viernes, 19 de junio de 2020

La famosa Traviata de Anna Netrebko y Rolando Villazón: la ópera como el público de hoy la quiere ver.


Ante la proximidad de las funciones de esta ópera en el Teatro Real, y con el mismo montaje, he decidido ver, por primera vez en mi vida, con el famoso DVD de La Traviata dirigida por Willy Decker y con un gran trío protagonista: Anna Netrebko, Rolando Villazón y Thomas Hampson.

Esta Traviata supuso la definitiva consagración de su protagonista, que se convirtió en una estrella hasta el día de hoy. Pero además supuso una revolución por su tremendo montaje, que expone la crudeza que caracteriza la historia de esta mujer deseada y repudiada a la vez, sin el rococó y romanticismo con el que se asocia esta obra. Y no solo eso, lo supone también porque es sencillamente un montaje hijo de su tiempo: una pareja protagonista con cantantes jóvenes, atractivos y que además cantan bien y tienen química en escena. En 2005 Netrebko estaba en el apogeo de su belleza juvenil y eso hizo que muchos aficionados a la ópera hicieran de esta Traviata el más claro ejemplo de lo que querían ver en todos los teatros a los que suelen ir. Hoy en día, Netrebko sigue siendo todavía una mujer joven y bella pero en mi personal opinión ya dejó de ser ese símbolo sexual que la convirtió en un peculiar ejemplo a seguir en el mundo de la ópera. Villazón también era un cantante que resultaba atractivo, además de temperamental, y la increíble química en escena con la soprano hizo que se convirtieran en la pareja lírica de moda, comenzando una colaboración en forma de actuaciones, discos en obras como Manon, Elisir, conciertos a trío con Plácido Domingo y hasta una película de La Bohème.

Willy Decker pretende que el espectador se centre únicamente en el núcleo de la obra, del que más allá no hay nada. Violetta es una mujer que le planta cara a la muerte en soledad, porque siendo la mujer más deseada de París en realidad nadie la quiere por su condición de cortesana y mujer "perdida" para su sociedad. Un drama que sigue siendo vigente. Y este montaje lo refleja como nadie. El escenario gigante de Salzburgo se convierte en un decorado blanco y prácticamente vacío. Solo hay un sofá y en la esquina derecha un reloj gigante custodiado por un anciano con una mirada y presencia aterradoras. Violetta entra en escena con un vestido rojo, suplicándole a ese hombre, que no es otro que la muerte encarnada en el Doctor Grenvil, que no haga correr el tiempo. Grenvil le da una rosa. Termina el preludio y vienen los invitados en una actitud depredadora, tanto hombres como mujeres vestidos con traje de caballero (en este montaje solo se distingue a los protagonistas, Annina, Grenvil, Gastone y el Barón, aunque estos últimos resultan difíciles de reconocer del coro masculino). Todos devoran a Violetta con la mirada, todos desean poseerla y además al mismo tiempo. Alfredo es distinto, aunque proviene de ese entorno. Alfredo no es un joven engreído aquí, sino temperamental, aunque impulsivo. El reloj corre rápidamente, durante la despedida de los invitados en el primer acto, para angustia de la protagonista.
                                               
En el segundo acto, unos muebles cubiertos con sábanas floridas sugieren la pasión en el entorno bucólico donde Violetta y Alfredo viven. La pasión es palpable e incluso transferible. Alfredo se entera de las deudas de la pareja y se lo reclama a su amada mientras canta... para el recuerdo las caritas tiernas de "me has pillado" de Netrebko en esta escena. Cuando llega Germont, ella se despoja de su sábana florida y queda expuesta con una bata blanca, quedando vulnerable. Germont y su hijo pelean físicamente cuando el primero canta sus arias: el bofetón que le da cuando le dice "Ne rispondi d'un padre al affetto" a su hijo y luego el forcejeo y los gritos que dan cuando Alfredo decide ir a la fiesta a vengarse. La escena de la fiesta de Flora es la celebración de la humillación de Alfredo, con los invitados burlándose de él y un hombre vestido de rojo intenta seducirle de broma. Violetta ya aparece consumida, y de hecho cuando Alfredo le tira el dinero, lo hace sobre ella recostada en el reloj gigantesco, señal de que su fin está cerca. Es el único momento además donde el coro tiene algo de humanidad y cantan con solemnidad y hasta empatía. Durante el tercer acto, el coro retrocede ante la amenazante mirada de Grenvil-Muerte. El escenario queda desnudo, y Violetta canta su aria en el reloj. Al terminar, sucede algo terrorífico: los invitados cantan el coro de carnaval invadiendo la escena y traen a una mujer a la que ponen el vestido rojo y la ponen sobre el reloj, para llevársela al fin de la pieza. Todo ante la asustada mirada de Violetta, porque sabe que esa muchacha ocupará su lugar, una vez que la hayan usado hasta marchitarla. La llegada de Alfredo y su padre suponen el último acto de rebelión de Violetta, que le planta cara a la muerte. Finalmente, el doctor Grenvil-Muerte la abrazará, y tras esto la protagonista se desploma para siempre ante la vista de los presentes, y solo el doctor canta su línea trágica "È spenta!". Violetta muere sola y tristemente, ante la impotencia de los que la rodean. La tragedia de un juguete roto.

Carlo Rizzi dirige a la Orquesta Filarmónica de Viena de la que obtiene un sonido estupendo al principio, en el que la orquesta es una simple servidora del drama y de las voces, pero en el segundo acto pierde el control y la orquesta suena perdida, casi como una banda, durante el dúo de Violetta y su suegro. Luego se recupera en el tercer acto, dando una versión preciosa del preludio. En vivo debió de sonar como si estuviera abusando del forte. El Coro de la ópera de Viena está magnífico, y ofrece una actuación memorable (me pregunto si Decker pudo haber visto y sacado la inspiración de la turbia escena final de la película Réquiem por un sueño, donde unos lascivos ejecutivos disfrutan viendo sexo en vivo).

