lunes, 4 de noviembre de 2019

El Anillo del Nibelungo en el Metropolitan Opera, por Levine/Schenk. 1990.


Una de las versiones más conocidas y celebradas (especialmente por la ortodoxia wagneriana) de El Anillo del Nibelungo, es la versión en vídeo de la antigua producción del Metropolitan Opera House de Nueva York, puesto que es la única puesta en escena tradicional que se encuentra en el mercado en DVD.

Durante veinte años, la producción de Otto Schenk y su escenógrafo Günther Schneider-Siemssen ha sido el último gran montaje tradicional de un gran teatro de ópera. Schenk busca adaptarse lo más fielmente posible a las acotaciones del libreto de Wagner, haciendo las delicias del público más conservador y de todos aquellos que quieren una lectura de esta obra como Wagner la imaginó. Los decorados son de una belleza y de un naturalismo hechizantes, al estilo siempre hollywoodiense de las producciones que se hacían en el Met en aquellos tiempos. Rolf Langenfass se ocupó del vestuario, con resultados exitosos, aunque hoy en día algunos nos parecerían acartonados. Aquí se ve toda la utillería nibelunga clásica: espadas, lanzas, cascos, armaduras, largos vasos de cuernos para hidromiel y filtros del olvido, yunques, hierbas, antorchas, escudos y un largo etcétera.

Y sin embargo,la fidelidad deseada no siempre tiene éxito. Se ha acusado al montaje de falta de dirección de actores, y que en realidad el Anillo es de Schneider-Siemssen más que de Schenk. Y es cierto que parece que el montaje se centra más en la fidelidad a la ambientación de la escena que de una dramaturgia profunda, pero por suerte cuenta con un elenco de auténticos cantantes-actores cuya interiorización de los personajes consigue sacar adelante el drama.


De El Oro del Rin ya hablé en su día detalladamente en este blog, así que mencionaré someramente que es de largo la parte más exitosa de todo el montaje, la que mejor consigue reflejar ese primigenio mundo de dioses, gigantes y enanos, con efectos especiales únicos para un teatro de ópera de su tiempo y que siempre es un placer ver. Personalmente, ya mencioné que se acerca mucho a cómo imagino en mi mente esta obra. El fondo del Rin es oscuro, con una roca donde brilla el oro que ilumina la oscuridad. El mayor logro es el decorado de las escenas segunda y cuarta, con un paisaje dominado por la imponente fortaleza de los dioses, en un alto de montaña que deslumbra por su naturalismo mitológico, con el arcoiris dominando la escena al final de la obra.


La Walkiria es por el contrario es la más floja de las partes de este Anillo. En esta obra crucial, la producción es bastante oscura, al contrario que en el Oro. El primer acto tiene lugar en una amplia cabaña de madera, donde se ve el fresno donde Wotan clava a Nothung, esta vez visible. Cuando Siegmund canta el Winterstürme se abren de repente las puertas y se ven unos árboles de los que emana la brisa nocturna de primavera. El segundo acto tiene lugar en un paso montañoso, con un cielo nocturno con nubes oscuras, de tormenta. Un momento interesante es la aparición de Brunilda a Siegmund, cuando se hace la luz en medio de la noche cerrada: el montaje consigue un efecto precioso e este punto. El tercer acto tiene luces y sombras: por un lado es espectacular la recreación de la roca de las walkirias, pero la oscuridad de luego está medianamente resuelta: las walkirias hacen su entrada sin más (entendemos que por la dificultad de poner caballos y cadáveres de héroes en escena), pero un momento tan musicalmente luminoso se ve apagado por la falta de iluminación en escena. Un momento de juego de luces es el interludio cuando se quedan solos Wotan y Brunilda, con sus sombras visibles. El fuego mágico es espectacular, con la lanza de Wotan lanzando chispas cuando golpea el suelo e invoca a Loge, y la iluminación naranja llena el escenario con humo. Al final, un halo de luz se abre paso entre las llamas para dejar salir al dios, mientras su hija ya duerme protegida por el escudo y cae el telón.

En Sigfrido, se vuelve a recuperar el nivel perdido. El primer acto es una espectacular cueva, con unas vistas al fondo del bosque. La fidelidad del montaje al libreto hace que veamos que Sigfrido traiga un oso (un figurante disfrazado), que Mime prepare una poción con huevos y hierbas; y que Sigfrido realmente frague su espada, siendo el final de este acto uno de los momentos más espectaculares. El segundo acto es un bosque tenebroso y denso. La iluminación hace un precioso juego del anochecer al amanecer mientras Sigfrido y Mime entran en escena. Es un mérito para la puesta en escena el recrear un pequeño y frondoso bosque por el que se consigue ver a los protagonistas entrar y salir a lo lejos, en una buena recreación del bosque escandinavo. El dragón, es en cambio una auténtica chapuza: en medio de la oscuridad, no tiene forma definida, y desde luego su apariencia no es la de un dragón sino la de una araña. Incluso con la escena plenamente iluminada no se distingue su forma auténtica. El tercer acto es una verdadera belleza. La primera escena es el paso de montañas de noche, cuya iluminación nocturna da paso a un amanecer más bien rojizo, en parte por la proximidad del fuego mágico. El interludio es un cambio de escena donde el humo se adentra en el escenario, iluminando la escena de rojo. La llegada de Sigfrido a la roca es una maravilla: con el cielo aún amaneciendo, en el tono rojizo anaranjado antes mencionado, mientras descubre la roca y a la valquiria durmiente. El despertar de ella tiene lugar ya en el día resplandeciente. Finalmente, se ve la pasión de los protagonistas al final, ya convertidos en amantes, cayendo al suelo a consecuencia de ese fuego amoroso mientras cae el telón.
En El Ocaso de los Dioses, la puesta en escena es un éxito. Inspirados, los autores consiguen transmitir drama y belleza escénica.El prólogo empieza con una ambientación oscura, un cielo nocturno, pero en un tono casi grisáceo, como si la luz de la luna hiciese más sombría la escena de las nornas. Todo cambia a un amanecer radiante en el dúo de los protagonistas. Maravilloso el momento en que Brunilda, visiblemente triste, despide con entusiasmo a Sigfrido al escuchar su cuerno. El palacio de los Gibich es uno de los logros de la producción: la sala es todo un mastodonte de piedra, de dos plantas, con un paisaje del Rin cruzando un valle y con un precioso cielo dorado de atardecer como fondo. No es menos la imponente fachada donde se celebra la doble boda: dos torres enormes e imponentes de se alzan al cielo, de ese palacio pétreo de aspecto vikingo. El tercer acto es el más bello, y quizá de lo mejor del ciclo: el primer cuadro es un paisaje donde está el Rin, a cuyas orillas están sus hijas, a las que solo se ve hasta los hombros. La marcha fúnebre no siempre es representada, pero aquí lo está con todo el honor: los hombres llevan al héroe triste y solemnemente por todo el escenario hasta la mitad del interludio.

