martes, 10 de julio de 2018

Lucia di Lammermoor in Teatro Real, Madrid. June/July, 2018.






Every summer, Teatro Real sets a repertoire opera, and prepares its Opera Week, with a live stream worldwide via Facebook and by putting big screens in Plaza de Oriente with thousands of people attending the show. This summer the opera is  Donizetti's Lucia di Lammermoor, which hadn't been seen in Madrid since 2001, then with Edita Gruberova. Now, the Donizetti masterpiece returns with two renowned casts, an accomplished conductor, in a production from English National Opera, directed by David Alden.

This production sets the action in the nineteenth century, when the opera was composed. This shows us the gothic side of the story (after Walter Scott's The Bride of Lammermoor) by showing us a gloomy atmosphere through the dark-coloured costumes, the ruined Victorian house where the action is taking place, an oppresive world where the young Lucia is being deprived from her freedom to preserve the glory of her family.  Alden shows us the anxiety that she goes through before being sacrificed in a marriage of convenience: the curtain rises and during the prelude she wakes up desperatelym after a nightmare, or by showing us the persuassion  of Enrico (including scenes of harassment) and Raimondo. In the house, a little theatre is shown, where Lucia and Edgardo seal their love and after having killed her husband, she performs her own Mad scene with his dead body, like a macabre show to the guests For Edgardo it has the same treatment: the despair of a humilliated man, dying in front of the same guests and the photographs (graves) of his ancestors, not even to die  next to her beloved's body.  The result is an interesting work, removing the scene of any trace of aesthetical beauty in order to tell us the tragedy of this unfortunate lovers.


Daniel Oren  does a good job with the orchestra, but not reaching his own great level with La Favorite, months ago. His conducting reaches a dramatic style with solemn tempi, specially at the end of act 2. The opera  was performed uncut, and for the first time in Madrid the mad scene was played with a glass harmonica. The chorus sang in their usual splendid level.

Two accomplished casts were heard here.

                                                 Javier Camarena and Lisette Oropesa

Lucia was performed by Lisette Oropesa and Venera Gimadieva. Oropesa is one of the best Lucias nowadays, with a delightful voice and skilled in coloratura, legato style and diction. And her acting skills convey the emotions of this ill-fated young lady. Her mad scene was largely ovationed.  Gimadieva has a good voice, and gave also a good performance, despite her high notes went through some trouble but her mad scene showed a good technique and was quite applauded too.

Javier Camarena was the star of his cast, by singing an unforgettable Edgardo. His beautiful voice,  his amazing style (including three spectacular high notes, two on duet with Oropesa and one in an oppure in the final aria) and his good acting (revealing the fury of Edgardo in Act 2 in the wedding scene) got an outstanding ovation from the audience. Ismael Jordi is one of the leading Spanish tenors and has sung Edgardo in many theatres. His voice is as beautiful as Camarena's, but a different style, sometimes from another time. In his final aria he sang in a pleasant pianissimo style.

Artur Rucinski and Simone Piazzola took the part of Enrico, Lucia's maligned sister. Rucinski has a great voice but Piazzola sang the role with dignity.

Roberto Tagliavini and Marko Mimica were Raimondo. Tagliavini is well known in Madrid and his singing was noble and gave a magnificent version of his racconto in Act 3. Mimica has been an astonishing discovery: his dark bass voice conveys the authority of his character, and its great volume surrounded the hall.

Yijie Shi was a complete luxury for the role of Arturo, with his first-class tenor voice and Alejandro del Cerro sang a fine Normanno with a great volume. Marina Pinchuk sang a correct Alisa, with nice high notes in the ending of Act 2.

                                Venera Gimadieva and the second cast receiving the applause

The hashtag that Teatro Real created for this production is #LocuraConLucia (Madness with Lucia). Madness is the reaction (in good sense) of an audience pleased with this opera and these performances, revealed to be successful and among the hits in this Spanish operatic season.

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lunes, 9 de julio de 2018

Anna Caterina Antonacci en el Teatro de la Zarzuela. 9 de julio de 2018.



