lunes, 23 de febrero de 2026

Majestuoso Händel: Giulio Cesare en el Teatro Real con Devieilhe y Orliński.

 

Madrid, 21 de febrero de 2026.

La pasión por la ópera barroca está asentada en España. Nuestros teatros y auditorios son incluidos en las giras europeas de las grandes agrupaciones barrocas. Además óperas de Georg Friedrich Händel se representan habitualmente en los principales teatros. En el caso de Madrid, hemos tenido muchas óperas del catálogo haendeliano, entre ellas Partenope, Orlando y Theodora (esta última un oratorio) en épocas más recientes, en el Teatro Real. Por no hablar de las que nos trae Universo Barroco cada año al Auditorio Nacional.

De las cuarenta y dos óperas que el genio angloalemán compuso, es Giulio Cesare in Egitto (Julio César en Egipto), la que goza de más popularidad entre el público. Se acusa a la opera seria, género al que pertenece Giulio Cesare, de ser en muchas ocasiones una sucesión de bellas y virtuosas arias, en detrimento del desarrollo de las tramas. Sin embargo, siguiendo estas convenciones, esta ópera va más allá: todas sus arias son de tal belleza, que cuando se corta alguna por evitar alargar demasiado la representación, siempre hay alguien que lo lamente. Parece que no sobra ninguna: todas reflejan, a través de una hermosa música, la psicología y la profundidad de unos personajes en apariencia acartonados, de forma brillante. De este modo, la genial música se une a la complicada trama de los recitativos, revistiendo a esta ópera de unas cotas de teatralidad a la que no llegan las demás óperas del compositor. De todos los personajes, es Cleopatra la que se lleva el gato al agua, siendo sus arias las más populares de la obra, todo un tour de force para las más grandes sopranos que han contribuido a esa difusión. En el último año, se ha representado en 2025 en Barcelona con un montaje del polémico Calixto Bieito, y a finales de mes se representará en Valencia con el mítico Marc Minkowski en el foso orquestal.

Sobre la trayectoria de esta ópera en el Teatro Real, en el año 2002 fue estrenada en su escenario, en una producción escenificada de Luca Ronconi, que situó la orquesta al fondo del escenario, debajo de unas enormes pantallas. El experto Rinaldo Alessandrini fue el director musical, y la pareja protagonista fue de órdago: Jennifer Larmore (posiblemente el mejor Giulio Cesare moderno) y María Bayo. Yo por aquel entonces tenía 14 años, y aunque ya me gustaba Wagner, descarté ir a esas funciones porque consideraba que el barroco era aburrido y repetitivo. En 2003 oí por primera vez esta ópera en la mítica versión de René Jacobs y me arrepentí de mi decisión, hasta el día de hoy, porque hasta ahora, no había vuelto al Real. Sin embargo, en el Auditorio Nacional se vio dos veces en concierto: en 2008 por la Orquesta Barroca de Friburgo con el mítico Jacobs al frente, y en 2021, cuando finalmente pude verla en vivo por vez primera, por La Cetra Barockorchester Basel, con Andrea Marcon al frente y con un genial reparto. 

Veinticuatro años después de esas funciones de 2002, vuelve Giulio Cesare al Real con dos funciones, pero en versión concierto, en una gira que la famosa orquesta Il Pomo d'Oro viene haciendo estos meses por Europa, y que en nuestro país pasa por Madrid, Barcelona y Oviedo. 

