domingo, 21 de junio de 2026

¿Y si el belcanto se trasladara a la España del siglo XXI? Il Viaggio a Erialtorvo en Madrid.

 


Madrid, 12 de junio de 2026.

La diversidad de la ópera alcanza todos los escenarios posibles. En las grandes ciudades, además de los grandes teatros y auditorios, los centros culturales juegan un rol importante en la difusión de la cultura y las artes escénicas. Los centros culturales de Madrid tienen una programación muy variada, en la que a veces, se cuela la ópera. Aún recordamos los melómanos madrileños las funciones de Ópera Moncloa en el Centro Cultural del barrio capitalino del mismo nombre, en la Facultad de Medicina de la Complutense y en el Templo de Debod una vez al año. En la programación del Centro Cultural El Madroño, en el barrio de Vicálvaro, al sureste de Madrid, este mes de junio ha incorporado la lírica a su programación. Una función única de "Il Viaggio a Erialtorvo", de Mario Varela, un joven compositor y musicólogo quien pese a su corta edad (24 años), ya ha preparado una nueva edición crítica de una ópera olvidada de la época belcantista, "La Donna Selvaggia", de Carlo Coccia, que se representará en Italia este verano. Entusiasta de Rossini, la Asociación Española para la Iniciativa Joven, o AESIJ, ha premiado al Centro Progreso Musical por esta nueva ópera. 

Esta ópera cómica en dos actos, rinde homenaje a la ópera bufa. Su argumento transcurre en un ficticio pueblo perdido de la España vaciada, Erialtorvo de la Nada, en el que un tren de renfe (aquí llamado TenFe) con destino a la gran ciudad, Ayusia (Madrid), se queda varado en ese pueblo perdido debido a una avería en el tren. En él viajaba un grupo de jóvenes urbanitas que, debido a este estropicio, tienen que pasar la noche en Erialtorvo. Un pueblo carente de todo tipo de comodidades, como comprobarán a su llegada al único hotel-restaurante de la zona. Durante esta estancia forzada, no solo se verán obligados a acomodarse, sino a redescubrirse, a exteriorizar sentimientos ocultos y conflictos latentes entre ellos. Los personajes, como en óperas bufas, son de lo más variopinto que uno encuentra en la juventud de hoy: un niño pijo, cuya madre incapaz de aceptar su autonomía lo sigue de cerca, y un joven magrebí de estética hip-hop se pelean por los amores de una joven feminista militante. También encontramos una joven de ciudad acostumbrada a todas las comodidades y que tiene que darse de bruces con la realidad rural, y otra joven preocupada por ella. Del lado del pueblo, una pareja de edad madura y regente de la posada, que no se entienden como matrimonio y su hijo deseoso de escapar de la monotonía del pueblo. Su lenguaje musical se inspira en el de la ópera bufa belcantista: melodías bellas y ágiles, preciosos interludios orquestales, como el que da inicio al acto segundo, y arias también bellas y de difícil tesitura, pasando factura esto último al elenco en algunos momentos. De hecho la enorme ambición de los números musicales, servidos por unos entregados y esforzados intérpretes, me hacía preguntarme cómo sonaría esto en boca de artistas que cantan habitualmente óperas de Rossini, Bellini y Donizetti en los grandes teatros italianos. 

El compositor se encontraba como director musical, y al piano estaba Teresa Cos, repertorista venezolana de gran experiencia, quien hizo un acompañamiento impecable. La puesta en escena, que incluía un pequeño vídeo de los jóvenes caminando con su equipaje a cuestas por la carretera antes de empezar, corre a cargo de Rita Moldao. Los números musicales de esta ópera se han cantado en italiano, pero los diálogos hablados lo han sido en español. Un elemento antiguo de la comedia musical, la interacción con el maestro y las alusiones a la producción, se han recuperado en los diálogos. 


