lunes, 2 de marzo de 2026

Bohemies: la rompedora versión queer de los Bohemios de Vives por el Proyecto Zarza.

 

Madrid, 1 de marzo de 2026.

El Proyecto Zarza ha cumplido diez ediciones de éxito. El tomar obras del género chico y la revista, ambientarlas en época actual y poner al frente de ellas a jóvenes músicos de orquesta y actores de teatro musical (aunque hay cada vez más cantantes líricos) menores de 30 años se ha consolidado en las temporadas del Teatro de la Zarzuela. Lo ha hecho llenando el aforo en todas sus funciones, tanto en las destinadas a colegios, como en las funciones abiertas al público, pese a la controversia abierta entre los aficionados de toda la vida, durante estos nueve años. Ha habido ediciones muy polémicas, como aquella Verbena de la Paloma dirigida por Pablo Messiez que se ambientaba en un instituto de barrio, y que a un aficionado hecho y derecho como yo, lo arrastró definitivamente a explorar lo mejor de nuestro género en este teatro. Otras hechas a base de números de varios autores, dentro de una excelente dramaturgia, como Amores en Zarza, la mejor producción de este proyecto, que sigue sin ser superada en su originalidad, y otras no tan exitosas en torno a un solo autor, como Yo te querré.  

A juzgar por la respuesta del público asistente y del empeño de los jóvenes artistas que se implican las producciones, éstas siempre son de lo más esperado de cada temporada, yendo de éxito tras éxito. Sin embargo, uno puede llegar a sentirse dividido. Por un lado, si a los niños y adolescentes que van a estas funciones les gustan, como parece, ¿pensarán que la zarzuela es así? ¿qué pasará si algunos de ellos profundizan en el género y descubren que solo han estado en una adaptación? Por otro, el empeño antes mencionado de los intérpretes hace que siempre se salga del teatro con una sensación de disfrute, aunque el conflicto entre la actualidad del género chico y el hecho de que las obras originalmente no son así, sino que en muchos casos lo que se acaba de ver son adaptaciones o incluso nuevas dramaturgias con la música original, está presente. Y como en inglés se diría, last but not least, estas producciones terminan por suponer una oportunidad casi única de ver estas obras en vivo, en el escenario del principal teatro del mundo destinado a la zarzuela.

Este año, es el turno de Bohemios, la popular zarzuela de Amadeo Vives, con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, basado en la novela Escenas de la Vida Bohemia, de Henri Murger, la misma en la que se basa la famosa ópera La Bohème de Puccini, aunque más diferentes no podrían ser. Para estas funciones, el renombrado escritor Nando López, uno de los referentes en literatura juvenil de  temática LGTBIQ+ y el encargado de la adaptación de la obra, se pregunta cómo serían los bohemios en el siglo XXI. En la tarea, le acompaña la exsoprano Nicola Beller Carbone, como directora de escena.

El Proyecto Zarza no difunde ningún mensaje nuevo, pero se ha superado en la forma de presentarlo. El señor López y la señora Carbone han firmado con estos Bohemios, la producción más rompedora, provocadora y activista de este proyecto, desde aquella polémica Verbena de la Paloma en clave teen que Pablo Messiez hizo en 2019. La producción deja con los ojos abiertos al público, incluso a los que sabemos que Zarza hace adaptaciones actualizadas de los clásicos, porque casi nada hay del original de Vives salvo la música y la letra, puestas al servicio de la nueva dramaturgia. La adaptación de López no parece dejar escapar muchos detalles en su mensaje reivindicativo: para él los bohemios no son simples artistas, sino que además luchan por una sociedad más justa, más diversa, feminista e igualitaria. Por eso, el colectivo LGTBIQ+ es el gran protagonista de esta adaptación queer.

Antes de iniciarse la obra, sobre el telón negro se ven proyecciones de los actores que van a participar, y un banco con los colores de la bandera del orgullo pintados. Al comenzar la obra, se abre el telón y se ve una plataforma que divide el escenario en dos plantas: arriba, con unas letras enormes pone "Proyecciones Girard". Es un plató cinematográfico, en el que se rueda una película musical en la que se cantan los números musicales de la obra de Vives. En la planta de abajo, los extras y actores de la película, que están en una comuna autogestionada, el Sisterland, donde gente diversa en orientaciones sexuales e identidad de género se reúne y convive, en un guiño al icónico centro social okupa "La Ingobernable" que se encontraba en el Paseo del Prado hasta su desalojo en 2022.

