domingo, 7 de noviembre de 2021

Wagner en China ¿el último bastión tradicionalista?, segunda parte: Holandés, Tannhäuser y Lohengrin.

Cuando en 2016 descubrí que en China se había hecho una producción clásica del Anillo de Wagner, de la que estaban disponibles el Oro del Rin y el Ocaso, además de fragmentos de Sigfrido, no me lo podía creer. ¿Estaría Asia recogiendo el testigo de Estados Unidos en realizar producciones tradicionales de óperas de Richard Wagner, algo ya imposible de ver en Europa? Dicho Anillo y también el realizado en el Biwako Hall de Otsu, Japón, despertaron el entusiasmo de los wagnerianos más conservadores, nunca satisfechos con lo que ven en sus teatros de ópera. Hoy en día soy un poco menos tradicional en la escena, pero no podría dejar de disfrutar con la belleza de una producción ambientada en la época que indica el libreto. Mucho le debo a esa producción china: la reseña que hice en la reseña que hice en el verano de 2018 sobre ella se convirtió en la entrada de mi blog con más lectores, con más de 2000 visitas. Mi sorpresa fue aún mayor al descubrir hace poco que en la web de la NCPA (la National Centre of Performing Arts) de Pekín se podía acceder gratuitamente a los streamings de todas sus producciones. 

China está llamada a ser la nueva superpotencia. Como en todo país no occidental que deviene en rico y poderoso, la alta cultura de Occidente llama a su puerta. Y en este caso, con el firme propósito de convertirse en referencia en el arte lírico. Para ello, el teatro, ha producido espectaculares y vistosas producciones operísticas, muchas a imitación de grandes puestas en escena tradicionales de teatros como el Met, la Scala o Verona, en sus primeros años de andadura. Hoy en día tiende, a juzgar por su web, a la coproducción, pero sin arriesgar demasiado. Además, cuenta con una gran orquesta, coro y compañía de canto, además de todos los medios necesarios para abrirse paso en las primeras ligas operísticas. 

Wagner no escapa a esto. En 2011, el teatro chino comenzó su andadura wagneriana (si bien otras producciones obras del maestro ya se había visto en el país asiático, como el Anillo de Colonia -y en estos años, de Madrid- que se vio en Shanghai), con una producción de Tannhäuser, a cargo de la China National Opera House. El director de escena es Wang Huquan, también responsable del Anillo pequinés. En este caso, este Tannhäuser es prácticamente una copia en papel carbón del de Otto Schenk en vídeo para el Met de Nueva York, dada la enorme similitud entre ambos montajes. Hay que decir que comparado con el Anillo, se nota la evolución. El Venusberg es una cueva, más iluminada que la americana (aunque eso hace que se noten algunos pliegos de telones), y el ballet que representa la bacanal (ya que esta es la versión de París) es más bien soso, con una fría y poco orgiástica coreografía, limitándose a unos pasos y a unos pobres pas de deux. Por otro lado, el valle del Wartburg es si cabe parecidísimo al de Schenk, salvo por algunas diferencias con el decorado. Igualmente lo es el salón del palacio del Landgrave, esta vez con unos fuertes tonos dorados, tanto en los frescos de la sala, como en la resplandeciente luz del atardecer al fondo del escenario.  El vestuario es muy lujoso, especialmente en el segundo acto, donde además de lustrosos ropajes, llevan adornos que los hacen aún más recargados, especialmente los del Landgrave y Elisabeth. La dirección de actores no parece muy trabajada, dejando paso a que canten más que actúen, aunque llama la atención la vehemencia del Landgrave en el segundo acto, y las expresiones de Elisabeth, buscando a su amado entre los peregrinos, quitándoles la capucha a varios de ellos, y luego al acabar su oración final, cojear lastimosamente mientras desaparece de escena.

La orquesta del teatro tiene un nivel más que correcto, y se le nota el entusiasmo y el trabajo duro que han desempeñado para lograrlo. Yu Feng consigue de la orquesta una dirección que no aburre, que se amolda a los cantantes. Incluso se puede destacar al trombón, magnífico. Del mismo modo, el coro (que adolece de falta de expresividad, no obstante) a nivel vocal llega a ser notable, con una aseada intervención del coro masculino en el primer acto y en su célebre número del tercero. Michael Putsch es Tannhäuser, un tenor con la voz baritonal, que pasa por apuros en el primer acto, y que definitvamente hace aguas en el tercero, galleando sin parar, pese a su decente centro. Wang Wei, soprano china especializada en Wagner, cuya Elisabeth es más bien ligera para el rol, pero precisamente en las partes más liricas se encuentra más cómoda, con una tierna interpretación de la oración en el tercer acto. Sin embargo, los mejores son Wang Haitao como Wolfram con una bellísima y rotunda voz, y Guan Zhijing como el Landgrave, con una voz si bien no lo suficientemente oscura y autoritaria, sí con un aterciopelado timbre. Ruan Yuqun como Venus tiene una voz agradable, aunque no muy carismática. Li Xiang como Walter von der Wogelweide, en esta versión con su rol recortado, tiene una enorme voz que se deja oír muy bien en el concertante.

Enlace para ver Tannhäuser en la web de la NCPA, totalmente gratis.

En 2012, Giancarlo Del Monaco llegó a China para dirigir dos montajes wagnerianos: El Holandés Errante y Lohengrin. Ambos montajes son completamente clásicos, aunque tengo la sensación de que el director de escena se ha permitido licencias que no podría haber hecho en Europa.

El Holandés tiene el mar como constante presencia, algo ya visto en otros montajes de Del Monaco, como el Boccanegra de Madrid. Ciertamente, es este un montaje que busca el impacto visual. En el primer acto, se ve el barco de Daland moviéndose en plena tormenta, esta recreada con una impresionante animación virtual, incluso el agua que cae a este barco aparece proyectada. El barco del Holandés es una enorme infraestructura, una recreación de este fantástico barco, con sus velas rojas y su siniestra iluminación. El segundo acto es quizá lo más onírico y bello: la casa de Daland aparece representada por una pared pétrea con varias ventanas, casi dándole un aspecto más de industria que de hogar, algo que casa con el coro de las hilanderas. El suelo está un tanto inclinado hacia arriba, lo que dimensiona el espacio e intensifica la acción. Desde debajo del escenario aparecen unas trampillas por las que entran y salen los personajes. De fondo, siempre el mar ondulante. Cuando aparecen Daland y el Holandés, la pared de la casa desaparece y vemos el dúo de Senta y el enigmático protagonista con el mar en calma y el cielo despejado que les rodea, como si se tratase de una esperanza. El acto final es quizá el más pobre escenográficamente, aunque solo en parte. Si bien el puerto es una plataforma escénica que solo ocupa la mitad del escenario porque la otra mitad la ocupa el barco del Holandés, lo que deja entrever detalles malamente disimulados como las ruedas de la trampilla que permite subir al barco, o algunas vallas de pasarela que no se sabe si realmente existían en la Noruega del siglo XVII. Durante la escena de la espectral tripulación del Holandés, sí se consigue un espectacular y tenebroso efecto de tormenta, recreando la lluvia torrencial y una iluminación siniestra del buque. Al final, Senta no se tira al mar y se hunde el barco, sino que se sube a éste y se une al Holandés, abrazándole, y compartiendo su destino para espanto de Daland, Mary y Erik. En este caso, la dirección de actores, esta vez en manos de un maestro, está mejor trabajada. El coro realmente se convierte en un pueblo de marineros y coquetas hilanderas. El vestuario es decididamente conservador, aunque la apariencia del Holandés en el segundo acto recuerde a Piratas del Caribe. 

