viernes, 5 de marzo de 2021

Amores en Zarza: la juventud de la periferia, la inclusión y la diversidad conquistan el género chico.

                 

Una vez más, el Proyecto Zarza llega al Teatro de la Zarzuela para acercar la magia de nuestro género a los más jóvenes y los más pequeños. Pero este año es distinto: esta vez no será una obra íntegra de género chico, sino una antología escenificada y dramaturgizada de distintos números populares, con el título Amores en Zarza. Desgraciadamente para mí, no he podido ir este año al teatro para disfrutarlo, así que como seguidor de este proyecto, me he conformado con verlo por streaming. Aunque no será lo mismo, tampoco me he resistido a comentarlo.

Después del gran éxito del año pasado con Agua, Azucarillos y Aguardiente, el escritor Nando López vuelve al Teatro de la Zarzuela, y junto a la directora de escena Rita Cosentino, lleva el género chico a la periferia madrileña, en una obra en la que en la tarde del 15 de agosto, unos jóvenes del extrarradio esperan tomar un cercanías en dirección a las fiestas de la Paloma en el centro de la capital. Sin embargo, todos y cada uno tienen sus propios problemas, acrecentados por la situación actual, en la que de forma divertida y brillante se tratan muchísimos temas que de verdad inquietan a la juventud madrileña. Y la presenta además con la diversidad que hoy tiene: inmigración, el colectivo LGTBI, empoderamiento, inclusión... En todo sentido, esta juventud ya no es la misma que la que vio estrenar estas obras en el Teatro Apolo.

En su día, el género chico trataba de acercarse a la realidad social en clave de humor y de sátira. Los temas que se veían en escena eran reconocidos en el día a día de sus espectadores. Si de presentar antologías de zarzuela a un nuevo y potencial público se trata, no se traiciona a la esencia del género si en lugar de vestir de chulapos y chulapas a los personajes, se les viste con zapatillas, vaqueros y sudaderas. No se aleja tampoco si en lugar de presentarlo como una mera gala de números, se presenta como una obra musical en la que están presentes no solo la vivacidad de los números sino también un mensaje reivindicativo e inclusivo que conecta con lo que vive en su día a día  la generación a la que se desea llegar.  De esta manera, los espectadores no sienten que están en un viejo  teatro viendo una obra compuesta en un estilo y una época que les es ajena, sino que sentirán que se encuentran en una extensión de su barrio, que los muchachos que salen en escena pueden ser ellos mismos, como si al bajar a por el pan o por fotocopias se encontraran con lo que van a ver a continuación. Esa es la sensación que he tenido viéndola desde mi ordenador. Y lo he disfrutado como si estuviera allí, como si alguna de esas vivencias me pudiera pasar algún día.

El decorado único es, pues, un espacio repleto de graffitis, para actividades lúdicas, con pequeñas pistas para monopatín, y arriba unas vallas que nos recuerdan a las que rodean las pistas de deporte de varios de nuestros parques. En el recinto grafiteado destaca la palabra "Zarza". La iluminación de Juanjo Llorens crea una ambientación magnífica, con las luces y los colores, la luna llena, la tórrida tarde de agosto y la noche de verbena. El vestuario punk de Elisa Sanz es brillante, así como la coreografía de Nuria Castejón, que saca lo mejor de estos cantantes, actores ... y bailarines.

¿Y qué se ve en la historia? Un costumbrismo del siglo XXI, en el que vemos a un equipo de jugadoras de fútbol animado por sus compañeros masculinos con pasión, a una joven musulmana con hijab y a la que pagan poco y mal en su trabajo, a un influencer que sube cada momento que le sucede a las redes sociales, para sus 20000 seguidores, a una joven rica que trabaja y estudia para no depender de sus padres, a un muchacho desesperado porque su novio se va un año al extranjero por estudios, pero que en el fondo no quiere irse sino que debe hacerlo para ayudar en casa y evitar que su madre se deslome, y que a su vez critica que su chico, tan absorto en sus prácticas, se deje explotar de mala manera. Veremos a dos jóvenes gitanos hablando en caló, a un chico de barrio convertido en actor de la noche a la mañana, relaciones que terminan mal, un joven que no tiene ni idea de literatura (tan citada aquí), peleas entre grupos, a dos amigas que intentan arreglar los problemas de todos con un filtro mágico...Estos problemas harán que el plan inicial de ir a la Verbena se trunque, pero con su resolución, esa misma fiesta se queda en el barrio. 

                             

Uno de los mensajes más poderosos sin duda es la inclusividad. Dos jóvenes con vestuario pijo aparecen de vez en cuando intentando cantar el "Yo soy español" de La Patria Chica, y repartiendo octavillas con los colores de nuestra bandera. Cuando al final lo consiguen, los demás, escandalizados, se proponen reescribir el número. De esta forma, el cañí original, explotado hasta la denostación por la idea de una España monocolor, da paso a una nuevas formas de amarla y sentirla: hay varias Españas, todos los que vivimos en este país somos parte de él, ni buenos ni malos, seamos como seamos, todos somos España. Para mí fue potente, como respuesta cuando el chico pijo no reconoce a la musulmana ni al gitano como españoles, porque las minorías étnicas y los hijos de inmigrantes nacidos y criados aquí son parte del presente del país.



Cuesta imaginarse a Zarza sin Óliver Díaz, quien estuvo en las anteriores ediciones. Pero el conjunto musical, vestido informalmente, queda en buenas manos bajo la batuta de Miquel Ortega, quien con su dirección insufla vida, chispa y alegría a los números- Sin duda alguna, el nivel se mantuvo. Bellísima la orquesta en el Fandango de Los Burladores.  A continuación, esta es la lista de números que se interpretó:

  1. Pasacalle de El año pasado por agua
  2. Canción de la gitana de La alegría del batallón
  3. Alirón de Don Manolito
  4. Mazurca de los paraguas de El año pasado por agua
  5. Sueña de Don Manolito
  6. Farruca de La del manojo de Rosas
  7. Habanera de La boda de Luis Alonso
  8. Fandango de Los Burladores
  9. ¿Quien es usté? de La del manojo de rosas
  10. Soy español de La Patria Chica
  11. Polca de El baile de Luis Alonso

El reparto está formado por un conjunto de cantantes y actores, no líricos sino de musical y/o de teatro, cine o televisión, menores de 30 años. Algunos de ellos, ya habituales en estas temporadas; pero todos entregadísimos.

