lunes, 1 de junio de 2026
Juliet and her Romeo: Nadine Sierra and Javier Camarena delight the Madrid audience with the Gounod's opera.
Julieta y su Romeo: Nadine Sierra y Javier Camarena deleitan a Madrid con Gounod.
Madrid, 30 de mayo de 2026.
Esta temporada dedicada a William Shakespeare en el Teatro Real se acerca a su final, tras haber ofrecido, entre otras cosas, una encantadora versión de El Sueño de una Noche de Verano de Benjamin Britten el pasado marzo, y Otello en septiembre. Ahora es el turno de una ópera clásica, valorada por el público y presentada con los mejores mimbres: Romeo y Julieta, en la versión operística de Charles Gounod, viene a Madrid hasta mediados de junio. En la ópera francesa también se dieron ejemplos de la fascinación ejercida por Shakespeare: siendo los principales ejemplos esta ópera de Gounod, y el Hamlet de Ambroise Thomas. La última vez que esta ópera se vio en la capital, fue en 2014 en una versión en concierto con el mítico Roberto Alagna y su esposa Aleksandra Kurzak, dirigidos por el mítico Michel Plasson. Un servidor a punto estuvo de ir, pero no se dio la oportunidad al final, dejando pasar una única oportunidad de ver al gran tenor francés en el regio escenario. Sin embargo, sí tuve oportunidad de ver esta ópera en vivo una vez: en la primavera de 2010, la añorada compañía Ópera Moncloa la interpretó en el auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, y posteriormente en el Centro Cultural Moncloa. No recuerdo que salvo el aria más famosa "Je veux vivre dans ce reve", me impresionara demasiado, pero reconozco que es una obra encantadora. Y he visto al gran Juan Diego Flórez, notable intérprete de esta obra, interpretar el aria Ah, lève-toi soleil! de tenor en varios de sus conciertos.
Ahora viene al Teatro Real en una espectacular producción procedente de la Ópera de París, dirigida por Thomas Jolly, presidida por una enorme y omnipresente escalera que es una réplica de la que hay en la palaciega Ópera Garnier, en la capital francesa. Además viene acompañada de un espectáculo de luces a cargo de Antoine Travert, la cual el día del estreno ha sido abucheada debido a que las luces destellantes impactaban en las zonas altas del teatro durante largo tiempo. Se asegura que se ha arreglado. Otra de las novedades es la coreografía de Josépha Madoki, que emplea la danza urbana llamada waacking, en un contraste moderno para esta historia clásica. La enorme y barroca escalinata, presidida por un portón en su nivel superior, está decorada con candelabros. Es un escenario giratorio, y como se ha mencionado antes, está presente en todas las escenas de la obra. Las escenas más íntimas, como la boda en el tercer acto, el dúo de los amantes en el inicio del cuarto, o el trágico final donde Julieta yace y luego los amantes caen muertos, tienen lugar en una barca situada debajo de los pilares de la plataforma. La producción tiene un regusto clásico, reforzado por el vestuario de Sylvette Dequest, para el primer acto. Luego se vuelve más moderno, pero en ningún caso resulta chocante. En cuanto a la iluminación, en el festivo primer acto se torna problemática, ya que el juego de luces involucra a la sala. Las luces de los palcos de la tercera planta emitieron un brillo que giraba por toda la sala, y luego las luces de bolas hicieron lo propio. No fue muy cómodo que digamos, pese a su impacto visual.
La bella música fue dirigida por Carlo Rizzi, al frente de la Orquesta del Teatro Real. La dirección del maestro empezó un poco subida de decibelios, pero se fue equilibrando hasta lograr unas bellas intervenciones en las introducciones orquestales de los actos segundo a quinto. Aun así, a veces llegó a sobrepasar a los cantantes. El Coro del Teatro Real, a cargo de José Luis Basso, volvió a mostrar su excelente nivel. Este coro es capaz de pasar del más potente vigor, a apianar logrando un efecto sobrecogedor, como lograron con éxito (algo habitual en ellos), sus integrantes masculinos.
Dos repartos, incluyendo a dos Romeos y tres Julietas, han sido convocados para estas funciones. El primero de todos es el más esperado, pues cuenta con dos aclamadísimos artistas, favoritos en la capital y en el resto del mundo: la soprano estadounidense Nadine Sierra, y el tenor mexicano Javier Camarena. Ambos cantantes llevan años extasiando al público madrileño. Camarena con La Fille du Régiment, L'Elisir d'Amore, Lucia di Lammermoor, La Favorite e I Puritani, ha llevado a los madrileños a tocar el cielo, bisando en las tres primeras. Y Sierra embrujó a los madrileños con aquella exitosa Sonnambula de 2022, y en 2025 con una Traviata en la que cantó un tercer acto de antología, en ambas ocasiones junto a Xabier Anduaga.
En esta función, fue Sierra quien se llevó todo el protagonismo una vez más, mostrándose en plenitud de medios desde el inicio de la función. Sus agudos impresionantes, su pirotécnica coloratura, su facilidad para mantener notas, de hacerse oír en todo el teatro, estaban ya presentes en la famosa aria ""Je veux vivre dans ce rêve", pero que no solo se mantuvieron, sino que mejoraron aún más a medida que avanzaba la obra. El momento estrella de la función fue sin duda la gran escena y aria del veneno en el acto cuarto, donde estuvo pletórica, y la ovación tras acabarla fue tan grande que incluso pensé que pedirían un bis.
Camarena, por su parte, fue de menos a más a lo largo de la función. Su interpretación del aria "Ah, lève-toi soleil" del segundo acto fue suave, muy sensible. A partir del tercer acto, y desde la escena de la boda, la voz alcanzó su plenitud, y el vigor que mostró desde entonces se mantendría hasta el final de la función. En la escena que cierra el tercer acto y que termina con la muerte de Tebaldo, la interpretación destacó por su dramatismo. Incluso terminó con un potente agudo, que desgraciadamente fue tapado por la orquesta y el coro. Otra de las virtudes que tiene esta voz es su capacidad de cantar en piano, de forma exquisita, como hizo al final del segundo acto. La química con Sierra es evidente, y así en el dúo del acto cuarto, a nivel actoral como vocal, ambos transmitieron a una pareja dulcemente enamorada. Incluso diría que gracias a Sierra, Camarena también brilló.
Impresionante como siempre el bajo Roberto Tagliavini como Frère Laurent, el sacerdote, con su oscura, carnosa y potente voz, que transmite autoridad en escena.
En el resto del largo elenco, podemos encontrar al veterano Laurent Naouri como Capulet, el padre de Julieta, quien tiene la voz ya muy gastada, pero aún se deja oír, y su entrega escénica sigue intacta. La también veterana Sonia Ganassi interpretó a la nodriza Gertrude, también con la voz ya bastante madura, aunque sus graves ayudan a retratar lo matronil del personaje. Heloïse Mas se robó la breve escena en la que aparece gracias a la divertida aria de Stephano, su personaje, interpretado con una voz deliciosamente carnosa. David Lagares también destacó con su imponente voz de bajo en sus breves escenas como el Duque. Notables Benjamin Appl y Maciej Kwaśnikowski como Mercucio y Tebaldo.
Cuando una ópera está bien presentada, aun con sus más y sus menos, el disfrute está siempre garantizado. Esa fue la sensación del público del Real, que llenó prácticamente la sala, y que confirmó a Nadine Sierra como una de sus divas favoritas, premiándola con una fortísima ovación. Hasta el 13 de junio hay funciones, siendo la última de ellas televisada a centros culturales y por MyOperaPlayer. No quiero cerrar mi crónica sin considerarme afortunado al tener la oportunidad de ver actuar en vivo a dos estrellas Camarena y Sierra, en la plenitud de sus carreras. No ocurre con todos los cantantes: Netrebko y Kaufmann nos han visitado en su madurez. Y aún esperamos una ópera completa con Lise Davidsen, Jonathan Tetelman o Benjamin Bernheim. Una suerte, pues.
Las fotografías escénicas son propiedad del Teatro Real.