En una ópera bufa con tantos personajes y marcado carácter coral, donde casi todos sus personajes son protagonistas y cada uno tiene su momento musical, en el que habla de sus sentimientos, y en una producción donde además los miembros de esta escuela musical han dado lo mejor de sí, es difícil hablar de quién lo hizo mejor y peor, porque todos están en plena evolución y pulimiento de sus instrumentos vocales. Dicho lo cual, me aventuro a decir que el personaje de Vittoria tiene la mejor música de la obra, con dos bombones musicales como la cavatina "O Ciel pietoso" en el primer acto, y el dúo con Giulia en el segundo, "Ho amato". La mezzosoprano Naara Prada los defendió maravillosamente. A propósito del segundo dúo, en el que Vittoria y Giulia descubren su amor oculto, se convierte en un tierno (y musicalmente más asequible) guiño alternativo a la comunidad LGTBIQ+, al que ofreció el Proyecto Zarza con Bohemios el pasado marzo con sus radicales y ojipláticos Bohemios. El rol de Giulia tiene la tarea de protagonizar el Finale ultimo, con una destacadísima y dificilísima intervención, con un guiño al cierre de Amina en la Sonnambula. La soprano Ana Rivero fue la encargada de defenderlo con todo el arrojo que le fue posible con su bonita voz, además transmitiendo como actriz el entusiasmo del personaje. El triángulo amoroso de Edoardo, Mirko y Marina fue interpretado por Alfredo Fauró, Francisco Granizo y Marina Rego respectivamente. Fauró en el rol de Edoardo tuvo que afrontar una dificilísima aria, Ah! Tradimento, en la que se esforzó. Granizo tuvo un aria preciosa en el segundo acto, en la que mostró su bella y potente voz de bajo barítono, que en un futuro esperamos desarolle una carrera a seguir. Rego transmitió el lado más divertido de su personaje, una joven feminista radical e independiente, en los números de conjunto que tiene. Muy divertidas las, primero rivales y luego amigas, Rosina y Filomena, interpretadas por Laura Miralles y por Águeda Velázquez, respectivamente. El personaje de Filomena, además cuenta con una preciosa aria, poco antes del final "Così te ne vai", que la mezzosoprano Velázquez cantó tiernamente. El marido de Filomena, Berto, fue interpretado por el barítono Javier Brandariz, convincente al adaptar su voz a la de un personaje típicamente paleto, rústico pero de buen corazón. Vocalmente me pareció mejor en los conjuntos, donde muestra un grave que se imponía a sus compañeros. Este grave lo mostró aún más en su aria, L'arancia è rotondaMáximo Caballero interpretó al joven Tino, su hijo, cuyo personaje tiene un aria que abre el segundo acto, tras una bella introducción instrumental. Transmitió la desesperación de su personaje por salir del pueblo.

No todos los días uno asiste a un estreno mundial, menos aún de un estilo hoy poco cultivado en la capital como el rossiniano (compositor poco programado en los últimos veinte años en Madrid), y menos aún en un espacio modesto como un centro cultural, que por sus dimensiones apuesta más por teatro hablado, danza o cine. Y por ello mismo, esta apuesta por la lírica, y el empeño de los partícipes de la producción ha hecho que la magia de lírica en vivo llegue al público (pese a la pésima educación de algunos -no todos- ancianos que hablaban incluso por el móvil) , al que el Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela les suele parecer prohibitivo.

Aquí puede verse la ópera completa.

Aquí se puede escuchar el dúo "Ho Amato" con orquesta.

Las fotografías y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.

lunes, 15 de junio de 2026

El nuevo aliado alemán de la lírica española: El Gato Montés en el Teatro de la Zarzuela.

 

Madrid, 14 de junio de 2026.

Noviembre de 2020. En un Madrid post-confinamiento, donde las mascarillas, los geles desinfectantes, la distancia social y los toques de queda son la nueva normalidad para la población; un director de escena alemán de fama internacional, Christof Loy, se encuentra dirigiendo la Rusalka de Dvorak en el Teatro Real de Madrid. Mientras tanto, la mayoría de grandes teatros de ópera estaban cerrados u ofreciendo streamings sin público. Era un milagro no solo que los teatros líricos españoles estuvieran abiertos, sino también que la capital española tuviera sus dos grandes coliseos musicales, el Real y la Zarzuela, ofreciendo funciones al público. En medio de ese panorama, el señor Loy asiste a una función de la clásica producción de La del Manojo de Rosas, de Sorozábal, en el teatro de la calle Jovellanos. El flechazo con nuestra lírica es inmediato. En 2024, Loy confirma en una entrevista a la revista Scherzo, que en la temporada 2025-2026 llevará a escena ¡tres! zarzuelas. Y así, al inicio de la presente temporada, y habiendo formado una compañía formada por cinco intérpretes españoles llamada Los Paladines, estrenó El Barberillo de Lavapiés en Basilea, con gran éxito, que luego recaló en Oviedo. Le siguió otra exitosa producción de Benamor en Viena, y en este mes de junio, una de las óperas españolas más importantes: El Gato Montés, de Manuel Penella, en el principal teatro de la lírica española: nuestro Teatro de la Zarzuela. 

Esta famosa ópera se estrenó en 1917 en España y en 1921 se estrenó en Broadway con la participación de Concha Piquer, pero conoció en los años noventa un pequeño renacimiento de la mano de Plácido Domingo, que la grabó en disco y la representó en Estados Unidos.  En 2012 y 2017, se vio en el Teatro de la Zarzuela, con la oscura producción de José Carlos Plaza. Ahora lo hace en la producción del señor Loy, conocido por sus trabajos de profundidad psicológica, en espacios tran grandes como minimalistas. 

Loy no renuncia a su estilo antes mencionado, pero quizá consciente de la peculiaridad de nuestra lírica y de su público, tampoco despoja a esta obra de su carácter español. De hecho, se puede reconocer la historia sin llevarla estudiada de casa, ya que la habitual sobriedad de la obra de Loy, centrada en las emociones, la psicología de los personajes, sus conflictos; se adapta al mundo de la trama sin recurrir a decorados costumbristas. Dada la juventud de los personajes, y de sus intérpretes, la dirección de actores trabaja sus reacciones, siendo muy intensas en el primer acto, con el rencor de Juanillo, los celos y el mal genio de Rafael y la preocupación constante de Soleá. No obstante, la representación se alarga hasta casi media hora más de lo que indica el programa de mano, debido a los cambios de escena, que transcurren en pausas largas, especialmente en la segunda parte, descentrando un poco al espectador de la tensión de la obra. 

El primer acto transcurre en un enorme y vacío salón, a cuya derecha hay un enorme portón que muestra un sencillo patio andaluz. El vestuario moderno, lleva a una época actual esta obra de la Sevilla decimonónica, pero su sobriedad no molesta, e incluso acentúa la sensación de estar  en la España profunda. Como una premonición de su trágico destino, Soleá viste un llamativo vestido rojo. La danza de los gitanos al son de la canción de la gitana hace un bello juego de sombras gracias a la iluminación. El segundo acto muestra una habitación sobria, pero elegante, con la iluminación recreando el atardecer. Rafael viste su traje de luces y Soleá lleva un precioso vestido verde. Ambos personajes juegan amorosamente durante el famoso dúo. El segundo cuadro de dicho acto muestra el interior de la plaza de toros, con una letrero indicando la enfermería, y en la otra esquina del escenario, una enorme capilla, en cuyo interior hay una virgen. Los encargados de la enfermería bailan graciosamente durante el famoso pasodoble. Como en la obra, Soleá y Frasquita se quedan encerradas en la capilla, intentando salir como les es posible, solo para ver a un agonizante Rafael. El tercer acto, muestra en su primer cuadro de nuevo un enorme salón, totalmente blanco y vació, con unas sillas en las que Frasquita, el sacerdote, y la criada velan a Soleá, quien yace al fondo en una cámara mortuoria, vestida de blanco y totalmente cubierta. La iluminación logra aquí otro logro, ya que al ponerse tenue, acentúa la sensación de duelo por el fallecimiento de la protagonista. El último cuadro no muestra la cueva de Juanillo, sino un escenario oscurecido, con niebla y unos pocos arbustos, pero es igualmente efectivo. 

José Miguel Pérez-Sierra, colaborador de Loy y director musical de su compañía Los Paladines, dirige a la Orquesta de la Comunidad de Madrid con su habitual agilidad, haciendo destacar especialmente a la cuerda, que brilló en los interludios orquestales. Lástima que al final de uno de ellos, un señor bostezó de manera ruidosa, entiendo que involuntariamente. Hay que hacer una especial mención al violonchelo en el tercer acto, que estuvo magnífico. El Coro del Teatro de la Zarzuela sonó genial, adaptándose bien a la dirección actoral de Loy.