Tras un aplazamiento por motivos de salud, el recital de la soprano italiana Anna Caterina Antonacci  cierra el XXIV Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela, con un programa dedicado al siglo XX, con obras de Debussy, Respighi, Boulanger, Britten, Poulenc y Albéniz. La acompañaba el pianista Donald Sulzen, quien destacó en las obras de Boulanger, Britten y Albéniz.

Antonacci ha dado un recital muy disfrutable, gracias a su versatilidad, su exquisitez interpretativa y su entrega, tan propia de un animal escénico como ella. Aunque la voz acuse cierto declive, que afecta a la zona aguda, el centro sigue manteniendo un bello sonido aterciopelado; lo que permite a la soprano dar interpretaciones notables.

Empezó con unas canciones de Debussy que evidenciaron un poco las limitaciones en el agudo. Continuó con el ciclo Deità Silvane, de Respighi, que mejoró por razones idiomáticas, pero fue en las canciones de Nadia Boulanger que cerraron la primera parte del recital donde ya se encontró cómoda y abordó maravillosamente, con algún grave y algún agudo impresionantes.

En la segunda parte continuó con el ciclo On this Island op.11 de Britten, que abordó de tal forma que nos recordó a su gran interpretación de Gloriana en el Real hace unos meses. En la primera canción, Let the florid music praise se manejó muy bien con la coloratura, y en el resto del ciclo usó su bello centro para interpretar las oscuras canciones, con una dicción inglesa impecable y una interpretación que transmitió el patetismo de la obra. Cerró el programa oficial con el ciclo Le travail du peintre de Poulenc, dedicado a famosos pintores y con la bella canción The gifts of the gods de Isaac Albéniz, en las que alcanzó un buen nivel.

Tras el aplauso de un público entregado, llegaron los bises, que fueron sólo dos pero fueron de lo mejor de la noche:

El primero fue el madrigal barroco Se l'aura spira, de Girolamo Frescobaldi, que abordó maravillosamente de voz y con gran estilo, como experta que es en este repertorio. Cerró la noche con una interpretación referencial de la Habanera de Carmen, de Bizet, que dedicó al director Antonio Moral. Un servidor puede decir que es la mejor versión de esta aria que haya escuchado en directo. Antonacci domina el aria en todo sentido: musicalmente aún muestra una bella voz, e interpretativamente consigue transmitir la pasión y la sensualidad del aria de manera memorable, con una destreza interpretativa que sólo pueden tener las grandes. Incluso Sulzen logró con su sensible interpretación al piano sumarse a este pequeño derroche de sensualidad.



Un recital disfrutable para cerrar la temporada. Ojalá volvamos a ver pronto a esta gran artista.

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viernes, 6 de julio de 2018

Lucia di Lammermoor en el Teatro Real, primer reparto. 4 de julio de 2018.


Genial función del primer reparto, con una pareja protagonista de primer nivel el día 4.

Javier Camarena ha sido el indiscutible triunfador de esta noche. El suyo es un Edgardo de voz poderosa, que capta el pathos romántico del personaje. Esta vez su voz ha sonado bellísima,  con una agilidad tremenda y marcándose tres espectaculares sobreagudos: al final del dúo con Lucia, al final del acto segundo y uno en la primera parte del Tu che a Dio. Además, su actuación apasionada me ha dejado sorprendido, demostrando la ira y el despecho de un Edgardo traicionado por su amada. Impresionante en la escena final, donde se marcó un Tu che a Dio memorable, con una capacidad de legato increíble. Al nivel de sus gloriosos Puritani de hace dos años.


Lisette Oropesa ha sido una gran Lucia. La voz  tiene una belleza destacable. Los trinos,  como se ha dicho anteriormente son de manual y sabe manejar el vibrato. En el Quando rapito in estasi mostró  unos bellos pianissimi, aunque es cierto que a veces el agudo puede no tener mucho volumen. La escena de la locura fue de gran nivel, y para el recuerdo el legato maravilloso que hizo en el Spargi d'Amaro pianto.



