Madrid, 10 de febrero de 2026.
El Teatro Real nos está ofreciendo una serie de impagables representaciones en versión concierto de las óperas de "los años de galera" de Giuseppe Verdi, esos años de intenso trabajo, sometido a exigencias de los teatros, pero que al mismo tiempo terminaron por consolidar, retirado Rossini, y fallecidos Bellini y Donizetti, su fama como el compositor más importante de Italia. La temporada pasada hubo funciones en concierto de Attila e I Lombardi alla prima crociata, esta última magníficamente servida. Ahora es el turno de I masnadieri, ópera estrenada por Verdi en Londres en 1847, a cuya función inicial fue la reina Victoria, su marido Alberto y toda la aristocracia británica. Pese al éxito de la primera función, que contó con la mítica soprano Jenny Lind y el igual mítico bajo Luigi Lablache en el reparto, la obra no logró asentarse en el público. La historia está basada en una obra teatral de Friedrich Schiller, uno de los autores fetiche de Verdi, Los bandidos, sobre la tragedia de una familia: un estudiante, Carlo, que elige la vida de bandido tras el engaño de su malvado y ambicioso hermano, que le dice que su padre ha renegado de él, ya que desea la herencia y los favores de Amelia, bella joven enamorada de Carlo. La historia de Schiller, un culebrón romántico que expone la turbiedad del alma, fascinó a Verdi, aunque la dramaturgia de esta ópera es inverosímil para el público moderno. ¿Pero qué importa eso si la música es hermosa?
En el Teatro Real se estrenó en 1854, sin demasiado éxito, aunque una compañía menor ya la había estrenado antes en la ciudad. Ahora regresa con dos funciones en versión concierto, y un reparto estelar liderado por la mundialmente aclamada soprano estadounidense Lisette Oropesa, una de las favoritas del público capitalino, en el rol de Amalia. Cada vez que Oropesa canta en el Teatro Real, el evento se convierte en acontecimiento. Anoche el teatro estaba casi lleno y la razón principal era ella, con muchas caras conocidas entre los aficionados locales al género, entre los que se encuentran muchos de sus admiradores. Oropesa cantó este rol en 2019 en la Scala de Milán y en la Ópera de Múnich en 2023, y ahora repite el rol con un éxito total. A sus 42 años, la estadounidense sigue manteniendo una bellísima voz que suena juvenil, con agudos preciosos y espectaculares, una coloratura excelente, y un legato notable en todas sus intervenciones, virtudes las que añade su elegancia en escena. En su entrada, en el aria "Lo sguardo avea degli angeli" no obstante el agudo final tuvo un momento de fragilidad, pero es algo humano. En todas sus demás intervenciones estuvo magnífica. El delirio, llegó, sin embargo en su gran escena del acto segundo. Tras una bella interpretación del aria "Tu del mio Carlo al seno", llegaba la espectacular y animada cabaletta "Carlo vive", en la que exhibió su impresionante coloratura. Tras terminar el número recibió una larga y prolongada ovación, hasta el punto que Oropesa bisó el da capo de la cabaletta, todo un regalo para un extasiado público. En la segunda parte, aunque el personaje no tiene momentos propios, pero sí el gran dúo con Carlo, Oropesa mantuvo su excelente nivel. No es de extrañar que al final fuera la más ovacionada del elenco.
Si Oropesa fue el principal reclamo de esta función, el resto del elenco, el coro y la orquesta fueron puro fuego.
Nunca había visto en vivo a Piero Pretti, tenor italiano habitual en el Real, pero principalmente en segundos repartos. Me ha gustado su voz de timbre juvenil, y su entregadísima interpretación, aunque esta tiene sus más (buena parte de la función) y sus menos (a veces le tapa la orquesta, tiene momentos en los que la voz se templa). Excelente en la primera parte y en el acto final.
Aunque la voz masculina de la noche fue sin duda la del barítono Nicola Alaimo, sustituyendo a última hora a Mattia Olivieri, cuya interpretación del malvado Francesco se vio crecida por su potentísima voz. Alaimo sobrepasó a la orquesta, y toda su entrega vocal, contribuyó a crear un convincente retrato brutal del personaje. Aunque eso no juegue en su favor cuando en el dúo con Amalia, suene muy brusco cuando le declare su amor, a nivel musical. Cada intervención de Alaimo fue espectacular, y muy especialmente su escena de locura en el acto cuarto, tras el cual fue muy aplaudido, no solo por el público sino por la orquesta, con las cuerdas golpeando sus arcos. La emotividad de ese momento se coronó con un abrazo entre él y el director de orquesta.
Como el conde Massimiliano, Alexander Vinogradov fue de menos (con una voz vibrante y un poco gutural) a más en la función, coronándose con una memorable intervención en el acto cuarto, donde brilló junto a Pretti.
El resto del elenco, completó el excelente nivel: notables Alejandro del Cerro como Arminio y Albert Casals como Rolla. George Anguladze, con su excelente voz y con bellos graves en su breve interpretación del rol de Moser, siendo capaz de hacerse oír frente a un Alaimo que acaparaba todo.
La inspiración se notó también en la orquesta. El maestro Francesco Lanzillotta hizo una interpretación potente - y pasada de decibelios también- al frente de la Orquesta del Teatro Real. La obertura, con ese precioso solo de violonchelo, estuvo bien, pero todas y cada una de las secciones de la orquesta se hicieron notar en los actos siguientes, resultando en una disfrutable interpretación, encendiendo las pasiones de la trama: las cuerdas, con unos notables trémolos, y los metales, compitiendo con el coro de ladrones en potencia y crudeza. En esta obra, el coro interpreta a personajes oscuros, y como tales, su música es potente. El Coro del Teatro Real, a las órdenes de José Luis Basso, ha dejado una inolvidable interpretación, tan apasionada y electrizante como las de los solistas. Ya desde su primera intervención dieron muestras de vigor, logrando incluso imponerse sobre la orquesta. Dado que son ellos los que dan título a la obra, la sección masculina se esforzó en sonar con rotundidad para interpretar a los violentos ladrones. El coro a cappella del segundo acto, un número festivo, de bacanal, sonó sobrecogedor por parte de ambas secciones, transmitiendo escalofríos de lo turbia que es la corte de Francesco.
Funciones como esta lo reconcilian a uno con el género. Posiblemente en lo que llevemos de temporada, no hemos disfrutado tanto como anoche. Porque este es el repertorio que ama el público de Madrid, y porque esta es la diva que los madrileños aclaman. Y también porque Verdi sin pasión no es Verdi, incluso si es menor. No sé si de más, pero ayer nos la dieron.


No hay comentarios:
Publicar un comentario