Sylvia Parejo en el rol de Tania fue sin duda la líder indiscutible del reparto, con una voz increíble y una actuación convincente dando vida a esta joven independiente y con determinación. Su interpretación del Sueña fue memorable. Pascual Laborda formó parte del dúo, y también del gran nivel del mismo, además de convencer como el preocupado Mikel, ante la marcha inminente de su novio. Guillermo Pareja interpretando al poco leído Izan dio otra de las perlas de la noche con su gran versión del Alirón, con su enorme voz de barítono. El mismo agradable timbre baritonal lo tuvo José Pastor como Nelson, en el dúo ¿Quién es usté?, a duelo interpretativo con Adrián Salzedo. El toque queer lo dio Nayim Temine con su vodevilesca versión de la Habanera de Luis Alonso. David Pérez con su vivaz versión de la Farruca de La del Manojo de Rosas, a dúo con Cristina García, logra la mejor de las tres actuaciones que le he visto en estas temporadas. Ferrán Fabà y María Gago dieron una divertida interpretación del Yo soy Español, destacando la imponente voz de Fabà. El resto del reparto estuvo a un grandísimo nivel, derrochando entusiasmo y energía.

Posiblemente estemos ante la mejor de las producciones de Zarza (al menos la mejor de las tres que he visto yo), que ha calado entre el público, por lo que se juzga en el vídeo,  que parece haber disfrutado como nunca. En esta divertida, potente y actual obra se ha conseguido algo que lleva persiguiendo el Proyecto Zarza desde su fundación y que es admirable: que esta música creada hace largo tiempo sea interpretada con pasión por estos jóvenes artistas, y que esa misma pasión llegue a una nueva generación, de la que se espera que en el futuro sea la que reemplace al público actual de un género sobre el que pesa la amenaza de declive y desaparición. Hay esperanza.


Aquí hay un enlace para ver la función completa en vídeo.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.


miércoles, 3 de marzo de 2021

Preestreno de Norma en el Teatro Real: los jóvenes frente al Romanticismo italiano en estado puro.


Hubo un tiempo, en la historia reciente del Teatro Real, en que Norma era una auténtica rareza. Y no es para menos, debido a que una ópera considerada como "catedral del bel canto" demanda unos artistas que son poco menos que animales operísticos, capaces de lidiar con la difícil partitura, especialmente los tres protagonistas del triángulo amoroso que presenta. Esa ausencia habitual terminó en 2010 con dos funciones en versión concierto, pero su consagración en el nuevo Real tuvo lugar en 2016 con una gran producción, procedente de Valencia, con muchos repartos, entre los que destacaban nombres como Gregory Kunde y Mariella Devia, quien cantó una única y gloriosa función. Cinco años después de esas gloriosas funciones, el Real vuelve a montar esta gloriosa ópera en una nueva producción propia. 

Para acercar la obra a un público joven, la semana pasada, la prensa anunció el reparto de más de mil localidades para asistir al preestreno, es decir el último ensayo general, a menores de 35 años. Como resultado, el domingo había una alta concurrencia de jóvenes, y en algunas zonas, quizá más de la que me gustaría.

Y de esta función hablará esta crítica, si bien no puede equipararse a cualquiera que provenga de las verdaderas representaciones al público. Se espera que todo mejore según estas vayan transcurriendo, pues los repartos son de nivel.

La puesta en escena está dirigida por Justin Way, director de producción del teatro. La producción posiblemente guste a los amantes de las "escenografías clásicas", aunque si bien vuelve el cartón piedra  al Real después de una larguísima ausencia, no es exactamente así. Way recurre a la idea de teatro dentro del teatro, llevando la acción a la época del propio Bellini, en plena ocupación austríaca de Italia; donde en un teatro decrépito se ensaya una producción de Norma.  En esta ambientación, Pollione es un oficial austríaco, quien mantiene un idilio con Norma, la primadonna, y con Adalgisa, una joven cantante. En la primera escena se ve un bellísimo decorado (a cargo del escenógrafo Charles Edwards) de un bosque, con la luna llena de fondo,  los árboles y un vestuario ambientado en la Galia del siglo I a.C. Uno se pregunta si así se representaría cuando la Grisi cantó esta ópera en el mismo Teatro Real allá por la década de 1860. En el segundo cuadro vemos los camerinos del mismo teatro, donde Clotilde atiende a los hijos de Norma mientas ésta canta en el escenario. Hay que decir que durante el cambio de escena se veía a los operarios del teatro cambiar los decorados a la vista de todos.

En el segundo acto, toda la acción, tanto la que pasa dentro, como fuera del teatro en esta visión que Way nos propone, transcurre en escena: El escenario y las candilejas están siempre presentes. La primera escena es una especie de cueva de cartón piedra, donde duermen los hijos de Norma. Sin embargo, aquí se confunden realidad y ficción, ya que Norma aparece vestida de sacerdotisa en todo el acto. La primera aparición del coro en este segundo acto tiene lugar en el ensayo, con Oroveso ahora vestido con un traje decimonónico, así como el personal del teatro. Cuando Norma toca el gong para invocar a la guerra, el coro enarbola una pancarta, con los colores de la bandera italiana y las palabras " Unione, Forza, Libertà". La última escena retoma la representación de la ópera, con el bosque, y todos (salvo Pollione) vestidos como galos, pero al final el decorado se levanta y muestra una calle ardiendo en llamas, hacia la que se dirigen Norma y Pollione, en lugar de a la hoguera.  El vestuario de Sue Willmington para Norma es uno de los logros, con un precioso vestido azul en el primer acto, y otro rojo intenso en el segundo.

Marco Armiliato dirige a la orquesta del Real, en sustitución del previsto Maurizio Benini. La orquesta parecía estar agitando los tempi y el volumen en el primer acto, con una interpretación pasada de decibelios en el preludio, aunque iba a mejor con el transcurso de la obra, especialmente a partir del segundo acto, con una bella interpretación del preludio, y de las cuerdas en la escena final. El Coro (que llevaba mascarilla), sigue en su línea habitual, también reservándose para el segundo acto, con una pronunciación sobrecogedora de la línea "Squilla il bronzo del Dio", así como excelente su interpretación del Guerra, Guerra y de la escena final.