                                      
Anna Netrebko es la estrella de este vídeo. La fama que obtuvo tras esta Traviata ya la conocemos todos, de dimensiones hollywoodienses. Netrebko, además de estar en su esplendor físico, resulta ser una gran artista. Su voz era aún lírica, con un sonido sensual, un vibrato bien controlado que la beneficiaba, y su registro medio se acercaba al sonido dramático de los roles que hoy canta. Por eso mismo, posiblemente en el primer acto no rinda con la misma intensidad que en los restantes. Inolvidable versión la que da en el Addio del Passato, o el pianissimo dramáticamente entonado en Dite alla Giovine o Alfredo, Alfredo di questo core. Y como actriz también cumple, cambiando en la misma escena una mirada inicialmente tierna, alegre, en otra más demacrada, abatida, muestra de su enfermedad. Una interpretación histórica.

Rolando Villazón no se queda atrás, ya que aquí también se encontraba en el momento más álgido de su carrera. Su voz, suena juvenil, aunque aparecen trazos de brusquedad que quizá serían el origen de lo que pasaría luego con su voz, además de algunos sonidos baritonales. Posiblemente sea su mejor creación, ya que como se ha dicho antes su Alfredo es temperamental, apasionado, y todo eso lo pone al servicio de su voz, resultando en una actuación memorable.

Frente al brillo de la pareja protagonista, el punto flojo es el Germont de Thomas Hampson. Primero porque la voz se pasa un poco de aguda para lo que se espera oir del personaje, y luego porque su interpretación es irregular. En su primera aparición sus expresiones parecen de cine mudo, si bien luego mejora. Su Germont no es el padre conservador, autoritario e imponente de un Bruson y un MacNeil, sino un villano intrigante, liante y mentiroso que solo se da cuenta de su error cuando es demasiado tarde y lo hace con tintes melodramáticos, sin la compostura esperable de un personaje además orgulloso. Vocalmente mejora en su aria y cabaletta, donde enfoca su voz aguda con solventes fines dramáticos, impactante ese "Ah, resta" del final de la primera escena del segundo acto cuando intenta detener a su hijo. Esa solvente, alternativa interpretación de Germont la mantiene dignamente en el resto de la obra.

El resto del reparto está a un buen nivel, empezando por la Annina de Diane Pilcher. Pero en este montaje hay un cuarto protagonista: el Doctor Grenvil que aparece como la muerte, y está presente en casi toda la obra. El veterano Luigi Roni (recientemente fallecido por causa de este Covid-19 que azota al mundo) hace de la temible visión de Decker una interpretación memorable, dando realmente miedo con esas miradas amenazadoras, y robándose la pantalla cada vez que sale. Vocalmente es intachable en sus pocas frases, conservando su voz de bajo profundo. Por todo esto, ha interpretado este poco relevante personaje en la mayoría de grandes teatros que han escenificado este montaje, porque lo hace como nadie, que le llevó a cantarlo por todo el mundo, significando un glorioso retorno final a la escena musical.

                                        

Este montaje se ha convertido en La Traviata de nuestros días, por eso sigue vigente después de 15 años. Plenamente consciente de que su representación en Madrid no será la misma debido a las medidas de seguridad que nos impone esta pandemia que vivimos, espero que las funciones puedan retener lo máximo posible de la calidad original de este poderoso montaje.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

jueves, 4 de junio de 2020

Performing the unperformable: Schoenberg's Gurrelieder in Amsterdam (2014)


Schoenberg's Gurrelieder are not an opera but for sure they have most of the necessary ingredients: a big orchestra and chorus, six soloists with demanding parts, an extraordinary score, rich in exuberant, sometimes colourful and dramatic tones and leitmotives, and a subjacent story-implied in the succession of the songs- of love, devastation, anger and finally the hope of another day.

Some time ago, I read in a forum that the problem with performing the Gurrelieder is that if we stage it we would focus more on what we see on stage rather than on the powerful and rich orchestral variety, with its wagnerian style. Nevertheless, the reasons before mentioned in the first paragraph are enough to think on a potential staged performance. That was the idea of the Dutch National Opera and its director, Pierre Audi, for staging it for the first time, 101 years later its premiere.  In addition, such an event was telecasted and later edited on DVD.


Audi sets this work during the time of its composition, during the 1910 decade, including World War I. The decomposition of the world of splendid European empires, to give way the ruin and misery of the War is similar to the self-destruction of King Waldemar. He loves his mistress Tove, a nymph-like maiden, but after her death he loses his mind and defies God, resulting in a fatal defeat. Audi takes note of this for developping the role on stage. At a first glance, the tetrical aesthetic of this production  could seem totally unrelated to the fairytale-like medieval background of the story, but when the time and circumstances of the work are known, it matches completely.

The set is a wide, dark, empty, abandoned space resembling an old factory. The narrator (a woman in this production) starts with an spoken introduction and then the Prelude begins. A man in white dress and make up appears holding a big, white-lighting globe, representing the moon. A big bed is seen in the middle, in which Tove and Waldemar appear after presumably a passionate encounter. They sing their songs with tenderness but conveying fragility and lack of confidence, as if their love were about to fall. After their duet, and now appearing as a king, Waldemar sees the Wood Dove appearing, dressed in black and with big wings, like the angel of death. Then, two little chambers appear: one totally covered in blood, where Waldemar grieves Tove, and the other totally white, where the Dove sings its tragic monologue.


The second and Third parts show the progressive twilight, self-destruction of the king, now rebelling against God. Waldemar appears unkempt, drunk, ruined physically and mentally. Indeed, the Third part takes place in a sort of gloomy bar. Before it takes place the narrator talks about night wild hunt. Then, the soldiers emerge like spectres. The man-in-white reveals to be Klaus the buffoon. When the soldiers disappear, and Waldemar dies slowly, the narrator (which is always dressed in garçon style, maybe an evocation of Pierrot Lunaire?) begins her wonderful part "The wild hunt of the Summer wind". Then, the Chorus, now dressed in white sing greeting the big white Sun appearing behind and irradiating the stage.