Rodrigo Garull fue un varonil y vigoroso Rafael, el torero. Su voz se deja oír y tiene un timbre dramático interesante. A nivel actoral transmite lo temperamental del personaje. 

La soprano armenia Mané Galoyan cantó bien a Soleá, una voz joven y agradable, con buenos agudos e interpretación entregada, aunque estando uno sentado en una butaca donde no se podía ver los subtítulos, era a la que menos le entendía, pero esto no es su culpa. 

El barítono David Oller interpretó a Juanillo, el Gato Montés, y es también habitual colaborador del señor Loy y miembro de Los Paladines. La producción convierte a su personaje en un bandido desaliñado, atormentado, peligroso y vulnerable al mismo tiempo, debido a no poder estar con Soleá. Oller logra que a nivel actoral su interpretación sea muy convincente. A nivel vocal su voz tiene un timbre ligero, al que se le echa en falta más grave teniendo en cuenta el personaje, pero por otro lado esta circunstancia le beneficia en su creación del mismo; además de tener la dicción tan clara que cuando cantaba, los subtítulos no se echan en falta. 

Notables Carol García, con una deliciosa voz como la Gitana, la veterana María Rodríguez como Frasquita, la madre de Rafael, también Gerardo Bullón como un destacable Hormigón y Manel Esteve como un divertido padre Antón.

No podía dejar de preguntarme si pese al entusiasmo inicial por la aparición repentina de un nuevo embajador internacional de nuestra lírica, este resistiría el riguroso examen del público más purista, aquél que desea ver las zarzuelas y óperas españolas como las "imaginaron" los autores; y que lleva encadenando decepción tras decepción esta temporada. Pero a juzgar por los aplausos al final del público parece que no solo lo ha resistido sino que ha tenido un considerable éxito. Y eso a pesar de los constantes cuchicheos en las partes orquestales por parte del sector más maleducado del público, que se resiste a aceptar que ya no se habla en los interludios orquestales, como quizá en su época de juventud. Buen trabajo el de esta producción.


Las fotografías y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.

Las fotografías escénicas son propiedad del Teatro de la Zarzuela.

lunes, 1 de junio de 2026

Juliet and her Romeo: Nadine Sierra and Javier Camarena delight the Madrid audience with the Gounod's opera.



Madrid, May 30, 2026.

This season dedicated to William Shakespeare at the Teatro Real is reaching its conclusion, having offered, among other things, a delightful version of Benjamin Britten's A Midsummer Night's Dream last March, and Verdi's Otello in September. Now it's the turn of a classic opera, highly regarded by audiences and finely presented: Roméo et Juliette, by Charles Gounod, is coming to Madrid until mid-June. French opera has also provided examples of the fascination Shakespeare exerted: the main examples being this Gounod opera and Ambroise Thomas's Hamlet. The last time this opera was seen in the capital was in 2014 in a concert version with the legendary Roberto Alagna and Sonya Yoncheva, conducted by the legendary Michel Plasson. I almost went, but the opportunity didn't arise in the end, missing a unique chance to see the great French tenor in my city. However, I did have the opportunity to see this opera live once: in the spring of 2010, the much-missed Ópera Moncloa company performed it in the auditorium of the Complutense University's Faculty of Medicine, and later at the Moncloa Cultural Center. I don't recall being particularly impressed, except for the most famous aria, "Je veux vivre dans ce rêve," but I recognize that it is a charming work. And I have seen the great Juan Diego Flórez, a remarkable performer of this opera, singing the tenor aria "Ah, lève-toi soleil!" in several of his concerts. However, the Teatro Real didn't stage completely this opera since the 1910s!