El tremendo rol de Norma, por el que muchas primadonnas han pasado, como Maria Callas, Joan Sutherland, Montserrat Caballé o Leyla Gencer, y que exige un temperamento musical y escénico para soportar la intensidad del personaje; recae en la soprano española Yolanda Auyanet. Tras su exitoso Pirata de 2019 en este escenario, regresa al Real en este titánico personaje. Posiblemente, al tratarse de un ensayo, y como harían varios de sus compañeros de reparto, la soprano se reservó para el segundo acto. En el Casta Diva empezó algo reservada, con un tono oscuro, solemne. En el dúo con Adalgisa sorprendió con unos agudos imponentes. En el segundo acto la voz indudablemente entró en calor, con un lirismo, un agudo esta vez bello y una gran interpretación  en la escena en la que intenta matar a sus hijos, y en aumento desde entonces: el segundo dúo con Adalgisa fue muy emotivo. En la célebre línea "Guerra, strage, sterminio" transmitió la ira de Norma de manera sobrecogedora, de  hecho los graves en este acto fueron en esa línea. La escena final Deh, non volerli vittime fue conmovedora, cantada con una ternura y un agudo exquisito, sensiblemente proyectada la voz.

Michael Spyres es Pollione. Un rol difícil, sin duda alguna, si bien este tenor es una primera figura. Al igual que Auyanet, en el primer acto estuvo reservado, especialmente en el Meco all'altar, aunque ya desde el Va, Crudele al dio spietato mejoró. Lo sorprendente en este cantante es su registro grave, muchas veces rayano en lo baritonal, como el baritenor que también es.

La Adalgisa de Clementine Margaine impresionó a todos los presentes, siendo una agradabilísima sorpresa. Con un volumen tan grande que corría por toda la sala, una proyección firme y un aterciopelado timbre contraltado, la mezzosoprano francesa se impuso a sus compañeros, con una voz que se sobrepasaba a las de sus compañeros y a la orquesta, metiéndose al público en el bolsillo. En el Mira, o Norma cantó exquisita y conmovedoramente. Al final se llevó una gran ovación.

Roberto Tagliavini vuelve al Real con un Oroveso, que igual que sus otros compañeros, se reservó para el segundo acto, si bien estando un tanto destemplado en el Ite sul colle, en el Ah, del tebro del segundo acto volvió a su habitual gran nivel, con un canto noble y su genial grave. Igualmente estuvo convincente en la gran escena final.

Fabián Lara tiene una buena voz para Flavio, a veces más sonora que la de Spyres. Berna Perles fue una correcta Clotilde, aunque en el segundo acto se apreció mejor su timbre más bien oscuro.

La presencia de los más jóvenes, hacía palpable una atmósfera de entusiasmo, que resultó en una ovación para los intérpretes. Los silbidos y las úes de los conciertos de pop sustituyeron a los bravos tradicionales de las funciones de ópera. Esperemos que las representaciones sigan recibiendo calurosamente a la sacerdotisa.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

Norma's Preview at the Teatro Real, Madrid: Youth meets Italian Romanticism and the old way of doing opera.

Norma is one of the heights of bel canto style, or romantic Italian opera. And one of the heights of operatic history. Indeed, it's called the "Bel Canto Cathedral". The story of a tragic love triangle demanding three accomplished singers, three authentic divos, able to cope with the extreme difficulty of the score. Maybe this titanic score has been the reason of Norma's absence in the new Teatro Real until 2010,with two performances in concert. But the actual comeback came with in 2016 with a production from the Valencia Opera, with three major casts, featuring stars like Gregory Kunde or Mariella Devia, who sang just in one and glorious performance. Five years later, the opera house premieres a new production of its own.

To introduce a younger audience, the theatre released free tickets for people under 35, to attend the preview on February 28. As a result, the theatre was full of newcomers, usual young audiences and young members of the theatre friendship. This review will speak about this preview, so results are expected to improve.

This new staging is directed by Justin Way, production director of the Teatro Real. This new production will delight the lovers of old, classic productions, but it is not precisely a faitfhul reconstruction. Way has chosen to give a vision of theatre inside the theatre, setting the action in Bellini's time, during the Austrian occupation of Italy. In an old, ruinous theatre, an opera company is rehearsing Norma. Pollione is an Austrian officer, who has a clandestine affair with Norma, the primadonna of the company, and with Adalgisa, a young singer. Italian people during the Risorgimento era shares with the old Gallic peoples the sense of defense against the enemy. In the first scene, a beautiful set of the forest, the moonlight and chorus dressed like in the ancient Gaul makes me wonder if it was performed that way in this same stage in the 1860s, when Giulia Grisi herself sang Norma in Madrid. In the second scene, after seeing the technical staff to change the set, the action moves to Norma's house, or dressing room.  

In Act 2, action on and outside stage seems to mix and confuse, and the stage is omnipresent, with limelights. The first appearance of Oroveso in this act is done in 19th street clothing, like they were rehearsing or arriving to the theatre. After Norma hits the gong, the choir sings Guerra, Guerra while holding a big banner with the colours of the Italian flag and the words "Unione, Forza e Libertà". In thos days, opera used to serve to send political messages too. The last scene resumes the classic forest set with the trees and classic dressing, but at the end, the set raises to show a street burning, a symbol of the war, and to that destruction Norma and Pollione seem to go, instead to their death pyre.

Marco Armiliato replaced Maurizio Benini in the orchestra pit. Armiliato's conducting seemed in the first act going a bit fast and strong-volumed, even lost. But from the second act onwards, the orchestra gave a better performance, with a beautiful rendition of the Act 2 prelude and the strings in the Finale. The chorus (which wore masks) reserved itself for the second act, with magnificent performances and a breathtaking pronounciation of the line "Squilla il bronzo del dio".

Norma is a primadonna role. Great singers in the past, operatic legends like Maria Callas, Montserrat Caballé or Joan Sutherland have given their own version of the tormented priestess, divided between her duty and her love to Pollione and her children. She had to convey vocally, and to perform as actress the complex profile of the role, with its extremely difficult score. In this occasion, the title role is sung by Yolanda Auyanet. After her successful Imogene in Il Pirata in 2019, second cast to Sonya Yoncheva, she returns leading the first cast. Auyanet has been doing a successful career, singing great renditions of Vitellia or Liù. Maybe because it is a rehearsal, she reserved her forces for the second act. In the Casta Diva she seemed to sing a bit shy. Her high notes were remarkable in the O Rimembranza. It was during the second act when she finally show her lyricism, a beautiful, shining high-register, and good acting, really moving in the scene in which she is about to kill her children. The Mira, o Norma was at a great level, and her low notes were amazing in the terrible line "Guerra, strage, sterminio". In the Finale, she her singing was dramatic, elegiac, even tender, again with a great high tone in Deh, non volerli vittime.