Al frente de la orquesta, se sitúa el maestro Francesco Corti, presentando la obra con cortes, y aún así la función ha durado casi cuatro horas. Los cortes, además de los recitativos, se han llevado las arias "Alma del Gran Pompeo" y "Quel Torrente" de Julio César, y de Cleopatra las arias "Tu la mía Stella sei" y "Venere bella". En cuanto a los fragmentos orquestales, se han reducido a la mitad la música del Parnaso del acto segundo cuando César ve a Cleopatra, y lo que me parece más imperdonable, la mitad del famoso interludio antes de la gran escena final, del que se interpreta sólo la primera parte, dejando fuera las bellísimas fanfarrias de las trompas, y la repetición de la clamorosa pieza. He de admitir que me hace daño tener como referencia la versión de Jacobs con el Concerto Köln, porque piezas como la obertura, suenan mejor con más músicos, y así, semejante pieza clamorosa sonó inane en esta función, pero bueno, en época de Händel las orquestas no eran tan grandes. Y de hacerse completa, habría sido necesario hacer dos descansos, y la función habría terminado a medianoche. Corti ha dirigido a una orquesta que en general ha estado al más alto nivel, especialmente a partir desde el aria Empio dirò tu sei. El maestro mete florituras, portamentos y otros trucos más en su lectura de la obra. Las cuerdas sonaron con toda la opulencia, la tensión dramática que pudieron, como en el aria de Sesto L'angue offeso. La trompa tuvo su momento de lucimiento en la famosa aria Va Tacito e Nascosto, no tan así en el interludio final, así como el violín en Se in fiorito. Pero incluso con esa viveza, la primera parte duró casi veinte minutos más de lo previsto.

El reparto que se ha reunido para estas dos funciones es uno de los mejores posibles para esta ópera.

La estrella de la noche, como se esperaba, fue la soprano francesa Sabine Devieilhe como Cleopatra. Tal y como corresponde a su personaje, es ella la que se lleva los momentos más catárticos de la noche. Devieilhe da una muestra de su poderosa pirotecnia vocal, añadiendo agudos y portamentos de su propia cosecha (y tal y como se hacía en época de Händel) para hacer aún más efectivo e impresionante su retrato del personaje. Todas sus intervenciones fueron un poderoso despliegue de medios, más aún con esa bella y deliciosa voz. El momento cumbre fue su interpretación del aria del acto segundo Se pietà, una preciosa interpretación. Después llegó el aria más famosa de la obra, Piangerò la sorte mia, en la que llegó a terminar la segunda estrofa alargando la nota en piano hasta enlazarla con el da capo de la primera, creando un efecto impresionante. En el dúo final se interpuso, con su genial coloratura y agudos impresionantes, al Cesare de Orliński. 

El protagonista titular es Julio César, el augusto dictador romano. El rol, estrenado por el castrato superestelar Senesino, necesita que el artista que lo interprete pueda imponerse vocalmente ya que sus arias son las más importantes después de la de Cleopatra. El contratenor polaco Jakub Józef Orliński es uno de los pocos artistas que han trascendido más allá de la escena lírica, por su belleza angelical, su espectacular físico, y su otra faceta artística, como bailarín de breakdance, además de posar como modelo para marcas de ropa, incluso en la edición polaca de la revista Vogue. Volviendo a su faceta lírica, el señor Orliński es uno de los contratenores más importantes del momento, con una de las voces más bellas de su cuerda. Sin embargo, su interpretación del dictador romano, pese a sus virtudes, tiene luces y sombras. Además de la belleza de su voz, están su dominio de la coloratura, su esforzado grave y su intención dramática, llegando a veces a pegar subidones vocales. Pero su retrato del personaje no imponía muchas veces, lo que afectó a las arias de bravura como Empio dirò tu sei y Al lampo dell'armi, pese a que musicalmente estaban bien interpretadas. Otra cosa fueron la majestuosa Va tacito e nascosto, y la deliciosa Se in fiorito (acompañada de ruidos de pajarito), ya que en ellas aunó su virtuosismo y belleza vocales. Su mejor momento fue el aria Aure deh per pietà, de la que dio una bella y conmovedora interpretación.

