Madrid, 3 de septiembre de 2026.
Cada año, al terminar la temporada correspondiente del Festival de Bayreuth, su coro y su orquesta, formados con los mejores músicos de Alemania y Austria, se disuelven para que sus miembros vuelvan a sus formaciones de origen. Sus producciones tampoco suelen verse en otros teatros. Forma parte de la magia de la colina verde, el que su excelencia artística se limite entre las cuatro paredes del teatro ideado por Richard Wagner, y que gente de todo el mundo vaya año tras año a experimentarlo allí. Dadas esas circunstancias, una gira de la temporal compañía del festival podría parecer imposible. Sin embargo, ha habido ocasiones en que ello ha ocurrido. Y de esas ocasiones excepcionales, dos han tenido lugar en España.
En abril de 1955, las producciones de Parsifal, Tristán e Isolda y La Valquiria del Festival de Bayreuth y dirigidas por el nieto del maestro, Wieland Wagner, visitaron el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, la capital wagneriana de nuestro país. Junto a ellas, participaron el mítico director de orquesta Joseph Keilberth (quien dirigió a la Orquesta Sinfónica de Bamberg, al no haber aún orquesta del festival en abril), el Coro del Festival dirigido por Wilhelm Pitz, y los no menos míticos artistas habituales del festival como Hans Hotter, Ramón Vinay, Martha Mödl, Ludwig Weber, Wolfgang Windgassen, Gustav Neidlinger, Gerhard Stolze, Hermann Uhde, Georgine von Milinkovic, y Gré Brouwenstijn, además de los excelentes secundarios. Cincuenta y siete años después, en septiembre de 2012, la orquesta, el coro y los elencos completos del festival de ese año, volvieron al mismo coliseo barcelonés, para interpretar El Holandés Errante, Tristán e Isolda y Lohengrin en versión concierto.
Si algo se le debe reconocer a la directora artística del festival y bisnieta del compositor, Katharina Wagner, es el intentar que la institución entre en el siglo XXI. Y entre esas reformas está, el sacar a la orquesta de gira a otras ciudades, con más frecuencia que antes. En 2021, la orquesta estuvo de gira en París, Colonia y Riga; y en los últimos años en Grafenegg, Austria. Doña Katharina ha manifestado en alguna ocasión su admiración por España: aquí escenificó Tannhäuser y Lohengrin. A finales de 2025, los wagnerianos españoles nos encontramos con una gran sorpresa: con motivo de su 150 aniversario, la Orquesta del Festival de Bayreuth haría una gira por cinco ciudades españolas: Barcelona, Santander, Sevilla, Madrid y Valencia, para interpretar una selección de El Anillo del Nibelungo una vez terminado el festival. Para el recuerdo, la fotografía de la señora Wagner y los directores artísticos de esos cinco teatros, en el castillo de Peralada.
Como no podía ser de otro modo, el Teatro Real ha albergado el concierto madrileño, fechado para el 3 de septiembre. Por primera, y esperamos que no única vez, la orquesta del festival visita la capital. Aunque, no fue el primer intento: en 1899, el empresario del teatro de entonces, el mítico Luis París, intentó traer al Festival al Real para interpretar seis ciclos del Anillo, lo que habría convertido a Madrid en la primera ciudad fuera de Bayreuth en representarlo completo y además en lengua alemana, algo raro en una época donde en España todas las óperas se cantaban en italiano. Sin saber si se lograría, la prensa se hizo eco de esta empresa, y hasta abonos sin entrada se vendieron. Wagner estaba de moda en los más refinados círculos intelectuales de la ciudad y se pensó que podría ser posible. Pero la falta de liquidez del Real y la falta de entendimiento con los agentes artísticos alemanes, dieron con el intento al traste.
Con las entradas agotadas desde hace meses (salieron a la venta en noviembre del año pasado), el evento era una cita ineludible, para wagnerianos y operófilos de la ciudad. Como ya se ha dicho antes, el programa ha constado de los fragmentos más célebres de la tetralogía. Para toda la gira, la orquesta cuenta con la dirección orquestal de Pablo Heras-Casado, habitual del repertorio wagneriano en el Real (habiéndonos dirigido el Anillo, el Holandés Errante y Los Maestros Cantores), y muy valorado en Bayreuth desde que dirigiera con éxito la producción de Parsifal que allí se ha visto entre 2023 y 2026. En 2028, Heras-Casado dirigirá la nueva producción del Anillo en el festival. Tres cantantes, muy conocidos y aplaudidos en la colina verde, interpretan algunos de los fragmentos: el tenor Klaus Florian Vogt, la soprano Catherine Foster, y el bajo-barítono Nicholas Brownlee. El programa ha sido el siguiente:
El Oro del Rin:
Entrada de los dioses al Walhalla, con el aria «Abendlich strahlt der Sonne Auge», cantado por Nicholas Brownlee.
