lunes, 23 de marzo de 2026

El bosque del amor: El Sueño de una noche de verano de Britten en el Real.

 

Madrid, 22 de marzo de 2026.

El Teatro Real, en los últimos doce años, ha ofrecido al público madrileño un ciclo de óperas de Benjamin Britten, que tal y como hiciera dos décadas atrás el ciclo dedicado a las óperas de León Janaček bajo la dirección de Antonio Moral, se está saldando con un importante éxito de crítica, y también de público. Cuando los talentos de la directora de escena Deborah Warner, y del director de orquesta Ivor Bolton, titular del Real hasta la temporada pasada, se han unido, el éxito ha sido aún mayor. En 2017 ofrecieron una producción de Billy Budd que ya es referencia de la discografía de esa ópera. En 2021, nos trajeron una impactante producción de Peter Grimes que nos recordaba al cine más social de Ken Loach. Ahora, y deseando que no sea una despedida, ambos artistas británicos vuelven una vez más, en una temporada dedicada a Shakespeare, con El Sueño de una Noche de Verano, de la que Britten hizo una ópera estrenada en 1960. Ya en 2006 esta ópera shakespeariana se vio en el mismo Real, con una producción de Pier Luigi Pizzi con Ion Marin a la batuta.

La obra de William Shakespeare lleva 400 años fascinando a Occidente. Y en la ópera tenemos ejemplos, el principal en Verdi quien compuso Macbeth, Otello y Falstaff, tres obras maestras. Rossini también tuvo su Otello. Wagner basó en Medida por medida su ópera La Prohibición de Amar, y Ambroise Thomas compuso su famosa ópera Hamlet, aunque no es tan representada hoy como antes. La mágica, cómica y no tan cómica El sueño de una noche de verano no se escapa a esta fiebre. Felix Mendelssohn hizo la adaptación musical más famosa, aunque fuera música incidental para una representación teatral de la obra. El no menos famoso Carl Orff hizo su propia adaptación para teatro, pero es principalmente conocida por algo innoble: su música sustituyó a la clásica de Mendelssohn, ya que estaba prohibido por ser judío, por la tiranía nazi. De hecho no se escucha fuera de Alemania, y es una rareza en el propio país teutón. En terrenos más líricos, Henry Purcell hizo una semiópera, The Fairy Queen, basada en esta obra, y que se vio en el Real hace poco. En 1960, como se ha dicho antes, Benjamin Britten hizo su propia ópera de la obra, que se ha convertido en la principal ópera sobre esta historia. Aun así, no es la más popular ni celebrada del compositor británico. La música de las hadas es de especial belleza, al nivel de su mejor música. Pero la parte de los amantes no siempre está al mismo nivel, y la comedia de Píramo y Tisbe funciona mejor en un teatro que en casa, donde se haría larga en una escucha. 

La producción de Deborah Warner ha resultado ser un éxito. La magia de la noche y del bosque se consiguen con poco decorado y sí un buen movimiento de actores, cantantes y bailarines, así como la iluminación. 

Nada más entrar al teatro, hay un telón azul con una lluvia de estrellas blancas, debajo del cual salen los niños hadas. Cuando éste se levanta, en el escenario se ve una plataforma enorme que es un cuadrado con suelo brillante; que en el tercer acto se desdobla abriéndose hacia arriba y mostrando un interior de madera, que será el escenario de la obra Píramo y Tisbe. Al igual que en sus otras producciones, Warner incluye aquí a bailarines que se elevan y deslizan con arneses de vuelo y columpios respectivamente, siendo este el caso de Puck y de otros bailarines hadas. A un lado del cuadrado hay un cesped con de color negruzco, y arriba un arbusto colgando. El escenario estaba iluminado con unos sugerentes color azul marino y negro, no muy brillante para dar la sensación de nocturnidad, lo que se logró con éxito.  El vestuario de Luis Filipe Carvalho mostró a las hadas, tanto niños cantantes y actores, como a los bailarines, con tutús que se iluminaban, en un efecto mágico. El lecho de Titania y Bottom es una enorme hamaca con pétalos de rosas. El vestuario es moderno, porque en la parte de los humanos, los actores de la obra están vestidos de obreros modernos con casco y chaleco de color fósforo, y los atenienses y Teseo e Hipólita (con una corona que la hace recordar a la Reina Camila de Inglaterra) van con elegantes trajes de noche. El hecho de que los amantes masculinos se queden sin camiseta transmite el erotismo de la obra. La dirección de actores es buena, ya que la escena de la obra de teatro es desternillante.

Ivor Bolton vuelve al Teatro Real ya como exdirector musical titular. Sin embargo, y como siempre con Britten, su trabajo al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real ha sido notable, con los tempi adecuados (quizá a veces tendentes a lo lento)  y sacando de la misma un sonido que transmite el ambiente mágico de la historia y de la partitura. Las cuerdas que dan inicio a la obra, con el misterioso sonido de los contrabajos, sonaron contundentes desde el mismo inicio. Y mantuvieron su gran nivel en el bello final del segundo acto y en el inicio del tercero, por citar algunos grandes momentos. El resto de secciones estuvo igual de bien. Divertido y entrañable el coro infantil, aunque algunas voces se hacían oír más que otras.

El reparto de esta obra es bastante largo, pero además es coral. Aunque se pueda destacar la labor musical de algunos más que otros, no es obra para divos (aunque Ileana Cotrubas hizo el rol de Titania). El contratenor Iestyn Davies interpretó solventemente a Oberon, y la voz se dejaba oír. Liv Redpath tiene una bella voz para Titania, que tiene además una importante escena con coloratura en el segundo acto. Sin duda el más destacado de la noche fue el Bottom del bajo Clive Bayley, quien sustituía a Simon Keenlyside. Bayley tiene una voz bonita, con su contundente timbre, que además tiene volumen considerable. Pero lo que más destacó fue su interpretación cómica del personaje, dándole un toque grotesco y divertido que no me habría casado con un gentleman como Keenlyside. Del resto del elenco, que estuvo igualmente entregado, destacan Jacques Imbrailo como Demetrio y Thomas Oliemans como Teseo y Christine Rice como Hipólita, quien también cantó en la producción de 2006. El personaje de Puck fue interpretado por el actor inglés Daniel Abelson, y por el bailarín Juan Leiba, que se pasó media función suspendido en el aire.

Mientras Oberon cantaba su bella aria "Welcome Wanderer", hubo un tumulto en paraíso. Al parecer alguien tuvo un ataque de ansiedad, tos, corazón o lo que sea, con lo que empezó a montarse un ruido bastante audible en las zonas altas. Oí perfectamente a otra mujer decir "tosa, tosa" y mucha gente pararse para facilitar el paso al acomodador y dejar salir así al pobre enfermo. Tuve ganas de gritar que parasen la música un momento porque hay alguien en apuros. Pero el problema se solucionó rápidamente sin que hubiera que detener nada. 



Aunque no fuera la más popular ópera de Britten, y tenga sus más y sus menos, a algunos con los que estuve hablando les gustó. Me alegra poder haberle dado una oportunidad a esta obra, ya que hace veinte años, siendo además mi primer Britten en vi o, me aburrió bastante. Años más tarde, uno ya ha visto unos cuantos Brittens para confirmarse que es uno de los grandes operistas del siglo XX y que gusta a crítica como a público.  Y ayer en lo personal he disfrutado.


 Las fotografías escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

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