Wagner, con sus acotaciones escénicas difícilmente realizables para un teatro incluso en este siglo, anticipaba la llegada del cine con el final de la obra. Este montaje supera el reto y emociona. Tras encender la pira, Brunilda se arroja al fuego y sale una chispa. Todo el palacio se desmorona, consumido por el fuego, derrumbándose (con el escenario de la sala, la primera planta, hundiéndose). Las torres del palacio también caen, dejando las ruinas. Al fondo se ve de nuevo a las hijas del Rin con el Anillo mientras Hagen desaparece en las profundidades. Poco después, esta imagen desaparece para verse, proyectado, el Walhalla ardiendo y desmoronándose. Al desvanecerse la fortaleza de los dioses se ve el cielo de color azul marino, con las aguas del Rin detrás de las ruinas. En el cielo aparece una brillante y enorme luz. El pueblo se acerca a las ruinas para ver el desolador paisaje, y cae el telón. Es el fin de la era de los dioses y una nueva oportunidad para la humanidad, un nuevo comienzo y quizá una nueva esperanza.

James Levine es el director musical de esta epopeya. Levine es un gran director, aunque en Wagner siempre ha dirigido con tempos muy lentos. Y el resultado, en una obra larga pero con momentos muy dinámicos pese a su solemnidad, es bastante desigual. El Oro es brillante, con una dirección opulenta, solemne del preludio, y manteniendo esa fuerza wagneriana y dramática durante toda la obra. La llegada de los gigantes es pomposa e imponente, con ese lento transcurrir de los timbales. En el resto de la obra se limita, sin embargo a acompañar y está inspirado por momentos. La cuerda está en estado absoluto de gracia, con un electrizante sonido en el preludio de la Walkiria, en una alegoría de la tormenta, o en el preludio del primer acto de Sigfrido con la viola recreando maravillosamente esa música tan siniestra. En el Ocaso mejora, está inspirado en los interludios musicales y en el siempre emocionante final, donde convenientemente alarga la última nota, lo que cierra con broche de oro la obra.

El reparto es en general excelente, con los más grandes cantantes de aquél momento. No todos están en plena forma, pero son auténticos actores consumados.

James Morris es Wotan. Aunque su voz es peculiar, su canto en piano y su ternura en Walkiria, así como su canto  a veces gutural pero al servicio del drama en Oro y Sigfrido nos sitúan ante una gran representación del dios.

Siegfried Jerusalem es Sigfrido. El último grande en este personaje. Aunque la voz es la que es y ya está cansado, su caracterización del héroe es ideal. Suena a tenor heroico pese a que no siempre tiene belleza vocal. Y con todo, uno está ante un gran artista. En el Oro en cambio, esa voz heroica, permite salvar el declive vocal interpretando un Loge canalla y noble al mismo tiempo, y muy bien cantado.

Hildegard Behrens es también la última gran Brunilda. Aunque más fatigada vocalmente que Jerusalem, aún da grandes momentos y en el dúo final de Sigfrido está estupenda. En Walkiria y Ocaso los agudos ya están calados  y el grave aparece quebrantado. Sin embargo, lo de esta mujer era una auténtica pasión escénica, con una autoridad tremenda en el escenario, siendo tierna con Wotan y a la hora de mostrar amor hacia su amado Sigfrido. La inmolación, con todos sus inconvenientes, es un gran momento que resuelve con total entrega y magnetismo.

Jessye Norman está en su mejor momento como Sieglinde, con su bella, cálida y aterciopelada voz y sus estupendos graves aunque no sea una soprano dramática. Gary Lakes tiene una voz enorme y un registro medio ideales para Siegmund, pero el agudo es calante al final del primer acto de Walkiria e interpretativamente es muy plano.

Ekkehard Wlaschiha era el Alberich del momento. Pero solo en el Oro da lo mejor de sí, vocalmente en forma y con una creación tenebrosa del personaje. En el resto de la obra cumple sin más. Heinz Zednik en cambio repite su Mime de antología. Tras dos décadas interpretándolo, la voz está madura pero aún conserva su poderoso volumen y su timbre de gran tenor de carácter. En Sigfrido su interpretación es la mejor de la jornada, con un Mime malvado pero que conmueve hasta la lágrima en su primera escena con el héroe al reprocharle su ingratitud.
La legendaria Christa Ludwig interpreta a Fricka y Waltraute. Estando ya cerca del retiro, la voz ya está mermada, especialmente en el agudo (que en Walkiria le pasa factura),pero aún le queda su aterciopelado registro medio aunque esté ya maduro, y su elegancia y estilo dramático, ideales para la diosa en el Oro y la hermana de Brunilda en el Ocaso.

