románico y con los personajes vestidos casi como hace quinientos o setecientos años. Este escenario clásico ocupa una parte del escenario mientras que arriba se proyectan imágenes detrás de escena, con los artistas saliendo del escenario. Primero se ve a Elisabeth algo fría, pero luego se reconcilia con su amado. La entrada de los invitados es un momento divertido por lo que ocurre en los pasillos del Festival paralelamente. Venus, Oskar y Gateau llegan al Festspielhaus y ponen un estandarte con el lema de Wagner anteriormente mencionado. Luego, para colarse en la función, Venus encierra en el baño a una de las sopranos que interpreta a los pajes y se viste como ella, colándose en la función. El concurso de canto termina convertido en una trifulca auténtica.  En su himno al amor, Oskar y Gateau aparecen, para alegría de nuestro héroe, y Venus descubre su identidad. Elisabeth pedirá por su amado, pero aunque primero elige estar con la diosa, termina conmovido. Ha habido un alboroto tan grande que fuera de escena (es decir, en la pantalla arriba del escenario) podemos ver como un técnico habla con una misteriosa rubia, que se ve obligada a llamar a la policía.

Esa mujer no es otra que la mismísima Katharina Wagner, que hace un cameo en el montaje. Llega la policía al teatro y se mete en el escenario, llevándose a Tannhäuser detenido al grito de "¡A Roma! mientras Gateau coloca la bandera del arcoíris en el arpa, cubriéndolo.

El tercer acto es una ruptura completa de lo anterior. Ahora se ve la furgoneta abandonada y destrozada, en estado calamitoso. Oskar, viviendo en la indigencia, se dispone a comer cuando aparece Elisabeth, aún con el traje de la representación, ya enajenada mentalmente. El coro de peregrinos es un coro de mendigos y gente pobre, no se sabe si simples indigentes o incluso refugiados (en alusión al fenómeno social que está viviendo Alemania en estos momentos), tras el cual, Elisabeth se despoja de su traje y se dispone a rezar, mientras Wolfram se viste con el traje de payaso de Tannhäuser. Solo así, engañando a Elisabeth en su locura, puede satisfacerse sexualmente, un deseo largamente mantenido. Ella le toma por Tannhäuser y mantienen relaciones sexuales en la furgoneta, tras lo cual él canta su romance a la estrella. Aparece Tannhäuser como un mendigo expulsado del sistema, Wolfram descubre una partitura de obras de Wagner que el protagonista destrozará al final de su relato. Venus aparece, siguiendo con su actividad revolucionaria en solitario. Finalmente, Tannhäuser entra en su viejo vehículo para descubrir que Elisabeth se ha suicidado. Mientras la abraza tristemente y el coro final de peregrinos y caballeros suena detrás de escena, en una pantalla situada a lo alto, se ve a Tannhäuser y Elisabeth fugarse juntos en la furgoneta por la carretera, una alusión a cómo deberían de haber sido las cosas si él hubiera tomado otro camino, tras lo cual cae el telón.

Valery Gergiev realiza una dirección que ha sido tachada de anodina. Ha obtenido un estilo a veces un tanto duro, con tempi rápidos y una áspera dirección, ideal para grandes obras del repertorio ruso, pero aquí un tanto desubicado. No obstante, con esta orquesta gloriosa raro es no salvar la noche. Quizá la entrada de los invitados y el preludio del acto tercero estuvieran entre los mejores momentos de la noche. El coro, como siempre a su excelso nivel a cargo de Eberhard Friedrich.

Stephen Gould vuelve a un rol con el que debutó en este escenario en el año 2004. Gould es uno de los grandes tenores wagnerianos de hoy, pero la voz ya aparece cansada. Durante el primer acto en la zona aguda ya da signos de cansancio. El mejor momento vocal de Gould ya ha pasado, pero el estilo y lo que un día fue esa voz sigue ahí. En el segundo acto consigue una interpretación heróica, y en el tercero aprovecha su debilidad vocal en su favor, logrando una interpretación conmovedora de la narración de Roma. Un gran artista como Gould consigue con su experiencia superar sus limitaciones vocales y lograr una interpretación sobrecogedora.

Lise Davidsen ha sido una gran revelación. A sus 32 años, la joven soprano se consolida como una promesa. En su voz hay sonidos que recuerdan el estilo y la emisión de grandes intérpretes wagnerianas, y en general suena agradable y con un timbre dramático admirable. Queda mucho por pulir, pero si lo consigue en poco tiempo será una wagneriana de referencia como hoy lo son Stemme y Theorin.