The Dutch Opera Orchestra is well conducted by Marc Albrecht, who conducts a powerful and at the same time intimal version of the score, with the wind section sounded rich and exuberant during the prelude, as well as the violins move the audience during Tove's songs. The orchestra, as a tutti, have spectacular moments in the Third part and the final Chorus, and the wind has again a glorious moment during the "hunt", and during this final sprechgesang scene.  The Dutch Opera Chorus and the Essen Chorus are splendid, sounding ghostly, tetric, almost religious during the last soldiers' intervention and radiant during the final "Seht, die sonne" chorus.

Burkhard Fritz sounds heroic and sometimes youthful as Waldemar, and recreates well the decline of his character as the work goes by. Emily Magee is a beautifully sung Tove, with amazing high notes. Anna Larsson sings her Dove monologue with an elegiac, dark, dramatic contralto tone. Markus Marquandt as the Peasant and the veteran Wolfgang Abilinger-Sperrhacke as Klaus are good in their parts. The Swiss actress Sunnyi Melles is the narrator, whose role is important in this production, linking the parts with her poetic lines. Sometimes whispering, sometimes loud voice give a energetic version of the spoken part.

This staged version was revived in 2018, with the Dutch Royal Family attending. Despite the challenge, we can say Pierre Audi and the DNO have created one of the great operistic events of 2014, and they succeeded... performing the unperformable.

My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.
Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.

Any reproduction of my text requires my permission.



Representar lo irrepresentable: los Gurrelieder de Schönberg en Ámsterdam (2014).



Para no ser una ópera, los Gurrelieder tienen casi todos los ingredientes: un gran coro y orquesta, una rica orquestación heredera de Wagner, con melodías, leitmotifs y fuerza dramática; una historia de amor interrumpida por los celos, a la que siguen el despecho y rebelión blasfema de su protagonista, que termina en su derrota y la esperanza de un nuevo día. Naturalmente, la historia de amor que se recoge en la sucesión de canciones no está tan desarrollada ni estructurada como los libretos de Wagner y Strauss, pero en multitud de ocasiones he pensado que la riqueza musical descriptiva y evocadora de su partitura hace esta obra potencialmente representable.

Como leí una vez en una opinión, la riqueza orquestal se pierde cuando se escenifica. Ver esta obra en un auditorio permite apreciar visualmente la infinidad de melodías, magníficamente elaboradas. Al escenificarse, el espectador debe elegir en qué centrarse y naturalmente escogerá el escenario. No obstante, y con todo, personalmente he creído y sigo creyendo en las posibilidades de representar esta obra. Así debieron de creerlo la Ópera de Ámsterdam y su director Pierre Audi a la hora de llevar esta obra maestra a escena en 2014. Y por supuesto, para que todo el mundo lo vea, ha sido editada en DVD como no podía ser en un acontecimiento musical tan importante.



Si bien en 2006 ya hubo un intento de representarla en Japón en versión semiescenificada, el holandés es el estreno mundial escénico de los Gurrelieder. Si bien la obra de Schönberg sugiere mediante su posromántica música los bosques y castillos de la Dinamarca medieval, Audi lleva la obra al tiempo en que se estrenó, poco antes y durante la Primera Guerra Mundial. La decadencia del mundo de amor y pasión de Waldemar que le lleva a la guerra tras la muerte de Tove encuentra su símil en el mundo victoriano que termina abruptamente con la ruina y destrucción de la Primera Guerra Mundial.


La obra empieza con una introducción poética de la narradora (vestida a lo garçon), y luego un hombre totalmente vestido de blanco que lleva un globo resplandeciente (alegoría de la luna), el escenario es un enorme recinto, parecido a una nave industrial, abandonado y ruinoso, completamente destartalado. En él vemos una enorme cama donde despiertan Waldemar y Tove, después de haber mantenido relaciones sexuales. Durante la primera parte, ambos personajes se intercambian palabras de amor, apasionadas, pero también transmiten mucha inseguridad. Son amantes, y saben que su amor puede acabar en cualquier momento. Hacia el final de esta parte, Waldemar se viste con un traje de gala, e igualmente Tove (a lo flapper años veinte), pero esta desaparece. La paloma del bosque aparece en la forma de una mujer vestida de negro y con enormes alas. Durante su gran intervención veremos dos pequeñas estancias, una con las paredes manchadas de sangre, y otra completamente limpia. En la primera Waldemar se derrumba desesperado, en la otra la paloma canta su doloroso monólogo. La muerte de Tove arruina mental y físicamente a Waldemar, que se convierte en un borracho. En su canción de rebeldía contra Dios arranca cruciijos del cementerio representado del fondo de la escena. De ellos parece invocar al ejército de soldados espectrales, una alegoría de los caídos en batalla, de la tercera parte. Al final de su lamento, se hace el silencio y aparece de nuevo la narradora anunciando la salvaje caza de la noche. Durante la tercera parte aparece una taberna ruinosa, donde Waldemar se emborracha, desaliñado, invocando a su ejército y dolido por la pérdida de su amada. El campesino es otro borracho que baja por las escaleras de la izquierda de proscenio. En medio de las intervenciones del coro de soldados, el hombre blanco se revela como el bufón Klaus, que critica a su rey. Los soldados desaparecen. Es aquí, mientras el osado y blasfemo monarca y amante despechado se apaga, cuando la narradora recita la espectacular narración "La caza salvaje del viento estival". Con la muerte definitiva de Waldemar, y la invocación final, aparece el nuevo y enorme sol blanco ilumina la escena, con el coro vestido de blanco e invocando un nuevo y radiante día brazos en alto.