Now it returns to the Teatro Real in a spectacular staging from the Paris Opera, directed by Thomas Jolly, dominated by an enormous and ever-present staircase, a replica of the one in the palatial Opéra Garnier in the French capital. It is also accompanied by a light show by Antoine Travert , which was booed on opening night because the flashing lights reflected off the upper levels of the theater for an extended period. It is claimed that this has been fixed. Another novelty is the choreography by Josepha Madoki , which employs the urban dance style known as waacking, creating a modern contrast to this classic story. The enormous, baroque staircase, crowned by a big gate at its top, is decorated with chandeliers. It is a revolving stage, and as mentioned before, it is present in every scene of the opera. The most intimate scenes, such as the wedding in Act III, the lovers' duet at the beginning of Act IV, and the tragic ending where Juliet lies and then the lovers fall to their deaths, take place in a boat located beneath the platform's pillars. The production has a classic feel, reinforced by Sylvette Dequest's costumes , for the first act. It then becomes more modern, but in no way jarring. As for the lighting, it becomes problematic in the festive first act, as the light show involves the entire auditorium. The lights in the third-tier boxes cast a swirling glow that circled the entire hall, and then the ball lights did the same. It wasn't exactly comfortable, despite its visual impact.

The beautiful music was conducted by Carlo Rizzi, leading the Orchestra of the Teatro Real . The maestro's conducting began a bit too loud, but gradually balanced out, achieving some beautiful orchestral introductions in Acts Two through Five. Even so, at times it overpowered the singers. The  Teatro Real Choir, under the direction of José Luis Basso, once again demonstrated its excellent level. This chorus is capable of transitioning from powerful vigor to soft, breathtaking pianissimos, as its male members successfully did (something they are known for). 


Two casts, including two Romeos and three Juliets, have been called for these performances. The first is the most anticipated, featuring two highly acclaimed artists, favorites both in the capital and aworldwide: American soprano Nadine Sierra and Mexican tenor Javier Camarena. Both singers have delighted Madrid audiences for years. Camarena, with performances in La Fille du Régiment, L'Elisir d'Amore, Lucia di Lammermoor, La Favorite, and I Puritani, has brought Madrid audiences to a state of ecstasy, requesting encores for the first three. Sierra enchanted Madrid with her successful 2022 production of La Sonnambula, and again in 2025 with a Traviata in which she sang an unforgettable third act, on both occasions alongside Xabier Anduaga. 

In this performance, Sierra once again stole the show, displaying her full vocal prowess from the very beginning. Her breathtaking high notes, her dazzling coloratura, her ability to sustain notes, and her capacity to be heard throughout the theater were already present in the famous aria "Je veux vivre dans ce rêve," but these qualities not only remained but improved as the opera progressed. The highlight of the performance was undoubtedly the great poison scene and aria in Act IV, where she was absolutely magnificent, and the ovation afterwards was so outstanding that I even thought they would ask for an encore. 

Camarena, for his part, improved throughout the performance. His rendition of the aria "Ah, lève-toi soleil" from the second act was gentle and very sensitive. From the third act onward, and specifically from the wedding scene, his voice reached its full potential, and the vigor he displayed from then on remained until the end of the performance. In the scene that closes the third act and ends with Tebaldo's death, his performance stood out for its dramatic intensity. He even finished with a powerful high note, which was unfortunately drowned out by the orchestra and chorus, but still perceivable. Another of the virtues of this voice is his ability to sing softly and exquisitely, as he did at the end of the second act. The chemistry with Sierra is evident, and thus in the duet of the fourth act, both acting and vocally, they conveyed a sweetly enamored couple. I would even say that in their scenes together, thanks to Sierra, Camarena shone.


As always, Roberto Tagliavini, the bass, is impressive as Frère Laurent, with his dark, fleshy and powerful voice, which conveys authority on stage.

In the rest of the large cast, we find the veteran Laurent Naouri as Capulet, Juliet's father, whose voice is quite worn, but still audible, and whose stage presence remains undiminished. The equally veteran Sonia Ganassi played the nurse Gertrude, also with a rather mature voice, though her lower register helps to portray the matronly nature of the character. Heloïse Mas stole the show in her brief scene thanks to her delightful rendition of Stephano's aria, sung with a deliciously rich voice. David Lagares also stood out with his imposing bass voice in his brief scenes as the Duke. Benjamin Appl and Maciej Kwaśnikowski were notable as Mercutio and Tybalt, respectively.