Roberto Tagliavini fue un gran Raimondo,  diferente al de Mimica. Excelente voz y presencia, con un racconto en el acto tercero memorable.

Artur Rucinski tiene una voz grande, pero no me pareció ni peor ni mejor Enrico que Piazzola,  incluso a veces la voz se hacía gutural. Así las cosas, el nivel fue bueno, especialmente en el final de su primera escena.


Yijie Shi fue de nuevo un gran Arturo, igual que Alejandro del Cerro un Normanno tétrico y de voz enorme. Marina Pinchuk estuvo un poco floja como Alisa.


Grande la dirección de Daniel Oren, aunque podría mejorar. Ha sido vibrante y en muchos momentos ha logrado una gran tensión dramática con la orquesta. Por primera vez suena una Lucía con armónica de cristal. Curioso sonido el que le da a la escena de la locura, estando nosotros acostumbrados a la flauta. Es un sonido más tétrico, conveniente a la escena y al montaje.



Dos repartos consolidados, para el esperado regreso de una de las cumbres del género, después de muchos años. A diferencia del primer reparto, el segundo el día 5 fue aplaudido calurosamente pero no con la misma intensidad. Pese a todo, el público ha disfrutado en todas las funciones y creo que (sea reparto 1 o 2) estamos ante la mejor producción de repertorio de la temporada.

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jueves, 5 de julio de 2018

Lucia di Lammermoor en el Teatro Real, junio y julio de 2018. Segundo Reparto.



Después de 17 años, vuelve al Teatro Real la obra magna de Gaetano Donizetti, Lucia di Lammermoor. Prácticamente cerrando ya la temporada. Había ganas de ver esta gran tragedia lírica, con dos repartos muy bien cuidados. Esta entrada hablará del segundo reparto.

El ensayo general tiene un clima distinto al de una función normal, aunque se presume que los artistas la representen como tal. Siempre se prevé que se reserven un poco o quizá mucho, aunque al parecer han de involucrarse al máximo para tener un punto de partida en las funciones. 

Para esta ocasión, se ha traído una producción procedente de la English National Opera, dirigida por David Alden, habitual en el Teatro Real. De todos los trabajos que se han visto de él en Madrid, este me ha parecido el mejor de todos. Alden vuelve a utilizar la idea de ambientar las obras en edificios en estado de abandono y de teatro dentro del teatro. El telón se abre y nos muestra a Lucia reposando asustada en su cama al cuidado de Alisa, para dar paso a la primera escena, un salón blanco en declive. El vestuario de los personajes y el coro presenta colores oscuros, como el negro o el gris, y el blanco, para recrear la atmósfera asfixiante de la sociedad que enfrenta a las familias enemigas de los protagonistas; ambientándolo en el siglo XIX.  Luego ese salón ruinoso da lugar a una habitación en la que hay un enorme ventanal tapado por una cortina, iluminado por la luz del día, en el que Lucia y Edgardo interactuarán en algunos momentos. En el final del acto segundo,  a partir de la entrada solemne de Lucia, la irrupción de Edgardo y la desesperación de ella, que terminará cantando el sexteto tumbada en la mesa.
La escena de la locura es bella y terrorífica a la vez, ya que vemos al coro sentado presenciando cual público teatral a Lucia subida al pequeño escenario, cubierta de sangre e interactuando con el cadáver ensangrentado de su esposo, creyendo que es Edgardo, y al acabar el coro finge aplaudir, casi en sincronía con el público real.



Sin embargo, también hay momentos de incongruencia como que mientras Enrico y Lucia cantan su dúo en el acto segundo, éste saque juguetes de una caja, o que los invitados a la boda además de flores, también muestran fotografías; por no hablar de que en el dúo Se tradirmi tu potrai Lucia es atada a la cama por su hermano y luego éste mete la mano dentro de su vestido, lo que pudo sugerir algún abuso en el pasado. O en el dúo en la torre de Volferag (aquí una casa abandonada y vacía en plena tormenta, casi una nave industrial) algunos invitados de la boda borracho le dan una paliza a Edgardo mientras Enrico canta, o el tratamiento del final de la obra: en la que transcurre detrás del escenario del pequeño teatro, donde las fotografías sustituyen a las tumbas de los antepasados de Edgardo. En la escena final, Enrico deja una pistola en el suelo que tomará Edgardo para suicidarse, pero no muere cerca de su amada, sino a cierta distancia de ella (que yace en una silla), con su cadáver pateado por su rival. 

