lunes, 4 de abril de 2022

ESP/ENG El Liceu: 175 años de gloriosas noches de ópera. Moltes Felicitats!


El Gran Teatre del Liceu de Barcelona es el teatro con mayor tradición de toda España. Y ciertamente se debe a sus 175 años de actividad ininterrumpida (si descontamos los cinco años que estuvo en reconstrucción por el incendio de 1994). Durante todo ese tiempo, se ha visto en él una actividad operística sin parangón en el resto del país. En el Liceu se gestó la pasión wagneriana que convirtió a Cataluña en el epicentro español del wagnerismo. También durante nuestro complicado y trágico siglo XX, el Liceu fue el único teatro lírico de renombre que no vio interrumpida su actividad, ya que en 1925, su gran competidor, el Teatro Real de Madrid, cerró por amenaza de ruina y los demás avatares históricos impidieron su reapertura a corto plazo, por lo que todas las grandes tendencias musicales pasaron por Barcelona. Y todos los grandes artistas que forman parte de nuestra cabecera operística pasaron por el escenario del coliseo de La Rambla, a menudo para el deleite de un público tan apasionado como exigente: aquí fracasaría un Enrico Caruso, o una Maria Callas ya madura tuvo que sudar para lograr el éxito en un teatro admirador de su rival, Renata Tebaldi. De esta manera, la mayor parte de grandes divos y maestros de la lírica han pasado y siguen pasando por su escenario. 

Este teatro de ópera se inauguró el 4 de abril de 1847 y se convirtió no solo en el emblema del poder de la burguesía catalana, sino también en  símbolo de toda una ciudad, en icono de la cultura catalana, y desde los palcos propiedad de poderosas familias, hasta las altas plantas donde el pueblo llano iba muchas veces de pie, pero a precios asequibles, el público ha disfrutado de las mejores obras, las mejores voces e incluso las mejores batutas de la lírica (parece mentira, pero un tal Hans Knappertsbusch, tan poco entusiasta a trabajar fuera de su Alemania, dirigió Parsifal en 1933 en el Liceu). En este 2022, el Liceu cumple 175 años, y para este aniversario, se ha contado con una gala con fragmentos de diversos actos de tres grandes óperas, con figuras de la lírica que son admirados por el público barcelonés.

Desde Catalunya Música he podido seguir la transmisión radiofónica de una gala con gran concurrencia de público tanto dentro como fuera del teatro.  El programa constó del segundo acto de Macbeth, de Giuseppe Verdi, de parte del tercer acto de Lucia di Lammermoor de Donizetti y del segundo acto de Turandot, de Giacomo Puccini, empezando desde la segunda escena. La gala comenzó con una interpretación del popular Cant dels ocells, en el famoso arreglo para violonchelo de Pau Casals, a cargo de un chelista de la orquesta, en solidaridad con Ucrania. Nada más idóneo pues esta versión se ha convertido en un canto de libertad catalán por la paz y la libertad. 


Sondra Radvanovsky interpretó a Lady Macbeth y Turandot, roles que ha debutado hace poco. En la primera, empezó con una versión más apasionada que redonda de La Luce Langue, pero en el brindis del final, Si colmi il calice estuvo simplemente sensacional, más segura, proyectando con su habitual voz torrencial y más suelta en la coloratura. Como la gélida princesa china, pareció haberse reservado para la complicada aria In Questa Reggia, que abordó espectacularmente, con un agudo maravilloso, si bien la tesitura es difícil para su voz. Sí mostró aquí sus bellos pianissimi y un grave sobrecogedor.  Ludovic Tézier estuvo mejor como Enrico que como Macbeth. Como el rey verdiano, la voz sonaba gutural, no demasiado grata, pero como el hermano de la pobre Lucia, la voz sí estaba más cómoda y sonó muy bien en un rol que además ha cantado mucho. Lisette Oropesa, fue sin duda, la gran triunfadora de la noche, con su espectacular interpretación de la escena de la locura. De nuevo se ha escuchado una voz que suena fresca, juvenil, ágil, resistente y con un virtuoso, impresionante manejo de la coloratura y los sobreagudos con los que cierra el aria y la cabaletta finales. El público la aplaudió a  rabiar. Airam Hernández en su breve intervención como Edgardo estuvo muy bien, con una voz igualmente juvenil y fresca, y que sin duda sonó mejor que la de Tézier. Michael Fabiano interpretó a Calaf, y se confirma de nuevo como una de las opciones más seguras para Puccini en estos momentos. El tenor estadounidense interpretó al personaje (en el que acaba de debutar en Roma el mes pasado) con su voz vigorosa, su sonido heroico y al mismo tiempo juvenil, sin pasar apenas apuros en el segundo acto. En el Nessun Dorma que cerró el evento, interpretó la pieza con su habitual entrega, si bien es aquí donde muestra algunas complicaciones por arriba, con alguna nota abierta, pero aún así un gran intérprete. Giacomo Prestia interpretó a un Banquo con dificultades. Mejor estuvo Manuel Fuentes como Raimondo en Lucia, una bella voz de bajo, aunque ligera en comparación con Prestia, pero con un enfoque más seguro. El veterano Raúl Giménez interpretó al emperador Altoum, con una voz de la que algún destello queda que recuerde al belcantista y mozartiano que un día fue, pero totalmente adecuada ahora en este breve, pero intenso rol de tesitura plana y sobrecogedora. Marta Mathéu y Manel Esteve completaron el elenco, aunque en intervenciones menores.

