lunes, 29 de agosto de 2022

Madrid despide el verano con Carl Orff: Carmina Burana en el Retiro



Carmina Burana es una de esas obras conocidas y repetidas hasta la saciedad no solo en televisión, sino en salas de conciertos, por múltiples orquestas de diverso renombre, en auditorios de todo el mundo (aunque su estreno fue escenificado). Pero lo que muchos pasan por alto, o directamente ni saben es la época en que esta innegable obra maestra se creó, y que es un inevitable producto de la época más odiada de la era moderna: la Alemania nazi.


Cuando Carl Orff, musicólogo (quien tuvo un papel preponderante en la musicopedadogía moderna) y especialista en música antigua, estrenó su obra magna en 1937, los nazis llevaban cuatro años en el poder, y entre sus criminales políticas estaba la censura de la música, y de esta manera, la eliminación de toda la vanguardia musical, a la que acusaban de "judía, bolchevique" y sobre todo "degenerada", imponiendo una estética de corte conservador, nacionalista, y a la fuerza rimbombante en muchos casos, ya que el fin último era político, y por fuerza la nueva música debía ajustarse al "espíritu alemán", la creación "aria", que ahora era la  única permitida. Toda la vanguardia musical había quedado prohibida en Alemania: la Segunda escuela de Viena que era atonal, dodecafónica y serialista, de Schönberg, Berg y Webern, o la modernidad de Bartok, Krenek, Stravinsky, Hindemith o la fuerza de la escuela rusa de Prokofiev, Shostakovich, por no hablar de los judíos como Korngold, Mahler, Schrecker o Weill. Si uno compara esta esta obra y la compara con las de todos los autores anteriores, puede resultar más conservadora, más melódica, incluso limitada comparada con las anteriores, a pesar de su belleza y su fuerza, valores que hoy entendemos de manera distinta que las entendían Hitler, Goebbels y los suyos. 



Aun así, esta obra despertó recelos al principio: a los críticos nazis no les gustaba el erotismo que desprendía, pero el régimen terminó aceptándola con entusiasmo. Carmina Burana (o Canciones de Beuron en latín), es una colección de cantos en latín y alemán antiguo que en la Edad Media escribían y cantaban los goliardos, clérigos fugados y vagabundos que al saber escribir, pudieron preservar sus creaciones al escribirlas. Poemas  que hablan del amor, de la sensualidad, de placeres tales como la lujuria y la gula, la naturaleza. Estos clérigos vividores celebraban la vida en sus composiciones. Orff las descubrió en la década de los años 20, y de toda la colección hizo una selección de 24 textos a los que puso música, entre ellos la archiconocida "O Fortuna", que abre y cierra la obra. A estos textos les añadió una orquestación rica, exuberante, espectacular, seductora, incluso pegadiza, y muy acorde con la celebración de la vida que hacían sus autores, además de complicadas partes vocales para los tres solistas: falsetes difíciles para el tenor y el barítono, además de una complicadísima tesitura aguda para la soprano. Todas estas cualidades la convierten en una de las obras más populares y celebradas del Siglo XX y desde luego la más importante que jamás se creara en el terrible Tercer Reich , aunque reducir Carmina Burana a esa nefasta época es algo tremendamente injusto, habida cuenta de su belleza, su complejidad, un reto para cualquier músico, y su fama merecida.



Para cerrar el verano, la edición 2022 de los Veranos de la Villa que se celebra cada  verano en Madrid, se cierra con un concierto en el que se interpreta esta obra al aire libre, en el Monumento al rey Alfonso XII del Estanque del  emblemático y turístico Parque del Retiro, obra del arquitecto Mariano Benlliure, cuyo 75 aniversario de su muerte se celebra este año. No lo hace, sin embargo, con una orquesta completa, sino en una redución para coro, pianos y percusión, a cargo del Coro Nacional de España, y del conjunto de música contemporánea Neopercusión, quien dio un inolvidable concierto dedicado a Stockhausen el pasado diciembre.



