miércoles, 15 de abril de 2026

La primera gran ópera checa, en Madrid: La Novia vendida de Smetana en el Teatro Real.


Madrid, 14 de abril de 2026.

Los principales idiomas de la ópera son cuatro: el italiano, el francés, el alemán y el ruso. Podría añadir quizá el inglés como quinto debido a su gran producción en el siglo XX y XXI, pero si tuviera que ceñirme a lo que ha pasado al repertorio, tendría que poner en ese lugar al idioma checo. Y es que la República Checa, cuando eran Bohemia y Moravia, y parte del Imperio Austrohúngaro, alumbraron a algunos grandes compositores que nos han dado grandes óperas: Antonín Dvořák con su Rusalka; Leoš Janáček con sus geniales óperas teatrales como Jenufa, Katia Kabanova,  La Zorrita Astuta, Desde la Casa de los Muertos o El Caso Makropoulos; Hans Krása con su ópera infantil Brundibár (aunque se suele representar en el idioma vernáculo de cada país donde se representa); y Bedřich Smetana, considerado el padre de la música checa y conocido por la bellísima pieza El Moldava, del poema sinfónico Mi Patria, y por La Novia Vendida, la primera gran ópera en este idioma eslavo. 

El Teatro Real ha representado todas las óperas antes mencionadas, Rusalka en época reciente con la gran Asmik Grigorian, y en el pasado las óperas de Janacek hicieron las delicias del público. Sin embargo, un clásico como La novia vendida solo se ha visto dos veces en la capital, como dice el programa de mano: una en 1924 con la ópera nacional checoslovaca en el propio Real, antes de su cierre por ruina el año siguiente, y en 1973 por la Ópera de Belgrado de gira en el Teatro de la Zarzuela. Mientras, en gran parte del mundo operístico occidental era conocida, hasta los años setenta, por su traducción al alemán, Die verkaufte braut, aunque en el Met se cantaba en inglés. Esta opera bufa, con elementos de la música nacionalista checa, llega al Teatro Real de la mano de un experto en comedias como Laurent Pelly, habitual en esta casa.

Pelly no nos visitaba desde hace dos años, con sus oscuros Maestros Cantores. En esta ocasión, su visión de la ópera de Smetana es bastante minimalista, con reminiscencias a su montaje de la obra wagneriana antes mencionada, que va evolucionando hasta lo colorido del circo. Pelly consigue hacer reír al público, pero gran parte de la producción es de hecho oscura y con poco decorado, como si quisiera adentrarnos en los sentimientos de los personajes y al mismo tiempo las dificultades, lo opresivo del entorno social que intenta casarla a ella con un hombre al que no ama. Pero no deja de ser una comedia, y el resultado es la diversión garantizada. El primer acto muestra al escenario vacío, mientras que arriba, suspendidos en el aire, están un montón de sillas. El coro y los personajes están vestidos como personajes de clase obrera, de un pueblo o barrio cualquiera de una época atemporal (años 50 ó 60), aunque de diversos colores. Aunque Jeník a veces parezca una especie de John Travolta en Grease en versión barrio. En el segundo acto, aparece una caseta enorme, muy parecida a la del mismo acto de la producción de los Maestros Cantores. Vasek aparece en bicicleta. El tercer acto nos muestra a los comediantes bailando con sus ropas coloridas, y montando la carpa de circo, aunque llega a caerse. A la izquierda del escenario, una estatua enorme de payaso. Sobre los puestos del circo, Marenka se lamenta de su destino, mientras sus familiares le dicen que debe aceptar a Vasek. Al final, el coro baila celebrando que Jeník y Marenka se casan, mientras que Kecal huye humillado. 

Gustavo Gimeno se pone al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real con una interpretación que empieza con un inicio de obertura muy en forte. Con todo, las cuerdas suenan maravillosas durante toda la función. En la obertura se siente su trémolo con fuerza. Durante el resto de la obra, suena inspirada, muy especialmente en las danzas y en los números circenses del tercer acto. Aunque hay momentos en que el volumen orquestal pone en aprietos a los cantantes. El Coro del Teatro Real dirigido por José Luis Basso vuelve a sonar una vez más en todo su potencial musical y actoral, muy especialmente en el segundo acto, en el que una la sección masculina vuelve a mostrar sus poderosas voces, sin desmerecer a la femenina, que también es potente.

En cuanto al reparto, la pareja protagonista formada por Svetlana Aksenova como Mařenka y Pavel Cernoch como Jeník fue de menos a más durante la función. Aksenova tiene una voz oscura, y muestra impresionantes agudos, aunque en el primer acto alguno sonó apurado. En el segundo y tercer acto estuvo bien. Me gustaría verla en roles más dramáticos. Cernoch estuvo muy bien en el segundo acto con su voz lírica, y su interpretación de novio carismático, convincente además gracias a su belleza física. Gunter Groissböck, un bajo atlético, aquí está irreconocible como el casamentero Kecal, con gafas, calva de fraile y panza. Groissböck tiene una voz potente, de timbre bonito aunque le falte grave, pero con su arrojo interpretativo saca adelante la función. Y en el rol cómico de Kecal su voz se acomoda muy bien. No se le veía en el Real desde que cantó Boris Godunov en 2012, en plena era Mortier.

Sin embargo, el mejor intérprete de la noche, el más redondo, fue Mikeldi Atxalandabaso con su interpretación del tartamudo y poco atractivo Vašek. Su canto es impecable, con un timbre bello, se hace oír en la sala, sale airoso del difícil reto de cantar tartamudeando, y como actor muestra la torpeza de su personaje. Uno de los mejores spieltenor del planeta es español y podemos sentir orgullo de ello. Del resto del elenco, puede destacarse a Rocío López como la bailarina y al tenor Jaroslav Březina como el comediante principal. Este tenor checo cantó en el estreno español de "El Destino" de Janacek, en el Teatro Real, allá por el 2003. 



La prensa rosa dice que Isabel Preysler ha vestido para la ocasión, un traje valorado en 7000 euros, y junto a ella la aristocracia local ha asistido a la función. Pero lo verdaderamente importante es que la belleza de esta ópera, lo bien servida que está, y todo ello ha sido muy apreciado por el público de estreno, aunque el teatro no estuviese lleno al 100% pese a merecerlo. Los números más importantes han sido aplaudidos, incluso el dúo del primer acto antes de tiempo. Y al final de la función ha habido ovaciones para todos: para el elenco, para el maestro Gimeno y para Laurent Pelly y su equipo. 

Creo que junto a Ariadna y Barbazul y Masnadieri, estamos ante el mejor título de la temporada.


Las fotografías escénicas y vídeos no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. 

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