Michael Spyres as Pollione started also reserved, lacking some volume in his entrance with Meco all'altar di Venere, but impoved as the performance went by, specially from Va, crudele al dio spietato. His voice has a nice tenor high-register, but as baritenor his low zone is astonishing, sometimes having the sensation to listen to a true baritone in his scene with Norma and Adalgisa. 

The real surprise of the night was the Adalgisa sung by Clementine Margaine. The French mezzo-soprano astonished the audience with her powerful, big voice, heard throughout the hall and surpassing the orchestra and her fellow singers. Her singing has a dark, seductive, fascinating contralto-like tone, beautifully sounding. She gave a fantastic rendition of Sgombra è la sacra selva, and moving in Mira, o Norma, sung exquisitely. At the end, she got a big ovation from the audience.

Roberto Tagliavini sang Oroveso. As his fellow singers on stage, he started singing reservedly in his entrance in Ite sul colle, but in Act 2 he gave a well sung, with his usual delightful lyric bass voice with nice low notes in his aria  Ah del Tebro. In the Finale he was excellent too.

Fabián Lara has a good voice for Flavio, surpassing Spyres' one in volume.  Berna Perles was a correct Clotilde, but her dark tone was more remarkable in Act 2.

The presence of a majority of young people in the audience created a visible athmosphere of enthusiasm, resulting in an outstanding ovation for the cast. Whistling and woo-hoos from pop concerts replaced the more usual, traditional bravoes. Times are changing? Who knows? Maybe these youngsters could become operagoers in some years, but what remained clear was their eagerness to enjoy and praise opera, what is hopeful for the future. Let's hope the actual performances, now with experienced old conoisseurs, welcome the show with the same passion.

My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.

Most of the photographs are from the internet and belong to its authors, to whom belongs any copyright. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me. Any reproduction of my text requires my permission.

lunes, 22 de febrero de 2021

Performing Wagner in Covid days? It's a miracle! Siegfried's successful return to Teatro Real, Madrid.



Last year, the Die Walküre opera performances at the Teatro Real were the last ones at its stage before the world stopped due to Covid-19, in which theatres were full, no masks and no safety distances. One year later, all these handicaps are preventing many opera houses still to perform, and they choose to stream audienceless performances instead, or even to re-open. In such circumstances, to perform Siegfried seemed impossible, and many were sceptical when it was announced in the 2020-21 season last June, with Madrid still in the last days of lockdown.

And Teatro Real did succeed, even when the country is still facing the third Covid wave, as the artistic manager Joan Matabosch has stated no reduction either in orchestra or length was considered. As a result, musicans have been distributed in the parterre balconies ( Harps, percussions, tubas), offstage (English horn) or even in the upper zones (the soprano singing the Forest bird). In the entrance, the staff offer to the spectators the possibility of take another mask after the second act.

                                  
                                 The orchestra distribution for this run of performances

In December 2003, the previous Madrid production of the Ring featured an interesting direction by Willy Decker and an inspired conducting by Peter Schneider, as well as a great cast featuring Stig Andersen as Siegfried and Hanna Schwarz as Erda, being the best journey of that irregular Ring.. Seventeen years later, the sensation of equilibrium is the same, even surpassing in some aspects.

Siegfried is the opera of hope: the hero is the breeze needed after the undesired confrontation between humans and gods, and the psychological defeat in Walküre. His deeds fill the action with rays of optimism: these are the last moments of happiness before the destruction in the next journey, indeed the final words of the Siegfried and Brünnhilde "Lachender tod" are an ominous prediction. Everyone is expecting him: the good ones to the brave one who will restore the order disrupted by the failure of Wotan's pacts, and the evil ones to get Fafner's treasure and regain power. He doesn't know fear, and his unexperience and arrogance will help him to defeat everyone, despite their experience and age. However, his behaviour could seem controversial: Wagner's young hero is actually a brat. As a teenager, his actions are quite impulsive, he is not very intelligent, but as the chosen one, his violence, ingratitude and rudeness towards Mime in the first act becomes unsettling for a modern spectator, even when the nibelung is evil, hates the hero and only wants him to get the treasure; or towards Wotan in the third act, ignoring that old man is his grandfather. Only Brünnhilde is able to stop him, when he experiments fear for the first time prior to awake her and then the love of her divine beauty. 


Robert Carsen takes all this to his vision of an ugly, polluted, corrupted, hopeless post-apocalyptic world, in which only decay is possible, ironizing Wagner's optimistic vision. During the first two acts, the forest is present. This forest is deprived of any green, as only cut trunks are replacing the complete trees. The grass is replaced by a yellow wasteland. In the first act, Mime's caravan (a recurrent element in modern productions of this opera) sets in the middle, with their dirty furniture outside, even an old wash machine in which Nothung is kept. Siegfried is dressed with militar clothes, like his parents, implying that humans are militarized in Carsen's vision. In Act 2, Fafner's appearances are the highlights: the first one with a dance of lights, in a masterful work by Manfred Voss, conveying the menace from the sleeping dragon. In the confrontation with Siegfried, two loader machine buckets spreading smoke represent Fafner's mouth, before appearing in his human form, bloodstained. Act 3 begins with Wotan's palace, now abandoned. Erda is a housekeeper, conjured by a drunk Wotan. The peak of this staging is the Valkyrie Rock. We see again Brünnhilde slept, surrounded of the remains of old words and weapons of the heroes she and her sisters used to take to Walhalla. Siegfried crosses virtually the fire, a fine line of actual fire, easy to cross.


Pablo Heras-Casado's rendition with the orchestra of the epic score is so far his best one in this Ring. His conducting has taken from the musicians an spectaular sound, specially from the complete wind section, which were supreme in the Act 1 prelude and in the English horn solo during the Forest Murmurs. The Brass section was superb too in the Siegfried's horn solo and in the Fafner scenes. Act 2 prelude was also magnificent, conveying the darkness, sinister mood of the dark forest. Clarinets performed very well, with their sound recreating an intimate ambiance before the hero realizes the warrior is not man. In Act 3 the orchestra was in full performance, with a powerful version of its prelude, with the strings shining at their best, and the Brünnhilde's awakening as an emotive, ecstatic moment. 