El Coro Nacional de España, bajo la dirección de Miguel Ángel García Cañamero, en una interpretación memorable, ha visto más resaltado su protagonismo, más si cabe, en una obra donde el coro es el protagonista, al estar desprovisto de una orquesta completa. Las potentes voces masculinas se hicieron notar a lo largo de toda la obra, tanto en la segunda y no tan conocida Fortune Piango Vulnera, como en los Miser, Miser de la canción del tenor. Las voces femeninas no se quedaron atrás, especialmente en Amor Volat Undique, parte que habitualmente hace un coro infantil, y en el resto de la obra estando a la altura de sus compañeros masculinos. 

El barítono Enrique Sánchez Ramos  quizá era un poco ligero al principio, pero tampoco se puede pedir una voz demasiado grave cuando tiene que cantar el Dies nox et omnia, donde tiene que alternar el falsete con graves profundos. 

El tenor Diego Blázquez Gómez sí logró una gran versión de la estremecedora canción Olim lacus colueram, con un falsete sobrecogedor. 

La soprano Margarita Rodríguez Martín tiene un timbre de lirico-ligera. Si bien en su primera intervención, la melancólica Amor Volat Undique, tuvo un inicio un tanto reservado, luego en la bella In Trutina y en la complicada Dulcissime logró sacar su parte adelante, pidiendo con los agudos y sobreagudos, que retumbaban en los altavoces. 


El conjunto Neopercusión, al mando de Juanjo Guillén, podría parecer un poco corto comparado con la gran orquesta que esta obra requiere, pero en este arreglo de percusión y dos pianos, ha conseguido dar vida tanto a la pasión y la opulencia de los coros, como el piano, con el estanque y la noche de fondo, transmitir los momentos de mayor ligereza de forma más intimista que una orquesta. 


Al acabar la obra, el coro se permitió un bis: un fragmento del Himno a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven. Tras lo cual, terminó el concierto, como la edición 2022 de los Veranos de la Villa. Ha habido, como en esta clase de eventos, choques, ruidos, la gente aplaudiendo al final de las canciones, incluso policías y gente del samur desfilando por delante del público en un momento tan indicado como el trágico Veris Lieta Faces. Se dice, yo no estuve en la zona, que mucha gente salió disparada porque a mitad de concierto se dispararon los aspersores de riego. También, que el alcalde de Madrid anunció en su cuenta de Twitter "un concierto de Carmina Burana", que nadie se podía perder. Mucha gente asumió que aludía a Carmina Burana no como una obra sino como a una persona, lo que la mofa quedó garantizada.

Pero nada ha impedido el disfrute de la obra, gracias a una ampliación buena y equilibrada.


¿Volverán así los grandes eventos al aire libre, donde los madrileños comulgan en masa con la música clásica, cuando antaño Daniel Barenboim y la West Eastern Divan Orchestra congregaban a las masas en la Plaza Mayor como cada verano? Ojalá sea así. 


lunes, 8 de agosto de 2022

A Netflix? original disturbing series: Götterdämmerung at the Bayreuth Festival.

Once again, I do feel honored to celebrate my blog's fifth anniversary, reviewing the yearly live streaming from the Bayreuth Festival, thanks to BR Klassik and 3sat, which take the magic of the Festspielhaus to millions of people worldwide, not always able to join the exclusive audience to attend a performance. This year, two new productions are premiered: Tristan und Isolde, which opened the festival, and the awaited new Ring, which was to be scheduled for 2020, but sadly the Covid-19 pandemic forced to cancel Bayreuth Festival for the first time in 69 years, after its 1951 re-opening. The Festival reprised its activity last year with a violent, radical performance of Der Fliegende Holländer (The Flying Dutchman), so because of the demanding nature of such an enterprise, the Ring was postponed for 2022. So, the telecast for this year has been Götterdämmerung, the final journey of the cycle. Nevertheless, Deutsche Grammophon is filming the complete cycle for a later pay-per-view release in their platform.