Matti Salminen está en su mejor momento, impresionando con su poderosa voz y sus graves perfectos de bajo profundo. Hace doblete como Fafner y Hagen, este último grandioso y con una gran interpretación del brutal personaje. Kurt Moll también hace una gran interpretación de Hunding, muy bien de voz y con un perfil violento de su personaje. Jan Hendrik-Rootering es un buen Fasolt. Birgitta Svendén es Erda, con una exquisita y enigmática voz de contralto, con unos graves bellos y destacables. Anthony Rafell y Hanna Lisowska son los hermanos Gunther y Gutrune, ambos con voces más que cumplidoras, si bien ella tiene unos graves de soprano dramática que llaman la atención en tan liviano papel.

El resto del reparto formado por dioses, valquirias, hijas del Rin y Nornas está a un nivel digno, aunque no llega a la excelente plantilla de secundarios de Bayreuth. Entre ellos destacan Dawn Upshaw con su peculiar pero dulce voz del lazarillo del bosque, Mari Anne Haggänder como una agradable Freia, o Andrea Gruber como Tercera Norna, quien entonces estaba haciendo una carrera.

Con indiferencia de si el resultado global es bueno o malo, cada Anillo supone una experiencia. Y cuando se termina de ver o escuchar la obra con el ultimo acorde del Ocaso uno siempre siente una sensación de haber vivido una experiencia musical sobrenatural. Este, con todo, es uno de los últimos grandes. Una forma de hacer ópera que ya no se vive en los teatros de hoy. Y por eso es historia de la interpretación wagneriana.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.


miércoles, 30 de octubre de 2019

Tristan et Isolde dans l'Auditorio Nacional, Madrid.



Madrid, 20 octobre 2019.

Cette entrée est une petite tentative de faire une critique en langue française d'une répresentation wagnérienne. Avant tout, je préviens aux lecteurs que je ne suis trop fluide en langue française et je présente mes excuses pour des erreurs gramaticales ou d'ortographie.

Dans la saison 2019/2020 de l' Orquesta y Coro Nacionales de España (Orquesta y Coro Nacionales de España), entre des espectacles plus attendus était le Tristan et Isolde de Richard Wagner, une des oeuvres plus importantes et révolutionnaires de la musique classique occidentale; dont elle marque le début de la fin de la tonalité et a eu une grande influence sur des auteurs comme Mahler, Strauss et Schönberg. C'est aussi une oeuvre si intense, dont la passion, la force et l'histoire d'un amour que dépasse la vie toujours bouleversent le public. Et cinq années aprés les répresentations inoubliables au Teatro Real dans la production de Peter Sellars et Bill Viola; Tristan rétourne à Madrid, dans cette occasion en concert dans l' Auditorio Nacional, la grande salle symphonique de la capitale.


Sous la direction de David Afkham, l'ONE vive un vrai temps de splendeur. Après des mémorables versions, aux derniers années, des oeuvres comme Le vaiseau fantôme (qu'a eu un grand succés) ou Gurrelieder, cet Tristan a été dans ce grand niveau. Afkham a obtenu de l'orchestre un son beau, rayonnant, pasionné et puissant dans les plus grands moments, avec des temps variés: plutôt lents dans le premier acte et plutôt dynamiques, rapides dans les deux actes suivants. Les instruments étaient superbes, avec un son merveilleux des cordes, surtout des violons, sensuel pour les bois (mélancoliquement beau le son du cor anglais dans le troisième acte) et puissant de la percussion et des cuivres. Malgré dans le troisième acte un peu d'éclat était perdu l' émotion a eté preservée, et le Liebestod fut un instant magique.



Petra Lang faisait ses débuts à Madrid avec Isolde. Habituelle dans les derniers quatre années dans cette rôle à Bayreuth, c'est indéniable qu'elle est une grande artiste, mais Isolde es un rôle difficile. Son médium est trés beau (de ses jours comme mezzo), aussi le grave. Les aigus dans cette occasion sont bien sortis et audibles, pas criés. Elle a pu chanter bien le difficile premier acte et faire une émouvante version du Liebestod.

Frank van Aken a été un Tristan de voix intéressante, avec une grande resistence et sans un mauvais son, toute une réussite en considérant le panorama actuel. Il a réussi, malgré des signes de fatigue, dans l'inclément troisième acte.

Violeta Urmana, de rétour dans la voix de mezzo (elle était Isolde en 2014 au Teatro Real), est une merveilleuse Brangäne, avec une voix que surpasse bien l'orchestre et d'un timbre chaleureux. Sa version de "Einsam wachend in der nacht" fut simplement exquisite. La meilleure chanteuse de toute la distribution.

Brindley Sherratt est un imposant Marke, avec une grande voix de basse profond et qui capte le pathétisme de son rôle. Boaz Daniel a eté un grand Kurwenal, et aussi Roman Sadnik comme Melot, avec une voix de ténor plus grand que celle de Van Aken. Le ténor Roger Padullés fut une très agréable surprise comme le jeune marin, avec une voix lyrique et belle.


Cette version en concert a compté avec l'aide du metteur-en-scène Pedro Chamizo, en donnant l'espectacle une apparence scenique, avec une éclairage differente pour chaque acte (bleu par le première, legérement violet par le deuxième et rouge par le troisième), avec des verres pour la potion du prémier acte, des bougies par le deuxième et surtout à la fin en éclairant seulement l'orchestre et Isolde dans le Liebestod.

En guise de conclusion, l'orchestre a eu nouvellement un grand succés et avec une plus que digne distribution, et Tristan et Isolde a fasciné le public de l'Auditorio, dans une nuît d'opèra bien magique.


viernes, 18 de octubre de 2019

Tristan und Isolde at Auditorio Nacional, Madrid. October 17, 2019.