Andreas Schager sings the title role. Known to the audience for his Rienzi and Tristan performances in Madrid, the Austrian tenor is one of the few tenors able to resist and succeed with the extremely difficult score. He knows the chracter's psychology at every detail, and his acting conveys Siegfried's impulsiveness, courage, even his comic side. His voice sounds heroical and youthful. In the Forging scene his singing is powerful, but he has some trouble in few high notes. The Forest murmurs were sung in a tender, but reserved singing, showing the innocence of the young hero at wondering about his origins. As mentioned before, he reserved his voice for the final scene, in which his singing is shown at its peak, with a heroic intonation, great volume, beautiful tone and resistance. 

Andreas Conrad is a great Mime, with a grotesque sound and accomplished singing, but he lacks sometimes the volume. On the other hand, he can manage to sing an impressive low register, specially in the line "der Niblungen Hort hütet er dort", almost like a baritone.

Tomasz Konieczny reprises his Wotan of last year, now as The Wanderer. His singing can be noble, with a big volume and good singing, but in the first act he sounds gutural, as well as in his invocation to Erda. However, during his duet with her and specially in the monologue Dir unweissen ruf'ich ins ohr he regained authority, with a well projected singing. In his acting he portrays an elegant, wise man observing how events are developing.

Ricarda Merbeth reprises the role of Brünnhilde too. Despite her good taste at singing, the high tessitura of her character in this opera seems too much for her voice, and the high notes suffer from this, specially in the line "Heil dir, licht". Her rendition of Ewig war ich was, on the other hand, sung exquisitely, as well as the final high note, well heard throughout the hall.

Martin Winkler has a gutural, villainesque voice for Alberich, specially in his first monologue In wald und nacht, but he had good moments with his big-volumed, well-projected low register, in the terrible line der Welt walte dann ich, as well as in his duet with Mime.

Jongmin Park was, by far, the best singer in the cast. The Korean bass has a dark-toned, big-volumed bass voice, portraying an impressive and scary Fafner. Okka von der Damerau as Erda has a good voice, but not suitable for the goddess, lacking some volume. This singer has a nice tone (as she is an accomplished lieder singer), even some beautiful low notes, but she didn't sound as mystical and imposing as the wise goddess. Leonor Bonilla sang the role of the Woodbird, a beautiful voice coming from the upper zones of the theater, with a sweet tone.


To enjoy a live performance of a Wagner opera in the difficult, challenging present days is a gift, and we the spectators of Madrid audience could consider ourselves as privileged. By performing a Wagner opera, much to the admiration of many audiences throughout Europe with their theatres closed, the Teatro Real has put itself in the international opera map again. All wagnerians, opera-fans and opera houses are looking to Madrid right now.

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Sigfrido en el Teatro Real: El milagro de representar a Wagner en tiempos de pandemia.



Representar a Wagner siempre es complicado. Y más en estos tiempos de pandemia, distancias de seguridad y mascarillas, de casos de contagios que suben y de vacunas que no llegan a tiempo. Los teatros están cerrados en su mayoría, ofreciendo en el mejor de los casos streamings en directo de funciones sin público. Cuando la temporada 2020-2021 del Teatro Real se anunció en junio del año pasado, con la ciudad aún en desescalada del largo y duro confinamiento, la gran pregunta que surgía era cómo llevar a cabo este Sigfrido en la normalidad. Se antojaba imposible, con el mismísimo Bayreuth cerrado. 

Sin embargo, el Real ha vuelto a superar la prueba. Con el país aún en la tercera ola del virus, el teatro ha apostado por seguir adelante con la programación. Como ya dijo el director Joan Matabosch, nunca estuvo sobre la mesa la idea de hacer una versión reducida. El resultado ha sido el situar a la orquesta en otras zonas del teatro, especialmente ahora que hay reducción de aforo. De este modo, hay instrumentos que suenan fuera de escena, a la soprano que interpreta al pájaro del bosque la han hecho cantar en la sala de espera de encima de la tribuna, y  en los palcos de platea de han situado a las arpas y percusión a un lado, y a las tubas y demás grandes instrumentos de viento metal en otro, distribuyéndose de este modo:

                                 
Hace 18 años, en la anterior producción de este ciclo en el Real, Siegfried contó con un reparto con grandes nombres como Stig Andersen en el rol titular y la mítica Hanna Schwarz como Erda, y tanto la  dirección musical de Peter Schneider como la escénica de Willy Decker que estuvieron inspiradas, siendo la mejor jornada de aquél irregular anillo. En esta ocasión, se vuelve a tener la misma sensación de equilibrio, incluso supera a su antecesor en varios aspectos.

Como en las jornadas precedentes del presente ciclo, también llamado el "Ecoanillo", Robert Carsen continúa con su visión de la épica musical wagneriana en un mundo contaminado, sin solución, sin futuro, sin belleza, donde solo el declive es posible. Siegfried es la ópera de la esperanza. Tras los conflictos de intereses entre dioses y humanos, entre lo que los personajes desean y terminan haciendo finalmente, después de que los problemas y sufrimientos de los personajes se crucen de manera trágica y decisiva en La Valquiria; la aparición del héroe destinado a salvar a los dioses y al mundo trae un soplo de aire fresco a esta historia.

Sigfrido es el nieto del dios, el cruce entre la estirpe humana y la divina, el elegido para resolver los enfrentamientos y asuntos pendientes que Wotan deja a consecuencia de sus pactos. La intrepidez, aunque también la impulsividad del héroe impregnan el ambiente de positividad. Son los últimos momentos de felicidad antes de la destrucción que se avecina en la jornada siguiente. Criado por el nibelungo Mime, el joven welsungo que desconoce el miedo, y otras cosas de la vida, matará al dragón y se convertirá en custodio del tesoro del nibelungo, algo a lo que están a la espera tanto los buenos, que ven al muchacho como la restauración del orden,  como los malos, que lo ven como su vía de acceso al botín, y al poder. A todos les interesa lo que haga él. Solo Erda, Fafner, y Brunilda por estar dormida, si bien al haber pedido que la despierte quien no conozca el miedo, está implícito que el hijo valeroso de los welsungos  sea el único capaz de despertarla. Y al final lo consigue, despertando a la valquiria, y tras algunas reticencias de esta, haciéndola su mujer. La unión de humano y divino se consigue con esta pareja, terminando la obra con un júbilo incontenible, aunque las palabras finales "muerte sonriente" que los amantes cantan a dúo son un anticipo de lo nada halagüeño que está por venir.