                               
La Orquesta Filarmónica de los Países Bajos realiza una colorida, romántica y a la vez íntima versión de la obra al mando del siempre excelente Marc Albrecht. El preludio suena radiante de belleza, con una riqueza de sonidos seductores en el viento, llegando a los violines siempre excelentes en las canciones de Tove, y llegando a unos tutti orquestales impactantes. El coro de la ópera de Ámsterdam y el coro de Essen están a un nivel excelente, con una casi religiosa interpretación del coro final de los soldados que realmente impacta por su tetricidad, y apoteósico en el coro final.

En cuanto al elenco, Burkhard Fritz interpreta a un gran Waldemar. Si bien este tenor no me deslumbró mucho en roles wagnerianos, su voz encuentra aquí su sitio, con una voz heróica y de timbre juvenil. La caracterización del rey decadente es convincente, de un hombre poderoso a un despojo humano en la tercera parte. Emily Magee es una bien cantada Tove, con unos agudos aún excelentes en la primera y última canciones. Anna Larsson interpreta con su excelente voz de contralto, con una entonación solemne, que no abusa del forte y al mismo tiempo elegíaca una hermosa versión de la canción del Pájaro del bosque. Markus Marquardt y el veterano Wolfgang Abilinger-Sperrhacke cumplen sobradamente con sus respectivos roles del campesino y Klaus el bufón. Este último tiene un peso escénico importante al llevar la luz en la primera parte. Por último, la actriz suiza Sunnyi Melles interpreta una versión femenina del narrador (que como ya sabemos, suele ser un cantante o actor masculino) con su suave pero al mismo tiempo chillona voz con la que lleva en esta versión el hilo conductor del drama, caracterizada a lo garçon, recordando al Pierrot Lunaire del mismo autor.

                      
En 2018 esta producción tuvo un revival ante la presencia de los reyes de Holanda. Es difícil representar una obra así pese a su potencial escénico, por lo que el reto ha sido titánico. A priori la puesta en escena puede parecer fea y oscura, dado el ambiente de decadencia que Audi concibe para ella, pero cuando se conoce la época de Schönberg, las circunstancias de la obra que supuso el puente definitivo entre el Schönberg posromántico y el Schönberg actual y revolucionario, dodecafónico que hoy conocemos y muchas veces no entendemos... así como la propia decadencia de un hombre que lo ha perdido todo como el protagonista, esta propuesta termina funcionando. Ojalá podamos ver otras representaciones de esta obra tan indispensable como magnífica, obra de un genio universal como fue el gran Arnold Schönberg.


Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente.

lunes, 27 de abril de 2020

The Met Opera "At-Home" Gala: In hard times, opera stars sing for you.


"What a wonderful, unforgettable night!" was the mood among the viewers of the Met at-home-gala online last saturday, after four hours of A-level singing, which rose many emotions in their hearts. As any opera house during these difficult times by the Coronavirus, the Metropolitan Opera has been closed for many weeks, and also has cancelled its remaining season. Meanwhile, many of its vast video archives are being streamed online.

To give the audience some emotion of live performance, the Met announced an online Gala with 40 opera stars singing from their homes throughout Europe and America, as well as the orchestra and chorus, despite of being in the middle of a scandal issue about cancellations of contracts and salaries.

With the slogan "The voice must be heard", the Gala was presented by the General manager Peter Gelb and the musical director, Yannick Nézet-Séguin, both hosting from their respective homes. Every artist presented the next one to sing, but sometimes there were some pauses, in which the orchestra and chorus took part.

It's difficult to talk about each one of the forty singers, but we will try to talk about the highlights of this evening. There were some great names absent like Juan Diego Flórez, Sondra Radvanovsky, Eric Owens, or even, despite the big scandal which has made impossible any appearance, Plácido Domingo.


The first singer was Peter Mattei, who sang Don Giovanni's  Deh vieni alla finestra accompanied by an accordeon. He was followed by Roberto Alagna and his wife Aleksandra Kurzak, who sang a hilarious version of the duet Caro Elisir from L'Elisir d'Amore. Alagna made surely everyone laugh with his sense of humor, despite not being very suitable for Nemorino anymore. Renée Fleming, the Met diva, sang a moving, spiritual-like version of Otello's Ave Maria, and she was visibly moved after singing. Anita Rachvelishvili sang a powerful, beautiful Mon Coeur s'ouvre à ta voix. Jonas Kaufmann and Helmut Deutsch performed the famous aria Rachel from La Juive. Kaufmann is in a phase of maturity of his voice, and despite his big effort and nice singing, high register is a bit difficult now. As a result, Deutsch shone better than him. Michael Volle represented Wagner with his liederistic style singing the Star Song from Tannhäuser.



Elīna Garanča gave one of the great moments of the evening with her beautifully sung Habanera from Carmen, reinforced with her flirt, seductive performance which confirms her as the best Carmen of our time. Jamie Barton amazed with her powerful, tragic performance of Verdi's O Don fatale, with astonishing high notes. René Pape sang a rendition of In diesem heiligen hallen with a calm, nice and serene singing. Joyce DiDonato sang an intimist version of Serse's Ombra mai fu. Sonya Yoncheva sang a delightful version of Rusalka's Moon Aria. Diana Damrau and her husband Nicolas Testé sang La cì darem la mano from their kitchen, with their kids joining them in their final greetings. Bryn Terfel and his wife Hannah Stone at the harp sang a traditional song

The three pauses in which the orchestra and chorus took part were a marvellous performance of the Intermezzo from Cavallleria Rusticana, the Act 3 Prelude from Lohengrin and maybe the most moving moment of the night: The Va Pensiero chorus from Nabucco, showing the orchestra and chorus members in their homes in a big panel, performing at the same time. In addition, Nézet-Séguin at the piano and David Chan at the violin, played Thais' Meditation.