Markus Eiche vuelve al rol de Wolfram tras cantarlo en 2014  en el anterior montaje. La voz ha mejorado, pero sigue siendo el suyo un Wolfram más bien ligero, aunque con una apreciable dicción liederística. A medida que avanza la función mejora, logrando un tercer acto destacable.

Stephen Milling es un excelente Landgrave, deslumbrando en el segundo acto, con unas grandes intervenciones con su voz y graves de bajo profundo.

Elena Zhidkova es una Venus que si bien tiene un físico espectacular y como actriz cumple sobradamente con el personaje, pero vocalmente no es suficiente. Si bien el centro es apreciable, los agudos a veces le fallan y vocalmente no parece más monolítica que seductora.

Daniel Behle es un excelente Walther. Kay Stiefermann no termina de destacar como Biterolf. Katharina Konradi en cambio sí es un dulce y agradable pastorcillo. Esta función supuso el debut, n el rol de Heinrich der Schreiber, del asturiano Jorge Rodríguez-Norton en Bayreuth, siendo el tercer español que canta en la colina verde, tras Victoria de los Ángeles y Plácido Domingo.


Además de los roles cantados, mucha relevancia han tenido en el montaje, el actor con enanismo Manni Laudenbach como Oskar y el drag queen Le Gateau Chocolat haciendo de sí mismo, cuyos personajes han tenido el mismo peso que los de la obra, y dando el toque de humor al drama, especialmente Le Gateau, quien recibió un injusto abucheo al final, siendo el único del elenco al recibirlo, si bien los directores Gergiev y Kratzer recibieron más.

Esta producción ha sido recibida, como siempre con un estreno, con aplausos y abucheos. Los elementos que la componen son teatro puro, regietheater del más alto nivel. Y una vez más, gracias a la disponibilidad del vídeo en la web de la cadena de televisión alemana 3sat por un tiempo, de nuevo en cualquier hogar del mundo podemos disfrutar de la magia de Bayreuth.

Aquí puede verse en la web de 3sat hasta el 13 de octubre.
https://www.3sat.de/kultur/festspielsommer/bayreuther-festspiele-2019-100.html

Algunas fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.



Video review: Tannhäuser from the Bayreuth Festival. July 25, 2019.


I want to celebrate the second year of my blog, and well as my 100th publication, with a review on the Bayreuth Festival telecast of the new 2019 production of Tannhäuser, conducted by Valery Gergiev and directed by Tobias Kratzer. This opera returns to Bayreuth after a 5 years absence, when the largely protested production by Sebastian Baumgarten was set for the last time in 2014, as well as televised.

Kratzer's vision for Tannhäuser could be defined as "tragicomical", since he relieved the work from part of its original tragical load. In acts 1 and 2 it has elements of a campy dark comedy, but act 3 is very tragic Like the most recent productions in Bayreuth, this one has an interesting and unusual idea: to set the action in Bayreuth and the Festspielhaus itself, what intensifies the irony and sense of comedy in this staging.


The Overture starts with a video showing landscapes of the Wartburg castle and forests. This forests are crossed by a highway and we see an old van, in which four friends are seen travelling nowhere: Tannhäuser (dressing in clown clothes), Venus (as an attractive anarchist activist), Oskar (the character Oskar Matzerath, from the novel "The Tin Drum", by Günter Grass, played by a dwarf actor ) and Le Gateau Chocolat (a black drag queen). The four are a gang, focused on thieving. In their way they find a Biogas factory being closed by "lack of demand", referring to the past production by Baumgarten. Suddenly, the group finds they are run out of food and fuel, so they go to a Burger King. While Gateau and Oskar steal the fuel from another cars, Venus and Tannhäuser try to pay the bill with a false card with the Wagner motto "Free in will, free in action, free in pleasure", but they are caught by a policeman. They react hitting him to death and run. The group is shocked, and the video finishes as the curtain rises.


In the first act, the van arrives close to fairy-tale styled house, with statues of gnoms. The group starts to take their dinner, with the bags of Burger King visible. During the last time of their duet, Venus and Tannhäuser drive the van and argue. He leaves, and falls into a forest. The Shepherd comes close to him. She is a Blaue mädchen, the young doorwomen and doormen in the hall. The second scene is in the entrance of the Festspielhaus and the surrounding gardens. The pilgrims are the audience, dressed un luxurious gowns. Tannhäuser meets the knights, who are the singers of the Festival.