El coro y la orquesta suenan de manera competente en manos de Lü Jia, quien consigue transmitir un poco de las brisas marinas que evoca la obra. La cuerda es correcta, aunque no así la percusión. No obstante, la orquesta china se esmera y eso se agradece. El coro mejor que en Tannhäuser, especialmente el coro masculino, influido por las indicaciones de Del Monaco. En cambio el reparto, pese a ser internacional, no puede ser más decepcionante. Thomas Gazheli como el Holandés tiene una enorme voz, pero vocifera todas y cada una de las notas. Del mismo modo, Philip Webb es un Erik al que se le atragantan las notas y no puede con su aria del tercer acto. En este punto, es ya tarde para dos veteranos como Jan Hendrik-Rootering, cuyo Daland también vocifera ya más que canta, si bien en su aria del segundo acto llega a un correcto nivel, y Eva Johansson como Senta, que si bien es una excelente actriz, la voz hace aguas, si bien en los momentos más íntimos aún mantiene un canto muy bien apianado, que conmueve en el dúo con Erik, y cuando canta las estrofas de la Balada. Por el contrario, los cantantes chinos sí tienen un nivel decente: la mezzo Liang Ning es una Mary con un timbre matronil, quizá un tanto agudo para lo que se espera de este personaje, pero con un grave bello. El mejor del reparto es Jin Zhengjian como el Timonel, cuya voz es sonora, bien emitida, aunque tampoco parece rotunda. Su timbre de tenor de carácter a veces quiere ir hacia el de un tenor ligero, aunque el agudo indica que es un cantante aún por formar, pero en cualquier caso su interpretación es bastante buena.

Como curiosidad: en los saludos finales, el director de escena hizo saludar a la pareja protagonista desde el barco, lo que hizo que en cierto momento hicieran la broma de imitar la famosa escena de la película Titanic en la que los protagonistas se suben a la proa.


A finales de aquel año, se representó Lohengrin. Del Monaco afirma que dado que hace poco que China se ha abierto a conocer la ópera occidental, decidió hacer que visualmente fuese reconocible para el público chino. Lohengrin, afirma, es un cuento de hadas, y todas las culturas los tienen. Por eso su montaje puede valer para una ambientación en la Bélgica original, en China o en Rusia. También aseguró que geográficamente Bélgica le parecía una llanura aburrida, así que por eso decidió que la ambientación fuera "montañosa". Y ciertamente, si hay algo que puede decirse de esta producción clásica es que también funciona dramáticamente, ya que se trabajan detalles que le dan sentido a la acción, aunque siempre desde un punto de vista tradicional, es decir, ciñéndose a la acción original y desde ahí trabajarla: es así que Lohengrin y Elsa intercambian una dulce mirada en el primer acto, que Ortrud se acerque a detener bruscamente a Lohengrin mientras apunta a Telramund con la espada, que Ortrud y Telramund tienen un beso apasionado y casi podría que retozan mientras cantan "Der Rache Werk", el mostrar a Lohengrin vulnerable en el tercer acto, primero ante las dudas de Elsa y luego tras haber matado a Telramund tan solo con levantar una mano, aturdido por haber usado su poder por primera vez para matar. Al final, se despide de Elsa con un enternecedor gesto de cariño, y con una mirada de desprecio, como si estuviera a punto de escupirla, a Ortrud, desvanecida ante la llegada de Lohengrin. Del Monaco convierte a este héroe divino, sin desproveerle de su estética, en un personaje más humano de lo que la ortodoxia se puede imaginar.

El primer acto transcurre pues en un paisaje rocoso, como si fuese una puerta natural montañosa, en cuya escalonada orografía se sitúan los caballeros, con el Heraldo y el Rey en la más baja, pero siempre a distancia del suelo, reservado para los súbditos. Al fondo, un paisaje en animación virtual, muestra el río ondeante, y se ve cómo el cisne hace su aparición tanto al llegar como al marcharse al final. La montaña domina toda la obra, de esta manera en el segundo acto, la primera escena tiene lugar en las escalinatas del palacio, que se funde con la piedra, y también en el segundo cuadro, cuando se ven unas largas escaleras y una enorme columna en medio de ellas. El primer cuadro del tercer acto muestra a un idílico jardín, con una enorme fuente con flores y agua, con un banco en el que Elsa descansa mientras el coro nupcial se oye al fondo y su amado aparece. Ambos durante el dúo se mojarán en el agua, como un juego íntimo en medio de ese bello parnaso, cuya resplandeciente luz se apagará a medida que avanza la tragedia. El vestuario del español Jesús Ruiz es de estética fantástica, aunque se reconoce una fuerte influencia china en las armaduras de Lohengrin y los caballeros. Muy rococó el vestido amarillo de Elsa. En el segundo acto los invitados a la boda visten con unos trajes dorados que recuerdan mucho a los de los nobles chinos, incluso con un sombrero manchú.

Lü Jia en esta ocasión dirige a la orquesta con unos tempi lentos (una de las oberturas más largas que he oído, de casi unos 10 minutos), que suscriben el punto de vista de cuento de hadas de Del Monaco. La orquesta se acomoda a los cantantes y a la acción, dirigiendo calmadamente pero sin aburrir. Jia parece ser un director que ha estudiado a Wagner y lo transmite a la orquesta, que hace un trabajo decente para su corta experiencia. Las cuerdas suenan magníficas, tenebrosas en el preludio del segundo acto, y las trompetas en el interludio final igualmente añaden solemnidad a la tragedia. No obstante, este Lohengrin se ofrece ¡Con cortes! especialmente al final del primer acto y a los coros en el segundo acto y en el famoso fragmento nupcial del tercero, del que se ofrece solo la primera estrofa. El Coro igual que en El Holandés, con más esfuerzo escénico y con un nivel notable.