One of the  the most awaited shows for the 2019/2020 season of the Orquesta y Coro Nacionales de España (Spanish National Orchestra and Chorus) has been the two scheduled concert performances of Richard Wagner's Tristan und Isolde, an opera which revolutioned the music of its day. The last time Tristan was seen in Madrid were in the 2014 performances in Teatro Real (in the Sellars/Viola production), so this became an opportunity to Wagnerians and operagoers in the Spanish capital.

Wagner's Tristan is one of the most revolutionary works in Western classical music. Its famous beggining chord marked the beginning of the end for traditional tonality, and it influenced later musicians like Mahler, Strauss or Schönberg. Here we could hear similarities with works like Transfigured Night, Elektra, Salome, Das Lied von Erde or Gurrelieder. The music and drama raise the spectator to the feelings of the trascendental love of this couple, who is beyond their society, beyond  day and night, beyond life and death. Wagner's love to Mathilde Wesendonck and Schopenhauer's works would inspire this masterpiece, the height of his work alongside The Ring and Parsifal.


Under the baton of David Afkham, the Spanish National Orchestra  is reaching a state of grace since he assumed its direction: in 2016 it conducted an acclaimed Holländer and last year a magical Gurrelieder. Last night, his conducting made the orchestra sound in such a beautiful, passionate, powerful level which resulted in an unforgettable opera evening. In the Prelude (which he had to restart after an irritating mobile phone sounded after the first chord) he gave a symphonic, romantic and powerful  rendition. The strings' sound were brilliant, with a marvellous concertino. Percussion sounded overwhelmingly, as well as metals, and the woodwind section was sensual, melancholic: the English Horn, played offstage, was accomplished in his solo at the beginning of Act 3, conveying the elegiac pathos of its part. Moments like the end of Act 1, the Love duet or the Tristan agony were really electrifying. In the Liebestod, the orchestra was very moving, reaching at the end a transfigurating sound.

Petra Lang, the Bayreuth Isolde in the last three years,  made her Madrid debut in this performance. She is undoubtedly a great artist, and her voice, from her days as mezzo, has a beautiful middle register but she has trouble in the high one. However, Isolde is a diffcult task for many singers, and few of them succeed in all this role's fronts. Her high notes sometimes have a bit umpleasant vibrato, and the first High C in the encounter with Tristan in act 2 was sort of screamed. On the other hand, her low register is very interesting. In the first act she could give an interesting rendition, always duo to her acting skills: convincing in the role's feelings, from angry and heartbroken to seductive, completely in love at the end, with eloquent smiles. In Act 2 she was correct, despite being sometimes surpassed by the orchestra, but in Act 3 she was plain in her first aria Ha,ich bin's. In the Liebestod she could regain some solemnity and nice singing, moving the audience anyway.



Frank van Aken was an interesting Tristan who could cope with the merciless dificulty of the score. He started with some reserve in the first act, but from the second act he showed good singing, despite some difficult notes. However, in Act 3 he surprised the audience with a powerful, heroic voice, resisting the severities of the role in this part and not sounding bad, which is quite a merit for most tenors today who cannot resist this act. He definitely overtook the expectations here.

Violeta Urmana was definitely the star of the cast. In 2014 she sang Isolde in the Teatro Real performances; and now she is back to the mezzosoprano range, singing an splendid Brangäne. Her voice was powerful, with a beautiful and seductive singing and never surpassed by the orchestra. Her warning in Act 2 was exquisitely sung, with beautiful piano high notes in her final Habet acht! As a result, she was largely ovationed at the end.

Brindley Sherratt was a great Marke, with his big, powerful voice over the orchestra, despite some gutural high notes in the Monologue, but he impressed the audience and was warmly applauded at the end. Boaz Daniel was a good Kurwenal. Roman Sadnik has a tenor big voice and he sang well his part as Melot. Roger Padullés was one of the big surprises of the evening: his light tenor voice made him singing a beautiful, lyrical Young Sailor at the beginning of the opera and also a melancholic Shepherd in the third act. Ángel Rodríguez Torres had an interesting baritone voice as the Steersman.

The Spanish theatre director Pedro Chamizo was the responsible of giving some sense of staging to the concert, with a blue lighting for the first act, violet for the second (and putting candles through the chorus zone) and red for the third one during Tristan's agony. At the end, all lights were turned off just to focus Isolde and the orchestra as the Liebestod ends, reinforcing the emotions.



Again, the magic of Tristan enraptured the Madrid audience, after five years. An accomplished orchestra and a good cast made Wagner's music to be felt in all its revolutionary and powerful strength in a perfomance which will be remembered.



My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.

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Tristán e Isolda en el Auditorio Nacional. 17 de octubre de 2019.


En la nueva temporada 2019-2020 de la Orquesta y Coro Nacionales de España, se ha elegido para uno de los primeros conciertos, la monumental ópera Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Cinco años después de su última función en el Teatro Real (con la legendaria producción de Peter Sellars y Bill Viola que llenó el teatro), regresa a Madrid, esta vez en el Auditorio Nacional y en versión de concierto, esta cumbre de la ópera; que revolucionaría la música de su tiempo y sentaría las bases de lo que vendría el siglo siguiente. 