Carsen toma todo esto para llevarlo a su mundo de fealdad, haciendo más irónica esta esperanza, en un entorno donde nada parece advertirla. Durante la mitad de la obra, el  bosque estará presente, con un suelo amarillento, yermo, del que emergen troncos de árboles partidos a la mitad. En el primer acto, en medio de ese bosque se encuentra la destartalada caravana donde viven Sigfrido y Mime (un elemento ya recurrente en otras producciones), que se suma a su sucio campamento, donde la fragua, una lavadora donde el enano guarda celosamente la espada Nothung partida en dos, y el mobiliario. Mime aparece sucio, grasiento, de pasar tanto tiempo forjando espadas, y Sigfrido aparece con el mismo traje militar de sus padres (lo que da a pensar que la sociedad humana de este futuro postapocalíptico está totalmente militarizada), con una actitud chulesca, violenta e impulsiva como la de un adolescente malcriado. Siempre ha sido controversial la actitud de Sigfrido en la obra: pese a la maldad de Mime, resulta chocante la violencia y mala educación del héroe para con él, del mismo modo que su irreverencia, que le valdrá para derrotar a quienes se interponen en su camino. Para un espectador moderno, el joven y valiente protagonista que Wagner ideó, puede llegar a ser un mocoso insolente e insoportable.  En cambio, Wotan, como el Viandante, es elegante, noble y sabe actuar desde la distancia. Al final del primer acto, cuando Sigfrido termina de forjar su espada, muestra su poder golpeando la caravana, que se abre dejando descubierto su interior, y provocando un enorme estruendo.

                                
El segundo acto, muestra el bosque de árboles rotos, sin nada de verde. En la primera intervención de Fafner el escenario se oscurece y hay un baile de luces, gracias a la magnífica iluminación de Manfred Voss, quien consigue transmitir el miedo. En el enfrentamiento de Fafner y Sigfrido, el dragón es representado por dos palas mecánicas que representan las fauces de la bestia, a la que el héroe golpea con su espada, y del que emerge Fafner en su versión humana, totalmente ensangrentado. En el dúo final de Mime y Siegfried, Mime aparece como un camarero desaliñado, que ofrece a Siegfried un pastel envenenado, pero termina cayendo encima de él, cuando el protagonista le asesina tras saber que intenta acabar con él. El tercer acto muestra el palacio de Wotan, ahora abandonado. El dios bebe mientras recuerda tiempos mejores. Erda aparece como una mujer de la limpieza, que dormía oculta tras las sábanas que cubre uno de los sofás de palacio. Tras el diálogo con la diosa, aparece Sigfrido, buscando a la valquiria en el palacio de su abuelo.

El cuadro final es el mejor resuelto: personalmente creo que la roca de las valquirias es lo más logrado de lo que llevamos de Anillo. Volvemos a ver a Brunilda dormida entre los restos de antiguas espadas y escudos que antes dejaban los héroes que ella y sus hermanas llevaban al Walhalla, y con ese hilo de fuego real al fondo del escenario, que ilumina toda la escena, y que Sigfrido atraviesa de verdad (puesto que las llamas son pequeñas y fácilmente atravesables). Cuando el héroe besa a la semidiosa para desperarla, se tumba a su lado mientras ésta se despierta de su letargo. El éxtasis amoroso es palpable en esta versión, que explota la alegría desbordante y la ternura de la pareja, con la iluminación ligeramente anaranjada que resalta el suelo yermo donde Brunilda yacía, como un recordatorio del inmundo entorno donde tiene lugar este amor.


Pablo Heras-Casado consigue su mayor logro con la Orquesta del Teatro Real en lo que llevamos de Anillo. El director granadino firma una versión espectacular, extrayendo de los músicos un sonido épico. El viento ha logrado una de sus mejores prestaciones, posiblemente en mucho tiempo. Ya en el preludio del primer acto sonó maravillosamente, transmitiendo la oscuridad de la cueva de Mime en ese pasaje. Las cuerdas en un principio parecían sonar tímidamente, pero muy pronto entraron en calor, para lograr un sonido brillante a lo largo en toda la obra. El final del primer acto fue prácticamente apotéosico pese a alguna descoordinación en la última nota. El preludio del segundo acto fue otro de los grandes momentos, con la orquesta bordando lo tenebroso del pasaje. Los murmullos del bosque fueron abordados con exquisita sensibilidad, destacando el corno inglés fuera de escena con un poderoso sonido recreando el fallido intento del héroe de comunicarse con el pájaro con una caña. En el tercer acto la orquesta estaba ya en plenitud, desde el preludio, con una enérgica versión, e igualmente en el interludio. Un momento muy bello fue el solo de clarinete antes de que Sigfrido se de cuenta de que Brunilda no es un hombre, con una interpretación dulce, íntima. El despertar de Brunilda fue un momento emotivo, de éxtasis. Y así continuó la orquesta hasta el final de la obra. La orquesta se supera una vez más respecto del anterior anillo.


Andreas Schager interpreta a Sigfrido. Habitual de producciones wagnerianas en la capital, Schager es de los pocos capaces de hacerle frente al inclemente personaje. Y en esta ocasión ha salido del paso, aunque no sin dificultades. Su voz suena por momentos juvenil, por momentos heroica, pero resistiendo a la orquesta y la inclemente tesitura. Conoce los entresijos del personaje, y transmite su lado más inocente, espontáneo aunque también insolente, en una magistral actuación. Se reserva para los momentos más importantes, aunque en la zona muy aguda tiene algunos problemas, que le pasan factura en la escena de la fragua. Este primer gran momento del héroe es abordado por Schager con una voz potente y bien proyectada, pero en los Hoho, Hohei finales el agudo en ocasiones le abandona. En el segundo acto, el tenor austríaco vuelve a reservarse para los Murmullos del bosque, que aborda de forma tierna, sensiblemente cantada, para estar a plena voz en el resto del acto. Es para la gran escena final donde reserva lo mejor de sí, con una gran interpretación tanto a nivel musical como escénico, aunque en el Lachender tod final la última nota se le acorta. Una suerte haber contado con un tenor solvente y que no suena mal: esperamos volver a verlo en el Ocaso.