The young generation of singers gave amzing surprises: Erin Morley singing La Fille du Régiment and playing the piano at the same time, Anthony Roth Costanzo sang a soulful, beautiful version of Haendel's Pena Tiranna, with his great counter-tenor, contralto-like voice; or Lisette Oropesa with her great high notes and coloratura singing an aria from Robert Le diable. Golda Schultz, Angel Blue, Nadine Sierra and Isabel Leonard showed the great level of the new generation of sopranos on stage at the Met.

Tenors were chosen to end this mega concert: Stephen Costello and his wife at the violin performed Faust's Salut demeure chaste et pure, Lawrence Brownlee singing A te, o cara from Puritani with a beautiful voice and great high notes, and the last one being Javier Camarena (who even adressed to Mexican people in Spanish), singing a superb rendition of Nel furor delle tempeste from Il Pirata, including the Caballetta. He has sung this opera in Madrid on last December with a great acclaim.

Many other singers completed the 40-stars list. The announced Anna Netrebko and Yusif Eyvazov finally cancelled at the last moment, so the Met provided two clips from the Vienna Opera Gala at studio, who was recorded recently.


The gala ended with Gelb and Nézet-Séguin saying goodbye and the title credits played Cavalleria's Intermezzo, and a dedication to the audience.

The famous Met galas are usually lavish and crowded. In this case the luxury of the Lincoln Center has been forced to be replaced by the informality of the artists' living rooms. However, this exceptional circumstances have not detracted any emotion, and for this reason the "at-home" gala will go down in history at the same level of the previous ones on its stage.

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La voz debe de ser oída: Gala en casa con los artistas del Met.


En estos tiempos de Coronavirus, los teatros de ópera llevan cerrados unos dos meses aproximadamente. Casi el tiempo que llevamos sus espectadores confinados en nuestras casas. Para hacernos este encierro más llevadero, muchos han subido vídeos de sus producciones a sus plataformas digitales. El Metropolitan Opera House de Nueva York ha querido ir más allá, y en la línea de los artistas que han cantado desde sus hogares, ha organizado una gala "en casa", en la que participaron cuarenta de sus grandes estrellas el pasado sábado desde sus hogares; emitida para todo el mundo desde su página web. Junto a ellos, también participaron la orquesta y el coro del Met, en medio del escándalo suscitado por el teatro debido a las cancelaciones de contratos y suspensiones de empleo y sueldo de su personal.

Pese a que las circunstancias especiales la han hecho más particular que nunca, la emoción sentida hace que esta gala siga la estela de las habitualmente fastuosas y multitudinarias que suele celebrar el teatro neoyorquino, el más grande del mundo. No obstante ha habido ausencias destacadas como las de Juan Diego Flórez, Sondra Radvanovsky y por supuesto Plácido Domingo, por las razones que en el mundo de la ópera ya sabemos.


Con el lema The voice must be heard (La voz debe de ser oída, en inglés) la gala fue presentada por el director general del teatro, Peter Gelb, y su director musical, Yannick Nézet-Séguin, ambos desde sus domicilios. Cada artista presentaba al siguiente, aunque en determinados momentos Gelb y Nézet-Séguin lo hacían, aunque principalmente para hacer alguna pausa que anticipaba los momentos orquestales y de coro. 

Nombrar de repente a cuarenta artistas es una tarea complicada, pero se intentará hablar de los momentos más destacados de la velada. 

Peter Mattei fue el primero de esta larga lista, interpretando el Deh Vieni alla Finestra de Don Giovanni, acompañado de un acordeón. Le siguieron Roberto Alagna y su esposa Aleksandra Kurzak quienes con mucho desparpajo hicieron una interpretación hilarante del dúo del Elisir d'Amore, si bien Alagna parece no estar ya para demasiados Nemorinos, aunque se metió al público en el bolsillo con su vis cómica. Renée Fleming, la diva del Met,interpretó una versión emotiva  aunque ya más cercana al espiritual que propiamente verdiana debido a su estado vocal, del Ave Maria de Otello, que sin embargo resultó bellísima y terminó con la propia Fleming emocionada. Anita Rachvelishvili dio una conmovedora y sentida interpretación del Mon coeur s'ouvre à ta voix. Jonas Kaufmann y el mítico pianista Helmut Deutsch interpretaron el aria Rachel, de La Juive. Kaufmann ya está en un período de madurez, y pese a mantenerse aún, el agudo es cada vez más complicado para él y la voz más abaritonada. La interpretación fue buena con todo, aunque en honor a la verdad, Deutsch brilló hasta más que él.


Bryn Terfel interpretó una canción acompañada de arpa. Elina Garanca dio una de las interpretaciones más destacadas de la noche, cantando la Habanera de Carmen. Su bella, seductora y aterciopelada voz acompañaron a una recreación pícara, coqueta del personaje; sumado a su belleza física la confirman como la mejor Carmen de los últimos veinte años junto a Anna Caterina Antonacci. Jamie Barton volvió a impresionar con su impresionante voz en el O Don Fatale. Michael Volle representó a Wagner con su liederística versión de la romanza de la estrella Wolfram de Tannhäuser. René Pape dio una versión bellamente cantada del aria In diesen heiligen halle de La Flauta Mágica. Joyce Di Donato interpretó el aria Ombra mai fu "teleacompañada" por la orquesta, en una íntima y serena versión.


La orquesta y el coro del Met se encargaron de las pausas, con, el Intermedio de Cavalleria Rusticana, el Preludio del tercer acto de Lohengrin, luego una interpretación de la meditación de Thais con David Chan al violín y Nézet-Séguin al piano. La última de esas pausas fue el famoso coro Va, Pensiero de Nabucco, que se convirtió posiblemente el momento más emotivo de toda la gala, con los músicos interpretando esta inmortal pieza desde sus casas, pero con la misma entrega que si estuvieran en el escenario.