The second act narrates a performance in the Festspielhaus. Ironically, the sets are classical, simulating a stoned ancient Romanic hall, as well as the costumes, specially Elisabeth's dress. The "medieval" hall is surrounded by a big screen frame, projecting images of the action in the backstage. While the Guest March happens, we see Venus stealing the clothes of a Page to enter on stage. When Tannhäuser sings his hymn to the goddess, she reveals her real identity and Oskar and Gateau appear to join their friend. The outrage is such enormous and inmediate, so in the video on screen we can see a technic operator talking to a mysterious blonde woman, who takes the uncomfortable decision to call the police.

This woman is Katharina Wagner herself, making a cameo. The police arrive after the conmotion, and at the end of the act take Tannhäuser in arrest at the "To Rome" cry, while Gateau covers the harp with a Rainbow flag.

The third act opens with the van totally ruined, with Oskar living in poverty, and Elisabeth, which has lost her mind waiting for her beloved man. The pilgrims are now dressing like beggars. After her praying, she sees Wolfram dressed with the Tannhäuser clown (he has get to this extreme to fulfil his longed desire to her) and after taking him for Tannhäuser they have sex in the van. Tannhäuser appears like a beggar, barred from his singing community. At the end, Tannhäuser discovers Elisabeth to find she has killed herself. The final chorus is sounding off-stage, and he embraces her dead body, while a screen shows the lovers in the van, what should have happened if things had been different, and the curtain falls.


Valery Gergiev conducts the orchestra in his traditional slavic and metallic style, suitable for the Russian repertoire, more than for Wagner. The tempi are sometimes fast, sometimes dramatic. The Entry of the Guests and the Prelude to Act 3 were the best orchestral moments. The chorus conducted by Eberhard Friedich were excellent as usual.

Stephen Gould returns to sing Tannhäuser in Bayreuth, having debuted in this stage with this role in 2004. Vocally, he is already past his prime, but despite some trouble in high register in Act 1, his experience and command of the role made him to come back in his former glory and to sing the remaining acts with heroical voice, and using his limitations in Act 3 to give a tetric as well as an outstanding rendition of the Rome narration.

Lise Davidsen has been a complete grateful surprise, with a beautiful dramatic soprano voice, with some sounds reminding the good old school. She has revealed as a young rising star. Her scene in the Act 2 singing Ich flieh für ihn and the prayer in Act 3 were beautiful moments.

Markus Eiche was a good Wolfram, better than his 2014 rendition. His voice could sound a bit light, but his liederistic diction and singing are remarkable, and his performance improves as the it goes by.

Stephen Milling is an excellent Landgrave, with an interesting deep and dark bass voice, with good versions of the Act 2 monologues, and an amazing low register.

Elena Zhidkova is Venus. She has a nice voice, specially the middle register, sounding as a contralto, but the high notes are a bit troubled, and her singing lacks a bit of passion. However, her accomplished acting skills, plus her attractiveness, achieves a great portrait of the goddess.

Daniel Behle was a well sung Walther, as well as the pristine-sounded and charming voice of Katharina Konradi as the Shepherd. Kay Stiefermann was grey as Biterolf. This performance is the debut of the Spanish baritone Jorge Rodríguez-Norton in the role of  Heinrich der Schreiber, the third spaniard to sing in the green hill, after Victoria de los Ángeles and Plácido Domingo.

Despite their roles were a creation for this production, Manni Laudenbach as Oscar and Le Gateau Chocolat (who in the intermissions he does a singing show) as himself put the comic point to the show, making their appearances unforgettable.


This production has been applauded and booed at the same time, but undoubtedly we have to say that this is pure and good theatre. It's hoped to improve in the following years. Thanks to 3sat, many opera lovers all over the world can judge every new production and enjoy the magic from the Bayreuth Festival.

Here you can see, until 13 october, the video from 3sat:
https://www.3sat.de/kultur/festspielsommer/bayreuther-festspiele-2019-100.html


My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.

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lunes, 29 de julio de 2019

Opera in the park: Don Giovanni at Lago de Coslada. July 27, 2019.

