viernes, 23 de marzo de 2018

Aida en el Teatro Real. 19 y 22 de marzo de 2018.




Después de largo tiempo, los aficionados madrileños hemos podido ver Aida en el Teatro Real, después de una ausencia de veinte años. Demasiados para uno de los títulos más celebrados del repertorio y por este motivo, la mayoría de asistentes a estas funciones estamos viendo esta genial obra posiblemente por primera vez en nuestras vidas.

El Real repone este gran título con el mismo montaje que se programó hace dos décadas y que lleva la firma de Hugo de Ana. El director de escena argentino afirmó que sería una reelaboración de aquella producción, hasta el punto de presentarla prácticamente como nueva. Entre otras cosas, se han aducido razones de seguridad. Y desde luego con un vestuario opulento aunque no siempre fiel del todo, como en el caso del coro en la marcha triunfal.



El telón metálico con decoraciones egipcias, que se levanta en cada cambio de escena

Al empezar la obra se levanta el telón de color metal y con decoraciones egipcias que domina la sala, para dar paso a una escena dominada por un enorme obelisco, pero tapada por un tul en el que a lo largo de la obra se proyectarán imágenes de templos,estatuas e ilustraciones del antiguo Egipto. Por ejemplo, el preludio es un recorrido en 3D por un templo. Sobre el escenario, hay proyecciones que funcionan bien vistas frontalmente, que en el tercer y cuarto actos parece dar la sensación de un paisaje de pirámides, pero vistas desde un lateral se ve que eso es una trampa y sólo hay en el escenario un obelisco aislado y un pico de pirámide. En el primer acto y en el final esas proyecciones dificultan muchísimo la visión.

El gran final del acto segundo, lo más celebrado del montaje.

Lo más logrado es el segundo acto: primero porque se ve el escenario sin el dichoso tul. En la primera escena vemos un enorme monumento ricamente decorado que es la estancia de Amneris, y luego la gran marcha triunfal. En la gran escena final de ese segundo acto vemos la enorme pirámide en la que se sitúa el asfixiante poder con el Faraón, Ramfis y los sacerdotes mientras que el pueblo y el cuerpo de ballet se sitúa a ras de suelo. Después de la marcha la pirámide se acerca más y entran los prisioneros y los personajes y finalmente entran las imágenes de los dioses. Cuando termina esta escena se ilumina y apaga varias veces, como si fuera el propio montaje el que estuviera saludando. No dejo de ver en este aspecto una copia de los viejos montajes del Met, pretendiendo ser Zeffirelli sin conseguirlo.

                                               Acto Primero. Danza de las sacerdotisas.

Las coreografía de las escenas de danza corren a cargo de Leda Lojodice, la cual no me termina de convencer. En el primer acto la danza de las sacerdotisas la realizan unos cuerpos espectrales y casi desnudos intentando deshacerse de unas vendas larguísimas y no muy bien conseguidas, casi de papel higiénico; lo que nos hace pensar que son momias. En el segundo acto la cosa mejora en la danza de los esclavos moriscos; pero el resultado es desigual en la marcha triunfal, porque los soldados hacen una danza victoriosa cuando uno se hace a la idea que deberían desfilar. En la música inmediatamente posterior se ve un cortejo entre bailarinas y soldados, siendo mejor la danza de ellas que de ellos.

Pese a todo, es un consuelo que muchos nos bauticemos escénicamente en una Aida como esta y no con un versión más provocadora que no tenga ni un atisbo de Egipto. El público ha disfrutado del lado más espectacular de este montaje.


 En lo musical, Nicola Luisotti dirige una Aida irregular. Aunque va de menos a más a medida que avanza la función, tiene momentos en los que abusa del forte, y ni aun así el sonido de la orquesta consigue ser bello del todo (el viento no da todo de sí en varias ocasiones, por ejemplo). En la función del día 22 estuvo mucho mejor que el día 19 pero en ambas la dirección carece de agilidad en algunos momentos; yo no pude estremecerme al final del segundo acto, por poner un ejemplo.

En cambio el coro estuvo estupendo en sus intervenciones.


                                                    Violeta Urmana como Amneris.

En las dos funciones a las que fui vi al mismo reparto, que fue el primero, salvo en la intérprete de Amneris que varió un día respecto del otro.

Liudmila Monastyrska, una de las sopranos verdianas más aclamadas en estos últimos años, debuta en el Teatro Real como Aida. Hay que decir que tiene un volumen enorme, y que cuando da un agudo es capaz de sobrepasar a la orquesta, el coro y los solistas. Cuando tiene que cantar en piano, el sonido es bellísimo, y todos los pianissimi nos deleitaban. En general, su voz es bella y de gran calidad pero interpretativamente a veces la encuentro un poco fría. Para el recuerdo el Numi pietà y el O Patria Mia, donde hizo una exhibición impresionante de bellos sonidos. También se guardó para el final, donde estuvo conmovedora.