Alden trabaja la inocencia de la protagonista, vistiéndola como una niña, una adolescente que despierta al amor y es obligada a un matrimonio de conveniencia para salvar su linaje. El personaje de Enrico, destrozado por la situación de su hermana no termina de redimirse, porque sigue creyendo que el amado de su hermana es la causa de sus desgracias y ultraja su cadáver, lo que le envilece. Al ambientarla en una mansión de ambiente victoriano del siglo en que la obra se compuso, el director de escena intenta transmitir el agobio y la opresión que se sentía por vivir en la misma, además de darle un tinte de narración gótica mayor del que ya la obra originalmente tiene.



Daniel Oren ha realizado un buen trabajo con la orquesta, aunque se reservó al principio. Sin embargo escenas como la segunda del primer acto o desde el sexteto hasta el final del segundo y todo el tercer acto han estado a un gran nivel. Excelente el trabajo del coro, que se llevó un sonoro aplauso en su intervención anterior a la escena de la locura.

La pareja protagonista empezó con alguna reserva, pero ha salido airosa del desafío el día del ensayo general. El día 5 cantaron maravillosamente.

Venera Gimadieva tiene un buen material vocal,  y al principio la voz suena bellísima, aunque si va muy al sobreagudo puede llegar a calar. Entró en calor con un buen Quando rapito in estasi, aunque el agudo al final del segundo acto le supuso un gran aprieto, ya que llegó a calarlo. Pero en la escena de la locura logró ganarse al público con una interpretación conmovedora, para la que pareció guardarse, donde la voz sonó deliciosa y la coloratura digna, aunque al final de Spargi d'amaro pianto el agudo, aunque bello, parecía estar un poco forzado.

Ismael Jordi es uno de los tenores españoles de mejor trayectoria internacional. No defraudó, ya que la voz es muy hermosa, aunque como su compañera puede ponerse en algún apuro al ir al agudo. Su entrada con el Lucia, perdona sonó realmente poderosa, y se mantuvo muy bien en el dúo. Se guardó para el final, con un Fra poco a me ricovero en buena forma, y un Tu che a Dio spiegasti l'ali excelente, especialmente maravilloso al cantar en piano parte de la segunda mitad.

Simone Piazzola como Enrico se reservó al principio para luego cantar muy bien en el segundo acto. El que ha sido una auténtica revelación ha sido Marko Mimica como Raimondo: una potente y bella voz de bajo que requiere la autoridad del personaje. 

Yijie Shi tiene una voz hermosa para Arturo, un lujo contar con un primer tenor para este personaje. Alejandro del Cerro como Normanno quizá no tenga los mismos atributos vocales que sus compañeros pero la voz tiene un sonido digno; como actor sí que sabe transmitir la repulsión que causa el personaje, incluso riendo malévolamente cuando Raimondo acusa a su personaje de la tragedia. La de Marina Pinchuk quizá la mejor voz para Alisa, pero al menos tiene unos agudos que se dejan oír en el concertante final y no son tan malos.


Un segundo reparto de verdadero nivel, que nada tiene que envidiar al primero que trataremos más adelante.


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sábado, 30 de junio de 2018

Angela Gheorghiu and Teodor Ilincai in Teatro Real, Madrid. June 30, 2018.



After a long absence, Angela Gheorghiu returned to Teatro Real. Madrid has an unsuccessful story with Miss Gheorghiu, since she cancelled her participation in a 2003 production of Traviata and in 2010 she sang only in one of a run of three  scheduled performances of Simon Boccanegra, alongside Plácido Domingo. Apart from these, she sang in a concert under the late Jesús López-Cobos in 2007.