La interpretación más destacada de la noche, después de la de Devieilhe, fue la Cornelia de la mezzosoprano Beth Taylor, quien repitió su magnífica interpretación de 2021 en el Auditorio Nacional. Taylor no solo tiene una bella voz con un precioso timbre contraltado, sino que además consigue que su doliente y sensible personaje sea una mujer de carácter pese a su cautiverio, gracias a su desparpajo escénico en los recitativos, siendo la más implicada del reparto en ellos. Deliciosas sus interpretaciones de Priva son d'ogni conforto, de gran belleza, y de Nel tuo seno. Y como hace cinco años, la melancólica aria Deh piangete o mesti lumi, se convirtió en uno de los mejores momentos de la noche gracias a su grave, su timbre de contralto y su volumen vocal, el más grande de todo el elenco, transmitiendo el dolor del personaje. 

El contratenor Yuriy Mynenko tiene una voz con un timbre más atractivo que el de Orliński, y su voz de contralto es ideal para el rol de Tolomeo, pero su volumen vocal es inferior. Pese a las intenciones que puso, no fue hasta la segunda parte cuando destacó realmente. Contra todo pronóstico, ya que se había cortado en las anteriores paradas de esta gira, esa segunda parte se abrió con la bellísima e intimista aria Belle dee di questo core, en la que Mynenko transmitió toda la sensualidad, la lascivia y la fragilidad del personaje en este punto de la obra, gracias a un bello canto que se dejó oír. En la que quizá sea la mejor aria, y la última, del personaje, Domerò la tua fierezza, sí estuvo a la altura, interpretándola notablemente.

La soprano Rebecca Leggett fue un Sesto de bellísima voz y muy bien cantado, especialmente en arias como Cara Speme y L'aura che spira

El bajo Alex Rosen, quien cantó un memorable Caronte en el Orfeo de Monteverdi en 2022, volvió a impresionar con su poderosísima, rotunda y oscura voz en el rol de Achilla. Cada vez que salía era imposible no prestarle atención por esto mismo, aunque el timbre a veces fuera un poco gutural. Una pena que no en todas sus arias fuera aplaudido, aunque tras su aria más importante, Dal Fulgor di questa spada, que cantó maravillosamente, el público le reconoció con un fuerte aplauso.

Nireno y Curio suelen ser dos personajes que solo recitan y no tienen arias ni dúos, cantando solo en las partes corales, por lo que no se les presta demasiada atención. Sin embargo, Nireno, como compinche de su ama Cleopatra, es importante para la trama. En la reposición de 1730, Händel le compuso una divertida aria para el inicio del segundo acto, Chi perde un momento. En la mítica grabación de 1991 de Jacobs y Larmore, el igualmente mítico contratenor sopranista Dominique Visse grabó el aria como apéndice en el último cedé, en una referencial interpretación. Por todo ello, en muchas producciones actuales, se interpreta esta aria para dar relevancia al personaje. El contratenor contraltista francés Rémy Brès-Feuillet, quien en los recitativos mostró vis cómica para el rol, interpretó bien el aria. El barítono Marco Saccardin en el rol de Curio fue correcto, pero desgraciadamente no puede lucirse más.

La popularidad de esta obra, pese a su larga duración, se reflejó en que las entradas estaban agotadas para ambas funciones, aunque había asientos vacíos en la función. Aun así, el público disfrutó de lo lindo, ya que tras las arias de César, y sobre todo de Cleopatra, los aplausos eran entusiastas. Al final de la función, todo el elenco fue generosamente reconocido con aplausos, con ovaciones para Orliński y Devieilhe. Es una maravilla que hayamos podido escuchar esta cima operística bien interpretada, pero sería aún mejor que el Real no se conformara con eso: si está tan probado que Giulio Cesare es la ópera barroca más popular, junto al Orfeo de Monteverdi y el Dido y Eneas de Purcell, debería estudiar la posibilidad de volver a escenificarla. Es así como esta obra termina de fluir en toda su fuerza, incluso si versiones de concierto como esta nos lo hacen olvidar por un momento, con su gran nivel. 

Las fotografías escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

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