Gregory Kunde volvía a un Real donde es venerado, interpretando a Radamés; pero siento mucho que esta vez no pueda deshacerme en halagos. El Celeste Aida  ya le cuesta mucho y aunque los agudos siguen siendo impresionantes, la voz resiste y aún conserva un timbre más o menos dramático; la peligrosa sensación de quiebra vocal impregnó la interpretación el día 19. El 22 fue mucho mejor pero siguen evidenciándose esas carencias, lo que hace pensar que ya no está para hacer este personaje o que debería disminuir su vertiginosa agenda o que el aria se le hace cuesta arriba. Posiblemente la dirección atronadora de Luisotti hizo que al final del primer acto la orquesta le sobrepasara.

Sin embargo, sus aún generosos medios le devolverían la gloria en la segunda mitad: en el tercer acto estuvo muy bien en los dúos con Aida y Amneris, con la voz aún sonando bella. En el final estuvo igualmente muy bien, con una interpretación estupenda: bellísima interpretación la que hizo en La Fatal Pietra. A sus 64 años este tenor estadounidense ha demostrado ser gran artista y tiene un nivel muy superior muchos de sus colegas, pero según el repertorio que se cante la voz podrá soportar mejor el temporal porque Otello no es Peter Grimes (que abordó en Valencia el mes pasado en estado de absoluta gracia), ni Radamés es Devereux.

Amneris fue interpretada el día 19 por Ekaterina Semenchuk, una mezzosoprano de voz  oscura y con enorme talento escénico, con bello sonido de contralto; que dejó una escena del juicio para el recuerdo.  Violeta Urmana la interpretó el día 22, pese a estar indispuesta según se anunció en megafonía. Siempre he disfrutado con Urmana y era la primera vez que la veía como mezzosoprano. Pese a su estado, cantó con su habitual hermosa y temperamental voz, además de tener unos graves excelentes.Sus actuación fue generalmente convincente y al igual que Semenchuk, su talento escénico dejó también para el recuerdo la escena del juicio del acto cuarto, con un agudo final espectacular.

Roberto Tagliavini interpretó en su buena línea habitual al sacerdote Ramfis. George Gagnidze interpretó a Amonasro en su línea habitual: voz que suena mejor en vivo pero ahora tendente un poco al "ladrido", que estuvo bien en lo interpretativo pero en lo vocal ya empieza a sonar algo difícil aunque esa voz sea de las que corren por todo el teatro.

Soloman Howard es un faraón de físico espectacular, y la vocalmente no se queda atrás pues la voz es enorme. Tiene un buen sonido de base; pero un poco gutural a veces, lo que dificulta la dicción.
Sandra Pastrana y Fabián Lara como la sacerdotisa y el mensajero respectivamente cumplieron muy bien sus personajes comprimarios con unas estupendas voces.



La sensación de que la producción tanto escénica como musicalmente es mejorable, era latente. Por eso el 19 fue recibida fríamente aunque el 22 hubo ovaciones sonoras, quizá porque los intérpretes dieron más de sí y todos salimos ganando. Pero en el fondo, el público sabe que Aida es una obra maestra, tanto por las conocidas escenas que requieren muchos figurantes en escena: como por las escenas más intimistas de unos personajes que aman intensamente y sufren por ello, que se manifiestan en las más bellas arias y escenas salidas de la pluma de Giuseppe Verdi, el verdadero gran triunfador de estas noches.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con su publicación en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

domingo, 18 de marzo de 2018

Vídeo: Maria Callas como Tosca (1958 y 1964)


Todo aficionado a la ópera se encuentra con la figura divina de Maria Callas. Ya sea empezando su afición al género, o como un aficionado de raza, la figura de la soprano griega es un referente omnipresente y un mito universal. Y también por los no tan melómanos que ven en ella a un icono con su elegancia inigualable. 

Es muy difícil escribir sobre ella. Al menos para mí lo es de forma minuciosa y objetiva, por que ella es inabarcable. Más que una leyenda, un antes y un después. La Callas era el drama hecho soprano: una voz bella (aunque controvertida) con un instinto dramático y un temperamento que hacen vivir la historia, aunque sólo sea por medio de un disco. Y Maria, la mujer, un personaje que vivió una vida intensa y llena de sufrimientos.

Pese a su legado como cantante e intérprete, los aficionados de hoy tenemos pocos testimonios para hacernos una idea de ese animal escénico que esta gran soprano fue y que ha sido siempre referido. Pero por suerte, tenemos además de filmaciones de recitales dos versiones del acto segundo de Tosca; ambos legendarios: uno en 1958 en París y otro en 1964 en Londres.