Andreas Conrad es un Mime estupendo en lo vocal, y su timbre grotesco casa con el enano siniestro, aunque el volumen no le acompañe siempre, siendo en varias ocasiones tapado por la orquesta. No obstante, sorprende el grave que es capaz de imitar en su monólogo inicial, casi de barítono, en la línea "der Niblungen Hort hütet er dort". A nivel actoral transmite el servilismo y comicidad del nibelungo.

Tomasz Konieczny interpreta al Viandante, la falsa identidad que usa Wotan para moverse por el mundo. El timbre llega en ocasiones a ser gutural, pero también sabe cantar con nobleza, que explota muy bien en el primer acto. El volumen es generoso, posiblemente una de las voces que mejor corren por la sala. En el tercer acto, durante su invocación y en el dúo con Erda, es donde deslumbra con su timbre autoritario, potente, con un grave destacable, si bien podría ser que suene mejor en Sigfrido que en Valquiria.

Ricarda Merbeth es Brunilda. Posiblemente la tesitura del personaje en esta obra no sea el más adecuado para su voz. Si bien sabe cantar con gusto, algo que se refleja en el aria final Ewig war ich, que acomete tierna y solventemente, el agudo le es problemático, especialmente en el despertar, con la línea "Heil dir licht" con un sonido poco grato. El agudo final consigue salvar los muebles en esta interpretación, en la que al menos como actriz transmite la felicidad y la fragilidad de la valquiria.

Martin Winkler es Alberich. Su voz es gutural, a veces de villano cómico, pero tiene buenos momentos, especialmente en los dúos con Wotan, donde canta con un grave imponente la temible línea "der Welt walte dann ich!". También se destacó en el dúo con Mime.

Jongmin Park como Fafner es posiblemente el intérprete más destacado del reparto. Su poderosa, grave, de ultratumba, voz de bajo profundo suena rotunda y potente. El estupendo e imponente grave estremece a la sala. 

Okka von der Damerau es una Erda insuficiente. Si bien la voz es buena, el timbre no es lo suficientemente oscuro para este personaje, aunque el grave no suene tan mal, pero el volumen no le acompaña. 

Leonor Bonilla interpreta, fuera de escena, al Pájaro del Bosque, con una bella y dulce voz desde las zonas más altas del teatro.


Disfrutar de una buena función de Wagner en estos momentos es un privilegio teniendo en cuenta que la pandemia tiene la mayoría de teatros de ópera en Europa con el telón bajado. El Teatro Real se ha vuelto a poner en el mapa lírico internacional con este Siegfried sieneo capaz de representarlo en tales circunstancias.  Todos los ojos wagnerianos y líricos a nivel internacional miran en este momento a la capital española.


Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.
 





domingo, 14 de febrero de 2021

Crítica/Review: Pierrot Lunaire desde la ópera de Hamburgo (ESP/ENG)



Durante el otoño pasado, en la ópera de Hamburgo tuvieron lugar representaciones de un programa doble:  el Pierrot Lunaire de Arnold Schönberg y La voz Humana de Francis Poulenc. El teatro ha lanzado en streaming la primera parte del mismo, con la banda sonora de las representaciones y una película animada en 3D (que sirvió de acompañamiento en las mismas) a cargo de Louis-August Krawen.

La película de Krawen muestra la interacción de la obra con la naturaleza, en la que la luna tiene un enorme protagonismo, así como la de Pierrot, representado aquí como el hombre moderno, con el entorno que le rodea, en este viaje espiritual a través de las pasiones, la blasfemia y la introspección, que Schönberg sacó de poemas de Albert Giraud. En la primera parte se ve la naturaleza, la luna, minerales, y tres personajes que actuarán en las dos restantes. En la segunda y tercera parte vemos una imponente infraestructura de una ciudad moderna, propia de una película de ciencia ficción, así como imágenes de ese edificio, con un impresionante concierto de DJ con luces estroboscópicas. Al final, cuando Pierrot regresa a Bérgamo, aquí un islote en medio del inmenso mar, este se aleja pasando de la oscuridad de la noche, a un rosa liláceo amanecer que da un color pálido al mar. Una recreación brillante, que teletransporta las emociones de la obra a una época moderna, haciéndola muy entretenida.

Kent Nagano dirige brillantemente el conjunto orquestal, acompañado de tres voces femeninas, una para cada parte. La primera es cantada por la mítica Anja Silja, de 80 años, y referencia absoluta en esta obra y este repertorio. Silja declama la obra con un dramatismo visceral, y su voz ya avejentada (que inevitablemente refuerza este histrionismo) aún presenta sonidos del que fue su tan característico timbre, del mismo modo que su abierto pero impactante agudo aún parece asomarse en algunos momentos.  La segunda parte fue recitada por la soprano Nicole Chevalier, con una voz desgarrada, y la tercera por Marie-Dominique Ryckmanns, con una agradable voz de soprano de coloratura, algo tan paradójico para la tormentosa y poco agradable tercera parte.

Es de agradecer que este streaming nos permita ver la obra maestra de Schönberg como nunca antes la habíamos visto, y volver a escuchar, aún en su vejez, a una de las divas más grandes de la segunda mitad del siglo XX, en una música en la que es una total autoridad.



Last Fall, in late October 2020, the Hamburg Opera held performances of a double program, featuring Arnold Schoenberg's Pierrot Lunaire and Francis Poulenc's La Voix Humaine. The opera house has released the first one on streaming, with the soundtrack from the performances accompanying a 3D animated film by Louis-August Krawen, which was the set design itself for the show.

Krawen's film shows the interaction of the work with nature, with the Moon as a major character, as well as Pierrot's, here represented as modern men, with any environment surrounding him, in this spiritual journey through passion, lust and blasphemy from the poems by Albert Giraud. Schoenberg's atonal music sets the high-class cabaret-style ambiance for this introspective and deep texts. In the first part of the film, nature is represented, with the moon, the forest, minerals and three men which will be starring the next parts. The second part represents the modern world, with an imposing sci-fi city structure, even an atomic explosion and a dj concert with strobe lights. In the third part, nature is back, and Bergamo, where Pierrot returns, is represented as a big island in the middle of a vast ocean. At the end, the darkness gives way to pink-purpled sunrise. A brilliant recreation, transporting to a modern point of view the emotions from the work, making it quite entertaining.