Coslada is a city in the closest outskirts of Madrid. This summer, the city has scheduled a "cultural summer", in the Parque del Lago (the Lake park), where some theatrical or musical performances and concerts are held, totally free and open-air.

One of the activities scheduled is a performance of Mozart's Don Giovanni, by the opera troupe Camerata Lírica de España.


This troupe is usually performing in several auditories in small towns or cities, taking the opera and zarzuela to places where they are little performed. For this new production, which will tour some Spanish provinces in Autumn and Winter, the tenor and director Rodolfo Albero has prepared a classic staging in order to introduce this masterpiece to new audiences.



The opera was offered with piano accompaniment and some cuts, in order to end as soon as possible (it started at 22:00, lasting around 2 hours and 15 minutes with intermission), ending with Don Giovanni entering in hell. The piano was played by Sergio Kuhlmann.



The singers of the cast did their best during the performance. Raquel del Pino was a youthful, fresh Zerlina, Carmen Arrieta got a great ovation from the audience, and Elvira Padrino was an authoritative, powerful Donna Elvira. Houari López was the lead male singer as Don Ottavio, whose rendition of Dalla sua Pace was maybe the best moment in the night. Andrés del Pino was a Don Giovanni which had the profile and physique-du-rôle for the title role.  Abelardo Cárdenas as Leporello (with a good sense of comedy for this role) and Alberto Camón as Masetto and the Commendatore did well their parts.


Being an open-air performance, the audience could enjoy the magic of opera in a fresh, placid ambient of a lake in a park, but not without inconveniences: the amplification of the microphones was a bit loud.



The audience applauded the performance and, according to the comments heard from the closest people, this operatic proposal has been well received and hoped to be repeated in the coming years. If only this could replace the welcomed and enyojable performances of opera at the Temple of Debod in central Madrid, which were awaited every year from 2009 to 2014... the people of Coslada and its surroundings would have an annual appointing with free,open-air opera again.


domingo, 28 de julio de 2019

Don Giovanni en el Lago de Coslada. 27 de julio de 2019.



               
Este verano, la ciudad de Coslada ha organizado un "verano cultural" en el parque del lago, donde se realizan espectáculos gratuitos al aire libre en un pequeño anfiteatro a orillas del mismo. Uno de esos espectáculos ha sido Don Giovanni, de Mozart, en una nueva producción a cargo de la compañía Camerata Lírica de España.


Esta pequeña compañía privada tiene cierto recorrido en la Comunidad de Madrid y en otras provincias españolas, llevando la lirica a pueblos y pequeñas ciudades donde este tipo de espectáculos se ven con poca frecuencia. 


El tenor y director artístico Rafael Albero ha sido el responsable de la puesta en escena, que ha tratado de reproducir una versión clásica que el público pudiera entender y disfrutar. En el escenario se ha visto un escenario corpóreo de una calle empedrada de la antigua Sevilla.

La obra se ofreció con acompañamiento de piano y algunos cortes con el fin de no acabar tarde y ofrecer lo más elemental de la trama, especialmente en el segundo acto. El pianista Sergio Kuhlmann se encargó de suplir el acompañamiento orquestal con el piano.

En cuanto al reparto, se empeñó en la mejor medida de lo posible, con unas voces femeninas en general superiores a las masculinas con Raquel del Pino como una estupenda Zerlina, Carmen Arrieta como una Doña Ana que se llevó una gran ovación al final y Elvira Padrino como una poderosa Doña Elvira. Entre las masculinas, Andrés del Pino fue un Don Giovanni que tenía el perfil físico ideal para el personaje, aunque el mejor fue Houari López (tenor habitual en las antiguas y añoradas funciones de Ópera Moncloa) como Don Ottavio, cuya interpretación de Dalla sua Pace fue quizá el mejor momento de la noche. Abelardo Cárdenas como Leporello (con una gran vis cómica) y Alberto Camón haciendo doble papel de Masetto y el Comendador completaron el reparto, cumpliendo bien con su cometido.



Al ser una función al aire libre, la función pudo disfrutarse en el disfrutable y apacible ambiente de un anochecer en un parque con un lago, pero no estuvo exenta de contratiempos, como el excesivo volumen de la amplificación que resultaba bastante molesto y reberveraba excesivamente en los tímpanos. 

