sábado, 15 de marzo de 2025

La Gran Vía de 2025: el Proyecto Zarza reinterpreta el clásico de Chueca y Valverde.

Madrid, 14 de marzo de 2025.

Otro año más, y con este van nueve, el Proyecto Zarza regresa a hacer las delicias del público más joven en el Teatro de la Zarzuela, con una obra maestra del género chico. Este año, le ha tocado a un clásico: "La Gran Vía", de Federico Chueca y Joaquín Valverde. Tan solo cuatro funciones se han abierto al público, pero muchos colegios han ido a disfrutarla en vivo. Con el problema del género chico de que deben programarse dos obras juntas cuando de programarla en un gran teatro se trata, y con el inmenso catálogo de obras que hay para elegir; estas funciones del proyecto Zarza son casi oportunidades únicas para verlas en el coliseo de la calle Jovellanos, aunque de esta obra se hizo una libre y exitosa adaptación en 2016, "Cómo está Madriz". 

No me repetiré sobre lo necesario y actual del género chico, porque ya lo he tratado muchas veces, aunque esta "revista cómica-lírica, fantástico-callejera en un acto" como la define el maestro Chueca, es uno de los mejores ejemplos que puede corroborarlo. En 1886, año de la composición de esta obra, se aprobó un proyecto para la creación de una Gran Vía, que permitiría descongestionar el tráfico en el centro de la capital. De ahí que el argumento trate la preocupación de unas calles que temen su desaparición y se preocupen de que la Municipalidad dé "a luz" a esta Gran Vía a su costa. No se preocupaban en vano, aunque entonces no lo supieran: en abril de 1910 comenzaban las obras, y con ellas desaparecían edificios y calles. Aunque para entonces Chueca, Valverde y el libretista Pérez ya habían muerto. Momentos como los tangos de Menegilda y el de Virtudes, la romanza del Caballero de Gracia o la jota de Los Ratas, se han ganado el cariño del público. A propósito de este último número, el mismísimo filósofo universal Friedrich Nietzsche, tras haberla visto en Turín, se sorprendió de que unos ladrones fueran honrados con este número, y en una carta a un amigo le dijo que era de lo más fuerte que había visto, y que le había gustado mucho. ¡Y hasta repitió función! 

Al tratarse de una "revista de actualidad", desde el momento de su estreno ha estado sujeta a modificaciones y añadidos varios. El divertido libreto original de Felipe Pérez es un verdadero documento gráfico de la vida en el Madrid de finales del siglo XIX. Pero de acuerdo con la esencia de su género y las intenciones del Proyecto Zarza, una reinterpretación que encajara la música en un argumento de actualidad (pese a que en 1886 no había aún Gran Vía); se hacen necesarios si se trata de presentarla a nuevas y jóvenes audiencias, y que éstas se identifiquen con la obra y su intención. En esta nueva versión, el tenor Enrique Vianaestando aún reciente su éxito en La Corte de Faraón, está al frente de la puesta en escena y de la adaptación al público juvenil y familiar de 2025. Esta "Gran Vía" del siglo XXI incorpora nuevos personajes como la Inteligencia Artificial, aquí presentada como una joven (interpretada por un hombre) patosa, las contaminaciones lumínica, acústica y atmosférica, o personajes como los fondos buitre, la gentrificación y la especulación, esta llamada ¿quizá con segundas? "Doña Espe". O incluye temas como las redes sociales, en una cómica escena (no precisamente muy inspirada) en el que un solo actor interpreta a dos personajes policías que hablan sobre cómo la tecnología impide pensar y cómo vivimos una vida superficial en las redes sociales, donde creemos que nos siguen, pero estamos más solos que nadie. Al igual que en su desternillante monólogo final en La Corte de Faraón el mes pasado, Viana propone al final de la obra, un monólogo en el que un actor personifica a una emperifollada Gran Vía, presentada como una emperifollada mujer madura, que cuenta su historia y todo lo que se vive en ella, y quiénes pasan por ella todos los días. 

 

La escenografía de Carmen Castañón presenta una Gran Vía con sus edificios dibujados a cada lado y en colores llamativos. A partir del tango de Menegilda, el decorado cambia a la estación de metro de Gran Vía, y al fondo una proyección animada de los trenes, y con sus sonidos reales pasando a cada momento. Para la escena en la que la contaminación lumínica canta su número iluminando su vestido y todo el escenario, se ha tomado el Vals de la Bujía de "Luces y sombras" de los mismos compositores.  El vestuario de Gabriela Salaverri presenta a las calles como mujeres vestidas como en los  años veinte del siglo pasado, y a los personajes más abstractos, como especulación o gentrificación, con brillantes trajes de lentejuelas, si acaso para presentarlos como personajes grotescos que hacen más mal que bien.

En cuanto a lo musical, ha habido tres añadidos: dos de posteriores reposiciones de La Gran Vía, y el anteriormente mencionado de Luces y Sombras. Este año se ha contado con miembros de la Joven Orquesta Nacional de España, dirigida por Néstor Bayona. Como siempre en Zarza, la orquesta es reducida, y en esta ocasión ha sido un conjunto de catorce músicos, número mayor de lo habitual en estas producciones. Bayona ha tratado de esforzarse todo lo que le ha sido posible, y aunque hay que reconocer que el sonido de la orquestina es bueno, la música de Chueca sufre con esta reducción. 

Si hay algo que no soporto en un espectáculo, es no saber quién es quién en el reparto. Me parece tan inadmisible, que me enfada. Y sorprendentemente, este año, Zarza no lo indica, limitándose solo a mencionar los nombres de los cantantes y actores, por lo que solo podré hablar del elenco en su conjunto. Por primera vez, se ha contado con cantantes líricos, que son los responsables de cantar los números principales, como el tango de Menegilda o el vals de la Bujía. Pese a esta iniciativa, y su innegable entrega y entusiasmo, el resultado es desigual. Muchas de las voces, o no son suficientes o se quedan pequeñas. Frente a unas esmeradas Menegilda y Contaminación Lumínica, el Caballero de Gracia y los tres ratas se vieron sobrepasados. De hecho, mejor estuvieron los actores en sus partes habladas, que los cantantes. Al menos, los conjuntos en el número de los marineros y en el Chotis del Elíseo que cierra la obra sí que sonaron convincentes y divertidos.

Aun así, el entusiasmo se percibía en el público, que rió, que ovacionó (incluso con las molestas úes con las que hoy se jalea en los conciertos y funciones de teatro hablado), y que, en un rayo de esperanza, estaba conformado por mucha gente joven: entre el público se encontraban niños, un efebo vestido de chulapo, y hasta un instituto -presumiblemente de bachillerato artístico- que vino desde Extremadura solo para ver esta función. Al término de la misma, el profesor Francisco Prendes inició el encuentro entre el público y los artistas, en la tradicional ronda de preguntas, en la que Viana confirmó que del texto original no había nada porque este ya no conectaría con el público, aunque también confirmó que quitó el tango de Virtudes por ser musicalmente igual que el de Menegilda y que -según él- no aporta nada nuevo. 

Incluso si no hemos estado ante el mejor (su magistral Amores en Zarza de 2021 no ha sido superado), ni tampoco el peor Zarza, no cabe duda de que lo han vuelto a hacer: que los jóvenes artistas hagan suyo un género con el que no contaban, y que los escolares y más pequeños sientan un poco de lo mejor de nuestro género, aun sin ser la forma más ortodoxa: mejor eso que nada. Misión cumplida una vez más.


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