La orquesta dirigida por Marco Armiliato estuvo acompañando a los cantantes principalmente, aunque tuvo momentos de lucimiento en la gran escena final del segundo acto de Macbeth y tuvo todo un lucimiento en Lucia, donde afortunadamente se volvió a escuchar una flauta en la escena de la locura. El que sí estuvo inspirado fue el coro: la agrupación dirigida por Pablo Assante ha sonado inspirada, rotunda, a un nivel excelente, tanto como el de los grandes divos de la noche.

Tras este concierto, solo nos queda desear que el Liceu siga deleitándonos a todos, catalanes y demás aficionados del mundo, con gloriosas noches por 175 años más. Desde Madrid, un asiduo del Real como servidor no tiene más que los mejores deseos para un teatro al que más que como un rival, lo veo como un teatro hermano, y en el que me lo he pasado bien las dos veces que he visto funciones en él. Moltes Felicitats!




El Liceu: 175 years of glorious opera nights. Moltes Felicitats!

The Gran Teatre del Liceu in Barcelona is the opera house with the most important tradition in Spain. Certainly because of its 175 years of continuous activity, only with the exception of the 5 years between 1994 and 1999 after its tragical burning. During all those years, the Liceu has seen an unrivalled operatic activity. In its stage, the enthusiastic reception of Wagner's operas from late 1890s made Catalonia to become the headquarters of Spanish wagnerism, at the same time of the Renaixença, the gilded years of Catalan culture. Twentieth Century was specially troubled and tragical for Spain, but despite all this, the Liceu didn't stop its activity, and after the 1925 closing of its rival theatre, the Teatro Real in Madrid (whose operatic activity continued but in small, insufficient theatres and at a smaller level), Barcelona continued to welcome every operistical new trend and emerging great singers like no other city in Spain. Most of our most beloved opera stars sang there throghout the decades, delighting a passionate as well as picky audience: Enrico Caruso's performances in Rigoletto in 1904 were a complete flop, and Maria Callas in her only 1959 performance had a hard task to win over an audience which usually preferred her rival Renata Tebaldi. Even in 1933, Hans Knappertsbusch (known for his reluctance to work outside German-speaking world) conducted  Parsifal! at the Liceu.

This opera house was opened on April 4, 1847. It soon became a symbol of the power of Catalan bourgeoisie, but also the working and middle class fans went to the upper levels at affordable prices, building their tradition. Now in 2022, the Liceu turns 175 years, and for the occasion, a gala with today operatic stars was held, most of them loved by the audience. The program featured great scenes from Act 2 from Verdi's Macbeth, from Act 3 from Donizetti's Lucia di Lammermoor and from Act 2 from Puccini's Turandot, comprising all the riddle scene. As a gesture of solidarity with Ukraine because of the war, the gala started with El cant des ocells, a popular folk song, in its cello arrangement by Pau Casals, which has become a Catalan symbol for peace and liberty.

Sondra Radvanovsky sang Lady Macbeth and Turandot. In Verdi's opera, she started with a passionate, but not very easy singing of La Luce Langue. She felt more confortable in the drinking song Si Colmi il Calice, where she sang with her powerful, big-volumed voice, her nice high register and commanding the coloratura. As Turandot, she reserved all her energy for a beautiful version of In Questa Reggia, with great high notes, despite this role could be too big for her voice. In the riddle scene she showed her beautiful pianissimi and low register in such dramatic part. Ludovic Tézier sang Macbeth and Enrico in Lucia, resulting better in the latter one. As Macbeth his voice sounded gutural and uncomfortable, but as Enrico, a role he knows very well, he sounded fit, with the voice now sounding well and showing his command of bel canto operas. 


Lisette Oropesa was by far the big star of the night with her Lucia. Her agile, youthful, ressistant and fresh-like singing, alongside her superb high notes and her virtuoso command of coloratura made the audience to go very wild after the aria and caballetta in the great Mad Scene. Airam Hernández as Edgardo in the Act 3 duet sounded also fresh, youthful and very lyric, a more confident emission than Tézier's. Michael Fabiano sung Calaf (a role he debuted recently in Rome), and confirmed again why he is one of the best options for Puccini today. Fabiano's rendition was vigorous, heroical, with no trouble during the complicated and dramatic riddle scene. In the Nessun Dorma which closed the event, he sung the famous piece with his usual devotion, but some opened notes took place, but still a good performance. Giacomo Prestia's voice sounded a sort of insufficent as Banquo. Manuel Fuentes was on the other hand, a fine Raimondo, with his lyric bass voice, very confident singing. The veteran tenor Raúl Giménez sang Altoum. Still there are some recognisable glances of his former lyric voice, but now suitable for the plain as well as daunting tessitura for this role. Manel Esteve and Marta Mathéu had brief but good interventions.

The Gran Teatre del Liceu Orchestra and Chorus were under the baton of Marco Armiliato. Armiliato mostly accompaigned the singers, but the orchestra had remarkable moments like in the Macbeth brindisi, and in the complete Lucia scenes. The chorus, led by Pablo Assante, however, was superb. They sound really inspired, powerful, and they gave a superb performance in Macbeth and Turandot.

I followed this concert on the radio via Catalunya Música. After having listened to it, I can only wish the Liceu continue on delighting the audiences in Catalonia, the rest of Spain and worldwide for at least another 175 years. All my best wishes from Madrid to a theatre I have considered more as a "brother", than a "rival", and where I enjoyed the two performances I attended. Moltes Felicitats!


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