Tosca fue uno de sus roles insignia (y tuvo tantos). La heroína de Puccini y la Callas son casi sinónimos en el subconsciente operístico, y parte de la culpa de ello lo tiene su mítica grabación en disco de 1953; un hito de la discografía.



El 19 de diciembre de 1958, Maria Callas debutaba en París, en la legendaria Ópera Garnier. Tal magno evento contó con la asistencia del mismísimo presidente de Francia. Además, fue emitido por televisión  y millones de personas pudieron seguir esta velada mágica. Primero empezaría con una selección de arias, y la segunda parte comprendería el segundo acto de Tosca. La filmación es buena, pero no muy cuidada. Callas estaba aún en buena forma vocal en 1958, y podemos ver una actuación musical excelente con un "Vissi d'arte" potentísimo e igualmente impecable en lo actoral: por ejemplo cuando Scarpia le pregunta innumerables veces si Cavaradossi estaba solo y ella le responde enérgicamente "Solo, sì!". 

Si Tosca es sinónimo de Maria Callas, Scarpia es sinónimo de Tito Gobbi. Sin embargo, en esta versión aunque su Scarpia es excelente, no alcanzará los niveles excelsos de ocho años después. Aquí Cavaradossi es Albert Lance, un modesto tenor australiano. La puesta en escena es convencional pero no tiene una dirección de actores muy trabajada y no saca el provecho de los artistas que debería. La dirección corrió a cargo de Georges Sebastian, competente director de orquesta.


Aunque las fotografías que he subido están a color el vídeo es en blanco y negro.

Seis años después estamos en 1964. Para ese entonces, Maria Callas estaba vocalmente casi acabada. No cantaba una ópera entera en tres años y en su vida personal la relación con Onassis le había pasado aún más factura. Regresó a Londres a principios de ese año para cantar unas funciones de Tosca que se convertirían en leyenda. Y se volvería a filmar y televisar el intenso segundo acto, que ahora contaría con la dirección de escena de todo un experto como Franco Zeffirelli, quien sacaría (si es que fuera posible) aún más rendimiento de Callas y de Gobbi, además de crear una lujosa ambientación. 

Aunque sólo sea un acto, el más intenso de la obra, esta filmación es la mejor que se haya hecho nunca de Tosca: no hay nada más allá de esto: es ópera en estado puro y la tensión dramática se respira en todo momento. Cincuenta y cuatro años después, no ha sido superado.

Callas ya no es vocalmente lo que había sido, pero como intérprete sienta cátedra y no ha sido superada. Sus expresiones, sus ademanes, su entonación son un torbellino que deja al borde del asiento. Para el recuerdo su mirada asustada (es que uno se siente acorralado con sólo verla) cuando Scarpia le insinúa sus intenciones, el terrible grito de "Assasino" que le lanza cuando descubre que su amado se ha desvanecido por la tortura, la expresión doliente en el Vissi d'arte, el terrible "questo è il bacio di Tosca" cuando apuñala a Scarpia, cómo le coloca el crucifijo al cadáver toda estupefacta y cómo sale corriendo de la estancia cuando baja el telón. Es impresionante, imposible describir la sensación. Como ya he dicho antes, vocalmente ya no está en su mejor momento pero es capaz de emocionar, porque la voz sigue siendo bella y su histrionismo ayuda a salvar la noche. Aunque ya le cuesta el Vissi d'arte consigue salir airosa. Es una interpretación que todo aficionado a la ópera no debe perderse, porque vivirá en la historia. 

Tito Gobbi aquí está igualmente insuperable. Puede que su voz no fuese bella, puede que fuese un intérprete más rudo que otros grandes barítonos, pero él es Scarpia. Nadie como él ha sabido entonar, interpretar, transmitir la maldad del personaje. Tampoco está ya en su mejor momento pero igualmente su interpretación es legendaria. A partir de "Ha più forte sapore" las cosas se ponen en un nivel excelso: sus expresiones de sadismo y brutalidad aterrorizan. Insuperable en todo momento, aterrador en la escena de la tortura y repulsivo en las escenas de coacción a Tosca.



Renato Cioni es un tenor digno de tal nombre. Aunque no sea una leyenda como Corelli o Di Stefano estamos ante un cantante excelente. Los Vittoria son potentes y su actuación es igualmente excelente, posiblemente animada por sus coprotagonistas y por el gran trabajo de Zeffirelli. Personalmente siempre me ha gustado la potente y juvenil voz de este tenor.