Stefan Vinke lidera el reparto aquí, en su mejor momento vocal, ofreciendo un Lohengrin juvenil, aunque con tendencia a timbres heróicos. En las arias del tercer acto se muestra más seguro, especialmente en la famosa In Fernem Land, donde se ilumina hasta su rostro con una sonrisa angelical, rememorando el divino origen de su personaje. Petra Maria-Schnitzer como Elsa ya aparece en declive, manteniendo ese timbre tan dulce y agradable pero los agudos ya calados. Egilis Silins es un excelente Telramund. Eva Johansson parece estar mejor como Ortrud que como Senta, especialmente en la primera escena del segundo acto, pero ya no responde el agudo. Como actriz es estupenda, con una mirada perversa, acentuada por su físico nórdico, transmitiendo el rencor y la maldad del personaje. Precisamente sus tablas salvan un poco las limitaciones vocales. Steven Humes como el Rey Enrique y Wieland Sattler como el Heraldo tienen unas interpretaciones simplemente cumplidoras, y aunque las voces no sean malas, desde luego palidecen bastante en comparación con los cuatro protagonistas.

Enlace en la web de la NCPA para ver Lohengrin, totalmente gratis.


En 2016, la NCPA hizo su primera producción propia de Tannhäuser, esta vez con la versión original de Dresde. Sin embargo, esta nueva producción aún siendo tradicional ya parece haberse desmarcado de la línea conservadora de las tres producciones antes mencionadas, además de su Anillo. En esta ocasión, se contó con el también famoso director de escena Pier'Alli para el montaje. Alli crea una producción de enorme impacto visual, conservadora, pero alejada del cartón piedra de las anteriores, especialmente del Tannhäuser de 2011. Usando una estructura giratoria, hallada en el centro del escenario, con iluminación y  animaciones, es capaz de recrear ambientes y darles un toque onírico y psicológico. De esta manera en el primer acto se ven enormes imágenes de los bacantes, o de la Venus de Botticelli, así como de un bello paisaje, con un verde intenso, en la segunda escena. En el segundo acto, una enorme columna, y gradas con decoración románica recrean un marmóreo salón medieval, aunque con dos peculiares medallones de la Virgen María a ambos lados de la columna. La primera escena del tercer acto, es una estampa que bien podría estar sacada del nuevo Bayreuth de Wieland y Wolfgang: una imagen de la virgen tallada en un árbol mientras que un color verde intenso ilumina el resto del escenario. Durante la llegada de los peregrinos, y luego de los bacantes, se proyectan enormes imágenes en movimiento de estos aproximándose. Durante las escenas de Wolfram y Tannhäuser el verde deja paso a un cielo estrellado y azul, una imagen bellísima. Por último, quizá el punto flaco sea que a medida que aparecen Venus y sus sátiros, aparezca una imagen del diablo donde antes estuvo la virgen, quizá casando con las ideas de Wolfram en ese momento. Al final, la decoración nos transporta a lo que podría tratarse de los jardines del Wartburg, y de repente el escenario se abre mostrándonos el báculo del Papa floreciente. El vestuario de Simona Morresi es conservador, aunque más minimalista. Lo llamativo es el vestuario de Elisabeth: vistiendo de azul en el segundo y de verde en el tercero. Venus intenta ir a la zaga, ya que del rojo del primer acto se cambia al azul del final. Los invitados al Wartburg visten todos del mismo color blanco grisáceo. La dirección de actores también está más trabajada, esta vez con el coro reaccionando con sorpresa a las intervenciones del protagonista y Elisabeth mantiene una expresión trágica.  Es más creíble que el Tannhäuser de Huquan en 2011. 

Lü Jia confirma con esta dirección orquestal su intención de imitar, o de inspirarse en el estilo romántico europeo, con una dirección más lenta, y al mismo tiempo cuidadosa y capaz de hacer brillar a los instrumentos, como ha sido el caso del magnífico oboe o de la cuerda. Magnífica interpretación del preludio del tercer acto. El Coro logra su mejor intervención wagneriana, sonando poderoso, imponente, entregado. La agrupación dirigida por Valentín Vassiliev se destaca por su genial coro masculino. Sin duda, es el principal protagonista de esta función, el mejor de la noche.

Al igual que Lohengrin, tuvo un reparto internacional. Sin embargo, la NCPA retransmitió el segundo reparto, totalmente chino. Aunque los artistas son competentes, realmente no van más allá de un nivel correcto, y no siempre. Warren Mok como Tannhäuser es un artista carente de agudos, y de legato y faro para mantenerlos. Si bien mantiene un centro que pretende ser de heldentenor, le pasa factura cuando intenta subir. No obstante, su narración convenció y no fue tan calamitosa como la de Putsch en 2011. Sun Xiuwei es una Elisabeth vibrante, pese a su correcto material. Como actriz, en cambio, resulta creíble como una mujer de carácter dispuesta a todo por salvar a su amado. Yuan Chenye es un Wolfram correcto, con un buen timbre aunque quizá le falte presencia.  Zhu Huiling como Venus es igualmente correcta, si bien tiene un buen físico, que le viene bien al personaje. Wu Wei sí fue un buen Landgrave, con un grave decente aunque tampoco muy sobrado de autoridad. Wang Chong fue uno de los mejores del reparto, con su Walther von der Wogelweide, lírico y potente. Karsten Mewes, quien ha cantado en Bayreuth, interpreta notable y graciosamente a Biterolf, el gruñón caballero. El pastor de Zhang Xin sonó dulce, aunque no al nivel de los últimos mencionados.

La NCPA continuó su andadura wagneriana, con montajes de Tristán y Maestros Cantores, además de un Parsifal en concierto, pero los dos primeros ya no tenían puestas en escena tradicionales. ¿Se convertirá en la última esperanza de la ortodoxia wagneriana, fascinada con estos montajes? ¿O en su afán de convertirse en referencial, y ese talento imitativo que les caracteriza, se rendirán al regietheater? No se sabe. Desde luego, tienen una compañía de canto, coro y orquesta dispuestos a hacer justicia a la ópera, y convertirse en un referente mundial. Uno puede sentir ese esfuerzo tras haber visto estas producciones. Por otro lado, reconozco también que desearía que no abandonara del todo las puestas en escena clásicas. Porque en ese lejano teatro se han convertido en un poso de belleza que hace mucho tiempo que no se ve en Europa, y que pertenece a nuestra rica cultura, esa que llama a la puerta del gigante asiático.

Enlace para ver el Tannhäuser de 2016 en la web de la NCPA, totalmente gratis.

miércoles, 27 de octubre de 2021

El Teatro Real sale a la calle para celebrar el Día Mundial de la Ópera.

Ayer lunes 25 fue el Día Mundial de la Ópera. Todos los teatros importantes esperaban esta fecha, ya que la conmemoración en este año supone el regreso de las temporadas normales, tras un año y medio de cierre obligado en la mayoría de ellos, tras la pandemia (que aún sigue azotando Europa del Este, sin embargo). El Teatro Real de Madrid lo ha celebrado con pases gratis para ver tres óperas en su plataforma My Opera Player, el pasado fin de semana, y ayer sacó su Carroza particular para, como en una suerte de teatro ambulante, ofrecer un par de actuaciones para celebrar la onomástica. 

Músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real ofrecieron dos conciertos, a las 13:00 y 19:00 horas, en la céntrica Plaza de Isabel II, con un mismo programa en común:

WOLFGANG AMADEUS MOZART

Cuarteto de cuerda nº 15 en re menor, K. 421/417b      
I. Allegro moderato
II. Andante
III. Menuetto y trio
IV. Allegretto ma non troppo

Santa Mónica Mihalache y Daniel Chirilov, violines
Laure Gaudron, viola
Mikolaj Konopelski, violonchelo

GEORG FRIEDRICH HÄNDEL

Suite Música acuática, versión para quinteto de metales de Frederic Mills
I. Allegro vivace
II. Air
III. Hornpipe
IV. Allegro maestoso

Ricardo García y Óscar L. Martín, trompetas

Jorge Monte, trompa
Alejandro Galán, trombón
Ismael Cantos, tuba


Estuve en el concierto de las 19 horas. La Plaza Isabel II (también conocida como plaza de Ópera, dado que el Real predomina el paisaje) estuvo concurrida, aunque sin asientos, por lo que todo el concierto se siguió de pie. Sobre las interpretaciones, los músicos estuvieron inspirados, especialmente en el segundo movimiento del concierto de cuerda (que se veía afectada por la necesaria amplificación), y las fulgurantes trompetas del Real se lucieron especialmente en el conocido movimiento final. Aunque sea, cuanto menos, curioso el celebrar el día de la ópera con dos conciertos de música de cámara, sin escuchar más voz que una grabación del aria de Lakmé antes de que empezara el concierto, no cabe duda de que este concierto de 45 minutos ha sido un detalle para con el público. Aunque los asistentes variaron un poco a medida que transcurría, no cabe duda de que siguieron el concierto con entusiasmo y la mayoría se quedó hasta el final, incluso aplaudiendo al final de cada movimiento. Es hermoso ver a una gran diversidad de personas, tanto madrileños como turistas, disfrutando del concierto, y celebrando la mejor de todas las artes escénicas.



Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso. 


martes, 26 de octubre de 2021

The Met is back at last! Terence Blanchard's "Fire Shut up in My bones" or the aftermath of a torn childhood.

If America can, then the whole world can! I can't be more glad to see at last, the Metropolitan Opera House of New York, the biggest opera house in the world, reprising its activity, after 18 months closed due to the Covid-19 pandemic. Since the Met gave its last performance in March 11, 2020, not only the world has changed, but also the United States did, and very significantly. Americans have had to endure challenging times: confined at their homes, deprived of their social and cultural life, and with the virus stricking the country like few in the world, with lots of casualties. In addition, they had to witness a difficult change of Government and the outburst of racial violence, raising the Black Lives Matter movement to a global concern after George Floyd's murder. Now that vaccination has made a big progress -but still there's lot to do-, American opera houses are now ready to reprise their activity again after a long time closed.

Last September 11, the Met re-opened for the first time after the Covid break, for a performance of Verdi's Requiem. Then, on September 27 the first operatic performance of the new season took place, Terence Blanchard's Fire Shut up in my bones. So, the world-famed Live on HD season started on October 9, with Boris Godunov. This opera has been streamed on October 23, in its last performance.  Blanchard, a noted jazz, movie soundtrack (and nominated for Academy Awards) and even operas, with "Fire" being his second one. In addition, his is the first opera, for a Black cast, by an African-American composer to be performed at the Met stage. With a libretto by Kasi Lemmons, it is based on the columnist Charles M.Blow's autobiography, which took the title from a Bible verse from Jeremiah. Coming from the Saint Louis Opera, "Fire" tells the terrible story of Charles, a man who has to make a decision, whether to kill or not the man who sexually abused him when child. Then, Destiny, and Charles' own child self appear, to help in his decision, reminding him his life, through flashbacks. With this story, The Met wants to reach every kind of audience, not limitating the repertoire to classical, white, Western stories with an only filter to see the world. 

I wish it could reach Europe, but at the moment, we have the streaming. I have just seen it and I have to say it has been a beautiful as well as harsh experience. On one hand, Blanchard's music is a nice, inspired score, with fusionates classical music with jazz, blues and disco music. For that purpose there is a Jazz ensemble in the orchestra pit. It joins beautiful music, in a film soundtrack style, with music tending to atonality, specially in the hardest moments. Orchestra is to portray the most intimate, introspective, tragic and thrilling moments and moods, and Jazz ensemble, playing all the popular rythms  to accompaign the most relaxing, choral or enthusiastic ones. It also has the influence of spirituals, specially for Destiny's vocality. Lemmons' libretto, as well as Blow's memoirs, deals the horror, the disturbing nature, and horrendous consequences of child abuse, as well as the poverty, violence, enslaving work suffered by a Southern African American community decades ago. Charles' ordeal begins in this opressive athmosphere, as a fragile, vulnerable boy just seeking love from his busy mother and absent father, misunderstood by his macho brothers. A conducive background for his predating, evil cousin Chester, who will first molest and then agressively discard him as a sexual toy. And later, the toxic masculinity of his Fraternity at Grambling University, whose harsh initiation rituals hid ultimate cruelty and sadism. The phantoms of the night tormenting him in nightmares, a consequence of abuse, and finally the betrayal of his girlfriend, who reveals she is betrothed and she has to leave him to return to her real boyfriend. It's a beautiful miracle, that Charles choses to renounce his revenge, to leave behind his burden, and embrace good. Because in not few cases, a background like this is cannon fodder for disgrace, even criminal activity. This tragedy is sadly very common in our society, in every community, we can find a sensitive, tormented Charles, a predator like Chester, a devoted, hard-working mother like Billie or abandoning fathers like Spinner. Of course the vicious net of poverty and violence emphasizes the problem.

Directors James Robinson and Camille A. Brown create a visual staging, adapted for the Met's inmense stage, creating the different ambiances through the perfect sincronization of a big arch structure with screenings of images of different landscapes, places: the car in which Charles driving through the backroad driving home, the forest, the church with a big cross, Billie's  house and also the bars. The big structure not only works for practical set purposes, but also for dramaturgical, since is where Charles and Destiny are protected from the challenging world, to reflect and debate about his decision. Christopher Akerlind's lighting design contributes to the beautiful and cinematographic stage, with beautiful brilliant illumination during the Church scene, or the intense and beautiful blue of the First and last scene, to give some examples. Camille A. Brown's choreography creates a beautiful, sensual (hiding a disturbing nature) dance of Charles's ghosts at the Act 2 Opening, and a cheerful, astonishing dance of the fraternity at the beginning of Act 3.