Pese a que el aire fresco y quizá el excesivo volumen vaciaron un poco el anfiteatro, los aún muchos que quedaron en él aplaudieron entusiasmados una propuesta, que a tenor de lo escuchado entre el público, es de agradecer y se espera que se repita en los próximos años. Ojalá pudiera recoger el testigo de las inolvidables y esperadas funciones en el Templo de Debod que de 2009 a 2014 hacían las delicias de los madrileños.

viernes, 26 de julio de 2019

Il Trovatore in Teatro Real, Madrid. July 24, 2019.


As every summer, the Teatro Real de Madrid closes its season with an "ABC" repertoire title, in what is called the "Semana de la ópera" (Opera Week). During that week, there is a day in which one performance is broadcasted in live stream via Facebook, television, and a big screen set in the Plaza de Oriente, with thousands of people following the performance from the theatre. This year, the opera is Il Trovatore, after 12 years from the last run of performances, in which Fiorenza Cedolins and Dolora Zajick amazed the audience with their renditions of Leonora and Azucena respectively.

In 2019, Il Trovatore returns in a production by Francisco Negrín, and three casts performing this masterpiece.

Negrín's production pretends to show how the ghosts of the past are able to tie and determine fatally the destiny of the protagonists. For that reason, we see on stage the ghosts of Azucena's mother and son as relevant characters. The action takes place in a metallic, cold and dark space, intensifying the plot and making it more opressive and unbreathable. In the inner zones the chorus is placed, and the chorus remain unseen in many moments. There are two big poles making a cross in the scene, sometimes dividing properly the stage, for example in the convent scene. This raw minimalism tries to delve on Azucena's tragedy, but despite the effectiveness of the ghosts' apparitions, its coldness and ugliness can be boring and even irrelevant.

The scene begins with Azucena invocating the fire (emerging real flames from a table) ,and in the top of the scene, we see her mother. Then, we see Ferrando telling the story to some children around him. In the second Act we see in the gipsy chorus the men singing in their inner zones and the women making some gestures of witchcraft. We see Azucena's child. During most of the duets with Manrico, she sings to her child ghost than to her living adopted child. There is a costume contrast, with the Count's henchmen dressing in dark leather and Manrico's men dressing with brown leather. In the Act four, we see Azucena's mother holding Manrico and Leonora with a chain, before her daughter does. At the end, Azucena is moving a pole while to the middle of the scene while she asks for her son, and the fire is projected on stage and the flames emerging from the table for the last time.


Maurizio Benini gave a fantastic orchestral rendition. His tempi were agile, dramatic and with the goal to help the singers, but he made the orchestra to shine by its own merit, with a belcantist style. The best moments were the gipsy chorus and Act 4. The trumpet had a good sound in the Count's arias. The Chorus sang in their usual good level, with the masculine voices sounding very well.

I attended the last performance of the first cast, being one of the best options for Trovatore nowadays.


Francesco Meli played Manrico. When I saw him on the telecast on July 6, I dread for how could sound his Manrico live, but after seing him in the theatre, I can say he is one of the best options for the role today. His voice is more belcantist than heroic. Being Italian, his proper diction gives his rendition an special expresiveness. He began with a beautiful Deserto sulla terra, and his version of Ah, si, ben mio was ovationed, thanks to his legato and long final high note. The problem is the Pira, because the piece surpasses his voice and his final high note hasn't the desirable sound. However, in the final act he returned to his former level, specially in the Miserere.

Leonora was sung by Maria Agresta in the telecast on July 6, and her Leonora suffered in the high register. On July 24, she was replaced by Lianna Harotounian, who has a bigger voice. Harotounian's voice has resistence, a good technique and amazing and prolonged high notes. She sang beautifully in her great scene of Act 4, with a technically well sung D'amor sull'ali rosee and improving remarkably in her final cabaletta. Her Prima che d'altri vivere was another good moment.

Ludovic Tezier was the Count of Luna. Tezier is one of the top options for this role, with a voice sounding like a Verdi baritone, something rare to find today. His acting was also convincing, conveying the brutality of the role. His version of Il Balen del suo sorriso was strongly ovationed due to the tenderness and good singing he achieved.

Ekaterina Semenchuk was Azucena. Alongside Meli, she was the other star of the cast. Her Azucena starts shy, but ends powerfully, like waiting quiet, discreet, for the moment to take her revenge. Her voice has a good technique, sometimes could sound a bit cold, but her outstanding high notes and her powerful performance compensate this. Her Stride la Vampa sound restrained, but since her breathtaking version of Condotta ell'era in ceppi she stole the show. Her best moment, and probably the best also in all the performance was her beautifully sung rendition of Ai nostri monti, which she sung in pianissimo, reaching an unforgettable moment.

