viernes, 28 de noviembre de 2025

El trágico poeta, por la gran diva: Orfeo ed Euridice con Cecilia Bartoli en Madrid.


Madrid, 27 de noviembre de 2025.

Cecilia Bartoli es de las escasas divas operísticas de la actualidad que despierta una admiración parecida a las del pasado. A lo largo de sus 38 años de carrera, ha vendido millones de discos, y es admirada por melómanos de todo el mundo. En Europa, donde principalmente transcurre su carrera debido a su miedo a volar, sus interpretaciones despiertan el delirio de sus seguidores, algunos de los cuales gastan fortunas en seguirla en todas sus actuaciones por el continente. Durante una función de Giulio Cesare en Salzburgo en 2012, al final de cada aria, un admirador se desgañitaba en ovaciones antes de que el resto del público se atreviera a aplaudir: "¡Grande!" "¡Única!", son algunas de los halagos que se pueden oír en esta función inmortalizada en vídeo, siempre del mismo espectador. Su virtuosismo y pirotecnia vocales, junto a su personalidad escénica, enloquecen a todos los públicos, con su endiablado repertorio: barroco, Mozart, bel canto... el siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX son su especialidad. Gracias a sus discos, el público ha descubierto joyas musicales que yacían en el injusto olvido, y nuevos enfoques de partituras clásicas. Celebradas son sus interpretaciones del repertorio de los castrati, cuya tesitura endiablada asume sin problemas, así como de heroínas del repertorio barroco y clasicista, impresionando al oyente; así como de Mozart y Rossini. También se ha atrevido con roles belcantistas como Norma y Amina de La Sonnambula, desde un punto de vista historicista, tratando de reconstruir al máximo cómo sonaron estas obras en su tiempo, escritas para divas que tenían un rango vocal tan heterogéneo como el suyo. Y en nuestro país, todas sus actuaciones agotan localidades en cuestión de días e incluso horas.


Así, a sus 59 años, la mezzosoprano italiana mantiene aún una apretada agenda tanto como cantante, como directora artística de la Ópera de Montecarlo y del Festival de Pentecostés de Salzburgo. Precisamente en esta ciudad austríaca presentó en 2023 una nueva producción de Orfeo y Eurídice, la famosa ópera de Christoph Willibald Gluck, que ella misma protagonizó. Lo hizo en una versión poco frecuente de las muchas que tiene esta ópera: la de 1769, llamada "Acto de Orfeo", en el marco de una gran gala llamada "Las fiestas de Apolo" que tuvo lugar ese año con motivo de la boda de Fernando de Borbón-Parma y María Amalia de Austria. Esta versión reduce la ópera de tres actos a siete escenas. La presente edición musical presenta un final triste, con la famosa aria "Che Faró senza Euridice" interpretada con tempi más rápidos de lo normal en la primera estrofa, y en el que Eurídice muere por segunda vez. Además, añade los ballets de la versión de París de 1774. Esta modificada versión es la que la diva italiana presenta en España en versión semiescenificada, en el marco de una gira europea: Madrid, Barcelona y Sevilla son las paradas que hace en nuestro país, con los mismos intérpretes que en las funciones salzburguesas.

La Bartoli no defraudó, aunque los años no pasaran en balde y que esta ópera no abunda en números que le permitan lucir la coloratura endiablada que suele exhibir en sus conciertos. La voz no es muy grande, y desde luego el enorme Auditorio Nacional no es el espacio más adecuado, pero hay cosas que aún son reconocibles, como el centro, que aún mantiene bien. Y desde luego lo que se mantiene intacto es su magnetismo en escena. Como actriz, sorprende su soltura en escena, yendo de un lado a otro del patio de butacas o de los asientos de coro, como reflejando su viaje por el más allá, así como sus momentos de euforia, bromeando con los músicos cuando Orfeo espera a que los espíritus le devuelvan a Eurídice. El tercer acto fue un momento de intensidad dramática, cuando Orfeo y Eurídice pelean porque él no puede verla y ella no lo entiende. La desesperación de Orfeo es transmitido por Bartoli con éxito, así como el desgarrador grito en Saziati, sorte rea! Son disperato! antes de su famosa aria.