Yannick Nézet-Seguin conducted the Met Orchestra, in this time a Rhytm section ensemble has been added. Nézet-Seguin has given a beautiful, tragic and powerful rendition, adapting his conducting to the jazz styles. The Met musicians have found themselves inspired, the trumpet shining in its opening passage, a fateful music announcing what is to come, or the cello in its beautiful solo in the Act 2 opening dance. The Jazz ensemble play a little piece between Acts 2 and 3, with the bass distinguished among the other instruments, playing a quiet tune. The chorus, all African American, sing very well and act even better, conveying the magic of Black music and rythms in their voices and movements, and very cheerful in the dance.

Will Liverman is Charles, the tormented protagonist. Liverman is a baritone with a gifted acting, conveying the character's tormented soul. His voice doesn't seemed to be very volumed, and  his singing was a bit plain in the first act, but he regained enough energy to accomplish the most dramatical scenes in acts 2 and 3, in which he sang movingly. He knows well the text and tries to give as much as he can musically, though.

Angel Blue has a triple role as Destiny, Loneliness in Act 2 and Greta, Charles' love, in Act 3. Blue is one of the leading American sopranos today, with a lyric-dramatic toned voice. The role of Destiny is strongly influenced by spirituals, whose rythm fit into Blue's pristine high register. The role has also a deep, almost mezzo low register, which sounds dark in her voice.  A beautiful moment was her beautifully sung extract "Peculiar Grace" in Act 1.

Latonia Moore as Billie has been the most celebrated by the critics and after watching the stream, we cannot do anything but agree. Moore's dramatic voice, authority and scenical presence are the ingredients for a memorable performance, in which her velvet-toned singing and musicality makes her to shine in moments like her final aria in Act 2. Really, she led the cast.

The young 13 year-old treble Walter Russell III performed the part of Char'es Baby, the protagonist own child self. He is a skilled singing actor, and his nice child voice fits into the musical tragedy. His acting portraits a shy, frail young Charles who desperately seeks for some love. And he seems so vulnerable when Chester approaches him, for his terrible purpose. And also he can be very cheerful and charming during the scenes with his uncle and mother.

Ryan Speedo Green as Uncle Paul has a great bass voice, totally dark and authoritative. Chauncey Parker as Spinner, the careless and rogue father has a comical spieltenor voice, and the sense of humor of a manipulative playboy who waste his wife's income. Chris Kenney in the role of the abuser cousin Chester, is a baritone with a light voice, totally suitable for the vicious young aiming to win Charles for his twisted lust. In addition, Kenney's convincing acting gives the character an evil, manipulative and hateful aura. Donovan Singletary has a brief but nice performance as the Pastor. The rest of the cast is at the same good level.



This production has become an event. At the end of the show, the audience responded with a thunderous ovation. One of the most touching moments in the night was to see the young Russell III crying totally moved for the ovation he received. Such a magic world ended with the last performance, last Saturday. But also this is the very awaited return of the most important opera house in America, also a leading one worldwide, with its casts full of stars, lavish, dazzling stagings and amazing conductors. Much to the New Yorkers delight and also for the rest of the world via the magnificent Live in HD streamings. So let's rejoice!

My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.
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martes, 19 de octubre de 2021

Crítica/Review. Kafka, íntimo y personal: György Kurtág y sus Kafka-fragmente en el Museo Reina Sofía (ESP/ENG).


For the English version, please scroll down.

György Kurtág no pudo coincidir con Franz Kafka, el afamadísimo escritor, en el tiempo, ya que nació dos años después de su muerte. Sin embargo, ambas sensibilidades se unieron en una obra tan radical, como íntima. La estancia de Kurtág en París en los años 50 no le pudo ser más provechosa: no solo estuvo en contacto con la vanguardia occidental, trabajando con Messiaen y Milhaud, sino que además la terapia que le proporcionó Marianne Stein, psicóloga vinculada al arte. Stein le trató en un momento de crisis personal y artística, animándole a escribir paulatinamente, buscando lo esencial. Su influencia fue importante en su posterior obra, puesto que desde entonces, Kurtág se despojaría de ornamentaciones innecesarias, basando su obra en la simplicidad, como expresión desde lo más personal. 

También en su periplo parisino, y teniendo en cuenta su capacidad introspectiva, se acercó al no menos introspectivo y cerebral Kafka. Basándose en una serie de apuntes privados del escritor que fue recolectando durante el trascurso de los años, Kurtág compuso en los años 80 una serie de fragmentos de esos cuadernos, anotaciones, cartas, para finalmente componer un ciclo de canciones, divididas en cuatro partes, para voz y violín. En esta obra se exploran los límites del instrumento, pasando desde notas en piano, etéreas, casi evaporándose, a los más estridentes agudos, gritos, arpegios y pizzicatos, como si realmente la obra reflejara lo más visceral del escritor, pero también al reducir la música a simplemente voz y violín (se necesitan dos violines, que el solista alterna), no necesita nada más para hacernos llegar hasta lo más profundo de él. Esos dos bellos y agudos instrumentos nos transmiten la intimidad de ambos creadores, haciendo que el auditorio se reduzca en espacio hasta quedar tan solo la concentración y los músicos.

Sakari Oramo y Anu Komsi / 
Sakari Oramo and Anu Komsi 

Este ciclo ya se ha visto en la capital española en otras ocasiones. Sin ir más lejos, Christine Schäfer e Isabelle Faust la interpretaron en el Teatro Real en 2013. Ahora ha sido el elegido para abrir la nueva temporada 2021-2022 del Auditorio 400 del Museo Reina Sofía, interpretada por una pareja artística de nacionalidad finesa: la soprano Anu Komsi y el violinista (y director de orquesta) Sakari Oramo, ambos también pareja sentimental. Komsi y Oramo ya han llevado al disco esta obra hace dos décadas. Komsi es una soprano de coloratura, con un timbre dulce y agradable, pero conocedora absoluta de la obra, como si esa dulzura no le restara sobriedad ni impacto a la obra, sino que los favoreciese. Oramo por otra parte se manejó bien en el violín, haciéndolo llegar al extremo con facilidad, especialmente en sus solos en la segunda y la tercera parte, donde nos introdujo en la crudeza y simplicidad de la partitura.

Como detalle, ya que en el programa de mano la lista de canciones solo figuraba en alemán, el señor Oramo saludó en castellano al público y leyó los títulos traducidos al español, para que el público entendiera, antes de tocar cada parte. La química entre ambos y en esta obra se hizo evidente, especialmente en la vis cómica de Komsi al imitar a su esposo al violín en la última canción de la tercera parte, lo que desató las risas y un aplauso  antes de tiempo.


Al terminar, el concierto se saldó con una atronadora ovación por parte del público, con cuatro salidas al escenario por parte de los artistas, lo que valida la reputación de estos fragmentos como una de las más importantes obras de cámara de la segunda mitad del siglo XX. Ganas hay de volver a verlo.

Aquí pueden escuchar una lista de reproducción de Youtube con la grabación de esta obra por Komsi y Oramo.

English: Kafka, intimate and personal: György Kurtág and his Kafka-Fragmente at the Reina Sofía Museum.