Roberto Tagliavini, a regular singer in every recent season in Madrid, was a great Ferrando, with his beautiful bass voice and youthful sound. His Abietta Zingara was a luxury to hear.

The rest of the supporting roles were well served by the supporting singers.

Despite this season closing was not as superb as the unforgettable Lucia di Lammermoor with Camarena and Oropesa last year, the audience had a great time applauding and ovationing every aria. The hall was almost full in many performances, other being sold out; showing how the audience wanted to see Trovatore after a 12-year absence.

Here you can see the performance of July 6.

My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
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jueves, 25 de julio de 2019

Il Trovatore en el Teatro Real de Madrid. 24 de julio de 2019.


Como cada verano, el Teatro Real apuesta de nuevo por un título de repertorio para cerrar su temporada. En esta ocasión se trata de Il Trovatore, ausente del regio coliseo desde 2007, cuando unas gloriosas Fiorenza Cedolins y Dolora Zajick impresionaron al público de Madrid. Y no podía faltar tampoco la difusión de una de sus funciones por una pantalla gigante en la Plaza de Oriente, por televisión y en streaming a todo el mundo y a varios centros culturales en el país el 6 de julio.
El Trovador regresa a Madrid a lo grande, con una producción a cargo de Francisco Negrín, y hasta tres repartos interpretan esta cima de la lírica.

La producción de Negrín, tal y como dijo en la prensa, busca mostrar en escena cómo los fantasmas del pasado son capaces de atar y condicionar a los personajes. Para ello, hace aparecer a la madre y al verdadero hijo de Azucena, como unos personajes más de la acción. La acción tiene lugar en un espacio metálico, frío, que intensifica el patetismo y el lado más oscuro de la obra hasta hacerla irrespirable. En las zonas inferiores  hay espacios donde el coro, tan importante en la obra, canta sin estar del todo visible en varias escenas. Además, en determinados momentos hay dos postes que se cruzan formando una cruz, y que dividen el escenario de forma eficiente, como en la escena del convento. Este minimalismo salvaje intenta que nos concentremos en la tragedia de Azucena, pero en algunos momentos resulta aburrido: los efectos dramáticos que crean las apariciones de los fantasmas  no compensan el feísmo de la producción que en ocasiones termina por aburrir o por volverse irrelevante.

Nada más abrirse el telón, vemos a Azucena invocando el fuego en una mesa de donde salen llamas reales, y a su madre en lo alto del escenario. Ferrando cuenta su narración a unos niños mientras el coro canta escondido. En el segundo acto se ve al verdadero hijo de Azucena como la segunda aparición espectral y de gran peso, ya que en los dúos con Manrico ella habla más con el fantasma de su hijo biológico que con su hijo adoptivo, un reflejo de su locura. El coro de gitanos es un momento interesante, con las mujeres haciendo hechizos mientras los hombres cantan casi fuera de escena. Un contraste de vestuario tiene lugar entre los hombres del Conde de Luna, vestidos de cuero negro y los de Manrico, vestidos de cuero natural. En el tercer acto se ve al Conde rabiar mientras se ve a Manrico y Leonora juntos en una torre. En el dúo final se ve a la madre de Azucena sujetar con unas cadenas a los amantes, como un anticipo de sus trágicos finales antes de pasarle la cadena, es decir decidir el destino de la pareja, a su hija. Al final se ve a Azucena proclamar su triunfo final mientras empuja uno de los paneles que hacen la cruz mientras el fuego se proyecta al fondo del escenario y las llamas salen de la mesa omnipresente.


Maurizio Benini ha realizado una dirección orquestal bastante interesante, con unos tempi ágiles y con tensión dramática; extrayendo de la orquesta un buen sonido si bien a veces resultaba un poco más rápido de lo esperable. Entre los momentos interesantes se cuentan la excelente prestación de la trompeta en las escenas del conde de Luna, el coro de gitanos o el acto cuarto. Benini ha sabido transmitir en un estilo belcantista la partitura de Verdi, ayudando notablemente a los cantantes.

El coro, en su buen hacer habitual, ofreció una versión notable del coro de gitanos y los coros masculinos en el tercer y cuarto actos alcanzaron un nivel excelso.