Sonya Yoncheva cantó el aria de la Luna de Rusalka, espléndida de voz y aún mejor acompañada al piano. Günter Groissböck interpretó un aria de La Mujer silenciosa de Strauss, con un grave final de ultratumba. Los tenores belcantistas Lawrence Brownlee y Javier Camarena (el último en cantar) dieron sendas maravillosas interpretaciones de dos óperas de Bellini: Brownlee con el A te, o cara de Puritani y Camarena con la complicada Nel furor delle tempeste, cabaletta incluida de Il Pirata, que recientemente cantó en Madrid. Ambos tenores demostraron su enorme destreza en estas páginas tan bellas como inclementes, con agudos potentes y control de las difíciles tesituras. Aylin Pérez y Soloman Howard cantaron una versión apasionada y dramáticamente bien resuelta del dúo de Luisa y Wurm de Luisa Miller. Diana Damrau y su esposo Nicolas Testé cantaron el La ci darem la mano de Don Giovanni desde su cocina, y antes de despedirse se sumaron sus dos hijos pequeños, creando una estampa familiar. Stephen Costello y su esposa violinista interpretaron el Salut, demeure chaste et pure del Fausto de Gounod, que pudieron sacar adelante pese a las limitaciones del tenor, que pudo salvar el aria con un agudo en piano al final. Piotr Beczała cantó una apasionada versión del Recondita Armonia, e Ildar Abdrazakov cantó una pieza de Rachmaninov.


Entre las estrellas más jovenes, hay que destacar la gran cantera de sopranos: Angel Blue dio una bellísima versión de Depuis le Jour, de Louise, Golda Schultz interpretó una deliciosa versión de Chi il bel sogno di Doretta de la Rondine, Erin Morley cantó un aria de La Fille du Régiment mientras tocaba el piano; todo un mérito el tocar un instrumento y cantar esa tesitura dificil al mismo tiempo. Nadine Sierra, desde España, interpretó el aria Sì, mi chiamano Mimì.

Lisette Oropesa cantó un aria de Robert le diable, y volvió a deslumbrar con su coloratura y sus agudos, siendo su actuación una de las mejores de la noche. Una agradable sorpresa fue descubrir a Anthony Roth Costanzo, quien cantó el Pena tiranna del Amadigi de Haendel: una bella voz de contratenor, un aterciopelado timbre contraltista y unos agudos magníficos, además de una apasionada interpretación. 

Muchos más artistas cantaron hasta llegar a los cuarenta. Los anunciados Anna Netrebko y su esposo Yusif Eyvazov finalmente no cantaron, por lo que en su lugar se ofrecieron dos piezas cantadas por ambos en la gala de la ópera de Viena, grabada en un estudio hace una semana: ella cantando maravillosamente una hechizante canción de Rachmáninov y él una soprendentemente bien cantada versión del Che Gelida Manina.

Al final, la gala terminó con una despedida de ambos directores y los títulos de crédito finales fueron acompañados del Intermedio de la Cavalleria y una dedicatoria al público.

Las circunstancias de este virus terrible que nos acecha han llevado al Met cambiar el lujo de los trajes de noche por la informalidad del hogar, pero con millones de telespectadores en todo el planeta. Y eso no le ha restado a esta noche de "teleópera" ni un ápice de emotividad ni calidad. De hecho, las reacciones en las redes sociales han sido de agradecimiento y satisfacción. Independientemente del resultado final, esta gala del Met pasará a la historia como las que la han precedido, porque los músicos se han convertido en valientes artistas en medio de la adversidad, y todo ello para hacernos la vida más feliz.


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miércoles, 22 de abril de 2020

Descubriendo óperas: La Juive desde Viena con Neil Shicoff en DVD.

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En este confinamiento a causa del coronavirus y el estado de alarma que han generado, estoy aprovechando la oportunidad para descubrir óperas que aún no he escuchado o visto.

Y por primera vez en mi vida, he visto y oído La Juive de Halévy., considerada la ópera judía por antonomasia.

Dado que no hay muchos montajes en vídeo de esta obra, y ninguno clásico para iniciarse, el mejor y más cercano que encontré fue el clásico de la ópera de Viena, con unos Neil Shicoff y Krassimira Stoyanova estratosféricos. Halévy compone una ópera que llama a la tolerancia religiosa, aunque a veces se contradiga con el perfil estereotipado del judío reservado, materialista y rencoroso en el personaje de Eléazar. Pero además, también trata el tema de los efectos de la supremacía cristiana del poder en la Europa medieval, y en esto, esta obra se puede considerar hermana de Il Trovatore, aunque se compusiera dieciocho años antes.

Eléazar y Azucena sufren el racismo y la exclusión social por ser de los dos pueblos más atacados en la historia: los judíos y los gitanos. Eléazar ve cómo sus hijos son sacrificados injustamente. Azucena, a su madre. Ambos deciden vengarse de los cristianos, los "puros", los nobles, en donde más les duele: en sus hijos, uno cría a la hija de su enemigo en una religión odiada y la otra tras quemar al bebé equivocado y ya tocada por la muerte de su madre, cría al hijo del asesino de su madre como un gitano. Sin embargo el deseo vengador les consume, porque aunque saben que el día de la venganza llegará, algo en ellos ama a sus hijos adoptivos como si fueran propios. Y pese a su origen "noble", Rachel es una judía muy orgullosa de serlo, y Manrico es un gitano de pura cepa. Está claro que no se cambiarían por nadie, que están dispuestos a morir por y junto a sus padres de crianza y menos cuando Brogni y el Conde de Luna son unos villanos tan insoportables, sin ánimo tampoco de elevar a la categoría de santos a sus víctimas.