György Kurtág didn't meet Franz Kafka, because he was born two years after the death of the worldwide-renowned writer. However, both artists were as both as sensitive and reflexive, so their sensibilities were reunited in Kurtag's Kafka-Fragmente, a song cycle divided in four parts.  In the 50s, Kurtág spent some time in France, where he came into contact with the musical avant-garde, studying with Messiaen and Milhaud. In addition, he met the art psychologist Marianne Stein, who influenced him in such a way, that he even disowned his previous work.  Stein taught Kurtág how to write step by step, getting rid of unnecesary ornamentations, and to focus into the most essential.  This simplicity, as the most perfect expression of the most personal sphere.


During his Parisian stay, he delved into Kafka's work, and when he returned to Budapest, he started to collect letters, notes, and another private writings from the author, resulting in an introspective, radical and intimate work, composed in the 80s, the Kafka-Fragmente. In this four-part song cycle for soprano and violin, Kurtág, in his characteristical simplicity, sets to music Kafka's private reflexions, thoughts and emotions. The work explores the limits of the instruments, and takes them to their ultimate extreme: low notes, pianissimi, whispers, words and notes about to evaporate with silence, as well as high notes, screams, loud pizzicatos and arpeggios. So, Kurtág with the simplicity of voice and violin tries to explore the most visceral and at the same time the deepest, most private, inner side of Kafka's spirit. Both instruments introduce the listener into a such reduced space, remaining only concentration and music. 

Kurtág's cycle has been seen several times in Madrid. Indeed,Christine Schäfer and Isabelle Faust played an elegant version of at the Teatro Real in 2013. Now, it has been chosen to open the 2021-2022 season from the CNDM (Nacional Center for Music Diffusion), which organizes successful contemporary music cycles at the Auditorio 400 in the Museo Reina Sofía, the world-famed contemporary art museum in Madrid. For this occasion, the work has been played by an artistic (and also in private life) Finnish couple: the soprano Anu Komsi and the violinist, also conductor, Sakari Oramo. Komsi is a coloratura soprano, with a sweet, charming tone, but also a conoisseur. Her beautiful voice is not a "candy", but a successful complement of the work's sobriety and impact. Oramo commanded playing his instrument (in fact, he needs two violins, which he had to alternate), introducing the listener into the harshness and simplicity of the score, making it to sound virtuous and wild in the second and third parts.


As a kind gesture, since in the handbill the song list was only in German, Mr. Oramo greeted the audience and started to read the titles of the songs, now translated in Spanish, doing so before each part started. In addition, the couple's chemistry on stage was very obvious at the end of the third part, in which Mrs. Komsi's sense of humour emerged, by imitating her husband in the violin, making the audience to laugh and to applaud. 

At the end, a loud applause and big ovation awarded this accomplished rendition, confirming once again its reputation as a major chamber work in late 20th Century. We hope to see it again as soon as possible!

Here is a Youtube playlist for listening the Komsi-Oramo recording of this work.

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miércoles, 13 de octubre de 2021

"Radamisto's day": Il Pomo d'Oro, Jaroussky, Lemieux, Barath and a superb cast conquer Madrid.



The 2020-2021 season of the Universo Barroco (Baroque Universe) at the Auditorio Nacional de Música in Madrid, has begun yesterday, Columbus Day, with a concert version of Handel's Radamisto. 

Radamisto was the first opera Handel wrote for the Royal Academy of Music, in whose shareholders King George I himself was included, founded to provide some opera seria repertoire in early 18th Century London. The libretto by Haym, whose story goes back to Tacitus' Annals, in which the story of a not so much charismatic prince and her beautiful wife are prosecuted by the king, who is obsessed with the latter. The work has lots of inspired pages, like the beautiful oboe solos in the Overture, the Polissena's arias (the most beautiful and difficult), or the bravura arias by Tiridate and Zenobia, among others, and the final act full of terrible and extreme difficult coloraturas.


Touring Spanish capitals (last week they performed in Barcelona), Il Pomo d'Oro brings the madrileños this beautiful opera, in its 1720 original version. Conducted by the also harpsichordist Francesco Corti, this world-famed ensemble has rendered an unforgettable version of Handel's work. Tempi could be a bit slow, but they fit into this palace-scheming story. An inspired rendition which recreates in the solemnity and beauty of the score. The concertino Zefira Valova, played an amazing and virtuous solo in the Polissena's final aria, an obbligato violin. Oboes and trumpets were really beautiful, the latter one splendid in Tiridate's arias or the brilliant cello in the final Zenobia aria.


Philippe Jaroussky leads the cast, singing the title role. The feted and already legendary French countertenor has announced this will be one of his last performances of a complete opera, focusing specially conducting, but he would continue in recitals. Now 43, and after more than two decades of glorious career, Jaroussky seems to appear a bit tired in his singing, apart from some high notes now more strident. Nevertheless, he still maintains his beautiful and characteristic soprano tone, and his long scenical experience, revealed in his movements and expressions, giving the concert a somehow theatre sense, very missed in this kind of performances. He started with his characteristical charming tone in Cara Sposa, amato bene, sung with his usual exquisite taste for singing. He is still able to sing well terrible coloraturas, like in Vanne, sorella ingrata. In his final aria, Qual nave smarrita, he sang with a moving expressivity, totally devoted and conveying the hero's despair.

Emöke Baráth, was, however, the best singer of the cast. As mentioned before, her role Polissena has the most beautiful and complicated arias, and Baráth has a dazzling seductive, dark, warm tone to make them justice. Her voice is well projected into the vast hall. Her high register is superb, and also her ability to maintain notes, like in her final aria Sposo, ingrato, parto sì, in which her voice competes in virtuosism with Valova's violin. She commands coloratura, too. A rendition to be remembered.

Marie-Nicole Lemieux has sung the role of the desired and unfortunated Zenobia. A total reference in Baroque music, this Canadian contralto has shown her command of this repertoire. Her coloratura is amazing, as well as her velvet-like, dark tone and her powerful low register, which impressed the audience. Like her colleague and friend Jaroussky, she is also an accomplished actress, and chemistry on stage between both singers was remarkable. In her first aria Son Contenta di morire she gave a lesson of baroque coloratura. Her rendition of Deggio dunque, o dio was tragical, and she conveyed Zenobia's fury in Empio, perverso cor.

Zachary Wilder has a nice, lyrical tenor voice, with a shining tone. In his final aria, Alzo al volo di mia fama, one of the most complicated arias in the whole opera, being at the same difficulty level of the castrato arias. Wilder's agilty and high register impressed the audience, commanding the extreme coloratura.

Anna Bonitatibus as Tigrane has a sweet, agile voice, with a nice tone. Alicia Amo sang a good Fraarte, specially in his aria S'adopri il braccio armato, though she needs a bit of volume. Renato Dolcini as Farasmane has a big-volumed voice, forceful in the recitatives, but lacking some energy in his aria.