When an opera is well served, even with its flaws, enjoyment is always guaranteed. That was the feeling of the audience at the Teatro Real, which almost filled the hall, and confirmed Nadine Sierra as one of its favorite divas, rewarding her with a thunderous ovation. Performances continue until June 13, the last of which is to be telecasted to cultural centers, and on the MyOperaPlayer platform. I don't want to conclude my review without considering myself fortunate to have had the opportunity to see two stars, Camarena and Sierra, perform live at the height of their careers. This isn't the case with all major singers: Netrebko and Kaufmann have visited us in their later years. And we still await a full opera with Lise Davidsen, Jonathan Tetelman, or Benjamin Bernheim. So let's celebrate our fortune, then.


My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.

Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.

Any reproduction of my text requires my permission. 

Julieta y su Romeo: Nadine Sierra y Javier Camarena deleitan a Madrid con Gounod.


Madrid, 30 de mayo de 2026.

Esta temporada dedicada a William Shakespeare en el Teatro Real se acerca a su final, tras haber ofrecido, entre otras cosas, una encantadora versión de El Sueño de una Noche de Verano de Benjamin Britten el pasado marzo, y Otello en septiembre. Ahora es el turno de una ópera clásica, valorada por el público y presentada con los mejores mimbres: Romeo y Julieta, en la versión operística de Charles Gounod, viene a Madrid hasta mediados de junio. En la ópera francesa también se dieron ejemplos de la fascinación ejercida por Shakespeare: siendo los principales ejemplos esta ópera de Gounod, y el Hamlet de Ambroise Thomas. La última vez que esta ópera se vio en la capital, fue en 2014 en una versión en concierto con el mítico Roberto Alagna y Sonya Yoncheva, dirigidos por el mítico Michel Plasson. Un servidor a punto estuvo de ir, pero no se dio la oportunidad al final, dejando pasar una única oportunidad de ver al gran tenor francés en el regio escenario. Sin embargo, sí tuve oportunidad de ver esta ópera en vivo una vez: en la primavera de 2010, la añorada compañía Ópera Moncloa la interpretó en el auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, y posteriormente en el Centro Cultural Moncloa. No recuerdo que salvo el aria más famosa "Je veux vivre dans ce reve", me impresionara demasiado, pero reconozco que es una obra encantadora. Y he visto al gran Juan Diego Flórez, notable intérprete de esta obra, interpretar el aria Ah, lève-toi soleil! de tenor en varios de sus conciertos.

Ahora viene al Teatro Real en una espectacular producción procedente de la Ópera de París, dirigida por Thomas Jolly, presidida por una enorme y omnipresente escalera que es una réplica de la que hay en la palaciega Ópera Garnier, en la capital francesa. Además viene acompañada de un espectáculo de luces a cargo de Antoine Travert, la cual el día del estreno ha sido abucheada debido a que las luces destellantes impactaban en las zonas altas del teatro durante largo tiempo. Se asegura que se ha arreglado. Otra de las novedades es la coreografía de Josépha Madoki, que emplea la danza urbana llamada waacking, en un contraste moderno para esta historia clásica. La enorme y barroca escalinata, presidida por un portón en su nivel superior, está decorada con candelabros. Es un escenario giratorio, y como se ha mencionado antes, está presente en todas las escenas de la obra. Las escenas más íntimas, como la boda en el tercer acto, el dúo de los amantes en el inicio del cuarto, o el trágico final donde Julieta yace y luego los amantes caen muertos, tienen lugar en una barca situada debajo de los pilares de la plataforma. La producción tiene un regusto clásico, reforzado por el vestuario de Sylvette Dequest, para el primer acto. Luego se vuelve más moderno, pero en ningún caso resulta chocante. En cuanto a la iluminación, en el festivo primer acto se torna problemática, ya que el juego de luces involucra a la sala. Las luces de los palcos de la tercera planta emitieron un brillo que giraba por toda la sala, y luego las luces de bolas hicieron lo propio. No fue muy cómodo que digamos, pese a su impacto visual.


La bella música fue dirigida por Carlo Rizzi, al frente de la Orquesta del Teatro Real. La dirección del maestro empezó un poco subida de decibelios, pero se fue equilibrando hasta lograr unas bellas intervenciones en las introducciones orquestales de los actos segundo a quinto. Aun así, a veces llegó a sobrepasar a los cantantes. El Coro del Teatro Real, a cargo de José Luis Basso, volvió a mostrar su excelente nivel. Este coro es capaz de pasar del más potente vigor, a apianar logrando un efecto sobrecogedor, como lograron con éxito (algo habitual en ellos), sus integrantes masculinos. 