Robert Bowman canta Spoletta con un fortísimo acento británico, y no muy agradable de escuchar siempre. La orquesta está dirigida por Carlo Felice Cillario, quien logra una estupenda dirección orquestal.

Me ha resultado muy difícil hacer esta reseña, porque hacer justicia a Maria Callas es una labor titánica debido a su enorme envergadura y significancia para la historia de la ópera. No contamos con una ópera completa pero afortunadamente estas dos filmaciones de uno de sus mejores roles nos permite disfrutar y comprender aún más del arte de la que quizá fue la mejor soprano que jamás subió a un escenario.


martes, 13 de marzo de 2018

Vídeo: Aida por la Folkoperan de Suecia en Lanzarote.



Hace muchos años, me encontraba haciendo la compra de la semana en un Alcampo, cuando en la sección de todo a un euro, encontré este extraño DVD de Aida en versión película. Me sorprendió ver esta versión, y ya que costaba un euro mi afán coleccionista pudo más que yo y me lo llevé a casa, a pesar de que no veía más que nombres suecos en el reparto y un anuncio grandilocuente. Al llegar a casa me percaté de que la ópera estaba cantada en sueco y descubrí hasta dónde me había llevado mi ingenuidad. Lo que vi por encima me pareció coqueto pero no lo vi entero y lo desterré a mis estanterías.

Ahora que Aida está en cartel en el Real, volví a acercarme a este vídeo. Siempre he tenido curiosidad por  nuevos horizontes y cosas inusuales en ópera, así que me animé a ver esta producción.

La Folkoperan (ópera popular) es un teatro de ópera popular en Estocolmo, que lleva a cabo producciones en idioma sueco con gran éxito de público. En 1987, su fundador Claes Fellbom se traslada con la compañía a Lanzarote, para rodar una película de esta genial ópera verdiana.

Claes Fellbom rueda en espacios naturales de la isla canaria de Lanzarote, cuya deslumbrante naturaleza volcánica le sirve para ambientar la película en el antiguo Egipto. El presupuesto de entonces (150 millones de pesetas) permitió construir un templo egipcio en la cantera de Tinamala y contar con un centenar de figurantes de la zona, pero esta misma razón aleja la película del Peplum y le da un toque más íntimo, más cercano a la película polaca "Faraón" de 1966.

Cantera de Tinamala, que sirvió como Set para el templo de Ptah.

Se la ha llamado "Top-less Aida", porque los personajes femeninos (salvo Amneris) están casi siempre en top-less y con poca ropa. ¿Un enfoque más naturalista y tribal? La sencillez de la ambientación le confiere un aire de naturalidad  poco visible en una representación de ópera en las escenas o dúos de los protagonistas. La estancia de Amneris está muy lograda, y esta vez no son los esclavos pequeños sino exuberantes bailarinas las que llevan a cabo la danza de la primera escena del segundo acto. Como dato curioso, la marcha triunfal es un desfile glorioso donde se vierten las manos cortadas de los derrotados como ofrenda victoriosa al Faraón, además de mostrarse como flashback imágenes del pueblo etíope sojuzgado. Y es que este recurso es utilizado en varios momentos: las escenas de amor de los protagonistas o la infancia de Aida.

                                                       Gran Final del segundo acto.

El sueco es un idioma que le sienta raro a Verdi, y de hecho las líneas son cambiadas muchas veces para que puedan rimar con la música; lo que hace que determinados fragmentos queden irreconocibles, como el final. Pero la música del maestro es superior a estos obstáculos y momentos como el final del acto primero siguen emocionando aún cantados en esta lengua escandinava.

La Orquesta de la Folkoperan está muy bien dirigida por Kerstin Nerbe, aunque la obra presenta cortes que dejan la película en una duración de 116 minutos, una media hora menos de lo que duraría la ópera habitualmente. Y los coros igualmente son buenos.

                                                    Margareta Ridderstedt como Aida                                     

Margareta Ridderstedt es una soprano cuya carrera lírica ha transcurrido principalmente en sueco. Hay que reconocer que su estupenda forma física y su belleza (con un aire a su compatriota Catarina Ligendza) le ayudan en su creación del personaje. Su voz tiene un sonido agradable; pero no es verdiana, sino más bien apropiada para un personaje germánico. No obstante, su interpretación vocal es aseada en su conjunto.