Now that  full capacity is allowed, long queues to enter were seen in the square of the auditorium. However, tickets weren't sold out, despite all. But all the attendees experienced an unforgettable opera night, in which Handel's music has conquered the audience in Spanish National Day.

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Il Pomo d'Oro y Philippe Jaroussky en Madrid: memorable Radamisto de Händel en el Auditorio Nacional.


Comienza la temporada del famoso y siempre excelente ciclo de Universo Barroco en el Auditorio Nacional de Madrid, esta vez con una ópera de Händel, Radamisto. Primera ópera que compuso para la Royal Academy of Music, una compañía que contó incluso con el rey Jorge I como accionista, cuyo propósito era surtir de opera seria al público, y donde compondría muchos de sus grandes títulos operísticos. Con un libreto de Nicola Haym, cuyo origen se remonta en los anales de Tácito, cuenta la historia de un príncipe armenio, cuya esposa es deseada por el rey, aunque no es el único. La obra tiene páginas muy inspiradas, desde el bello y enérgico solo de oboe en la obertura, a las arias de bravura del rey Tiridate y Zenobia, o las arias de Polissena, las más bellas de toda la ópera, además de que todo el acto final está lleno de arias de endiablada tesitura.


El día de nuestra fiesta nacional, 12 de octubre, y en el marco de una gira por España (en Barcelona actuaron la semana pasada), el famoso conjunto musical Il Pomo d'Oro, nos trajo la ópera haendeliana, en su primera versión de 1720, de la mano de Francesco Corti, director musical y clavecinista. Corti ha realizado una dirección francamente memorable, con los tempi quizá un poco lentos, pero totalmente convenientes a lo palaciego de la trama,  y a la solemnidad de los temas de las historias de las óperas barrocas. Una dirección inspirada, que se recrea en la belleza de la obra, además de contar con unos instrumentos en estado de gracia, desde el violín concertino de Zefira Valova quien en el aria Sposo ingrato, parto, sì del acto tercero, tiene un pirotécnico solo a la par que la no menos pirotécnica tesitura de Polissena, pasando por unos  magníficos oboes en la obertura, y las trompetas en las arias de Tiridate o el violonchelo en la trágica aria final de Zenobia. 


El famoso y legendario contratenor Philippe Jaroussky interpretó a Radamisto, el príncipe protagonista, en la que será una de sus últimas interpretaciones en vivo de óperas completas, antes de pasarse a la dirección de orquesta como hará en un futuro. A sus 43 años, y tras más de dos décadas de carrera, el francés aún se mantiene en forma, aunque la voz ya está en una fase de madurez, como quizá un poco de cansancio o el agudo un poco más estridente. Por otro lado, el protagonista, pese a dar título a la obra, no tiene precisamente las mejores arias, ni tampoco el carisma de otros grandes héroes de la producción haendeliana. No obstante lo anterior, la capacidad de cantar coloraturas endiabladas sigue presente, así como su bello timbre de soprano, con el que ha seducido a muchos públicos. También sigue siendo un animal escénico, como se puede demostrar en sus expresiones y movimientos, que a medida que avanzaba la representación, que le daban ese toque de tensión dramática de cuya falta adolecen las versiones concierto. Su aria de entrada, Cara Sposa, amato bene, la interpretó con su habitual exquisitez y sensibilidad. Y lo mismo en el aria final, la más famosa de la ópera, Qual nave smarrita, para la cual se reservó sin dudas, cantándola totalmente entregado,  transmitiendo la desesperación del protagonista a través de un aria bellísima. 

Emöke Baráth como Polissena fue la triunfadora absoluta de la noche, en una memorable interpretación de la atormentada hermana del protagonista. Las arias de su personaje son las más bellas, lo que le permite un mayor lucimiento. Ciertamente su voz tiene un deslumbrante timbre seductor, cálido, y corre por toda la sala. Tiene un estupendo agudo, además de una tremenda capacidad para los filados, como en su aria final, la más complicada de la ópera, en la que compite en virtuosismo con el violín como se ha dicho antes. También en dicha aria, pero como en toda la ópera, es capaz de lidiar con la coloratura. Una Polissena para el recuerdo.

Marie-Nicole Lemieux interpreta a la desventurada Zenobia, esposa de Radamisto. Una gran especialista en el barroco,  ha demostrado su buen hacer. Es una maestra en la coloratura, así como su timbre oscuro, aterciopelado y unos graves profundos. Además, al igual que su amigo Jaroussky es un animal escénico, y en las escenas que comparten juntos se hace evidente la gran química que hay entre ambos, como por ejemplo en el dúo Se teco vive il cor. En su primera aria Son contenta di morire deslumbró al auditorio con su coloratura, así como  con su dramatismo en Deggio dunque, o dio o en la no menos trágica Empio, perverso cor.

Zachary Wilder tiene una voz lírica agradable, con una entonación brillante, aunque la ópera barroca no da mucha importancia a los tenores. No obstante, se metió al público en el bolsillo con su aria final Alzo al volo di mia fama, una de las más complicadas de toda la obra, con una complicadísima coloratura a la altura de las de sus colegas castrati, en la que Wilder se movió como pez en el agua con una gran agilidad.

Anna Bonitatibus como Tigrane mostró una voz dulce, ágil y con un bonito timbre. Alicia Amo como Fraarte también dio una buena interpretación, especialmente en su aria S’adopri il braccio armato,  aunque le falta un poco de volumen en comparación con Bonitatibus. Renato Dolcini fue un buen Farasmane, contundente en los recitativos, aunque su única aria del primer acto se mostró algo inane. 


Aunque el Auditorio no estaba lleno pese a que ya se permite el lleno total, la alta ocupación era tan evidente que se formaron enormes colas para entrar, que iban hasta más allá de la plaza de Ernesto y Rodolfo Halffter. Lo que demuestra las altas expectativas para esta velada, que ha resultado ser memorable, con unos protagonistas de enjundia y una inspirada orquesta.

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lunes, 11 de octubre de 2021

Cuando el logrado y anhelado dinero no compra la felicidad: Triunfo de Los Gavilanes en el Teatro de la Zarzuela.

Los Gavilanes, de Jacinto Guerrero, es una de las obras más conocidas y celebradas del repertorio. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela en 1923, esta historia sobre el regreso de un indiano a su pueblo natal en la Provenza francesa, tras hacer dinero en Perú, lleva casi un siglo haciendo las delicias del público. Tras una ausencia de veinte años, este título regresa al teatro que lo vio nacer, en una nueva producción, a cargo del director de escena Mario Gas. La nueva temporada del teatro madrileño ha tenido un accidentado comienzo. La función prevista para el estreno del día 8 de octubre se ha visto afectada por la huelga de tramoyistas, que ha suspendido la función, además de afectar a otras de otros teatros de la capital. Finalmente ayer sábado tuvo lugar el estreno con el segundo reparto y esta misma tarde ha sido el turno del primero. 