Wagner, influído por su amor prohibido hacia Mathilde Wesendonck, compuso esta obra que de no ser por El Anillo y tal vez Parsifal, quizá sería su obra magna, por lo anteriormente dicho. El famoso "acorde de Tristán" supuso un más allá en la armonía tonal tradicional, y para muchos supuso el principio de su fin. Aquí ya se anticipa lo que desarrollarían Mahler, Schönberg (en la Noche Transfigurada hay una fuerte influencia de esta ópera), Strauss y otros tantos autores: en una escucha atenta de la obra se pueden ver similitudes con obras posteriores como Salomé, Elektra, La Canción de la Tierra e incluso el ya atonal Erwartung o los Gurrelieder. En la partitura la música lleva al espctador a un nivel trascendental del amor, que se aísla del mundo, tal y como lo sienten los amantes, por ello e de una obra de gran profundidad. A veces, al escucharla y teniendo en cuenta el reducido número de cambios de escena, de personajes y hasta de movimientos, se tiene la impresión de estar escuchando un gran sinfonía, pero Wagner llamaba a su obra un "drama musical" o "acción" (Handlung, en alemán) porque pese a todo esta obra es un drama. Es la historia de dos amantes cuyo amor surgido de la venganza se aísla, eleva, por encima del día, de la sociedad y hasta de la vida. Porque en esta vida no pueden amarse en libertad, y es la muerte la que hace posible su consumación, para desgracia de quienes les rodean, ya que también se ven arrastrados por esa tormenta amorosa.



La ONE, y como ya viene siendo habitual, ha estado en estado de gracia bajo la batuta de David Afkham, que con su magnífica dirección ha conseguido extraer de la orquesta un sonido tal que ha resultado en una memorable noche de ópera. En el preludio, (que tras el famoso acorde inicial tuvo que parar porque sonó un teléfono móvil, que tampoco fue el único que se escuchó en la noche) las cuerdas estuvieron maravillosas, reproduciendo la intensidad y el romanticismo, que hacía sentir que se escuchaba una gran sinfonía. Y mantuvieron ese nivel fantástico durante el resto de la obra. Todos los demás instrumentos dieron también lo mejor de sí en la función, con una percusión poderosa y un sonido metálico y opulento de, valga la redundancia, de los metales. De la sección de viento madera la dirección extrajo un sonido seductor y también potente. Excelente el corno inglés, transmitiendo todo el patetismo y la melancolía de su paisaje solista, llevándose al final una merecida ovación. Momentos como el final del primer acto, el dúo de amor o la larga y sufriente escena de Tristán en el tercer acto fueron realmente electrizantes. En el conocido Liebestod final, la orquesta alcanza su cénit final, con el climax a mitad del número con la orquesta a pleno rendimiento y terminando con la emotividad deseada. Una interpretación para el recuerdo. El coro masculino estuvo magnífico en sus breves intervenciones.



El reparto, si bien no estuvo al mismo nivel de la orquesta, estuvo entre un nivel digno y notable.

Petra Lang, la Isolda de los últimos años en Bayreuth, debutaba en Madrid con este rol. Hay que decir que su interpretación tuvo altibajos: no puede negarse que Lang es una gran artista, pero Isolda es un rol de cuyos desafíos no todas las intérpretes salen airosas en todos los frentes. La voz tiene buen material, con un centro bellísimo, de sus días de mezzo, pero el problema llega en la zona alta. Sus agudos acusan en varias ocasiones de un vibrato poco grato, y en otras como en su primer Do agudo del segundo acto tiende al grito. Y también en ocasiones, la orquesta la sobrepasa. Durante el primer acto dio una función disfrutable, donde además se apoyó de sus dotes interpretativas, pasando de una Isolda enfurecida a una tierna mujer enamorada y con sonrisas elocuentes, de manera convincente. Su registro grave es, por el contrario, apreciable, y lo mostró en este acto. En el segundo mantuvo un nivel digno, pero en sus intervenciones del tercero estuvo más bien plana, aunque en el Liebestod pudo salir del paso pese a sus limitaciones.

Frank van Aken fue un Tristán que empezó discreto, pero terminó con una gran dignidad, superando las expectativas. La voz tiene algún sonido baritonal, no obstante suena generalmente a Heldentenor. En algunos agudos podría sonar gutural, como en el primer acto. También es la suya una voz que no siempre sobrepasa a la orquesta. Durante los dos primeros actos se mostró reservado, para darlo todo en el tercer acto, sin que sonara mal, con un canto entre lo bueno y aceptable. Un Tristán decente, lo que es un mérito en este rol, lo que es un logro hoy en día ya que los tenores en la actualidad no suelen aguantar la inclemente partitura.

Violeta Urmana fue la gran estrella de la noche. Hace cinco años fue Isolda en el Real, y hoy, de nuevo en la tesitura de mezzosoprano, ha sido una Brangäne memorable que ha sido capaz de robarle el protagonismo a la buena de Lang. Su interpretación destacó por su magnífica voz, su exquisito canto, demostrando que en este rol puede seguir dando noches memorables. Además fue casi la única voz protagonista a la que la orquesta no conseguía tapar. En su célebre aviso del segundo acto, dio un excelente agudo en piano en el Habet acht final. Y como resultado, fue la más ovacionada del elenco. 

Brindley Sherratt, quien aterrorizó al Real con su antológica interpretación del villano de Billy Budd en 2017, fue un gran Marke. Su poderosa voz de bajo profundo se hizo oír en toda la sala durante su largo monólogo, aunque algunas notas le salieron guturales. Con todo, logró impresionar y fue muy aplaudido.

El barítono Boaz Daniel interpretó a Kurwenal, con una buena y aseada voz. El tenor Roman Sadnik fue un gran Melot, de voz más grande que la del propio Tristan, cumpliendo sobradamente con su breve rol. 

Roger Padullés fue otra de las grandes sorpresas de la noche, haciendo dos roles: el marinero del primer acto y el pastor del tercero. Su deliciosa voz de tenor ligero dio un lirismo bello y melancólico a las intervenciones del marinero y sensibilidad al pastor.  Ángel Rodríguez Torres también fue un timonel destacable en su pequeño papel.