Dos repartos, incluyendo a dos Romeos y tres Julietas, han sido convocados para estas funciones. El primero de todos es el más esperado, pues cuenta con dos aclamadísimos artistas, favoritos en la capital y en el resto del mundo: la soprano estadounidense Nadine Sierra, y el tenor mexicano Javier Camarena. Ambos cantantes llevan años extasiando al público madrileño. Camarena con La Fille du  Régiment, L'Elisir d'Amore, Lucia di Lammermoor, La Favorite e I Puritani, ha llevado a los madrileños a tocar el cielo, bisando en las tres primeras. Y Sierra embrujó a los madrileños con aquella exitosa Sonnambula de 2022, y en 2025 con una Traviata en la que cantó un tercer acto de antología, en ambas ocasiones junto a Xabier Anduaga. 

En esta función, fue Sierra quien se llevó todo el protagonismo una vez más, mostrándose en plenitud de medios desde el inicio de la función. Sus agudos impresionantes, su pirotécnica coloratura, su facilidad para mantener notas, de hacerse oír en todo el teatro, estaban ya presentes en la famosa aria ""Je veux vivre dans ce rêve", pero que no solo se mantuvieron, sino que mejoraron aún más a medida que avanzaba la obra. El momento estrella de la función fue sin duda la gran escena y aria del veneno en el acto cuarto, donde estuvo pletórica, y la ovación tras acabarla fue tan grande que incluso pensé que pedirían un bis. 

Camarena, por su parte, fue de menos a más a lo largo de la función. Su interpretación del aria "Ah, lève-toi soleil" del segundo acto fue suave, muy sensible. A partir del tercer acto, y desde la escena de la boda, la voz alcanzó su plenitud, y el vigor que mostró desde entonces se mantendría hasta el final de la función. En la escena que cierra el tercer acto y que termina con la muerte de Tebaldo, la interpretación destacó por su dramatismo. Incluso terminó con un potente agudo, que desgraciadamente fue tapado por la orquesta y el coro. Otra de las virtudes que tiene esta voz es su capacidad de cantar en piano, de forma exquisita, como hizo al final del segundo acto. La química con Sierra es evidente, y así en el dúo del acto cuarto, a nivel actoral como vocal, ambos transmitieron a una pareja dulcemente enamorada. Incluso diría que gracias a Sierra, Camarena también brilló.

Impresionante como siempre el bajo Roberto Tagliavini como Frère Laurent, el sacerdote, con su oscura, carnosa y potente voz, que transmite autoridad en escena.

En el resto del largo elenco, podemos encontrar al veterano Laurent Naouri como Capulet, el padre de Julieta, quien tiene la voz ya muy gastada, pero aún se deja oír, y su entrega escénica sigue intacta. La también veterana Sonia Ganassi interpretó a la nodriza Gertrude, también con la voz ya bastante madura, aunque sus graves ayudan a retratar lo matronil del personaje. Heloïse Mas se robó la breve escena en la que aparece gracias a la divertida aria de Stephano, su personaje, interpretado con una voz deliciosamente carnosa. David Lagares también destacó con su imponente voz de bajo en sus breves escenas como el Duque. Notables Benjamin Appl y Maciej Kwaśnikowski como Mercucio y Tebaldo.



Cuando una ópera está bien presentada, aun con sus más y sus menos, el disfrute está siempre garantizado. Esa fue la sensación del público del Real, que llenó prácticamente la sala, y que confirmó a Nadine Sierra como una de sus divas favoritas, premiándola con una fortísima ovación. Hasta el 13 de junio hay funciones, siendo la última de ellas televisada a centros culturales y por MyOperaPlayer. No quiero cerrar mi crónica sin considerarme afortunado al tener la oportunidad de ver actuar en vivo a dos estrellas Camarena y Sierra, en la plenitud de sus carreras. No ocurre con todos los cantantes: Netrebko y Kaufmann nos han visitado en su madurez. Y aún esperamos una ópera completa con Lise Davidsen, Jonathan Tetelman o Benjamin Bernheim. Una suerte, pues.


Las fotografías y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.

Las fotografías escénicas son propiedad del Teatro Real.