A favor de Brogni, es mejor persona que Luna. Brogni y Rachel sienten una conexión que no comprenden, pero que pese a su situación de desigualdad les hace sentir una empatía y cierta compasión. Pero si Luna es un egoísta que no le importa lo que tenga que hacer para salirse con la suya, Brogni también puede ser un canalla de los grandes; y a la vista está cuando maldice y expulsa a Léopold de la comunidad. Tal vez esté arrepentido de haber atacado a Eléazar en el pasado, pero puede más su perfil de autoridad cristiana.

En una era de intolerancia religiosa como es la Edad Media, Eléazar y Azucena son dos seres destruidos mentalmente. Y finalmente la tragedia es devastadora: los cristianos y nobles pierden a sus hijos de la peor manera, porque aunque el judío y la gitana morirán pronto, a ellos les espera una condena en vida con sus hijos de los que no solo han podido disfrutar, sino que además les han condenado como a sus peores enemigos. Dos argumentos de ópera poco sustanciosos, pero que no dejan de evidenciar la tragedia de la marginación social y la persecución de las minorías religiosas y raciales hasta épocas no tan lejanas en nuestra Europa.

Halévy compone una ópera bella, "bel canto francés", como yo lo llamo. Los momentos orquestales como la obertura o la introducción a los actos segundo y quinto son increíbles. El momento de la Pascua judía o "Pesaj" del segundo acto es de una belleza litúrgica sobrecogedora. El segundo es en general el mejor acto y con la música más bella, debido a cómo expresan sus emociones los tres protagonistas involucrados, además de la famosa aria de Eléazar "Rachel, quand du seigneur".

Günter Kramer crea una puesta en escena que si bien no es lo que uno esperaría en la Alemania del siglo XV resuelve muy bien el espíritu de desigualdad de la obra, dentro de lo sosa que pueda parecer: una rampa separa el mundo oscuro de los judíos y el mundo blanco y luminoso de los cristianos. En el primer acto hay una mampara de cristal que puede representar a la iglesia, en una de sus puertas los cristianos pintan una estrella de David en color amarillo. Los cristianos visten con típicos trajes germanos de color blanco, y los judíos de negro. Las damas de compañía de Eudoxie tienen unas cabelleras rubias peinadas al estilo típico alemán, pero además el vestuario años cuarenta que llevan las acerca a la estética de mujeres nazis como Magda Goebbels o Gertrud Scholtz-Klink.  Brogni viste como el papa. Esa rampa separa dos mundos que se odian, y uno sometiendo al otro. Los judíos viven en la oscuridad de lo siniestro y lo marginal en el lado inferior de la rampa, con un mobiliario pobre, contrastando con la mesa y sillas rococó de los cristianos. Con la condena de Eléazar y su hija se invierten las condiciones: serán ahora los judíos quienes estén arriba, aunque en un blanco nada iluminado, y los cristianos con sus lujosas sillas en el lado negro. Conmovedor el momento en que Eleazar en su famosa aria se descalza y coloca su chaqueta, como un condenado preparándose para su ejecución. Al final, todos los cristianos están en el oscuro lado que antes ocupaban los judíos, y tras la terrible revelación final, Rachel es llevada a su muerte por un grupo de personas con capirote rojo.

La Juive - Schedule, Program & Tickets
Shicoff es el Eléazar de esta época, y ya retirado, está por ver quién es su sucesor. Además al ser judío e hijo de cantor, el estadounidense es capaz de profundizar en el personaje y transmitir no solo su lado renegado y arquetípico sino el espíritu de devoto y atormentado padre. Uno no ve a un cantante, uno ve a un judío real, y en la escena de la pascua uno siente que está en una sinagoga. La bella voz de Shicoff, ya en madurez, es capaz de hacer una interpretación memorable. Sentida y trágica es la que hace de su famosa aria del acto cuarto.

Stoyanova, en plenitud de facultades, es una Rachel de voz maravillosa, agudos bellísimos y un timbre agrdadable, que transmite a una joven frágil pero enamorada y fuerte cuando debe de serlo. Magnífica en su escena "Il va venir" y en el precioso terceto en el que pide a su padre que no mate a Léopold.

A bastante distancia el resto del reparto. Walter Fink cumple como Brogni, con una buena voz y unos graves de bajo profundo. Simina Ivan es una Eudoxie también cumplidora, que sale airosa de su escena del tercer acto. Jianyi Zhang es un Léopold de voz bella, pero es una parte difícil, y el agudo aunque lo logra no es todo lo satisfactorio que debiera. Boaz Daniel está muy bien, con una bella voz de barítono en el rol del repulsivo Ruggiero, el típico antisemita de libro (de hecho ha conseguido caerme peor que Brogni).

La orquesta de la ópera de Viena está espléndida, dirigida por Vjekoslav Sutej. Los coros igualmente están a un gran nivel.

Una bonita experiencia, con una ópera igualmente bonita. Espero volver a verla de nuevo en vídeo o en vivo, creo que la disfrutaría mucho.

jueves, 19 de marzo de 2020

Wagner's Ring at Biwako Hall: Is Asia the last hope for wagnerian naturalism?


The global menace of the Covid-19 pandemic has affected also Opera Houses. In these difficult days in which stay at home is the best way to be safe, most of the major theatres have started to offer live streamings of their productions, to make the confinement happier and more bearable. The first one to close was La Scala. Early this month, the Biwako Hall had scheduled in Otsu, Japan, two performances of Götterdämmerung, the last journey of the Ring they have been performing since 2017, one opera per year. The Coronavirus forced to cancel the performances, but the theatre decided to film both performances without audience and to telecast worldwide on live streaming. As a result, the world could finally see one of the last attempts in recent times to set Wagner's Ring in the mythological, fairy-tale eras in which the libretto is originally set.