La pasión de Tristán e Isolda volvió a conquistar al público madrileño, aunque quizá por ser jueves la sala no estaba llena (quizá si lo haga el domingo). Una orquesta en plena forma y un reparto digno, aun con sus limitaciones, consiguieron que la magia de Wagner se hiciera sentir en toda su revolucionaria fuerza.

Algunas fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

martes, 15 de octubre de 2019

A piano evening with Messiaen and López at the Reina Sofía Museum, Madrid. 14-10-2019. ENG/ESP

English

Every year, the CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical or National Centre for Music Diffusion) holds the 20/21 cycle of contemporary music concerts at the Auditorio 400 at the well-famed Reina Sofía Museum, in Madrid. This cycle attracts international artists like The Hilliard Ensemble, Isabelle Faust or Arvo Pärt, who premiered last year a commissioned work here.

The tonight's program was focused in two composers, Olivier Messiaen and José Manuel López López, a Spanish composer, part of th program. This was the content:

Olivier Messiaen
Vingt regards sur l’Enfant-Jésus, regards nº II, VII, XVI, XI, XIII, X (1944)

José Manuel López López
Lo fijo y lo volátil, for piano and  live electronics (1994)
Bien à toi (2000)
Finestra in la Chigiana (2000)
In memoriam Joaquín Homs (2005)
Un instante anterior al tiempo, para piano y manipulador (2006)


The piano was played by Alberto Rosado, experienced with contemporary classical music, both in recitals and recordings.

The Messiaen and López's works were alternated each other, so it began with the regard II by Messiaen, and followed by the first López work,  Lo Fijo y lo volátil, where piano is followed by electronic instruments. López uses the electronics to explore the possibilities of the music, alternating different sonorities, reinforced by the electric amplifications. Bien à toi  is an interesting work. The Messiaen regard XI, La comunion de la vierge, was one of the best moments of the evening, with its ascending notes spread a mystical ambient in the small auditorium. Un instante anterior al tiempo is maybe the most radical piece of the program, using the different possibilities of the piano to create sounds and resonances in modulations. The program ended with a vivid performance of the regard X by Messiaen, whose last chord resounded strongly in the hall.
At the end of the concert, which was warmly received, López took the bows alongside Rosado.


Español

Como cada año, el CNDM realiza sus apasionantes ciclos 20/21 en el Auditorio 400 del Museo Reina Sofía de Madrid, dedicados a la música contemporánea. El programa de esta noche constaba de obras de dos compositores: el famosísimo Olivier Messiaen y un compositor contemporáneo español, José Manuel López López, compositor residente en el CNDM. Alternándose las obras de uno y otro autor, el contenido fue el siguiente:

Olivier Messiaen
Vingt regards sur l’Enfant-Jésus, selección (1944)

José Manuel López López
Lo fijo y lo volátil, para piano y electrónica (1994)
Bien à toi (2000)
Finestra in la Chigiana (2000)
In memoriam Joaquín Homs (2005)

Un instante anterior al tiempo, para piano y manipulador (2006)

El pianista encargado de la velada fue Alberto Rosado, profesor y experto en música contemporánea, de la que ha realizado múltiples conciertos y grabaciones, entre ellas de López.

De la magna obra para piano de Messiaen pudieron escucharse las miradas o "regards" números 2,7,13,16,11 y 10. El programa empezó pues con la segunda mirada, seguida por la primera obra de López, Lo fijo y lo volátil, donde el piano es seguido por los instrumentos electrónicos, López usa los instrumentos electrónicos en algunas de sus obras, para explorar sus posibilidades y obtener diferentes sonoridades que se suceden. Bien à toi es una obra interesante. Uno de los puntos más álgidos del concierto se vivieron con la mirada o "regard" número 11, La Comunion de la vierge, donde las notas ascendentes dejaban un ambiente místico que se extendía por toda la sala. Un instante anterior al tiempo, para piano y manipulador, es quizá la más radical de las obras escuchadas, en la que se exploran las infinitas posibilidades de sonorización del piano. El recital terminó con la mirada o regard número 10, cuyas notas finales resonaron en todo el auditorio, levantando una calurosa acogida.


En los aplausos finales, en un momento dado López se unió a Rosado para recoger las ovaciones del público.

Al abandonar la sala, resultaba sugerente tener esta vista del restaurante NuBel, que invitaba a relajarse tomando algo.
When leaving the museum, it was suggesting to have this sight of the NuBel restaurant, which was in the same compound of the museum, invitating to have a cup inside.




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viernes, 11 de octubre de 2019

El Caserío en el Teatro de la Zarzuela, segundo reparto. 10 de octubre de 2019.


Hoy día, se cumplen 163 años desde la apertura del Teatro de la Zarzuela, la catedral de nuestro género lírico. Durante todo este tiempo, sobre sus tablas se han visto y escuchado las más deslumbrantes, intensas y divertidas historias cuyos creadores nos han legado, para el deleite de todos. Y por ese motivo, antes de empezar la función de esta noche, se escuchó por megafonía la voz de Daniel Bianco, el director artístico del teatro, conmemorando este importante aniversario y dedicando la velada a esos autores que llevan más de siglo y medio haciendo las delicias y éxtasis del público.

La obra escogida para inaugurar la temporada 2019-2020 de la Zarzuela es precisamente uno de sus más grandes clásicos: El Caserío, de Jesús Guridi, una de las cumbres del género grande y una apuesta segura. En mi camino de descubrimiento de la zarzuela, me interesó verla, ya que el autor me llamaba la atención. Y la experiencia ha sido muy agradable.