Es, Los Gavilanes, una obra costumbrista , con números muy inspirados. La influencia de los ritmos de su época, como el foxtrot, la copla o el tango milonga se hacen eco en una partitura inspirada, con números que llegan al sentimiento como las romanzas de Juan, como las escenas habladas acompañadas por el trémolo de las cuerdas, o el fagot y el arpa en la desgarradora escena de Adriana y Rosaura en el segundo acto. También se trata de una obra que expone una figura que no quedaba tan lejana en la España de principios de siglo: el indiano, aquél que iba a las Américas a buscar fortuna y regresaba obteniéndola con creces: ejemplos de enormes caserones de estos ricos emprendedores se extienden por todo el norte de nuestra geografía, aunque en este caso la acción transcurre en la Provenza francesa (no obstante, todo evoca más a España que al país vecino). Este indiano, antes ignorado, ahora es adulado por su inmensa fortuna, de la que todos esperan sacar tajada, aunque esta misma sociedad hipócrita es la misma que le condena por intentar a toda costa comprar el amor de la joven Rosaura, de la que se encapricha, más que realmente se enamora. A pesar del final feliz y de la magnanimidad del protagonista, la obra trata apasionada y al mismo tiempo graciosamente el cómo altera a un pueblo la fortuna recién caída del cielo de un hombre que dentro de su buen fondo se deja llevar por su poder, pensando en comprar lo único que no sabe que puede: el amor.

El director Mario Gas realiza una lectura conservadora de la obra, pese al cambio de época. De mediados del siglo XIX donde transcurre la acción original, a casi mediados del siglo XX, a juzgar por el vestuario de las mujeres jóvenes (en bellísimos y coloridos vestidos a cargo de Franca Squarciapino, ganadora de un Oscar en 1990 por la película Cyrano de Bergerac), más cercanos a los años 40. Ha habido cortes en esta producción, dejando la función en 105 minutos, sin descanso. La estética del montaje es de evidente tendencia cubista, y la escenografía de Ezio Frigerio lo refleja tanto en el telón azulado con la luna llena que da la bienvenida al espectador, como en los decorados de la obra, especialmente un paisaje costero, con las casas que recuerdan a obras como "Las Casas de Horta", de Pablo Picasso. Además, unas enormes grúas de colores rojo y azul dominan el escenario, acentuando la industrialización que para mediados del siglo pasado ya dibujaban el paisaje de varios pueblos costeros como el de la obra. Por otro lado, los decorados incorporan los telones animados, que ayudan a cambiar la ambientación, de la playa a la plaza del pueblo, o incluso un diminuto tren atravesando el paisaje. Durante la escena de la fiesta del pueblo, Adriana y el coro cantan en el borde del escenario mientras se iluminan las luces de la sala, el típico efecto escénico que busca hacer partícipe al público. Al final, cuando los amantes se reúnen y el indiano les da su bendición, y el pueblo se une en la alegría general, el animado decorado es ocupado por un sol resplandeciente con la palabra "Fin", en una intención cinematográfica, al estilo del cine de los años 30 y 40, un recurso que recuerda a su famoso montaje de Madama Butterfly, tantas veces visto en el Teatro Real.

Jordi Bernàcer dirige la Orquesta del Teatro de la Zarzuela, de la que obtiene una interpretación notable, como en momentos como la pequeña introducción orquestal, el bello sonido de las cuerdas, con un impresionante trémolo de contrabajos y violonchelos, así como la viola que tiene bellos pasajes. Memorable el fagot en el dúo de Adriana y Rosaura del segundo acto, respondido por arpa en estado de gracia. El coro de la Zarzuela estuvo a un buen nivel.

El protagonista indiscutible fue un Juan Jesús Rodríguez como Juan, el indiano, quien dominó la función de principio a fin, con un chorro de voz, una pasión evidente, una gran presencia en escena. Siempre he encontrado en Rodríguez estas cualidades que le hacen un cantante de referencia hoy en día. No obstante, al principio, en la romanza de entrada el agudo me pareció algo vibrante, pero eso no palidece un brillante trabajo actoral, en el que denota autoridad. Y a cada número que pasaba el público estallaba en entusiasmo, aplaudiendo enfervorecido.

María José Montiel interpretó el otro gran personaje, Adriana. Montiel es una intérprete inteligente, y al igual que Rodríguez con una gran presencia escénica. Su Adriana es la de una gran señora, aunque frágil y desdichada. Su aterciopelado timbre se hace eco de estas cualidades actorales y le da ese aire de vulnerabilidad al personaje, aunque quizá le faltara un poco de volumen. Durante el dúo con Rosaura, No merece ser feliz, abordó dicha escena totalmente entregada, con unos graves bonitos, que barnizaron el dramatismo de su interpretación.

Marina Monzó fue una estupenda Rosaura, con una agradable voz (quizá un poco oscura al principio) y una interpretación en la que transmite la ternura y al mismo tiempo la determinación del personaje. Como añadido, tiene el físico ideal para el personaje al ser joven y bella. Ya la recordábamos en el Teatro Real como una excelente Inés en La Favorite hace unos años, y su carrera sigue en ascenso.

Ismael Jordi juega en casa, sin duda, en el terreno de la zarzuela. Este tenor, que injustamente está en segundos repartos del Teatro Real, se encuentra cómodo en este género. Su voz lírica, con un bellísimo timbre juvenil y magníficamente proyectado conquistan desde su primera intervención fuera de escena con "Soy mozo y enamorado", que parece heredero del "De mon amie" de Les Pécheurs de Perles, que Jordi canta brillantemente. Durante el resto de la obra mantiene ese gran nivel (aunque algunos sonidos, como las aes, me parecieron un poco nasales, pero no tiene importancia), especialmente en la endiablada romanza "Flor Roja", donde salió airoso de la agilidad que le exige la partitura. Un placer escuchar esta deslumbrante voz, ideal para un protagonista que además cuenta con un físico de galán.

En cuanto a los actores, Lander Iglesias como el adulador Clariván y Esteve Ferrer como el policía Triquet, bordaron sus cómicos roles, haciendo reír y mucho al respetable. Una mención especial para Ana Goya, cuya interpretación de Leontina, la temible abuela, infundió respeto con su grave voz. El resto del elenco estuvo en el mismo notable nivel.



Hoy, 10 de octubre, el Teatro de la Zarzuela cumplía 165 años desde su inauguración. Por eso mismo, y cada vez que hay función en esta fecha, el director del teatro Daniel Bianco salió a dar un breve discurso, en el que celebraba el género y la gran labor de este teatro. Y la normalidad regresa también al Teatro de la Zarzuela: por primera vez desde marzo de 2020, se ve el aforo completo, aunque todos con mascarillas y aún saliendo de la sala de forma escalonada. Así pues, más de mil personas llenaron el teatro con la firme intención de disfrutar, y ¡vaya si lo hicieron! los aplausos y las ovaciones hablaban por sí solos. 


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