Gheorghiu is one of the most celebrated sopranos in the last two decades, the historical Traviata under Georg Solti, and gifted with a great voice. After three decades of career, her voice may be past her prime, but it still preserves beauty,  a nice pianissimo sound, despite the declining low notes. And last but not the least, her diva manners which sometimes makes us wonder if the show  is her voice or even herself.

She sang with the romanian tenor Teodor Ilincai, an accomplished tenor with a big voice and superb high notes, but sometimes a bit raw projection of it.

The orchestra was conducted by Ciprian Teodorascu, who did a good job with the orchestra, despite abusing a bit the forte sound.



The program was not too much bold, consisting in known pieces, and the repertory of the soprano:

PART I:
-Romanian Rhapsody nº1, by George Enescu
- Highlights from Adriana Lecouvreur, by Francesco Cilea: Io son l'umile Ancella, Ma dunque e vero, L'anima ho stanca
- Yevgeni Onegin's Act III Polonaise, de Tchaikovsky
- Habanera from Carmen, by Bizet
- E lucevan le Stelle,from Tosca, by Puccini
- O soave Fanciulla, from La Bohème, by Puccini

PART II:
- Hungarian Dance number 5, by Brahms
- Improvviso, from Andrea Chenier
- Un bel dì vedremo, from Madama Butterfly
- Final duet from Andrea Chenier, by Umberto Giordano
- Jazz Suite number 2 by Shostakovich
- Nessun Dorma, from Turandot, Giacomo Puccini
- Ebben, ne andrò lontana, from La Wally by Alfredo Catalani
- Muzika, from Valurile Dunarii, by George Grigoriu

ENCORES:
- O mio Babbino Caro (Gheorghiu)
- No puede ser, from La Tabernera del Puerto, by Sorozábal ( Ilincâi)
- Granada, by Agustín Lara, sing on duet.

After  a vivid version of the Enescu piece, Miss Gheorghiu started with the Lecouvreur aria, finished with a nice high note, as well as the Boheme duet. Her Habanera was nice, and sung with a pleasant sense of delight. In the Un bel dì she came a bit in late, but her best moment was the aria from La Wally, sung with a beautiful pianissimo singing,  and an amazing sensitivity. She offered O mio Babbino caro as encore, also sang as nicely as La Wally. She finished the aria a bit moved, receiving the ovation from the audience. Apart from her singing, her before mentioned diva manners were a show in their way, sometimes amusing.


Mr. Ilincai give a great performance, specially in the second part with an heroic Improvviso, and a spectacular Nessun Dorma, giving powerful final high notes in  the Vincerò. But when he announced he would sing the zarzuela romanza No puede ser by Sorozabal, he impressed the audience with an accomplished performance, even more powerful high notes, a well legato sound which finished with an outstanding ovation... stoling the show for a while.

Both singers ended the evening singing Lara's Granada on duet, with the diva acting passionately by shaking a Spanish fan and dancing with the tenor.

This recital has been a rare chance for opera-goers in Madrid to see Ms. Gheorghiu's artistry, and as a result a night to remember, since she hasn't sung in Spain as many times as the audiences would have loved to see her singing her in her prime.


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Angela Gheorghiu y Teodor Ilincai en el Teatro Real. 30 de junio de 2018.


Después de muchos años, Angela Gheorghiu regresa al Teatro Real con un recital en el que abordó su repertorio. Y yo pude por fin verla después de 15 años intentándolo: se me escapó en una Traviata en 2003 (la sustituyó una Norah Amsellem en estado de gracia), y en el Boccanegra de 2010 con Plácido Domingo en el que cantó una función que no fue la mía, de las tres que tenía previstas y que tuvo que cantar finalmente Inva Mula. Aparte de esa única función estuvo en un recital con el fallecido Jesús López Cobos a la batuta. Por tanto pera muchos era una oportunidad única.