El primer gran momento fue la escena tercera, en la que Orfeo está en el Hades, cantando una deliciosa interpretación del Deh, placatevi con me, en la que en la frase "Vi renda almen pietose Il mio barbaro dolor" se atrevió a dar una coloratura breve pero espléndida. Otro momento espectacular fue en la gran escena final, en el dueto con Euridice, Vieni: appaga il tuo consorte, dio un agudo espectacular enlazado con coloratura, algo tremendo. El momento más esperado era sin duda la famosa aria Che Farò senza Euridice, la cual es interpretada en esta versión primero con brío, como un momento de ansiedad, para luego cantar en el pausado ritmo habitual, cuando el personaje se rompe. Fue en la segunda mitad del aria, cuando Bartoli, exhibiendo su bello y aterciopelado canto en piano, conmovió al público. Como en esta versión trágica, Eurídice muere, Orfeo termina su intervención buscándola en el Hades (en la versión tradicional con final feliz intenta apuñalarse pero Cupido le detiene), con las palabras Aspetta! Aspetta!, y en la última de ellas, Bartoli abandonaba la escena mientras entonaba un bello y prolongado pianissimo, evaporándose así su personaje en el inframundo.



Junto a ella, Mélissa Pétit estuvo mejor en el rol de Eurídice, donde demostró una bella voz lírica, con un precioso timbre con un toque oscuro, que en el de Cupido, donde cumplió. Quizá inspirada por Bartoli, la química con ella en el tercer acto era impactante, y estuvo a la altura también en lo actoral, convenciendo, junto a su bella voz, en el retrato de su confundido y frágil personaje.

Bartoli probablemente sabría lo que estaba haciendo al impulsar la creación de su orquesta Les Musiciens du Prince-Monaco, dirigida por Gianluca Capuano. Y es que ha sorprendido por su potente sonido, y por la excelente dirección de Capuano, Los solistas de flauta y fagot dieron una interpretación magistral en la bellísima danza de los espíritus. El metal sonó aterrador e impactante en las escenas del Hades, y las cuerdas sonaron hirientes, enérgicas, briosas, en la Danza de las furias, así como en el aria Che farò senza Euridice. El conjunto estuvo inspiradísimo. Igualmente notable el coro Il Canto di Orfeo, sonando con belleza propia de la música sacra en el coro inicial y en el trágico final , así  como en la escena en el cielo; y al mismo tiempo enérgico en las escenas en el inframundo. 

Aun siendo una versión semiescenificada, se buscó la mayor sensación de escenificación, como que Orfeo se cambia de traje de uno negro a uno blanco, el vestido rojo y el corazón de peluche de Cupido, o el vestido blanco de Eurídice. Pero lo que creó un ambiente único fue la poderosa iluminación. El auditorio estaba casi en total oscuridad, salvo por una mínima iluminación escénica, dando una inédita sensación de cercanía y concentración en el drama. El órgano se iluminaba de rojo en las escenas en el infernal Hades, y de blanco en las del celestial Elíseo. El coro agitaba luces cuando interpretaba a las Furias, y en el final, sumado a su excelente interpretación, se acercaban al cuerpo de Eurídice a dejar velas lentamente a su alrededor. 



No estaba llena la sala, en parte debido al alto precio de las localidades (algunas se ofrecieron con descuento y sorteo en sitios como el periódico El País), y que posiblemente la empresa organizadora, IMPACTA, aún está dándose a conocer, aunque ya está ofreciendo conciertos del más alto nivel. Aun así, la ocupación era bastante alta. Todo un auditorio puesto en pie premió en ovaciones a Bartoli, demostrando lo admirada que es en Madrid, así como para el elenco. Gracias a todos los implicados, hemos disfrutado en el Auditorio de un emotivo Orfeo, de alto nivel. Buen trabajo.

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