Many bets (Tatjana Gurbaca, Katharina Wagner herself for directing, and Riccardo Muti, Daniel Barenboim among others for conducting) were done for who would direct and conduct the 2020 new production, after the historical Castorf-Petrenko/Janowski one. But the result was a big surprise when it was announced that two unknown, young talents were commissioned: the then 30 (now 33) year-old Austrian director Valentin Schwarz and the Finnish conductor Pietari Inkinen would lead the new Ring. Inkinen conducted last year a semi-staged Walküre version as an advance. However, this production had to cope with many troubles: Pietari Inkinen, due to health reasons, had to leave and was replaced by Cornelius Meister, who had good reviews in the new Ring in Stuttgart. During the performances, troubles didn't stop: Tomasz Konieczny had an accident on stage while singing Wotan in Walküre so he had to be replaced in Act 3. And for this telecast, the scheduled Siegfried, Stephen Gould, had to retire for health reasons, so he has had to be replaced by Clay Hilley, who had a big success in this role in the Deutsche Oper Berlin last Fall.

A man of his time, Valentin Schwarz announced that he conceived the cycle as a Netflix series, with Rheingold as its pilot episode. Well, the Ring's duration is similar to one or two or even three seasons of a series in the famous TV streaming platform. While a watch of the complete cycle is needed, I can state that this is one of the most disturbing production of Wagner's Götterdämmerung I have ever seen from Bayreuth. From the pictures available on Instagram, we could get an idea of these TV-series aesthetics: a modern big house, vicious men dressed as in a Narco-series (Neflix's Narcos?), and extravagant, busty women. I cannot mention much more references as my Netflix culture is extremely low, compared to Mr. Schwarz's one, despite I am just two years his senior.

Götterdämmerung is the opera of death and resurrection. The destruction of the former order, the Ragnarok, and the birth a new world, without the greed, power and vicious schemes between gods, humans, dwarfs and creatures. A message of hope and redemption exploited by German nationalism until the wicked and evil extremes we know. And it is still used nowadays, with other obscure purposes by populist leaders and causes. Maybe for this reason, Schwarz delves into the most obscure, sordid emotions, conflicts, perversions and psychologies for his vision of this epic. And yet apart from the intended TV lenguage, the message seems not to be clear, unless we could get an idea when we have the opportunity to watch the complete cycle. Violence towards children is a matter which in occasions is necessary to be shown in cinema and television, because unfortunately it has always existed and still exists. However, when it appears on stage (and it did in plots like Reimann's Medea or Blanchard's Fire Shut up in my bones, here only suggested), in a plot which we known it is not mentioned, it becomes a harsh, disturbing and innecesary excruciating experience. And this is what happens to Siegfried's and Brünnhilde's daughter, according to this vision.

The curtain raises to show a big, furnished house, in which Brünnhilde is reading a fairytale to her child. Siegfried, the father, is watching the scene with a big sorry. When the child is alone and asleep, three horrendous creatures emerge from her and the other side beds: the Norns. The Prologue duet is an argue, because the main couple is splitting up and Siegfried leaves the home. The child has to witness her parents' divorce. Grane is an old servant who leaves Siegfried. In Act One, a white modern house show us the Gibichs as a new rich, vicious family, probably linked to drug-dealing, and a portrait of three ones in a safari over a dead zebra dominates the stage. Gunther is a thug, evil and stupid at the same time. Hagen seems to be more kind-hearted despite his toughness.  Probably, here we could see the first gay kiss in Bayreuth history, as Siegfried and Gunther kiss each other to seal their brotherhood. Waltraute appears as a mature woman, desfigured by surgeries. At the end, Gunther (actually Siegfried, disguised by the Tarnhelm, here a dirty, worn cap) gags and ties Siegfried's daughter into a chair while trying to submit Brünnhilde. 

Act Two shows us Hagen boxing alone, while Alberich appears, now old, wearing a brown leather jacket (an evocation of Rocky Balboa and Paulie?). Now the scene is void, using lighting and trasparences, creating an ominous effect. Siegfried appears with the child, and Gutrune. The poor child is now mistreated by the servants, with Hagen as the only kind person she will meet apart from her mother. The choir appears in a black habit, wearing a red mask portraying Wotan (a mixture of Star Wars' Palpatine and Kubrick's Eyes Wide shut?), in an ominous scene, with Hagen protecting the little girl. The scene with Brünnhilde confronting everyone and protecting her child is the most theatrical of them all.