Después de mucho tiempo, una de las sopranos más importantes de los últimos tiempos, también conocida por su extravagancia y su manía por cancelar producciones que seguramente no la ha ayudado en su carrera; ha hecho acto de presencia. Aunque ya no sea esa Traviata histórica que emocionó al todopoderoso Georg Solti, la soprano rumana aún conserva algo de su belleza vocal anterior.  Podemos decir que la voz sigue siendo bella, y ha elegido un programa accesible y muy de su repertorio para no desentonar. El problema es que a veces el grave puede ser tan nasal que puede llegar a parecer un mugido, o que algunos agudos no pasarán a la historia. Como ya se ha dicho, menos mal que aún conserva su precioso centro. Lo que indica que quizá sea un poco ligero para papeles tan difíciles que ha cantado en los últimos años, como Tosca o Adriana Lecouvreur y que hayan contribuido a su desgaste. También hay que decir que el pianissimo aún es maravilloso.

Primera parte

Junto a ella, dio el recital el tenor rumano Teodor Ilincai (sustituyendo al previsto barítono George Petean), quien por momentos se robó el espectáculo.

El programa fue el siguiente:

PRIMERA PARTE:
-Rapsodia Rumana número 1 en La mayor de George Enescu
- Selección de Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea: Io son l'umile Ancella, Ma dunque e vero, L'anima ho stanca
- Polonesa de Evgeni Onegin, de Tchaikovsky
- Habanera de Carmen, de Bizet
- E lucevan le Stelle, de Tosca, de Puccini
- O soave Fanciulla, de la Bohème, de Puccini

SEGUNDA PARTE:
- Danza Húngara número 5 de Brahms
- Colpito qui m'avete (Improvviso), de Andrea Chenier, de Umberto Giordano
- Un bel dì vedremo, de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini
- Dueto final, Vicino a te de Andrea Chenier, de Umberto Giordano
- Suite de jazz número 2 de Shostakovich
- Nessun Dorma, de Turandot, Giacomo Puccini
- Ebben, ne andrò lontana, de La Wally de Alfredo Catalani
- Muzika, de Valurile Dunarii, de George Grigoriu

PROPINAS:
- O mio Babbino Caro (Gheorghiu)
- No puede ser, de La Tabernera del Puerto, de Sorozábal ( Ilincâi)
- Granada, a dúo.

Tras una interpretación chispeante de la vivaz Rapsodia rumana número 1 de George Enescu, la diva empezó con el Io son l'umile Ancella, donde tuvo problemas con los graves aunque terminó con un agudo precioso. Se encontró cómoda en el dúo Ma dunque, o vero, para luego cantar una bonita Habanera de Carmen, en la que no arriesgó demasiado, siendo la primera pieza en la que empezó con sus ademanes y gracias que le reía el público cual diva de otros tiempos. Terminó la primera parte con el O soave fanciulla, en la que a veces el tenor la tapaba, pero terminó con un agudo espectacular.  En la segunda mitad empezó con Un bel dì vedremo, en la que parecía ir un poco a destiempo con la orquesta, y en el per non morir al primo incontro le salió un agudo un tanto en apuros. Luego en el dúo de Chenier volvió a entrar en calor y terminar con lo que fueron sus mejores momentos en la velada: el Ebben ne andrò lontana de La Wally, donde estuvo realmente maravillosa, con una línea deliciosa de piano y trazos de bello legato igualmente. El concierto terminaría con el dúo Muzika,que cantaron animadamente. La diva dio como propina el O mio babbino caro, que fue lo segundo mejor cantado por ella, de manera deliciosa y sensible, para no arriesgar. Terminó el aria muy emocionada, y una niña le obsequió un ramo de flores. A dúo con el tenor se marcaría Granada, en la que bailó con el tenor, e incluso movió el abanico cual maja de Goya.

