lunes, 13 de abril de 2026

Zarzuela ¿en el fútbol?: Jugar con Fuego en el Teatro de la Zarzuela, segundo reparto.

 


Madrid, 12 de abril de 2026.

Parece que con "Jugar con Fuego", de Francisco Asenjo Barbieri, empezó la zarzuela tal y como lo conocemos. Una de las primeras zarzuelas del género grande, en tres actos. Una música de inspiración italiana, con páginas de verdadera dificultad para los solistas y momentos de gran belleza. La historia, rompedora para su época: una relación amorosa entre dos personas de diferentes estratos sociales, que pasa por muchas dificultades hasta lograr el final feliz: una orden real que les permite casarse y un cómico final en un manicomio. Su éxito en el Teatro del Circo en 1851 fue enorme.

Veintiséis años después (aunque la ESCM la interpretó en su sede, el bellísimo Teatro Bauer, en enero), volvió esta obra al Teatro de la Zarzuela, el templo principal en el mundo del género que ayudó a consolidar. Y lo ha hecho de forma polémica: se ha creado una nueva historia, con la música de la obra original, aunque cambiando algunas letras para adaptarlo a la dramaturgia moderna. Esta nueva producción corre a cargo de Marina Bollaín, conocida por su ya histórica "Noche de Verano en la Verbena de la Paloma", que actualizó el clásico de Bretón, llevándolo a un vecindario moderno, que recordaba a 13 Rue del Percebe y a Aquí no hay quien viva, cuando el éxito de esta serie estaba aún reciente. La señora Bollaín ha trasladado la acción de Jugar con Fuego, desde la época de Felipe V en el libreto original de Ventura de la Vega, a una época actual, en un estadio de fútbol en pleno derbi. 

La producción, es divertida, aunque hay cosas que chocan bastante si se tiene consciencia de que una vez hubo una versión original: si bien en el siglo XXI aún hay diferencias sociales que harían que la relación amorosa de una aristócrata y un "plebeyo" (en la original era un hidalgo) pudiera seguir reportándoles daño, no hay ningún impedimento legal para una unión de este calibre. De ahí que la ocultación y luego la negación de la Duquesa hacia su relación con Félix no tienen mucho sentido en una época moderna. Sí queda potenciado el acoso del Marqués de Calatrava hacia la Duquesa, que aquí es descaradamente sexual. 

Cuando empieza a sonar la música, se proyectan imágenes del Santiago Bernabéu, con los aficionados entrando al mismo. El telón se abre y se muestra el interior del estadio, con un puesto de comida, y otro de camisetas y bufandas, mientras algunos vendedores ambulantes pululan por la escena. Félix y Antonio son dos chavales que se ganan la vida disfrazados de tigre del equipo y de balón respectivamente. Félix tontea con la duquesa, simpatizante del equipo contrario, y que para pasar desapercibida lleva una capucha. El marqués y el duque son dos señores trajeados, que intentan captar a la novia de Félix, quien intenta huír. Para saber si es la duquesa, los citan en el palco VIP, donde transcurre el segundo acto. De fondo, los ruidos del estadio y el himno de la Champions League.


La sala VIP está presidida por todas las copas de Europa que ha ganado el equipo, se entiende que el Real Madrid. Allí están los VIPs reunidos en un convite, con una duquesa deslumbrante con un traje rojo. Félix y Antonio intentan entrar, con sus disfraces, pero son rechazados por los guardias de seguridad y los guardaespaldas, pero son salvados por el marqués. Con sus intrigas, éste consigue de Félix una interpretación comprometedora: como prueba de su amor, la duquesa le mandó una foto íntima, y el conde le requisa el móvil. En su acoso, el marqués chantajea a la duquesa, la cual tiene que ceder a sus repugnantes caricias: mientras cantan su dúo, el Conde besa lascivamente los brazos, los zapatos y los pies de la Duquesa. Dado que lo que compromete a la duquesa es una fotografía y no una carta como en el original, este cambio afecta a la letra. En estos tiempos los hospitales psiquiátricos no son como los manicomios de antaño. Conociendo el libreto, choca al saber que cuando la duquesa pide que se lleven a Félix por "demente", no puede ser al manicomio, sino que en realidad es a comisaría. 


El tercer acto empieza mostrando imágenes de gente dejando el estadio. Antonio intenta salir, pero los policías les piden la documentación y le dicen que Félix está en comisaría. Poco después aparecen unos ultras del fútbol, que se enfrentan a los antidisturbios. Estos increpan a Antonio, al que despojan de su disfraz de balón y hasta de su ropa... Los locos del libreto original son convertidos en los Ultras Sur o el Frente Atlético. A Félix no se le encuentra nada y le dejan libre. Entonces se encuentra con la duquesa, con la que consigue arreglar sus diferencias cuando éste la oye cantar su romanza en la que muestra sus verdaderos sentimientos hacia él. El marqués intenta acosar por última vez a la duquesa, pero por suerte para ella, llegan los ultras y se lo llevan. Al final triunfa el amor, la duquesa se enfrenta a su padre y deja el estadio con Félix. La obra se cierra con los ultras disfrazando del balón al marqués y acosándolo, mientras se proyectan imágenes de fanáticos del fútbol encendiendo antorchas.

Álvaro Albiach dirigió la Orquesta de la Comunidad de Madrid acompañando a los solistas, y transmitiendo la belleza belcantista de la partitura. El precioso interludio anterior al tercer acto sonó notablemente. Las trompas tuvieron un momento brillante en el tercer acto. Estupendo el coro en sus intervenciones, especialmente en la difícil tarea de interpretar a los repulsivos ultras futboleros.


Del elenco, que en esta ocasión era el segundo, quien destacó por encima de todos fue Antonio Gandía con su fantástica voz, que le permitió salir más que airoso de la difícil tesitura de Félix, especialmente en su romanza del primer acto, La vi por vez primera, la cual me recordó a la famosa aria de La Favorita de Donizetti, Una vergine un angiol di dio. Y en el mismo excelente nivel musical siguió en los actos restantes, con un canto firme y un timbre bellísimo. 

Berna Perles como la Duquesa de Medina estuvo correcta, pese a algún agudo apurado, dando uno potente en el segundo acto y defendiéndose bien en su romanza del tercero.

Luis Cansino bordó su interpretación como el Marqués de Calatrava, ya que es un experto en roles bufos y cómicos. A nivel musical estuvo notable y como actor convence en todo lo baboso de su personaje, que potencia la producción. 

Decente el resto del elenco. 


Tras más de medio siglo sin verse en vivo en el Teatro de la Zarzuela, la oportunidad de ver la primera gran zarzuela estaba ahí. Aunque la producción no haya sido del agrado de los aficionados más tradicionales, porque lo que se veía en escena no era la obra original sino una nueva versión con la música original. Si se es consciente de ello, hasta se puede llegar a pasarlo bien, yendo con la mente abierta. Aún así, el disgusto de los espectadores más tradicionales con esta producción y las demás anteriores de esta temporada, me retrotrae a épocas como la de Gerard Mortier en el Teatro Real, en la que las controversias y escándalos se sucedían. No ha habido una sola sin disconformidad de parte importante del respetable, llegando a la ira con El Potosí Submarino y con Bohemios... ¿seguirá por este camino la señora Isamay Benavente, directora artística del teatro, en la próxima temporada?



Las fotografías escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.

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