La Valquiria:
«Ein Schwert verhieß mir der Vater», cantado por Klaus Florian Vogt.
«Leb’ wohl du kühnes herrliches Kind!», cantado por Nicholas Brownlee.
Sigfrido:
Los Murmullos del Bosque, orquestal.
«Ewig war ich…» y resto del dúo final, cantado por Catherine Foster y Klaus Florian Vogt.
El Ocaso de los dioses:
Amanecer y viaje de Siegfried por el Rin, orquestal
«Brünnhilde, heilige Braut!», cantado por Klaus Florian Vogt, y Marcha Fúnebre
«Starke Scheite schichtet mir dort…», cantado por Catherine Foster.
Bis: La Cabalgata de las Valquirias, orquestal, de La Valquiria.
Tras dejar en la calle un sol abrasador, la sala del Teatro Real recibía al espectador con los atriles vacíos, con el decorado de versión concierto iluminado con una luz cálida de tonos dorados. Al apagarse las luces, algo cada vez más común en las versiones de concierto, entraron los músicos de la orquesta, recibidos con un fuerte aplauso, y a continuación, el maestro Heras-Casado dio inicio al concierto.
Las expectativas con el concierto eran altas no solo por la singularidad del evento, sino porque esta es la mejor orquesta posible para Wagner, y acostumbrados los que no solemos viajar por razones líricas, a ver a este compositor interpretado por competentes orquestas nacionales, por fin podíamos ver esta excelencia en vivo, sin tener que viajar a Bayreuth. Ya solo por la calidad de sus instrumentos, y el desempeño de sus músicos, dichas expectativas estaban más que cumplidas. Sin embargo, en mi asiento en la séptima planta, no llega el sonido como en zonas más bajas. De hecho, cuando tuve la oportunidad de cambiar de asiento a la tribuna en la cuarta planta, la diferencia fue brutal.
La orquesta empezó con el final de el Oro del Rin, con las cuerdas iniciando la pieza con un sonido en piano, siendo respondidas por el poderosísimo metal, que interpretaba la invocación de Donner. El viento en general, es espectacular, así como la percusión. Las cuerdas dieron cuenta de su poderoso trémolo en la primera intervención del tenor. Durante los largos adioses de Wotan, las cuerdas sonaron melancólicas, íntimas, y el metal impactante como siempre. Sin embargo, en la música del fuego mágico que cierra la pieza, hay que destacar el excelente glockenspiel. Me arriesgo a decir que el mejor momento orquestal de la primera parte fueron los murmullos del bosque de Sigfrido. Las cuerdas empezaron como un susurro, ideal para esta música tan descriptiva. Aquí el lucimiento fue para la madera, tanto clarinetes como flautas fueron excelentes, y de nuevo el glockenspiel volvió a sonar maravillosamente, así como las cálidas trompas.
La segunda parte fue la que más disfruté debido a que el sonido llegaba mejor a la zona donde me había cambiado. Y fue aquí, donde por fin pude apreciar, saborear esa sonoridad tan espectacular, tan superior a lo que habitualmente escuchamos, y que era tal y como lo recordaba cuando estuve en el Festspielhaus hace dos años, viendo Tannhäuser. Esta parte estaba dedicada a El Ocaso de los Dioses. Los violonchelos en el inicio de la primera pieza sonaron aterciopelados, y la orquesta fue creciendo hasta dar una lectura juguetona, del viaje de Sigfrido por el Rin. A nivel orquestal, lo mejor estaría por llegar. Porque la interpretación de la Marcha Fúnebre fue quizá el mejor momento del concierto, la orquesta atacando con unos tutti que se metían en los huesos del espectador. Fue una interpretación memorable debido a su impactante percusión, junto al poderoso metal, precedido por unas cuerdas intensas, las cuales brillaron intensamente durante la muerte de Sigfrido, el número previo. La Inmolación de Brunilda fue también poderosa. Aun así, el segundo mejor momento de la noche vino con la única propina: la cabalgata de las valquirias, con una interpretación elecrizante de todos y cada uno de sus miembros, ovacionados con fuerza al terminar la pieza.
En cuanto a los tres solistas, hubo un claro vencedor: el bajo-barítono estadounidense Nicholas Brownlee, a quien esta gira le está reportando un triunfo personal. Su poderosa voz, que se deja oír en toda la sala, debido a su generoso volumen, superó incluso a la potente orquesta. Es una voz en su mejor momento, con un grave estupendo, unos agudos poderosos como en "so grüss ich die burg" en el final del Oro del Rin, o en las famosas palabras finales los famosos adioses en La Valquiria, y una entonación por momentos dramática, como en "der freier als ich der gott" poco antes en la misma pieza. Brownlee ha debutado el rol hace unos pocos años, y no queda duda, es el Wotan de nuestros días.
Klaus Florian Vogt, el indispensable lírico tenor del Bayreuth actual, ha tenido tres intervenciones. La primera es la potente aria "Ein schwert verhiess mir der Vater", de La Valquiria, en la que descubre la espada Nothung. Este tenor tiene una voz peculiar, con un bello timbre lírico, aunque ligero para los roles de heldentenor que canta habitualmente, sin tener esa tesitura. En vivo su voz tiene un caudal generoso, y trata de representar todos los matices que puede, dentro de lo que le permite su instrumento. Aun así, en roles como Siegmund o Siegfried, el señor Vogt da una de cal y otra de arena, porque momentos notables se alternan con otros en los que la voz suena floja. En su primera intervención le pasó, porque tras unos esforzados "Wälse, Wälse", le siguió un flojo "Wo ist dein schwert?", que dejó claro este contraste. Más juvenil y más lírico sonó en el dúo con Brunilda, especialmente con unos notables (porque me sigue faltando intensidad) "Sei mein, sei mein". Sin embargo, mejoró su intervención en la muerte de Sigfrido en la segunda parte, con una interpretación más dramática y entregada, en una aproximación más lírica de este número.
Como anécdota, las versiones de concierto muestran cada vez más ademanes de representación por parte de los solistas. Así, en el dúo de amor de Sigfrido y Brunilda, los cantantes se movían, se miraban. se abrazaban como si fuera en una función. En la muerte de Sigfrido, fue lo mismo, pero empezó de una forma que me pareció divertida: cuando la orquesta empieza atacando, y dado que representa el ataque de Hagen con su lanza a Sigfrido por la espalda, el señor Vogt lo interpretó igualmente. Y así, visto desde arriba, parecía que al pobre le había dado un repentino ataque de lumbalgia, antes de caer al suelo y representar su número.
Entre 2013 y 2025, Catherine Foster ha sido la Brunilda principal en el Festival de Bayreuth, con su voz más bien lírica (como su antecesora en Bayreuth, la también británica Anne Evans, hace más de treinta años), con un profundo conocimiento del personaje y una gran entrega. Sin embargo, aunque aún tiene esas cualidades, la voz ya presenta signos de cansancio. En su famosa aria "Ewig war ich" y en el siguiente dúo con Sigfrido, la voz por momentos parecía zozobrar, así como los agudos suenan ahora un poco más gritados. Sin embargo, en su gran momento, la Inmolación de Brunilda, estuvo mucho mejor. Su timbre lírico y su centro sonaron muy bien, y además supo transmitir el lado solemne, así como el introspectivo, de su largo monólogo. Incluso los agudos en la parte final del mismo fueron mejores.
La gira está siendo un éxito rotundo en todas sus paradas: el entusiasmo del público se une al de las críticas entusiastas de la prensa, de estos ya históricos conciertos; especialmente para la orquesta y para Brownlee. Así ha sido en Barcelona y Santander. En Sevilla habría sucedido lo mismo, de no haber sido porque un apagón en la zona del teatro, obligó a suspender el concierto a la mitad. Y en la capital no ha sido diferente de las dos primeras ciudades: después de cada número, y muy especialmente tras los adioses de Wotan, el dúo de Brunilda y Sigfrido, y la propina final, las ovaciones fueron atronadoras. Aun así, no deja de sorprenderme el hecho de que, aun colgando el cartel de no hay entradas desde hace tiempo, en la segunda mitad podían verse numerosos asientos vacíos en el patio de butacas y en la primera planta, todo un contraste con la tribuna y el paraíso, que estaban a rebosar.
Ya solo queda el concierto en Valencia, pero todos los que hemos asistido a estos conciertos, los recordaremos para siempre. Aun con sus altibajos, porque en la primera parte por momentos tenía sensación de estar frente a un bolo de lujo, pero en la segunda fue un éxtasis total. Ojalá volvieran a deleitarnos, aunque no será ni a medio plazo. Escuchar ese nivel orquestal, el mejor para Wagner, es todo un regalo; que además confirma a España en un lugar importante en el mapa wagneriano mundial.
Las fotografías escénicas son propiedad del Teatro Real.




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