                                                      Ingrid Tobiasson como Amneris

Ingrid Tobiasson es la estrella principal del reparto. No sólo porque es la única del mismo que ha tenido una carrera internacional importante, sino porque consigue dar una conmovedora creación del personaje. Su Amneris es la de una mujer posesiva, autoritaria, que atrapa con la mirada. Pero detrás de ese carácter fuerte se esconde una mujer atormentada por su amor imposible. Tobiasson consigue hacerse con la psicología de este personaje lleno de aristas. Muy desgarradora es su interpretación en el cuarto acto, sin peluca y con un aspecto completamente desaliñado que refleja la tristeza y ansiedad de Amneris. La voz es muy bella, quizá le falte ese fuego que tiene la italianità verdiana; pero canta como una profesional y por destacar algo los graves son buenos. En resumen, nos deja una interpretación magistral en lo actoral y bastante notable en lo vocal.

                                                              Niklas Ek como Radamés

No puedo decir lo mismo de Radamés. El tenor Robert Grundin tiene una voz que no casa para nada con el personaje y el timbre vocal y la entonación no son nada italianas. En la película le da vida el bailarín maduro Niklas Ek, a quien le sacan muchos primeros planos con expresiones más propias de ballet que de teatro, haciendo poco creíble el personaje; además de ser completamente anulado en escena por Amneris y Aida.

En cuanto al resto de solistas, Jan Van der Schaaf es un aseado Amonasro,  Alf Häggastam es un Ramfis correcto, Marianne Myrsten  (en la película la interpreta la actriz Françoise Drapier) una agradable sacerdotisa. Una curiosidad es la eliminación vocal del personaje del Faraón: aquí es interpretado por un anciano figurante español al que tienen que asistir; y su rol lo asume un heraldo, malamente interpretado por Staffan Rydén, de voz nada agradable.

Si uno abre la mente y consigue hacerse a la idea de que va a escuchar Aida en un idioma nada latino, se puede encontrar uno con una película amena. Siempre he sido de explorar horizontes nuevos y cosas atípicas; porque el arte es diverso, y la ópera es un arte ... con independencia del resultado.

Aquí la película completa en MyMail.ru

Nota de prensa del diario El País sobre el rodaje en Lanzarote.


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sábado, 24 de febrero de 2018

La Bohème en el Auditorio Nacional de Madrid. 23 de febrero de 2018.


Qué ganas tenía de volver a ver en vivo La Bohème. Doce años llevaba sin poder ver una función de esta maravillosa y conmovedora ópera del maestro Puccini. Una neumonía me impidió verla en enero en el Real, pese a tener una entrada desde hacía meses. Me quedé con la espinita, pese a que después de ver el vídeo de la función emitida por Facebook sentí que no me había perdido gran cosa.

Por eso en cuanto supe que la cita operística anual de la Orquesta Filarmonía de Madrid en el Auditorio Nacional sería la Bohème, pensé que tenía una oportunidad para ver esta obra.

Se trataba de una versión semiescenificada a cargo de Jesús Peñas, pero en honor a la verdad ha sido una auténtica función de ópera porque la Orquesta estaba situada debajo de los cantantes, aunque significó que varias veces fueran tapados. Había utensilios y un coqueto pero sencillo vestuario a cargo de Paz Volpini, que nos situaba en la historia. En el segundo acto hubo un batiburrillo de actores y funambulistas que intentaban hacernos imaginar el Café Momus.

                                                   
                                   


Pascual Osa dirigió a la orquesta. Los tempos tenían alguna irregularidad y el sonido quizá podría refinarse un poco más. Fuera de eso, el maestro concertaba a las voces. Hubo cortes al principio de los actos tercero y cuarto, supongo que por agilizar la duración de la función ya que empezaba bastante tarde.

Los coros no actuaban sino que estaban en sus bancos mientras en escena les daban vida un grupo de actores. Y lo mismo el coro infantil.

El principal reclamo aquí era la Mimí de Montserrat Martí. Nunca antes la había escuchado en un rol de enjundia. Hay que decir que probablemente fuera la más experimentada de todos. Y hay que decir también que escénicamente tiene presencia y su aportación actoral es intachable: muy tierna en el tercer acto. Vocalmente, quizá tuviera la voz más grande de toda la plantilla. Hay momentos de belleza redondeados por su interpretación del personaje, pero también algunos manierismos heredados de su ilustre madre, como a la hora de afrontar el pianissimo en Mi chiamano Mimì. El agudo es poderoso, pero puede ser un poco estridente. Me sorprendió cómo éste podía engullirse a los solistas y a la orquesta.

Israel Lozano fue un Rodolfo de aceptable centro, pero tenía complicaciones si se iba por el agudo, lo que le pasó demasiada factura en el primer acto. Mucho mejor en el tercero y en el cuarto acto, donde se desempeñó decentemente en el Mimì tu più non torni.

Marta Estal fue Musetta y su vals fue aceptable. Enrique Sánchez como Marcello no estuvo mal pero en las altas zonas a veces era difícil oírle.

El veterano bajo Francisco Santiago fue la segunda gran voz de la noche después de Martí. Siempre que le he escuchado me ha sorprendido gratamente. Tiene una gran presencia escénica y su voz es bella. Nos dejó una bonita versión del aria de Colline del acto final.



La función se hizo amena gracias al empeño de la compañía por hacerla accesible (por ejemplo a la hora de vestir y hacer actuar a los solistas), pero para disfrutar no se puede venir a exigir un nivel como en el Real porque ocurrirá lo contrario.


Como curiosidad, cuando todos ya habían saludado y se habían ido, el coro infantil salió a escena y se puso en formación. Los que quedábamos les aplaudimos.

No quiero terminar esta crónica sin dejar de referirme al pésimo comportamiento de parte del público de esta noche. Al menos en la zona de  Anfiteatro la gente se ponía a hablar incluso en momentos clave como la muerte de Mimí. Tengo la impresión de que iban a la ópera como si fueran al cine de barrio. ¿Cómo puede disfrutarse así de la musica? Sin comentarios. Pese a todo, me gusta la iniciativa de esta formación musical  de acercar la ópera al gran público a precios asequibles.

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lunes, 19 de febrero de 2018

Michael Nyman en el Auditorio Nacional, 18 de febrero de 2018.




Este 18 de febrero  Michael Nyman se presentó en el Auditorio Nacional de Madrid con su famoso conjunto musical, The Michael Nyman Band, en la gira por el cuarenta aniversario de su formación. Nyman es habitual en esta sala madrileña, y su fama mundial como célebre compositor de música minimalista y New Age fue suficiente para reunir a más de 2000 personas en una tarde que prometía ser mágica.

Personalmente, tengo que decir que no conozco mucho a Nyman; salvo por su bellísima  ópera Facing Goya, y por sus obras para el cine. Además he de admtir que me gustan más otros minimalistas como Steve Reich. Y dado que el Auditorio tampoco facilitó el listado de obras del concierto, fui prácticamente virgen de conocimientos a la función.

Nada más entrar a la sala me sorprendí de ver la amplificación, algo que deslució un poco
el concierto porque el sonido era verdaderamente atronador. Creo que no le habría hecho falta, pero desconozco las razones por las que se puso. La orquesta sólo estaba formada por doce músicos incluido el propio Nyman al piano.


Empezó el concierto con mucho brío, y poco a poco Nyman fue interpretando varias de sus mejores obras para su agrupación: comenzó por Chasing Sheep is Best Left to Shepherds, luego llegaría una impactante versión de An eye for optical theory, o la conocida Sheep and Tides , el Memorial de  El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, la vibrante Drowning by Numbers y un largo etcétera.

Tras acabar el concierto, vino una generosa ronda de bises. Nyman apareció en solitario para interpretar al piano la célebre The Heart Asks Pleasure First. Y en ese momento el mundo pareció detenerse. La famosa melodía de la banda sonora de la película El Piano tiene ese poder indescriptible para conmover, para mantener al público con la respiración contenida. Fue algo mágico.

Luego vinieron otras piezas orquestales y el concierto terminó con Nyman de nuevo en el piano para interpretar Franklyn, de la película Wonderland.


El concierto fue recibido con una calurosa acogida por un público entusiasta de la música de Nyman, y tuvo momentos que percibí como mágicos pese a mis pocos conocimientos en este autor. Una velada memorable, sobretodo para quien conozca muy bien su música.

lunes, 12 de febrero de 2018

Peter Grimes en el Palau de les Arts de Valencia. 10 de febrero de 2018.






Peter Grimes es una de las mejores óperas del siglo XX. Cuando tenía 14 años leí sobre la historia de autodestrucción de este huraño marinero, y sentí la necesidad de escuchar por primera vez esta ópera. Me quedé fascinado con los interludios musicales y algunos de sus números, incluído el trágico final.
Con esta obra, Britten nos muestra una realidad descarnada: cómo los inadaptados a la sociedad  como Peter Grimes son destruídos irremediablemente por ésta. Y no sólo eso, sino que también es la misma sociedad la que con sus chismes, rechazos y su morbo por la miseria ajena crea a estos personajes y les empuja a cometer acciones que serán su perdición. También nos muestra que en medio de la desolación, siempre hay voces amigas como Ellen Orford o el Capitán Balstrode que creen en alguien, aunque a veces esa ayuda no pueda evitar el desastre final. Y por último nos hace un retrato de la hipocresía de la sociedad de The Borough, que es capaz de disfrazar de moral puritana y justiciera su moral baja y chismosa. Y por no hablar de su genial musica, que le da a esta triste historia momentos de épica sinfónica y de dramatismo. Britten creó (y que me perdone Purcell), la cúspide de la ópera británica, muchas veces innovando donde no tuvo referentes en los qué inspirarse. Una empresa que sólo genios como él pueden sacar adelante con éxito.

Por todo ello, en cuanto supe que Peter Grimes estaba anunciado en esta temporada del Palau de les Arts supe que Valencia sería el destino de mi segundo viaje operístico. Nunca antes había visto esta obra en vivo y no me lo pensé.



La producción de Willy Decker es ya un clásico, en 24 años de andadura ha conquistado ciudades como Tokio o Madrid. Parece que Britten se le da bastante bien: su producción de Muerte en Venecia es igualmente bella.  Sin embargo, me ha parecido por momentos un poco vieja ya pero a medida que avanzaba la función ha ido ganando enteros y convertirse en un montaje poderoso e intenso.



Nada más abrirse el telón vemos unas paredes negras con una plataforma inclinada, Grimes lleva el ataúd de su anterior aprendiz, que simboliza la carga de sospechas y recelos que el pueblo carga sobre sus hombros. Decker crea un ambiente onírico y a la vez opresor, con el cielo nuboso y oscurecido de fondo. La dirección de actores es estupenda, con momentos memorables como el final del primer acto (con la taberna de paredes rojas) o la escena en la cabaña de Grimes. En cuanto a los decorados, por momentos la austeridad aunque pretende destacar lo irrespirable de la atmósfera del pueblo cae en lo aburrido, por ejemplo en la primera escena del primer acto. Los movimientos del coro son de lo mejor de la dirección de actores. Decker lo convierte en un personaje maledicente, cargante y temible (impresionante cómo se agolpan todos al final del primer acto señalando a Grimes y su aprendiz una vez que se han ido a casa).


Decker convierte las escenas sociales del pueblo del principio y el final en un oficio religioso, en el que se chismorrea y conspira contra Grimes. Un gran momento es el cuarteto femenino en el que las mujeres del coro se unen a las solistas con su silencio cómplice, así como la cabaña del protagonista: unas asfixiantes paredes grises que dan una idea de lo horrible que es la convivencia con él. La iluminación es igualmente magistral, creando escenas de iluminación tenue cautivadoras.


La Orquesta de la Comunidad Valenciana es la mejor que puede tener una casa de ópera de este país. Su sonido es espectacular, y más aún lo es con la excelente acústica de la sala. Pero además se lleva de calle a orquestas como la del Liceu o la del Real (la cuerda valenciana es mejor que la madrileña).  Christopher Franklin la dirige a un gran nivel, pero no llega a ser sobrecogedora. Aunque por momentos va demasiado rápido y la sección de trompeta parece descordinarse un poco, en otros muchos momentos llega a tener buenos momentos, como en los interludios o en el final.

El Cor de la Generalitat a cargo de Francesc Perales fue de lo mejor de la noche,  con unas poderosas intervenciones y además muy bien actuadas.

Gregory Kunde y el resto de solistas en un momento de la obra.

Gregory Kunde era el otro gran reclamo. Y no ha defraudado:  la suya ha sido una actuación perfecta. La voz es bella, corre por la sala y a nivel interpretativo es excelente. Su Grimes es temible, agresivo pero digno de compasión (cómo llora tras la muerte de John). Creo que éste es el mejor papel que le haya oído. Pocos han cantado What Harbour shelters peace? con tanta belleza. Y que gran escena final.

Leah Partridge y Robert Bork han sido unos excelentes Ellen Orford y Capitán Balstrode. Ella tiene una hermosa voz juvenil y robusta (excelente su aria Embroidery in childhood); además de ser una buena actriz , y él posee una gran voz.

Entre los comprimarios hubo un buen nivel, entre ellos Rosalind Plowright fue una tétrica Sra. Sedley, cuya voz estridente convenía al personaje. Me gustó Dalia Schaechter como la tía, de voz pastosa (es una tabernera, también conviene al personaje) aunque a veces no se oía. Richard Cox fue un excelente Bob Boles.
Gregory Kunde recibiendo en solitario la ovación cerrada del público.

El teatro no estaba ocupado del todo, pero los que estuvimos ahí aplaudimos y ovacionamos con fuerza. No ha sido el mejor Peter Grimes del mundo pero me parece un hito para Valencia el que se programe y se amplíe más el repertorio del público con una de las más bellas óperas del siglo pasado. Y además, el Palau de les Arts es un edificio impresionante, con unas vistas increíbles y una bella sala moderna.

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miércoles, 7 de febrero de 2018

Dead Man Walking en el Teatro Real, 6 de febrero de 2018.



Después de tres largos meses, volvía al Teatro Real para ver Dead Man Walking, una ópera basada en una historia real. Había leído y oído que se trataba de toda una sensación y avivó mis ganas de verla. Me he encontrado con una obra muy bonita, que sin ser un hito (al menos de momento, pero el tiempo lo dirá; y segundas lecturas si procede) emociona, trata un tema actual, íntimo y universal.
Una función muy emocionante es la que se ha vivido este 6 de febrero en el Real.

La historia de la religiosa Helen Prejean fue llevada al cine, y Susan Sarandon ganó el Oscar a la mejor actriz por su interpretación. Prejean recorrió un camino para el que se necesita humanidad, y también mucha entereza: asistir a un condenado a muerte en la recta final de su vida. Recientemente, el compositor Jake Heggie la convirtió en una ópera, que ha tenido mucho éxito. Y ahora ha repetido ese triunfo en Madrid.

La música de Jake Heggie es preciosa, y por encontrarle un análogo me ha parecido mejor que The Perfect American. Además, ha conseguido gustar al público. Muy americana en el estilo y las melodías - opiniones más leídas encuentran influencias de Bernstein-, y con un esquema que incluye preludios, arias, monólogos, escenas, impresionantes coros, etc. Personalmente, recuerdo una bella música para viento en una escena a solas de la protagonista en el segundo acto. La producción de ópera contemporánea en Estados Unidos suele tener aceptación entre el público debido a la composición tradicional y el tratamiento de temas históricos y sociales estadounidenses. Ahí tenemos a Adams y a veces a Glass.

Mark Wigglesworth dirigió muy bien a la orquesta del Real, aunque no lograse ésta un nivel supremo. No eché en falta brillantez en ninguna sección esta vez, lo que es decir mucho.



La puesta en escena de Leonard Foglia es espectacular y funcional a la vez. Nada más abrirse el telón se ven unas rejas y el asesinato de los jóvenes por parte del protagonista y su cómplice, para luego dar paso a una colorida escuelita donde empieza la historia. Muy bien resuelta el aria de la Hermana Helen mientras conduce, con proyecciones de fotografías de carreteras americanas: una excelente composición de Elaine J. McCarthy.  La plataforma escénica que representa la prisión es impactante, así como la dirección de actores para el coro de presos; que se comen a Helen con la mirada. Muy bella la aparición de Joe (el condenado) con una iluminación azul y violácea de fondo. La dirección de actores como ya dije antes ha sido espléndida, siendo cada vez más conmovedora: la comisión de inocencia y todo el acto segundo llegan al alma. Pero el final es aún más espléndido, con la ejecución del preso en silencio sepulcral con una aturdidora iluminación amarilla y esos pitidos de máquina del corazón que llegan a provocar ansiedad acrecenta la fuerza de la escena. Gran trabajo.

Joyce DiDonato y Michael Hayes en un momento de la representación

Joyce DiDonato ha interpretado magistralmente a la gran hermana Helen Prejean. Su actuación ha sido impecable y vocalmente bella. De piedra me he quedado con el espiritual final a cappella, sobrecogedor. Para el recuerdo.

Michael Mayes ha sido igualmente un gran Joe De Rocher. Quizá no me lo imagine como Rigoletto o el Conde de Luna por esa voz un tanto gutural, pero a este personaje le viene como anillo al dedo; porque a partir de ella realiza una interpretación sobrecogedora, que nos hace sentir al antihéroe. Me gustó mucho el pianissimo que hace en "everything is going to be alright" en el dúo con Helen en el primer acto.

Measha Brueggergosman volvía al Real después de mucho tiempo. Me gustado esta vez su interpretación y su voz, que sonaba preciosa y se dejaba oír (algunos dicen que su voz es muy pequeña). Creo que Brueggergosman está más indicada en este papel de comprimaria que hace años como Antonia de Los Cuentos de Hoffmann, de la que hizo una interpretación olvidable. Aquí resultaba encantadora.

El resto del reparto ha estado a un buen nivel. Particularmente, hemos de mencionar a  Maria Zifchak, que interpretó magistralmente a la madre de Joe, y también a Toni Marsol como Owen Hart (padre de una de las víctimas), excelente a nivel vocal y actoral.



Creo firmemente en que la ópera debe seguir viva a través de nuevas creaciones. Hay muchos caminos como obras de arte deje cada uno, muchos no gustarán al público y otros sí. Obras como esta pueden no sólo agradar al público más conservador sino que también su temática actual atraerá a personas ajenas a la ópera: a mí me han preguntado algunos interesados profanos, aunque no he podido esta vez traerme a nadie. De momento, esta vez la sala tenía alta ocupación y por los comentarios el público ha salido entusiasmado. Junto a La Favorita, ya tenemos al éxito del año en lo que llevamos de temporada.


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