Guridi, a través de una partitura inspirada, descriptiva, bucólica, costumbrista y llena de lirismo, nos lleva al pueblecito ficticio de Arigorri, en el País Vasco más profundo. En la música se encuentran muchas referencias al folklore vasco, algo que puede verse por ejemplo en las danzas, pero también transmite de forma teatralmente muy efectiva, los sentimientos más profundos de los personajes. El compositor estudió en París, durante la ebullición musical que se vivía en los primeros años del siglo XX en la capital francesa, si bien su música, quizá por el propósito de la obra, aquí  resulta más conservadora que la de Falla o Albéniz. Sin embargo, a veces el bucolismo de la música a veces nos recuerda, por ejemplo, a los Cantos de Auvernia de Canteloube, contemporáneo de Guridi. Las romanzas, no tienen nada que envidiar en calidad a las arias veristas más importantes de la ópera verista italiana, como la romanza de José Miguel en el segundo acto. Al comienzo del dúo de Ana Mari y Santi la música puede recordarnos al aria de Xenia del Boris Godunov de Mussorgsky.


En cuanto al libreto, el costumbrismo y la estructura típica de la zarzuela, crean, a oídos de un neófito como un servidor, una especie de "casticismo vasco", que se percibe en los diálogos. Las situaciones cómicas relajan la tristeza y las preocupaciones de los protagonistas. Sin embargo, la producción que estos días estamos viendo en Madrid, ha recortado los diálogos hasta dejarlos en la más básica síntesis de la historia, ceñido a la trama principal, algo que afecta a la parte cómica.

Y es que esta presentación de la exitosa producción de Pablo Viar, procedente del Teatro Arriaga de Bilbao, recorta la obra hasta dejarla en una función de una hora y cuarenta minutos sin descanso. Por lo demás, el montaje es de una gran belleza, sin demasiadas pretensiones de escandalizar. El ambiente rural y el verde vasco se ven en sus decorados, aunque hay algunas incoherencias con el libreto o algunas omisiones como la procesión, sustituida por la entrada del sacerdote Leoncio con una banda. Al abrirse el telón se ve un imponente muro de piedra en el que se encuentra una igualmente imponente puerta de madera: es Sasibil, el caserío de Santi que da título a la obra. Se ven árboles y vegetación. Los personajes están caracterizados como a finales de los años veinte y treinta, si bien no faltan los tradicionales trajes típicos vascos en los bailarines y los pelotaris vestidos de blanco con sus txapelas rojas. En el segundo acto se ven unas gradas donde se situará el pueblo, quien además de la liturgia y las fiestas de la aldea, será espectador de las tramas de los personajes. Al fondo, se ve un árbol marchito con el cielo del atardecer. Uno de los momentos más bellos tiene lugar al final de la obra, cuando el muro de al fondo se retira para mostrar un precioso paisaje: unos árboles con el resto del cielo en la puesta de sol, todo como fondo de la entrada final de Ana Mari. Para la ocasión, se ha contado con la compañía Aukeran Dantza Konpainia, dirigida por Eduardo Muruamendiaraz, que se ha ocupado de las danzas tradicionales vascas.


La Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del teatro, estuvo dirigida por el renombrado director Juanjo Mena. Mena logró una dirección, una vez entrada en calor, que mantuvo un nivel cada vez mayor en la función, si bien los metales a veces se excedían de volumen, y en alguna ocasión la orquesta tapó a los solistas. Sin embargo, pudo extraer los colores suficientes que transmitían la magia evocadora de la obra, con un acto segundo memorable. El coro también estuvo a un buen nivel, especialmente en el comienzo del tercer acto.



La de hoy fue función del segundo reparto.

José Antonio López interpretó al tío Santi, con una excelente voz, que si bien se mostró un tanto contenida y necesitando entrar poco a poco en calor en la romanza "Sasibil mi caserío", pero en los dúos estuvo sencillamente formidable. Memorable en el dúo con Ana Mari.

Carmen Solís fue la voz más destacada de la noche, con su imponente voz de soprano. El color vocal y las dotes de actriz de Solís le permitieron crear una Ana Mari sufrida, pero con mucha personalidad. La voz es buena, aunque nasal en algún momento, pero con unos agudos impresionantes y en general un registro alto que a veces me recordó incluso a Mariella Devia. Gran función.

José Luis Sola fue un José (o Joshe) Miguel lírico, que salió airoso del reto, con una voz lírico-ligera interesante, aunque con el volumen un tanto controlado. En su romanza "Yo no sé que veo en Ana Mari" cantó estupendamente, con un pianissimo final alargado que le salió bien y dramáticamente efectivo, a medida que abandonaba el escenario.

Jorge Rodríguez-Norton, quien cantó este verano en el prestigioso Festival de Bayreuth en Tannhäuser, fue en lo actoral un excelente Txomin, cumpliendo con la complicada vis cómica que requiere el personaje, llevándole a dar una divertida versión de "Chiquito de Arigorri" en la que dio réplica al tenor principal que tampoco le anduvo a la zaga.

El resto de solistas estuvo a un nivel tan bueno como divertido, empezando por Ana Cristina Marco como una divertidísima Inosensia que además cantó estupendamente en su dúo final con Txomin. La veterana Itxaro Mentxaka cumplió sobradamente con la matronil e hilarante Eustasia. Manu y Don Leoncio estuvieron bien servidos por Eduardo Carranza y José Luis Martínez respectivamente.


La temporada se abre con una disfrutable versión de una de los títulos más celebrados del género grande. El desempeño de los artistas, pese a los defectos , entre otras cosas, de la producción; hace que el gran triunfador de estas funciones sea Guridi con su maravillosa música. Nadie debería perdérselo.

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jueves, 19 de septiembre de 2019

Don Carlo in Teatro Real, Madrid. September 18, 2019.


Fourteen years after its last performances, Verdi's Don Carlo returns to the Teatro Real stage, opening the 2019-2020 season. This return comes with the staging by David McVicar, from the Frankfurt Opera, and with three casts, most of them among the best options to perform this opera nowadays. As almost every year, the opening season performance was attended by the King and the Queen of Spain. And also always whenever they come, the orchestra played the Spanish National Anthem with the audience standing.