El primer reparto, sin ser el colmo de lo excelso, es de lo mejor que se puede encontrar para esta casi incantable ópera, logrando en su última función anoche que el público pasara una agradable noche de ópera.

Francesco Meli fue Manrico. Tras verle el día 6 en televisión, me saltaron las alarmas ante lo que me parecía un tenor limitado. Sin embargo, en vivo y viendo una función completa, puede decirse que su nivel es alto para lo que hoy se encuentra en Manrico. La voz es juvenil, belcantista (pero adolece un poco de la heroicidad que requiere la voz del trovador), y se encuentra más cómodo en este rol que en otros como el Don José de Carmen que le vimos hace dos años. Al ser italiano, su dicción y experiencia consiguen que su Manrico sea más expresivo. Empezó con una bella versión del Deserto sulla terra, logrando en el tercer acto  una gran versión del Ah, si ben mio en la que exhibió un importante agudo prolongado que arrancó una ovación en la sala. Sin embargo, la Pira fue descafeinada ya que no consigue el agudo deseado y el número parece superarle, en ocasiones afectando a la proyección. En el acto cuarto remonta con una excelente intervención en el Miserere y en el resto de la obra.


Sustituyendo a una Maria Agresta que el día 6 parecía limitada y con los agudos superándola en alguna que otra ocasión, el día 24 tuvimos a Lianna Harotounian como Leonora. Harotounian tiene una voz enorme, y unos agudos enormes e impactantes. El primer acto le costó en parte, pero sus agudos,como el del final del terceto que cierra el acto que impresionó al público. Salió airosa de su gran escena en el acto cuarto, con un D'amor sull'ali rosee con un legato apreciable, aunque el Miserere y la cabaletta final fueron aún mejores. Por otro lado, la frase M'avrai ma fredda esanime spoglia en la que afirma que prefiere morir a ser del Conde fue un momento sobrecogedor debido a su desgarradora pronunciación de la misma. En el acto cuarto fue a mejor, con una notable versión del Prima che d'altri vivere.

Ludovic Tezier es uno de los barítonos más solicitados de hoy en día, y una de las primeras opciones para el conde de Luna. Su voz, pese a algunos momentos que parecían tender un poco a lo gutural, es de las pocas que suenan a barítono verdiano de verdad, y eso es mucho en estos tiempos que corren. Logró pues un buen Conde de Luna, con una versión de Il Balen del suo sorriso bastante conmovedora y aplaudida. Además de buen intérprete es buen actor y transmite lo temible del personaje. Al final de su dúo con Leonora del cuarto acto logró un agudo apreciable.

Ekaterina Semenchuk fue, junto a Meli, la estrella indiscutible de la noche. Su Azucena no es una mujer puro fuego como la Cossotto o incluso la Zajick, que destilan drama por cada poro. Su interpretación de la gitana empieza sutil, esperando tranquilamente el momento de la venganza, hasta que la tragedia ya se le respira por todos lados y metiéndose al público en el bolsillo. Vocalmente tiene una gran técnica (aunque pueda dar una primera impresión de frialdad) y una voz con un sonido sugerente de contralto, y unos agudos que impresionan. Empezó con un Stride la Vampa un tanto frío, pero desde su desgarradora versión del Condotta ell'era in ceppi, donde narra toda su tragedia, la función ya era suya. Al final del segundo acto dio un agudo estremecedor. Su mejor momento, y el de toda la función fue el Ai nostri monti, donde su canto en pianissimo logró conmover a la sala, dejando una versión para el recuerdo. También es una buena actriz, logrando transmitir la enajenación del personaje.

Roberto Tagliavini, habitual en el Real, fue un Ferrando de lujo, con su habitualmente bella voz de bajo. Su Abietta Zingara fue de muchos quilates.

El resto de comprimarios cumplió con su cometido, desde la efímera intervención de Cassandre Berthon como Inés, el correcto Ruiz de Fabián Lara y el gran mensajero de Moisés Marín.
Aunque este cierre de temporada no ha sido tan apoteósico como la Lucia del año pasado, puede decirse que ha sido un Trovatore notable y sobretodo muy disfrutado por el público que llenó la sala y aplaudió entusiasmado con cada número. Había ganas de Trovatore después de una larga ausencia.

Aquí pueden ver la función en vídeo.



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