Act Three is the most aesthetical. It opens in an empty, dirty pool representing the depth of the Rhine. Its daughters are three old prostitutes, watching the scene while Siegfried and his daughter try to fish into a small pond. At the bottom, a dusk landscape with the sun setting, in an orange tone. Hagen kills Siegfried with a razor, while the rest of characters watch in the upper zone of the pool. After a moving farewell scene between the hero and his daughter, Hagen escorts her kindly, very protecting to leave the pool while the Funeral March sounds. At the end, Brünnhilde appears to sing her scene, and everyone leave step by step the scene. The Rhinemaidens actually "kill" the child, by putting her the Wotan mask because she falls inmediately dead, while her mother is singing the Inmolation inside the pool. She kisses Grane's head (this servant was tortured in Act One, and now beheaded) and lies alongside her husband. Then, soon after Hagen is leaving the scene, the landscape disappears to show lots of fluorescent tubes, and in the pool the image of two twin fetuses embracing themselves is projected as the curtain falls. Are they the children bringing a new hope to mankind or are they just a new, horrifying experiment? Or is it the end of a TV-series, with lights turning off?

But even when many people was disappointed by what they saw on stage, they weren't dazzled by the musical part either.

Cornelius Meister, in the orchestra pit, didn't reach an uplifting rendition, but a rutinary one, with the orchestra as the saving vehicle, because of their glorious level and sound. But if tempi are sometimes slow, sometimes is somewhat fast, unfit in such moments like the Funeral March. Rather than spectacular, it was a conventional, accompaigning conducting instead, at least in this opera. He got a strong boo at the end. The chorus, however, was as glorious as usual, led by Eberhard Friedrich, specially the male voices in Act 2.

Irene Theorin sang a Brünnhilde which still sounds nicely, but her prime is largely past. Middle register is still beautiful, nice, but high notes start to be opened, and in Act 2 sometimes yelling. She saves the performance with her experience.

Clay Hilley, replacing Stephen Gould, was, however a great surprise. This young heldentenor has a, somewhat baritonal, somewhat youthful (in high notes and register specially) voice. Using, reserving his voice with intelligence, instead than wasting it as many tenors do, and his firm, well projected high notes make him one of the revelations of this season.

Albert Dohmen, is linked for the third time to a Bayreuth Ring: first as Wotan (in 2006-2010), later as Alberich (in 2015-2017), now he appears as Hagen. Not a proper role and tessitura for his fach, but his tone, his low register and his experienced singing and acting make him fit for the role, having a great success and being by far the best singer in this cast.

Michael Kupfer Radecky as Gunther was better acted than sung, but he sings well this role, despite not having the most beautiful voice. Elisabeth Teige is the best female voice with her beautifully sung, dark, dramatic-toned and rich-voiced Gutrune. Olafur Sigurdarson as Alberich seems a bit light-voiced for the part, but in his sinister scene in this opera, his singing is perfectly fit. Christa Mayer is a well sung and acted Waltraute, with that dark, somewhat contralto tone.

The rest of the cast sang in a good level, but more nice than breathtaking. Okka von der Damerau as the First Norn is more sweet than mystical despite singing well. Kelly God, on the other hand, gave a good rendition of the Third Norn. The beautiful and talented Stephanie Houtzeel reprises the role of Wellgunde after having sung it in the previous Bayreuth Ring, but the leading Rhinemaiden was Lea-ann Durbar as a shining Woglinde. We must mention the brave actors playing Grane and Siegfried's and Brünnhilde's daughte, because of all tricks the had to endure onstage.

As usual in Bayreuth, a big boo waited, from the complete audience, to the stage team, which had to receive in total quiteness a big disapproval. Schwarz seemed to have to keep a stiff upper lip, but his face was a complete poem. Meister and Theorin got also respective, strong boos. Ovations were for the orchestra, for Dohmen, Hilley and Mayer.

Bayreuth, as a werkstatt, an experimentation atelier, is a laboratory of staging trends, artistical and even political discussion for decades. In Germany, it is always in the national point of view every summer. Successful or not, Valentin Schwarz, Katharina Wagner, and even the booing audience have reached their goal: that we discuss about this production. And thanks to German television, the millions of people in the whole world can join this debate. Nothing could make Wagner happier. 

My reviews are not professional and express only my opinions. As a non English native speaker I apologise for any mistake.