Cossette no se llama así, sino que es el nombre artístico de una joven actriz bisexual que tiene que ocultar su relación con Roberta, una joven extranjera, ya que su padre quiere que ella triunfe como actriz y no quiere que le relacionen con una novia tan reivindicativa. Roberto es un joven actor que mantiene una relación con Víctor, un poeta con el que convive en un piso o quizá una habitación, y que se gana la vida en trabajos precarios, entre otros, como repartidor de Glovo. Roberto también oculta su relación a su homófobo padre. Los bohemios tienen como cabeza visible a un activista no binario, Luz de Bohemia, deudora de Samantha Hudson. En su lucha reivindicativa, y tras limpiar su local de ataques homófobos, representados por proyecciones de pintadas homófobas, los bohemios se manifiestan por la libertad. Así, durante el famoso coro de Bohemios de la tercera escena, se les ve llevando máscaras, algunas de ellas con forma de labios y con las palabras "libertad", "amor" o "alma", y enarbolando una enorme pancarta que dice "Salvemos juntes el planete". Los jóvenes se quejan de que si la "mani" tiene éxito en redes, no sale en los informativos, cómplices con el régimen. Da la sensación de que esta nueva historia transcurre en un estado fascistoide, porque el equipo de producción donde están Pelagia y Girard, viste de cuero negro, como los nazis. Girard es un productor baboso y acosador, además de fascista, porque en algún momento se proyecta un selfie de él en una manifestación con la bandera franquista. Girard intenta abusar sexualmente de Cossette, y cuando ésta se desahoga con sus amigos, estos les dicen que deben denunciar a estos acosadores, porque "los lobos actúan en manada", alusión a cierto caso de violencia sexual que todos conocemos. De hecho, Girard quiere cerrar el Sisterland, por lo que en protesta, los bohemios deciden hacer una performance para boicotear el rodaje. Cossette y Roberto tienen un diálogo con sus parejas, que les reclaman hacer visible su relación, y después se preguntan por el conflicto que tienen entre seguir con su arte y visibilizar su felicidad y su derecho de amar. 

Afortunadamente, el padre de Cossette acepta la libertad de su hija, y Roberto sale del armario públicamente en las redes sociales. Pelagia se une a los bohemios, y junto a Luz de Bohemia se proponen iniciar una nueva carrera cinematográfica. Y así, durante el intermedio orquestal antes del final, la performance tiene lugar, con los bohemios vandalizando el plató, y luego de fiesta, con música electrónica y cegadoras luces estroboscópicas.  Al final, en una escena fantasiosa y sin conexión alguna ni con la historia ni con la nueva dramaturgia, el elenco se desviste, quedando las mujeres en sujetador (algunos de ellos claros, para dar la sensación de falso topless y otros negros) y los hombres sin camiseta, para ponerse unas faldas blancas, pero algo pintarrajeadas de rojo, subiéndose todos a la plataforma, con Cossette y Roberto separados de sus parejas, mientras que Luz de Bohemia, con un largo vestido blanco y llevando puesta una corona, se eleva a las alturas.

En una representación en la que resulta obvio que el principal reclamo es la adaptación de López y Carbone, la parte musical debe mencionarse aunque pese a su entrega, no consiga hacer olvidar el montaje.

No es el caso de la nutrida (para los estándares de Zarza) orquestina de catorce músicos provenientes de la Joven Orquesta Nacional de España, dirigida por Julio César Picos, que dio lo mejor de sí. Hermoso el sonido del clarinete y de las cuerdas. Incluso, antes de que empezara la función, a la trompa le dio por arrancarse con el solo del segundo acto del Sigfrido de Wagner, mientras la gente ocupaba sus asientos. No sé por qué lo haría, pero me encantó. No es la primera vez que veo que este instrumento afine antes de la función interpretando este bello pasaje. 

En cuanto al joven y entregado elenco, no puedo especificar demasiado porque cada rol tenía asignado varios intérpretes, sin especificar el día que lo interpretaría cada uno. Pude distinguir a Nacho Zorrilla, quien se llevó la función interpretando a Luz de Bohemia, y a la alemana Catalina Geyer, quien interpretó a Roberta, y porque lo dijo en el coloquio posterior, siendo esta su primera vez con la zarzuela, género que conocía por las grabaciones de Elina Garanča. El tenor que interpretó a Roberto no me convenció con su apagada intervención inicial, aunque luego mejorase. La soprano que interpretó a Cossette tuvo sus más y sus menos. Más me gustó la Pelagia con sus bellos graves y su autoridad escénica. 


El teatro estaba lleno, con un público de todas las edades, aunque con alta presencia de niños y jóvenes en la treintena. Sin embargo, al terminar los aplausos, el musicólogo y encargado de los coloquios, Francisco Prendes, salió a presentar el coloquio, encontrándose con una buena parte del público abandonando rápidamente el teatro. En funciones anteriores, se han filmado incluso abucheos. Pero los que se quedaron, mostraron su apoyo a la producción, destacando lo importante de actualizar el género para la juventud, porque la media de edad del público de zarzuela es bastante elevada, algo que mencionó también un miembro del elenco, y lo necesario del mensaje de inclusión. No se puede decir que Zarza haya dejado indiferente a nadie esta vez. Incluso si uno solo puede decir que se ha quedado con los ojos como platos. A ver qué nos traen el año que viene.


Las fotografías escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario