lunes, 29 de octubre de 2018
Mariella Devia in Teatro Real, Madrid. October 28, 2018.
After her successful 2015 performances as Elisabetta in Roberto Devereux and an splendid 2016 performance as Norma, and very close to the end of her career, Mariella Devia has sung her farewell concert to Teatro Real in a Donizetti Tudor Queens Gala. This Gala featured both the Overture and Finale to the operas Anna Bolena in the first part and Maria Stuarda in the second part.
Devia is the last italian belcantist soprano, and with Edita Gruberova, the last of some brave sopranos who sang Donizetti's Tudor Trilogy and succeded: Gencer, Caballé, Sills and both Devia and Gruberova, among few others.
At age 70, the grade of accomplishment still in her voice and style are simply astonishing. The pianissimo is still charming, her old style belcantism, her still amazing high notes (despite sometimes being just a bit troubled, a consequence of age) are just some of her vocal merits. Not every great artist is able to succeed singing main roles in his or her seventies.
Many of us were surprised to know the program. In many recitals, she has sung the three finales, including Roberto Devereux, but maybe because she had already sing it complete, it was excluded. However, we also know that a night of high-level belcanto was waiting for us.
Along with her, José Miguel Pérez-Sierra conducted the Teatro Real Orchestra and Chorus, improving as the show went by. For the finales, some soloists were brought: the bass Javier Franco (splendid Talbot), the tenor Alejandro del Cerro (a great Leicester), the mezzo-soprano Sandra Fernández (with a beautiful voice both for Smeton and Anna Kennedy), the baritone Gerardo Bullón and the tenor Emmanuel Faraldo.
The show, as well as the first part, started with the Overture to Anna Bolena. The orchestra got ready for the next scene. After the chorus sang, Devia entered and her first words Piangete voi? were sung with tenderness, to be followed by an unforgettable Al dolce guidami sung in pianissimo. The ending cabaletta Coppia Iniqua was sung with her great technique and her typical high notes in ei m'acquisti, giving a dramatic effect. She didn't give the final high note here, but it didn't matter.
The second part opened with a larger overture to Maria Stuarda, longer than the more known gallop-like prelude. After a chorus and a brief scene, Devia entered again to sing Di un cor che muore, and later with harp, in an ethereal singing. The final cabaletta Ah se un giorno da queste ritorte was the best moment in all the show, specially with the high notes in il flagello di un dio punitor, remarking the sadness and tragical destiny of Mary Stuart. She closed her scene with an amazing and powerful high note echoing in the hall. It is always a pleasure to hear her artistry on high register.
After this intense finale, the hall went into an outstanding ovation for Devia, and despite being called for many bows, she didn't sing any encore, probably due to the tireness after such scenes.
Anyway, this recital has been really at a high level, and Devia showed us that a timely retreat, with her voice still in good shape at 70, is a victory. For such wonderful opera nights and for being (with Gruberova) the latter exponent of a style of singing bel canto, we will always remember and miss her, as well as her artistry.
My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural.
Any reproduction of my text requires my permission.
Mariella Devia en el Teatro Real, 28 de octubre de 2018.
Después de unas memorables funciones de Roberto Devereux y una apoteósica función de Norma, y cada vez más cercano el final de su carrera, Mariella Devia ha decidido despedirse del Teatro Real con una gala de reinas Tudor: las oberturas y finales de las óperas Anna Bolena y Maria Stuarda.
A los 70 años, es sorprendente aún la calidad que aún tiene la voz, todavía aterciopelada, con una técnica que la permite bordar estas difíciles obras. El pianissimo es delicioso, la delicadeza con que aborda las arias y su estilo belcantista de vieja escuela, por no hablar de los agudos que en su mayoría son aún impresionantes son algunas de las virtudes que mantiene. Es cierto que el agudo a veces le baila, pero aún puede emocionar y deslumbrar. No todas las grandes artistas llegan a esa edad con la capacidad de abordar protagonistas y con las facultades vocales tan bien preservadas.
Para sorpresa de muchos, el programa no incluía a las tres reinas Tudor, quizá porque la de Devereux la cantó ya. Pero sabíamos que nos esperaba una última gran noche de bel canto.
Junto a ella, José Miguel Pérez-Sierra dirigía la orquesta del Teatro Real, que fue de menos a más pero mejor en las escenas y arias que en las oberturas. El tenor Alejandro del Cerro (excelente Leicester), el bajo Javier Franco (Enorme Talbot), la mezzo Sandra Fernández (excelente Smeton y aún mejor Anna Kennedy), junto al tenor Emmanuel Farraldo y el barítono Gerardo Bullón completaron el grupo solista que acompañaba a la diva.
El programa empezó con la obertura de Anna Bolena, que sirvió para que la orquesta entrara en calor. Luego siguió el coro para que poco después entrara Devia cantando con una insuperable ternura el recitiativo Piangete voi seguido de un Al Dolce Guidami para el recuerdo. La cabaletta final Coppia Iniqua fue excelente, y parte de su cosecha son los sobreagudos en ei m'acquisti que le dan un toque dramático, aunque en este momento a veces los agudos parecían estar en plenitud debido a la edad. No terminó esta escena con el agudo, pero no le impidió ser una gran interpretación.
La segunda parte empezó con la obertura de Maria Stuarda, una pieza larga en lugar del breve y galopante preludio que suele interpretarse habitualmente. El coro y la orquesta estuvieron mucho mejor en esta parte. Tras una breve escena, Devia volvió a entrar con una excelente escena de oración, para luego rematar el final Ah, se un giorno da queste ritorte con una excelente técnica, con ese agudo precioso en il flagello di un Dio punitor, que es un recurso que le da sentido dramático. Al final nos dio un sobreagudo fantástico que se escuchó en toda la sala, con el que coronó una genial interpretación, del que ha sido una de sus mejores creaciones.
El público ovacionó a la artista con mucha entrega, aunque el teatro no estuviera lleno. Pero estaban los que tenían que estar. Pese a las muchas llamadas a escena, la soprano no se decidió a dar un bis. Lo más probable es que estuviera muy cansada después de tanta intensidad, lo que es comprensible, aunque nos hubiera encantado algún número extra con el que redondear la noche. En cualquier caso, el concierto ha sido del más alto nivel belcantista, y Devia nos ha demostrado que retirarse a tiempo es una victoria, aunque nos deje huérfanos de su estilo, de su escuela y por tanto nos preguntemos por quién será capaz de dar continuidad a tanta belleza vocal. Siempre la recordaremos y desde ya añoraremos su arte.
Algunas de las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.
sábado, 27 de octubre de 2018
Vídeo: Tosca con Montserrat Caballé(1933 - 2018), 1980. Homenaje y recuerdos de una artista.
El pasado 6 de octubre, la insigne soprano española Montserrat Caballé fallecía en Barcelona a los 85 años; tras unas semanas hospitalizada. La noticia provocó, como era de esperar, un enorme impacto no sólo en el mundo de la lírica, sino en toda España y en gran parte del mundo. Pero como siempre digo, Caballé no murió, sino que se convirtió en inmortal. Y al hacerlo, los amantes de la ópera nos hemos quedado huérfanos.
La artista catalana era uno de esos artistas a cuya presencia todos estábamos acostumbrados. Su estátus de leyenda viva del canto, su simpatía y su sentido del humor, así como su imponente presencia y otras muchas cosas que no nos querían hacer pensar demasiado en que un día como el 6 de octubre de 2018 llegaría. Cuando me desperté no me lo podía creer. Es de esas noticias que a uno lo impactan, porque Caballé fue una de esos artistas (y lo será para siempre)con cuya presencia artística se termina encontrando todo aficionado a la ópera. Porque amplio fue su repertorio, abarcando los más grandes títulos de la ópera: una gran Tosca, una gran Aida, una de las Normas indispensables, una gran Salomé, y bordando los más endiablados títulos del belcanto como las protagonistas de Roberto Devereux, Lucrezia Borgia o Il Pirata. Porque en la música popular el mundo la recuerda por canciones como Barcelona junto a Freddie Mercury, o sus incursiones en la música pop y autores de música ligera. Porque también fue una de las más grandes intérpretes de zarzuela en España. Su legado musical es tan grande como omnipresente para todos los que amamos el género lírico.
Esta vez hablo en primera persona, para referirme a una de mis divas de cabecera. Poseedora de una hermosa voz, de una técnica increíble, reina del legato y del pianissimo; mis primeras aproximaciones serias a su voz fueron con sus grabaciones de Aida, Tosca y Don Carlo en el año 2003, cuando yo era un adolescente. Por eso, cuando en abril de 2004 fue anunciada la temporada 2004-2005 del Teatro Real y descubrí que en diciembre de ese año Caballé interpretaría dos funciones de la Cléopâtre de Massenet supe que tenía que hacer lo posible por ir a verla.
Montserrat Caballé interpretando Cleopatra de Massenet en el Teatro Real, diciembre de 2004.
Tuve suerte. Mi madre compró a primera hora de la mañana (yo estaba en el instituto) de la salida a la venta una de las escasas localidades que quedaban, cuando no estaba muy extendida la venta por internet en el teatro. Y así, el 17 de diciembre de 2004, tuve mi primera y única cita con el arte de esta gran soprano. Sabía que su estado vocal distaba mucho de ser ideal, porque un par de meses antes escuché por la radio las funciones que dio en Barcelona de esta ópera; con la voz en un declive ya muy acusado. Pero no me importaba. Era una de mis divas y verla suponía un honor suficiente para mí. Junto a ella, cantaban su hija Montserrat Martí como Octavia, el barítono Franck Ferrari como Marco Antonio, Nikolai Baskov como Spakos y Marita Solberg como Charmion, y la orquesta y coro del Teatro Real dirigidos por Miquel Ortega.
El Teatro Real estaba bastante lleno aquél día. A mi lado, dos turistas alemanes trajeados que se hicieron con las dos localidades al lado de la mía. La orquesta estaba en el foso y sobre el escenario el coro y los solistas. Aquella noche, Caballé interpretó a Cleopatra. Mis recuerdos de la interpretación son ya vagos, pero aunque la voz estuviese muy desgastada y físicamente pareciera estar agotada, todo giraba entorno a ella. Recuerdo que apareció en cada acto con un vestido diferente, para dar una nota escénica o colorista. Y con todo, la velada musical fue entrañable y todos ovacionamos a nuestra querida Montserrat cuando salió a saludar sola. También recuerdo que bajando las escaleras del vestíbulo principal, escuché a una joven decir que aquello había sido impresionante.
Y esa fue la única vez que pude disfrutar en vivo de su arte. En 2012 regresaría a Madrid para dar un concierto en el Arena (porque esa es otra, nunca se retiró, de hecho su última actuación la dio junto a su hija en Moscú el pasado 6 de junio), pero no me fue posible ir.
Dicho esto, el homenaje particular de rigor lo hice viendo un vídeo de uno de sus personajes fetiche, Tosca, en una función en la ópera de Niza el 18 de abril de 1980. Hay varias de sus Toscas en Youtube, pero esta función francesa es la de mejor calidad de imagen. El reparto aquí es del más alto nivel vocal, toda una fiesta musical donde todos los cantantes están pletóricos. También es una Tosca con gran presencia española, debido a que de nuestro país es el trío protagonista.
En 1980 la voz de Montserrat Caballé aún estaba en un gran momento, pese a que en esta época ya empezaba su desgaste. Su Tosca es muy musical, y dada la fuerza del personaje tanto a nivel escénico como vocal supone un enorme reto. Los agudos son impresionantes, así como estremecedores sus graves, y de todo ello da un enorme despliegue en el segundo acto. La voz deslumbra por su belleza en los dúos con Mario. Asistimos a la belleza de su legato y sus pianissimi, por ejemplo esa ternura con la que canta al final de su primer dúo: inolvidable la ternura con que canta la frase Ma falle gli occhi neri en pianissimo. Su Vissi d'arte es un momento en que se para el mundo: los primeros Vissi los interpreta con una fuerza única, para ser desde entonces interpretada el aria con igual intensidad y plenitud de facultades. Cuando llega a su última frase perché Signore, perché me ne rimuneri così? empieza con un impresionante agudo para luego descender dulcemente al piano y luego prolongar la última nota con una gran habilidad y belleza. A nivel interpretativo resulta creíble pese a que la actuación no fuera del todo su fuerte, en el acto segundo solloza a cada momento porque el terror que la rodea es insoportable. Es la suya una Tosca sensible pero frágil, ya que pese a su fuerte carácter se ve asustada y superada por la situación de vida o muerte en la que se encuentra. Todo un placer el poder ver una de sus más destacadas interpretaciones, y comprender porqué es una celebrada intérprete de este personaje.
Los comprimarios están al mismo gran nivel, destacando el bajo Sergios Kalabakos como Angelotti y el tenor Alfred Navello como Spoletta.
Jésus Etcheverry dirige dignamente, aunque con tempos bastante rápidos a la competente Orquesta Filarmónica de Niza. La puesta en escena de Giuseppe de Tomasi es de lo que podríamos definir como de cien por cien "cartón piedra", totalmente concebido para ayudar a los solistas, aunque no resulte especialmente siempre agradable de ver, como por ejemplo ese primer acto ocupado por completo por unos andamios cubiertos por una manta blanca para luego dejar paso a una gris iglesia, más parecida al arco de una plaza mayor de una ciudad medieval. En el segundo acto el despacho de Scarpia es una sala de color marrón con lujosos motivos dorados. No sé cómo tomar el traje del barítono en este acto, con una chaqueta de color dorado brillante más propia de una gala de fin de año que la de un brutal jefe de policía. Para mi gusto, el mejor momento es el tercer acto, ya que toma la perspectiva del Castel Sant'Angelo desde un enorme y pétreo vestíbulo con unas igualmente enormes rejas, dándole una sensación de densidad escénica. E igualmente es resultón el efecto del amanecer.
Montserrat Caballé ha dejado al mundo su enorme legado musical, donde siempre que haya alguien que escuche sus maravillosas interpretaciones, la soprano será eterna. Cuánto la echamos y la seguiremos echando de menos.
Aquí se puede ver un enlace a la Tosca de Niza que acabamos de comentar.
Algunas de las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con su publicación en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.
sábado, 20 de octubre de 2018
Schoenberg's Gurrelieder in Auditorio Nacional de Música, Madrid. October 19, 2018.
Arnold Schoenberg is the composer who made a revolution in the history of music, giving the step that post-romantic and Wagner-influenced works in late 19th Century needed towards atonalism. In many places, his atonal work is more known than his previous one, giving him the fame of difficult composer.
The Gurre-lieder are a masterpiece of his tonal period, and one of his most celebrated with Transfigured Night or Pélleas and Melisande. This is not an opera, but it seems so. It tells the love story of the King Waldemar and his mistress Tove, how he rebelates against God after her death, and his final condamnation, as well as his henchmen.
Four years ago, Eliahu Inbal conducted an unforgettable version of this epic work. And now in 2018, the Gurrelieder return to Madrid in the Orquesta y Coro Nacionales de España (Spain National Chorus and Orchestra) 2018/2019 season.
David Afkham, the principal conductor of the orchestra, gave a fantastic performance, with the orchestra in a complete state of grace. The prelude is brilliant and the orchestra achieves to show its descriptive spell. During the work, Afkham's conduction is opulent and spectacular, maybe a bit unnecesary in some moments of Waldemar's and Tove's songs. However, in the final Tove's song the orchestra reached a charming level of lyricism. The second and third part were in the same and splendid level. The chorus, joined by the Coro de la Comunidad de Madrid, sang their complicated parts at an accomplished level, specially the male section.
During the first part, I sat in the upper stalls behind the chorus, close to the organ, who is an ungrateful zone to hear the voices, specially when having such an orchestra behind. After the pause I could locate in front, and to hear them better.
The tenor Simon O'Neill sang the part of King Waldemar. He has good qualities, for example good high notes and good acting skills, but the voice doesn't always resist the overwhelming orchestral volume. However, his song Du wunderliche Tove and his last song were well sung, showing a good middle register and remarkable high notes.
Juliane Banse was a beautiful and dramatical Tove, reaching a charming voice in her last song. Karen Cargill was splendid as the Wood Bird, with amazing low register and attractive voice, despite being a bit nasal. Hers was a tragic and descriptive version.
Barry Banks and Wilhelm Schwinghammer sang very well their parts as Klaus the Jester and the Peasant respectively. The first one an accomplished character tenor and the second a bass with a nice voice to hear.
Thomas Quasthoff was the narrator of the final sprechgesang part. His voice has that great low-pitched sound reminding us the marvellous bass he used to be, reciting his poem with authority and dramatism.
The Gurrelieder are a marvellous experience when listened in an auditorium. Due to their difficulty its performances are not so regular. That is why whenever they come, it's an opportunity we shouldn't miss. And specially when it is performed with experienced musicians.
My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
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The Gurre-lieder are a masterpiece of his tonal period, and one of his most celebrated with Transfigured Night or Pélleas and Melisande. This is not an opera, but it seems so. It tells the love story of the King Waldemar and his mistress Tove, how he rebelates against God after her death, and his final condamnation, as well as his henchmen.
Four years ago, Eliahu Inbal conducted an unforgettable version of this epic work. And now in 2018, the Gurrelieder return to Madrid in the Orquesta y Coro Nacionales de España (Spain National Chorus and Orchestra) 2018/2019 season.
David Afkham, the principal conductor of the orchestra, gave a fantastic performance, with the orchestra in a complete state of grace. The prelude is brilliant and the orchestra achieves to show its descriptive spell. During the work, Afkham's conduction is opulent and spectacular, maybe a bit unnecesary in some moments of Waldemar's and Tove's songs. However, in the final Tove's song the orchestra reached a charming level of lyricism. The second and third part were in the same and splendid level. The chorus, joined by the Coro de la Comunidad de Madrid, sang their complicated parts at an accomplished level, specially the male section.
During the first part, I sat in the upper stalls behind the chorus, close to the organ, who is an ungrateful zone to hear the voices, specially when having such an orchestra behind. After the pause I could locate in front, and to hear them better.
The tenor Simon O'Neill sang the part of King Waldemar. He has good qualities, for example good high notes and good acting skills, but the voice doesn't always resist the overwhelming orchestral volume. However, his song Du wunderliche Tove and his last song were well sung, showing a good middle register and remarkable high notes.
Juliane Banse was a beautiful and dramatical Tove, reaching a charming voice in her last song. Karen Cargill was splendid as the Wood Bird, with amazing low register and attractive voice, despite being a bit nasal. Hers was a tragic and descriptive version.
Barry Banks and Wilhelm Schwinghammer sang very well their parts as Klaus the Jester and the Peasant respectively. The first one an accomplished character tenor and the second a bass with a nice voice to hear.
Thomas Quasthoff was the narrator of the final sprechgesang part. His voice has that great low-pitched sound reminding us the marvellous bass he used to be, reciting his poem with authority and dramatism.
The Gurrelieder are a marvellous experience when listened in an auditorium. Due to their difficulty its performances are not so regular. That is why whenever they come, it's an opportunity we shouldn't miss. And specially when it is performed with experienced musicians.
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Los Gurrelieder de Schönberg, en el Auditorio Nacional de Madrid. 19 de octubre de 2018.
Esta obra, que tardó una década en acabarse muestra claramente ese camino: la primera parte es completamente de influencia Wagneriana, tanto en el descriptivo preludio como en las canciones de Waldemar y Tove, herederas del Tristán e Isolda. Pero el final es el que muestra otro camino: el enigmático preludio nos marca un camino sin retorno, aun dentro de la melodía, para dejar paso al poema recitado en sprechgesang. Schönberg rechazó el éxito que obtuvo su obra porque ya había abrazado el estilo que le haría famoso y que el público rechazaba. Y en nuestros días las cosas no son tan diferentes.
Aunque no sean una ópera, tienen una línea argumental , cuentan una historia que nos permite imaginarla como una más del género. Y eso debería de ser tenido en cuenta por los teatros para escenificarla más veces.
Hace cuatro años, pudimos disfrutar en el Auditorio Nacional de Madrid de esta obra dirigida por Eliahu Inbal, que hizo una lectura memorable. Y en este 2018 vuelven a la temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España por todo lo alto, en esta ocasión bajo la batuta de David Afkham.
Afkham nos dirige a una orquesta en absoluto estado de gracia, aunque a veces en las canciones de los amantes se pase un poco de opulenta, si bien en la canción final de Tove alcanzó un bello lirismo. Los interludios orquestales estuvieron a un alto nivel, y memorable fue la canción del pájaro. La segunda parte mantuvo el mismo nivel de excelencia pese a algún desnivel de flauta. Las canciones más humanas, como la del campesino o la del bufón fueron dirigidas con un sonido bellísimo. El coro de la orquesta fue ampliado con el Coro de la Comunidad de Madrid. Ambas agrupaciones vocales estuvieron al nivel requerido, especialmente los coros masculinos que tenían a su cargo partes bastante difíciles.
Waldemar estuvo a cargo del tenor Simon O'Neill, ya en completo declive. Nunca tuvo una voz bella (ya le sufrimos en Parsifal, por mucho que actuara bien), y la ingrata acústica del auditorio no le jugó una buena pasada ya que la orquesta le tapaba en muchas ocasiones. En su última canción estuvo a un nivel digno, incluso con algún agudo potente, pero no salva una primera parte que le sobrepasaba.
Desgraciadamente, estuve sentado en la primera parte en la Tribuna detrás del coro, que afecta a las voces. Pero lo que pude apreciar de Juliane Banse como Tove fue bastante interesante, con una bella voz dramática , con una buena interpretación de su canción final. En cambio la mezzosoprano Karen Cargill, tenía una voz enorme que podía oirse bastante bien en toda la sala. Su interpretación de la canción del Pájaro del bosque fue imponente, con un grave estremecedor y un canto atractivo, si bien un poco nasal.
Barry Banks y Wilhelm Schwinghammer fueron unos excelentes Klaus el bufón y campesino respectivamente. Schwinghammer tiene una voz de bajo preciosa y Banks bordó su canción a un nivel tenoril incluso superior a O'Neill. Y más audible.
El veterano Thomas Quasthoff, ya retirado de la ópera pero activo como cantante de jazz, interpretó al narrador del poema final en sprechgesang. Su voz sigue siendo fuerte, con el sonido del bajo que un día fue y recitando con autoridad el poema.
Aunque no estaba lleno el Auditorio, la magna partitura de Schönberg volvió a cautivar al público de Madrid. Estas oportunidades hay que aprovecharlas porque no todos los días se pueden ver unos Gurrelieder, y más con una interpretación del máximo nivel.
sábado, 13 de octubre de 2018
Video review: Siegfried from Stuttgart Opera, 2002/2003
After watching two great as well as different versions of Parsifal, it was the turn of Siegfried, from Stuttgart Opera. In the past decade, the production of the Ring at Stuttgart was filmed: four directors, four different aproximations. In this video we see regietheater in all its purity. Indeed, this opera house is well known for its productions in this modern way. This Ring is so controversial that it has supporters and detractors at equal parts.
Directors Jossi Wieler and Sergio Morabito set the action in contemporary world, maybe in a post-atomic, or post-apocalyptical poor city. However, in spite of this radical change of background, the production is in many cases more faithful to the story than expected: Siegfried forges his sword, has a horn to play for awakening the dragon, Siegfried splits Wanderer's spear, and he kisses Brünnhilde and awakens her, and the duets have a great deal of good drama.
The curtain rises to show a ramshackle kitchen, with Mime peeling potatoes before Siegfried's arrival. Siegfried enters with a fur coat representing the bear and sneakers,jeans and a blue T-shirt saying "Sieg Fried". While they argue for Siegfried's ingratitude, they prepare their meal. The Wanderer appears dressed totally in black. The knowing contest between him and Mime are done by pointing one another with a gun. But there is a sign of nonsense: after having lost the contest and after the Wanderer left the house, Mime masturbates while singing Verfluchtes licht. At least Siegfried forges his sword and when doing so the lights of their home turns on and off.
Act 2 takes place in a dark place during the night.A security fence dominates the staging. Alberich is dressed in black, barefoot and smoking heavily. He confronts Wotan, and tries to awake Fafner, who is talking through a pair of bullhorns. Siegfried awakes him trespassing the fence to discover Fafner is like an alter-ego, by wearing a T-shirt with his name inverted. The bird is a young woman with her face painted in white and with signs of being mentally disturbed.
The first scene of Act 3 is set in an abandoned storage room, where Wotan awakes, talks to an absent Erda. Siegfried enters and the bird hides into an armchair. The final scene takes place in a spacious, simply decorated, and presumably luxurious white room with a big green bed. Brünnhilde is sleeping sit on a chair and Siegfried awakes her, an in a raw realism, she does it as if it were monday and she didn't want go to job. The duet has good dramatic moments, even a tender one with Brünnhilde combing her hair while singing Ewig war ich, but at the end the lovers appear pulling a sheet before going to bed.
Lothar Zagrosek does an accomplished conduction with Stuttgart Opera Orchestra, by achieving a spectacular sound. The preludes and interludes were played quite well, proving the command of the score by Mr. Zagrosek.
The cast was in a remarkable and quite professional level. And they are skilled at acting.
Jon Frederic West sings the title role. was a known heldentenor during the 90s and 2000s. His voice seems to resist the challenging music and doesn't sound badly but he endures a bit trouble with high register.
Heinz Göhrig is an excellent Mime, quite convincing and a nice sound. Wolfgang Schöne is the true surprise, with a big and beautiful voice, giving his character an amazing solemnity in Act 1. He has the authority necessary to sing Wotan. Björn Waag is a professional Alberich, good at acting but sometimes lighted at singing, nevertheless he has some decent low register. Attila Jun is a good Fafner, as well as Gabriela Herrera with her tender voice for the Forest Bird. Helene Ramada has an attractive contralto voice as Erda, but low register is smooth. Lisa Gasteen is a nice Brünnhilde, with a good dramatic voice and good acting, but in few occasions her high notes are a bit troubled.
I expected very little from this production, but I was surprised with his dramaturgy, despite some nonsense. It became a classic in Stuttgart Opera and it was well received in Germany, more than abroad. With this modern Siegfried, I close my first serious video approximation to Richard Wagner operas, which began two months ago with the Lohengrin from the 2018 Bayreuth Festival. But for sure I will keep on exploring in the future as many video productions as I can of the operas by my favorite composer.
Vídeo: Siegfried desde la Ópera de Stuttgart, 2002/2003.
Tras la experiencia de dos Parsifales tan buenos como distintos entre sí, termino mi incursión wagneriana de óperas completas con este Sigfrido procedente de Stuttgart, a cuyo experimento he sobrevivido.
A principios de la década pasada, se grabó el Anillo de la Ópera de Stuttgart, que se ha mantenido durante mucho tiempo en cartel. La idea de la Intendencia era producir un anillo con cuatro directores de escena y cantantes diferentes. Este teatro es buque insignia del regietheater en estado puro. Este Anillo tiene a consecuencia de ello detractores (me inclinaría a decir que los más) y admiradores (especialmente en Alemania).
Los directores Jossi Wieler y Sergio Morabito estuvieron a cargo de esta jornada. Habituales de la compañía, su Sigfrido tiene lugar en lo que parece un barrio pobre y conflictivo de alguna ciudad posbélica, posatómica o posapocalíptica de nuestros días. Y sin embargo, resultó ser una actualización más fiel en su dramaturgia y atractiva de lo que me esperaba, que más bien era muy poco. Hay detalles que podremos reconocer más adelante como Lo único es que en el momento que menos se lo espera uno aparece una genialidad que altera el dramatismo. La dirección de actores está muy bien trabajada, ya que todos resultan creíbles en sus personajes.
El primer acto tiene lugar en una casa destartalada con las ventanas rotas. Mime pela patatas mientras canta su entrada. Sigfrido entra con un abrigo de piel y un sombrero ruso típico como evocación del oso. Mientras dialogan preparan la cena. Sigfrido viste con vaquero y zapatillas, con una camiseta blanca que lleva su nombre: " Sieg Fried". El Viandante entra por la casa con unas llaves (¿sería el casero?) y vestido con pantalones, chaqueta de cuero y gorra negros, como alguien que desea pasar de incógnito. En el torneo del saber se apuntan con una pistola mientras responden sus enigmas, un momento de gran teatralidad. Pero la insensatez ya tardaba en salir. Una vez que Wotan-Viandante se va, Mime se masturba mientras canta su desesperada aria "Verfluchtes licht". Por lo menos, podemos ver a Sigfrido fraguar su espada de verdad.
El segundo acto tiene lugar frente a la valla electrificada de lo que parece un psiquiátrico de alta seguridad, en una noche totalmente cerrada. Alberich vigila descalzo fumando sin parar. La escena con el Viandante es teatro puro, ya que las dos fuerzas del bien y el mal se enfrentan en la oscuridad de la noche que intensifica la acción. Fafner habla por unos megáfonos. El momento más desangelado son los Murmullos del bosque, ya que esa música descriptiva no termina de casar bien con la fealdad del escenario. Cuando se enfrenta al dragón, este se revela como un alter ego de Sigfrido, con su misma camiseta pero puesta del revés. El pajarillo del bosque es una mujer joven en chándal y con la cara blanca, aturdida quizá por una lobotomía.
La primera escena del tercer acto se desarrolla en unos baños destartalados, que parecen conectar con algún edificio de lujo. Erda aparece con un camisón largo de color rosa y parece estar muy aturdida. Wotan la hace dormir en la bañera y cuando llegan Sigfrido y el pajarillo, éste se esconde en un armario. El enfrentamiento entre el dios y su nieto es muy creíble dramáticamente y pese a todo vemos que Sigfrido parte la lanza de su abuelo. La segunda escena tiene lugar en una amplia y sencilla pero elegante habitación de color blanco con una cama verde. Brunilda duerme sentada en una silla inclinada sobre una larga mesa donde se adivinan un peine y un bote de laca. Sigfrido le quita el casco tal y como está escrito. Cuando le da el beso se tumba con ella y en una escena que de realista resulta cómica, Brunilda se niega a despertarse y se acurruca sobre Sigfrido como si fuera un lunes y no quisiera ir al trabajo, para luego estirarse. Un tratamiento curioso es que Brunilda en un principio invita a Sigfrido a yacer con ella, cosa que en el libreto a priori no da a entender que ocurre pero que casa perfectamente con el texto. El dúo de amor está muy bien tratado dramáticamente: ambos intentan comprenderse y acercarse lentamente, e incluso Brunilda desprende ternura cuando se peina mientras canta su aria Ewig war ich. Pero cuando ambos cantan su dueto final, inexplicablemente aparecen agitando las sábanas de su cama para luego caer en ella y reírse de dicha trastada.
Lothar Zagrosek es un excelente director de orquesta, y consigue que la Orquesta de la Ciudad de Stuttgart suene maravillosamente, pese a que a veces algún instrumento suene toscamente. Los preludios y el interludio musical del tercer acto están muy bien dirigidos y transmiten el conocimiento del director de la música, e igualmente la orquesta aún con sus pequeñas limitaciones.
Jon Fredric West fue uno de los habituales del protagonista hasta la década pasada. Dicen que en directo la voz es muy grande. Aquí se percibe una resistencia enorme y una proyección notable pese a la inclemente partitura, aunque la voz no siempre es tan bella e incluso algún agudo sale calado. Aun así la interpretación consigue salir airosa e incluso es mejor que muchos tenores wagnerianos que se atreven con el papel hoy en día.
Heinz Göhrig es un excelente Mime, tanto a nivel vocal como actoral, con una voz bella y que se antoja de gran volumen.
Wolfgang Schöne como El Viandante-Wotan es la gran sorpresa de este DVD, con una impresionante voz, y gran autoridad tanto vocal como escénica. Su entrada en el primer acto antes del torneo del saber es simplemente memorable, y muy creíble como actor en los actos siguientes.
Lisa Gasteen es una Brunilda bastante digna, con una voz muy apreciable aunque a veces el agudo puede flaquear.
Björn Waag es un Alberich bastante notable, aunque la voz se me antoja un poco ligera para el personaje aunque hay momentos en que llega a ser lo suficientemente grave. Attila Jun es un excelente Fafner. Helene Ramada es una Erda de bello timbre de contralto, pero la voz no parece ser demasiado grande y el grave tampoco es su fuerte, siendo por lo tanto más una buena comprimaria que una secundaria de lujo como suele pedirse para este personaje. Gabriela Herrera es un cumplidor Pájaro del bosque.
Y con este modernísimo Sigfrido termina mi primer periplo por las grandes óperas de Wagner, que ha durado dos meses. Confio en volver pronto a ellas y también a las obras de juventud como Rienzi. Quizá vuelva más pronto de lo previsto, porque la música del maestro es una fuente inagotable de nuevas y diversas interpretaciones dramáticas y de una belleza cautivadora sin límite.
A principios de la década pasada, se grabó el Anillo de la Ópera de Stuttgart, que se ha mantenido durante mucho tiempo en cartel. La idea de la Intendencia era producir un anillo con cuatro directores de escena y cantantes diferentes. Este teatro es buque insignia del regietheater en estado puro. Este Anillo tiene a consecuencia de ello detractores (me inclinaría a decir que los más) y admiradores (especialmente en Alemania).
Los directores Jossi Wieler y Sergio Morabito estuvieron a cargo de esta jornada. Habituales de la compañía, su Sigfrido tiene lugar en lo que parece un barrio pobre y conflictivo de alguna ciudad posbélica, posatómica o posapocalíptica de nuestros días. Y sin embargo, resultó ser una actualización más fiel en su dramaturgia y atractiva de lo que me esperaba, que más bien era muy poco. Hay detalles que podremos reconocer más adelante como Lo único es que en el momento que menos se lo espera uno aparece una genialidad que altera el dramatismo. La dirección de actores está muy bien trabajada, ya que todos resultan creíbles en sus personajes.
El primer acto tiene lugar en una casa destartalada con las ventanas rotas. Mime pela patatas mientras canta su entrada. Sigfrido entra con un abrigo de piel y un sombrero ruso típico como evocación del oso. Mientras dialogan preparan la cena. Sigfrido viste con vaquero y zapatillas, con una camiseta blanca que lleva su nombre: " Sieg Fried". El Viandante entra por la casa con unas llaves (¿sería el casero?) y vestido con pantalones, chaqueta de cuero y gorra negros, como alguien que desea pasar de incógnito. En el torneo del saber se apuntan con una pistola mientras responden sus enigmas, un momento de gran teatralidad. Pero la insensatez ya tardaba en salir. Una vez que Wotan-Viandante se va, Mime se masturba mientras canta su desesperada aria "Verfluchtes licht". Por lo menos, podemos ver a Sigfrido fraguar su espada de verdad.
El segundo acto tiene lugar frente a la valla electrificada de lo que parece un psiquiátrico de alta seguridad, en una noche totalmente cerrada. Alberich vigila descalzo fumando sin parar. La escena con el Viandante es teatro puro, ya que las dos fuerzas del bien y el mal se enfrentan en la oscuridad de la noche que intensifica la acción. Fafner habla por unos megáfonos. El momento más desangelado son los Murmullos del bosque, ya que esa música descriptiva no termina de casar bien con la fealdad del escenario. Cuando se enfrenta al dragón, este se revela como un alter ego de Sigfrido, con su misma camiseta pero puesta del revés. El pajarillo del bosque es una mujer joven en chándal y con la cara blanca, aturdida quizá por una lobotomía.
La primera escena del tercer acto se desarrolla en unos baños destartalados, que parecen conectar con algún edificio de lujo. Erda aparece con un camisón largo de color rosa y parece estar muy aturdida. Wotan la hace dormir en la bañera y cuando llegan Sigfrido y el pajarillo, éste se esconde en un armario. El enfrentamiento entre el dios y su nieto es muy creíble dramáticamente y pese a todo vemos que Sigfrido parte la lanza de su abuelo. La segunda escena tiene lugar en una amplia y sencilla pero elegante habitación de color blanco con una cama verde. Brunilda duerme sentada en una silla inclinada sobre una larga mesa donde se adivinan un peine y un bote de laca. Sigfrido le quita el casco tal y como está escrito. Cuando le da el beso se tumba con ella y en una escena que de realista resulta cómica, Brunilda se niega a despertarse y se acurruca sobre Sigfrido como si fuera un lunes y no quisiera ir al trabajo, para luego estirarse. Un tratamiento curioso es que Brunilda en un principio invita a Sigfrido a yacer con ella, cosa que en el libreto a priori no da a entender que ocurre pero que casa perfectamente con el texto. El dúo de amor está muy bien tratado dramáticamente: ambos intentan comprenderse y acercarse lentamente, e incluso Brunilda desprende ternura cuando se peina mientras canta su aria Ewig war ich. Pero cuando ambos cantan su dueto final, inexplicablemente aparecen agitando las sábanas de su cama para luego caer en ella y reírse de dicha trastada.
Lothar Zagrosek es un excelente director de orquesta, y consigue que la Orquesta de la Ciudad de Stuttgart suene maravillosamente, pese a que a veces algún instrumento suene toscamente. Los preludios y el interludio musical del tercer acto están muy bien dirigidos y transmiten el conocimiento del director de la música, e igualmente la orquesta aún con sus pequeñas limitaciones.
Jon Fredric West fue uno de los habituales del protagonista hasta la década pasada. Dicen que en directo la voz es muy grande. Aquí se percibe una resistencia enorme y una proyección notable pese a la inclemente partitura, aunque la voz no siempre es tan bella e incluso algún agudo sale calado. Aun así la interpretación consigue salir airosa e incluso es mejor que muchos tenores wagnerianos que se atreven con el papel hoy en día.
Heinz Göhrig es un excelente Mime, tanto a nivel vocal como actoral, con una voz bella y que se antoja de gran volumen.
Wolfgang Schöne como El Viandante-Wotan es la gran sorpresa de este DVD, con una impresionante voz, y gran autoridad tanto vocal como escénica. Su entrada en el primer acto antes del torneo del saber es simplemente memorable, y muy creíble como actor en los actos siguientes.
Lisa Gasteen es una Brunilda bastante digna, con una voz muy apreciable aunque a veces el agudo puede flaquear.
Björn Waag es un Alberich bastante notable, aunque la voz se me antoja un poco ligera para el personaje aunque hay momentos en que llega a ser lo suficientemente grave. Attila Jun es un excelente Fafner. Helene Ramada es una Erda de bello timbre de contralto, pero la voz no parece ser demasiado grande y el grave tampoco es su fuerte, siendo por lo tanto más una buena comprimaria que una secundaria de lujo como suele pedirse para este personaje. Gabriela Herrera es un cumplidor Pájaro del bosque.
Y con este modernísimo Sigfrido termina mi primer periplo por las grandes óperas de Wagner, que ha durado dos meses. Confio en volver pronto a ellas y también a las obras de juventud como Rienzi. Quizá vuelva más pronto de lo previsto, porque la música del maestro es una fuente inagotable de nuevas y diversas interpretaciones dramáticas y de una belleza cautivadora sin límite.
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