The King Felipe VI and the Queen Letizia leaving the Teatro Real after the performance.

To stage this opera is a task for every theatre: its wagnerian length, a big effort in costumes and settings and a big demand for singers, orchestra and chorus. The version performed last night was the Modena Italian version in five acts, not very known in Spain. The main reason for this choice was to give more visibility to the love story between Carlos and Elisabetta, only implied and assumed to exist in the four acts version. Verdi reached one of his musical heights with this work, one of the most dense and dramatical, with many inspired and very theatrical moments.


The result was, however, between correct and dissappointing. Unlike his beautiful Gloriana last year, McVicar's Don Carlo is not at the same level. The action takes place in a permanent grey white brick set, with a scenic platform with different levels, stair-like, with some of those platforms sometimes being elevated when the drama requires. One wonders if McVicar wants to represent the cold, rigid, opressive ambient of the Philip II's court. But the result is boring, because despite the effort to concentrate, intensify the action, the characters sometimes could seem lost in the vast emptiness of the stage, which resembles more to a sauna. The aim is not to ask for a Zeffirellian staging like its predecessor, the 2005 production by Hugo de Ana (which I saw), not to be outraged when a brick platform is pretended to be taken by the Charles V grave, but to try not to left the spectator indifferent. And in many scenes, specially the most intimate like the duets and the trio by Carlo, Rodrigo and Eboli there was an inevitable sense of boredom, even I found myself missing the De Ana attractive and colourful version. On the other hand, the coldness of the stage is strongly contrasted with the faith, rich and at the same time sober customes by Brigitte Reifenstuel, remarking the costumes worn by the ladies in court, the King and the Queen in the Auto-da-fe with splendid golden and black cape or the Great Inquisitor, dressing more luxurious than the King himself (maybe a symbol of the power of the Church over the Crown?). The Auto-da-fe was spectacular, despite the people is not seen but the aristocracy, something incoherent if we consider those were shows largely attended by the people. A procession is seen with the tortured prisoners, sentenced to be burned. The scene ends with a big cross burning in the bottom.


In act 4, there are intense dramatic moments like the King slapping the Queen, in a domestic violence scene, after the rumour of infidelity, or Don Carlo crying bitterly as Rodrigo dies. The prison scene is show with enormous bars in the middle of the scene. In the final and brief rebellion the soldiers and some rebels from the people are seen, but the chorus sings offstage ¿again showing the people's irrelevant role during the Absolute Monarchy? At the end, Carlo is killed by the King's guard and dies above the grave of his grandfather.

Nicola Luisotti conducted the Teatro Real Orchestra, in a slow conducting sometimes good, sometimes dull. As usual, the wind section was the best, but the strings got a good sound very early, specially the cello solo in the Philip II aria. The orchestra had interesing moments like in the duets, but the tutti in the Auto-da-fe wasn't too much refined. In the end of the Act 4 it reached a good level at the end. The the introduction of "Tu che le vanità" was sublime too.

The chorus reached little by little their splendid level. They ended wonderfully the Auto-da-fe scene, but their best moment was at the end of Act 4, singing offstage, in the gallery (4th Floor), the phrase "Signor, di noi pietà" sung with exquisiteness and startingly.



Marcelo Puente replaced at the last minute the announced Francesco Meli in the role of Don Carlo. His voice is considerably big, there is some material but on the other hand sounds quite nasal, specially if he goes to high zone. That was a little trouble in the aria Io la vidi. Later, in the duets with Elisabetta and Rodrigo he reached a good sound.

Maria Agresta was a correct Elisabetta. Her voice is good, having some remarkable pianissimo notes, specially in Tu che le vanità, despite some high notes are in some trouble. However, it was a moving rendition.

Dimitry Belosselskiy was Philip II. This bass was a big sensation in 2016 singing in Luisa Miller, but the King of Spain is another story. He has a powerful, big voice, but this role needs some nobilty to convey, and until the middle of his Act 4 aria he didn't reach the desired level in this aspect. From the Dormirò sol it was a beautiful rendition, but he couldn't help to be booed at the end.

Luca Salsi is one of the best options for Verdi baritone roles today. The voice is not ugly, he has some good style at singing (a big merit regarding the current outlook in Verdi). His Rodrigo was well sung, with exquisite diction in Carlo ch'e sol il nostro amore. The death scene was sung with such beauty and moving interpretation that it was by far the best moment in the night.

Ekaterina Semenchuk was the biggest singer of the cast. Her seductive, appealing contralto-like sound makes this mezzo an appropriate option for Eboli. In the Veil Song she sang with exquisite pronunciation, she commanded the coloratura and her low notes are remarkable. In the O don Fatale, in addition she reached a good acting, as well as an outstanding high note in "ti maledico, o mia beltà"

Mika Kares was the Grand Inquisitor. His voice has a good low register, but not always the desired volume, with Belosselskiy's voice being bigger than his. His singing rendered an interesting version of his aria "Nel Ispano suol", and conveyed the false fragility hiding the evil beyond his role. Sadly, he was booed at the end.

On the other hand, the supporting roles were superbly performed: Natalia Labourdette has a delightful coloratura voice for Tebaldo and Moisés Marín has a beautiful belcanto tenor voice for the Count of Lerma. Leonor Bonilla took the part of the voice from Heaven, singing it beautifully. The six Flemis deputies were well sung by six accomplished basses.


A Spanish King, Felipe VI, goes to the opera to see another Spanish King, Philip II, singing. As I mentioned before, it's difficult to perform this demanding opera. Maybe this is the reason this final result with ups and downs. There are still thirteen performances left, with three casts, with different accomplished singers, to do justice to this monumental opera after many years absent from the Teatro Real stage.



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