With all the resources 21st Century stage technology can offer, director Michael Hampe and set designer Henning van Gierke (who worked with Werner Herzog in the legendary Lohengrin in Bayreuth in 1990) have created a traditional, classical staging of The Ring, making sure to be as closest they can to the sets thought by Wagner and to see forests, the depth of the Rhine, and gods, dwarfs and heros. Years ago, Beijing premiered a classic Ring staging which became a hit on Youtube. Now it's the turn of the wagnerian Japan with this Ring. All we can see on the internet is a trailer for Rheingold, in-house excerpts of Siegfried uploaded in the Youtube channel of the tenor Christian Voigt, who sang the title-role, and the two Götterdämmerungs featuring two different casts.

The Beijing Ring had already used LED animations to recreate living landscapes and special effects. This one uses animations which interact with the rest of the set: that's how he could see the bird in Siegfried flying from one tree to another one, or the magic fire behind the Walkyrie rock, Grane running to the pyre, Waltraute riding through the sky. In Götterdämmerung's interludes, beautiful animations are shown: during the Siegfried's Journey through the Rhine there could be seen the valleys and waters being filmed and crossed, a beautiful forest during Act 3 prelude or the most moving, the procession during Siegfried's funeral march, in which Wotan joins in a distance, firstly as a giant shadow and finally as a tiny one as the men has disappeared and he remains the last one seen.

Siegfried features again the forest, green and deep, with a cave, missed in many present-day productions. The best image is the Walkyrie rock in Act 3, where the hero arrives and a mountain landscape is seen behind. In these excerpts seen in the video we can see the tenor Christian Voigt in four important scenes, in which he sings a correct Siegfried (despite the troubled high zone typical of today's heldentenors), and acting well, by developing the character, specially his insecurities before awakening Brünnhilde. Alongside him, we can hear Jun Takahashi as Mime and Ina Yoshikawa as a well sung woodbird.

Götterdämmerung, which can be seen complete, gives us an idea of the concept of this staging. The result is a good level spectacle: the Norns scene has here one of his best recreations ever: with a night sky full of stars and the fire flames surrounding the Valkyrie rock while Erda's daughters sing and spin. It will give way to a radiant day in the next scene. The Gibichung's palace is oddly minimal and too modern straight architecture for being from Early Middle Ages, as well as the costumes which seem to be more atemporal. Could it be a confrontation between Wotan's classic world and the Men's modern one? Act 3 Scene 1 shows the Rhine in a corner and the forest on the other one.

Wagner was really ahead his time by creating librettos which announced cinematographic writing, which such difficult indications to recreate even in 2020. When Brünnhilde lights the pyre, Grane, as mentioned, joins and runs towards it. The fire reaches the stage and we can see how the palace is falling, recreated by animation. However, the columns' set rise (a real fail) to show the Rhine with its maidens, which after drowning Hagen play triumphant with the ring while  the Walhalla is burning and falling. At the end, the depth of the Rhine is shown with the gold shining again within it, while the waving blue, pristine waters surrounds it and flow all over the stage.


Ryusuke Numajiri conducts the Kyoto Symphony Orchestra with good results, a performance between decent and rutinary. He seems to be inspired during the interludes, specially Siegfried's  arrival to Brünnhilde's rock or his Journey to the Rhine, or the Funeral March. The orchestra is really good, despite the brass section failing during the prologue. The Chorus ensemble was formed by the Biwako Hall Choir and the New National Theatre Chorus (the Tokyo Opera). Both ensembles have a formidable male section who were inspired, specially during the March 8, with a breathtaking pronunciation "Hagen, was tust  du?" during Siegfried's death.


Two different casts have sung each day. It's admirable to see that many opera singers in Japan are able to sing and perform Wagner with a minimum of level, maybe a result of the enthusiasm for German classical music in the country.

On March 7, the veteran tenor Christian Franz sang Siegfried. The voice is past its prime but he knows how to portrait the character and some middle register can sound still heroical. Stephanie Müther (Sieglinde in the next 2020 Ring in Bayreuth) was a Brünnhilde with a big voice and personality, but still to develop. Despite some plain high notes, her perfomance improves and at the third act she commands the Inmolation scene. Hidekazu Tsumaya's Hagen is nicely sung despite his voice is light for the villain. Mutsumi Taniguchi was a Waltraute with good intentions, decent singing but a bit fragile at the end. Shigeo Ishino and Fumiko Ando were respectively well sung Gunther and Gutrune. Fumihiko Shimura was a good Alberich. Norns had too much vibrato, and the Rhinemadens were okay.

On March  8, Erin Caves was a younger, fresher-voiced Siegfried, but his vocal sound was similar to Franz's. Kaori Ikeda has ups and downs in her devoted Brünnhilde: low and middle register are nice, seductive mezzo-like sound which reach their best moment in the Inmolation, but the high one sounds sometimes strident. She has a big voice, though. Kenji Saiki has a big voice for Hagen, but sometimes a bit gutural. However, he had a great performance in Act 2. Ikuko Nakajima was the biggest surprise of the cast with her powerful, amazing singing in her rendition of Waltraute. Her contralto-like voice was firm, well projected, and she acted very well her role. Mari Moriya was a magnificent Gutrune, with a dramatic soprano voice, even rivalizing un beauty with Brünnhilde in Act 3. Daisuke Oyama and Tomohiro Takada as Alberich and Gunther respectively were good in their roles. The Norns of this day were better and the Rhinemadens too.


At the end, the artists gave their final bows in absolute silence, since no audience was there, giving it a touch of surrealism. We must be thankful to the Biwako Hall and the artists for offering us these performances and discover a new classical Wagner staging, which are rare in our days. Japan and China have created their own alternatives, regaining the mythical stuff of the Nibelung world, using technology for magic. That could be a reminder to opera houses, an invitation not to disdain completely this way of represent The Ring, but to preserve as an alternative living together with the most astonishing modern stagings, since those Germanic epics are part of our literary and dramatic culture.

Here you can see the performance of Götterdämmerung from March 7, and here the performance of March 8. Here is the Siegfried performance excerpts and a trailer for Rheingold.