Kent Nagano conducts brilliantly the orchestral ensemble, presenting three female voices, each one singing one part. The first one features the legend diva Anja Silja, a total reference in Schoenberg's music and in this work. Silja declamates the work with a dramatic intensity. Her voice is aged, but still we can get flashes of her former characteristic  singing: sometimes we still recognise her youthful sound and her opened but intense high register in some moments. The second part was recited by Nicole Chevalier, in a tormented, broken performance. The third one featured Marie-Dominique Ryckmanns, with a nice coloratura tone, a paradox considering the  nature of this work.

This memorable performance presents Schoenberg's masterpiece as we had never seen it, and gives us the chance to listen one of the greatest divas of late 20th Century, in a music in which her name is a synonym of finest accomplishment.




My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any spelling mistake.

Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.


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sábado, 13 de febrero de 2021

Review/Crítica: Coffee, Gin, and Murder: A guide to quarantine in 24 m2 (ENG/ESP)

 

During the long global lockdown in the 2020 Spring, when the world was stopped and the return of operatic life seemed to be still far (still is in some countries like the US), in the city of Wuppertal the transgender woman Lucia Lucas and her wife Ariana Lucas filmed a modern version of the duet of Erda and The Wanderer (Wotan ¡, the father of gods) from the Richard Wagner's opera Siegfried. The project is called Coffee, Gin, and Murder: A guide to quarantine in 24 m2. Filming took place at the artists' own home. There are references to the Tetralogy like a painting of the three Norns designed by Ariana Lucas, a gin bottle named "Siegfried", among others. The film has a musical accompaniment by Rainer Armbrust.

The action is set in a modern city. Wotan arrives at Erda's flat in hurry. He enters by forcing the door. Then, he takes off the mask, the gloves and washes his hands: the new ritual to prevent virus. Erda is awaken from her own bed, and the duet becomes an argue, ending in her death, murdered by Wotan. After his monologue meditating about Brünnhilde and Siegfried, Wotan leaves Erda's corpse in her bed and leaves.

Lucia Lucas is an American woman transgender baritone, the first one to protagonize a production in an important opera house in her country, Don Giovanni in the Tulsa Opera. After her transition, she kept her baritone voice, and having a successful career: she has sung wagnerian and verdian roles, and she was scheduled to sing Billy Budd at the Metropolitan Opera, being the first transgender opera singer singing at its stage, sadly cancelled due to the pandemic. In this occasion, she sings Wotan. Her voice is big-volumed, with a beautiful low register, with some tones reminding John Tomlinson or Alan Titus' voices. She gives her singing the authority, experience of the veteran god.

Ariana Lucas is a great contralto, with a nice, dark-toned voice, and dramatic low notes, with an exquisite diction, rendering an unforgettable version of her entrance "Stark ruft das lied".

Almost one year later, Covid-19 is still hitting the world, and most of opera houses and venues are giving streamings, with no audience, of complete performances. In the challenging last spring, the only option was the house of the artists, which gave the music lovers some instants of music, in hard times.

Here is a link to watch the complete show on Youtube.

                    


Durante el largo confinamiento en la primavera pasada, cuando el mundo estaba encerrado en casa y algunos países tímidamente retomaban su vida cultural, en la ciudad de Wuppertal, el tándem artístico -matrimonio en la vida real- formado por las cantantes Lucia y Ariana Lucas filmaron un cortometraje con una adaptación del dúo del Viandante (en realidad el dios Wotan) y Erda de la ópera Siegfried, de Richard Wagner. El proyecto se llama Coffee, Gin, and Murder: A guide to quarantine in 24 m2, que en español significa "Café, ginebra y asesinato: una guía de cuarentena en 24 m2". El  rodaje tuvo lugar en la casa de las artistas, y para este montaje se han creado referencias como un dibujo de las tres nornas, por Ariana Lucas, así como una botella de ginebra con el nombre de "Siegfried", entre otras cosas. El acompañamiento de piano corre a cargo de Rainer Armbrust.

Esta versión transcurre en una ciudad moderna. Wotan llega apresurado al domicilio de Erda, edificio donde al parecer viven todos los personajes del Anillo. Al llegar a su casa, se quita la mascarilla, los guantes y se lava las manos, que es el nuevo rito de limpieza para prevenir el virus. Levanta la sábana de la cama donde duerme, y mientras  él prepara un café. El dúo de conjuro a la diosa de la sabiduría aquí se convierte en una discusión; y ante las evasivas de Erda, el dios termina asesinándola. Tras reflexionar y mostrarse optimista por el futuro, es decir el encuentro entre Sigfrido y Brunilda, Wotan cierra la casa y deja cuidadosamente el cuerpo de Erda en la cama, tras lo cual deja el lugar.

Lucia Lucas es una cantante transgénero estadounidense, quien tras su transición a una identidad femenina, ha podido mantener su voz masculina de barítono; con la que ha hecho una importante carrera. Ha sido la primera artista trans que ha protagonizado un montaje en su país, y ha interpretado varios roles wagnerianos y verdianos en Alemania, donde vive actualmente. Además, ha sido también la primera cantante transgénero en ser contratada por el Met de Nueva York, un pequeño rol en la ópera Billy Budd, cancelado por la pandemia. En esta ocasión interpreta a Wotan, con su estupenda voz, y momentos de un gran nivel y con algunos sonidos que recuerdan a John Tomlinson o Alan Titus, capaz de unos graves bellos, dando al personaje una capa de experiencia, autoridad propias del jefe de los dioses. 

Ariana Lucas, su esposa, es una contralto apreciable, un tono oscuro y graves aterciopelados, y una dicción exquisita, con un "Stark ruft das lied" para el recuerdo.

En aquellos días, cuando la vuelta a los teatros se aún antojaba lejana, y el mundo se detuvo, muchos artistas tuvieron a bien alegrarnos la vida con estos entremeses musicales desde la intimidad y acogida de sus domicilios. Y fue de agradecer, en esos difíciles momentos.

Aquí hay un enlace para ver el vídeo entero en YouTube.


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