Segunda Parte

Ilincai ha cantado últimamente con ella en algún recital, y siendo un tenor que ha cantado en muchos teatros me despertaba expectativas. Su voz es enorme y se engulle a la soprano (especialmente en los dúos) y a veces perfectamente a la orquesta, con unos agudos impresionantes cuando le salen, aunque puede pecar de ser un poco bruto al emitirla. Tras una primera parte un tanto fría, lo mejor vino tras el descanso, ya que se marcó un Improvviso espectacular, y un Nessun Dorma con unos agudos en los Vincerò finales que deslumbraron al respetable, firmes, bellos e impresionantes.  Pero fue tras el final del concierto cuando anunció que cantaría el No Puede ser de La Tabernera del Puerto, y se marcó el mejor momento musical de la noche: fue espectacular, con un fraseo por momentos memorable y unos agudos aún mejores. En consecuencia, el teatro se vino abajo con la que posiblemente fue la más atronadora ovación; y por lo tanto robando el show por un momento a la Gheorghiu,

La orquesta estuvo dirigida por Ciprian Teodorascu, cuya dirección me gustó aunque tendía a abusar del forte en los fragmentos orquestales, lo que a algunos les podría parecer chimpunero.

Una emocionada Gheorghiu recoge un ramo de flores tras el O mio babbino caro

Aunque la Gheorghiu pudiera dar la sensación de estar en declive, la belleza de su centro aún puede dar bellos momentos, aunque a veces no se sabe si el espectáculo es la voz o ella misma gracias a sus ademanes en escena. La oportunidad era única para muchos, ya que raras veces podemos ver a la diva por España, y algunos ya podremos decir que la hemos visto.

jueves, 21 de junio de 2018

La Bayadera, por el Ballet de Monterrey, en los Teatros del Canal. 21 de Junio de 2018.






La Bayadera es de los títulos más emblemáticos del ballet clásico. Por su complejidad, dicen que sólo las grandes compañías son capaces de montarla. La competente música de Ludwig Minkus, con un bello segundo acto y el toque de exotismo que gustaba en el siglo XIX la hacen fascinante. La visita del Ballet de Monterrey a Madrid con este infrecuente título, sobretodo en los escenarios españoles, era una cita indispensable para los amantes y entusiastas del ballet.

Y lo hace con una bella producción suntuosa -aunque a veces poco realista- y colorida, de impacto visual; a cargo de Raúl Font. La coreografía estuvo a cargo de Luis Serrano y José Manuel Carreño (director de la compañía), basada en la original de Marius Petipa. Se nota que, pese a la modestia, hay ambición en presentar este montaje. Esta ocasión, ha presentado la versión en dos actos, terminando la obra en el mundo de las sombras; aunque parece que no ha sido el único corte. 

El resultado ha sido una agradable tarde de danza, pese a los cortes y con la lógica reducción del cuerpo de baile. No hubo suerte con la música, que era grabada, lo que hacía que el público hablase en las oberturas e interludios musicales. Una pena, porque el preludio del acto segundo es una gran pieza orquestal.


Nikiya, la bayadera, estuvo a cargo de Junna Ige, que empezó un poco reservada, para marcarse un acto segundo memorable, y supo transmitir la fragilidad y el drama de la protagonista enamorada. Un momento muy teatral fue su danza final en el primer acto. 

Solor estuvo interpretado por Ernesto Mejica, cuya actuación fue a más. Grandes sus danzas en el segundo acto junto a Deborah Rodríguez, que interpretó a la malvada Gamzatti de forma memorable y con una técnica estupenda. Al igual que la protagonista, Mejica se reservó para un gran segundo acto.

Nicolás Merenda deslumbró con su agilidad interpretando al Fakir, del mismo modo que Brian Ruiz interpretó maravillosamente al ídolo de bronce.

En cuanto al cuerpo de baile, empezó reservado en la primera escena, pero fue a más, especialmente en la gran escena final del primer acto. Grandes danzas de las solistas en el segundo acto.


El teatro no estaba lleno, pero los que estuvimos presentes disfrutamos de una linda tarde de ballet. Los teatros del Canal se han convertido en un referente para la programación continua de danza clásica de calidad, pero con una producción al año no se crea afición. Esperemos que el Teatro Real tome nota también de esto y programe más danza clásica, porque es el lugar idóneo para ello.


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