Most of the photographs are from the internet and belong to its authors. My use of them is only cultural. If someone is uncomfortable with their use, just notify it to me.
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"A Netflix original series" is a logo property of Netflix, Inc®. All rights reserved to them.

domingo, 7 de agosto de 2022

Una perturbadora producción wagneriana de ¿Netflix? : El Ocaso de los Dioses desde Bayreuth.

Una vez más, me honra celebrar el quinto año de mi blog (aunque fue realmente hace casi dos semanas), comentando el Festival de Bayreuth, que llega vía streaming por las cadenas de televisión alemanas BR Klassik y 3sat, gracias a las cuales nos lleva la magia desde la colina verde, a los que no podemos desplazarnos hasta allí. Este año, se estrenan nuevas producciones de Tristán e Isolda y  El Anillo del Nibelungo. De la tetralogía, se televisa El Ocaso de los Dioses, aunque se espera que Deutsche Grammophon retransmita en streaming de pago todo el ciclo.

Prevista para 2020, esta Tetralogía tuvo que posponerse hasta este verano debido al Covid-19,  que cerró el Festival de Bayreuth por primera vez en 69 años. En 2021 reabrió el Festival, pero se decidió posponer el Anillo, en parte por las precauciones ante una situación aún no normalizada del todo, y por la enorme preparación y el gran capital humano que requiere, con un inmenso reparto al que hay que preparar. Por eso mismo pusieron en marcha una nueva, vibrante y a la vez violenta producción de El Holandés Errante a cargo de Dimitri Tcherniakov. No obstante, no ha sido un camino de rosas para la producción. Por enfermedad, el director musical previsto, Pietari Inkinen, ha sido sustituido por Cornelius Meister, quien ya ha cosechado buenas críticas en el Anillo actualmente en el repertorio de la Ópera de Stuttgart. Quien sí continúa al frente es el director de escena previsto, Valentin Schwarz, de tan solo 33 años, cuyo anuncio como regista de esta nueva producción fue toda una sensación, por totamente inesperada y por su juventud.



Schwarz, como hombre de su generación, se plantea esta epopeya como un drama familiar que puede encontrarse en cualquier serie de Netflix. Ayuda a pensar en ello el que el ciclo es una tetralogía, de cuatro óperas,  como si fueran cuatro entregas enormes de una serie, cuya duración es perfectamente análoga a dos o más temporadas de cualquier ficción de la famosa plataforma. A falta de ver el ciclo completo, el Ocaso que se ha emitido por la televisión alemana nos ha dejado el que posiblemente sea el más perturbador de los Ocasos que se hayan filmado nunca en la colina verde.  Ya durante las fotos que nos han llegado por Instagram, nos hacíamos a la idea de una estética propia de una serie de televisión, aunque también bastante manida, de señores con trajes y vaqueros con actitud libidinosa, empleadas, y señoras de extravagante figura, propias de series de la famosa plataforma como "Narcos" o incluso de películas de Tarantino. No mencionaré más series porque no he visto muchas, y las que he visto aquí pueden ser erróneas. Mi cultura de Netflix debe de ser inferior a la del señor Schwarz.

En el Ocaso de los Dioses, todo termina para dar un nuevo comienzo. Una oportunidad para el mundo, sin la ambición de dioses, nibelungos y corruptos humanos. Un mensaje de redención y esperanza explotado por el nacionalismo alemán hasta el racismo más perverso, y que hoy en día sigue siendo recurrente, para igualmente turbios propósitos. Por eso mismo, quizá Schwarz se adentra en las más oscuras, sórdidas emociones, conflictos, perversiones y psicologías para su visión de la obra. Y sin embargo, no queda claro el mensaje, a falta de ver el ciclo completo como se ha dicho. Habitualmente, la violencia contra los niños es algo que en el cine, la televisión, es algo que no queda más remedio que mostrar en ocasiones, porque desgraciadamente ha existido y existe en la vida real. Incluso en la ópera puede ocurrir a veces cuando el argumento lo menciona (como en la Medea de Reimann o la reciente Fire Shut up in My Bones en el Met, donde solamente se sugiere), pero cuando no lo hace, y sabemos que no lo hace, verlo de repente en una producción como esta resulta una experiencia lacerantemente perturbadora. 

El telón se abre para mostrarnos una casa amueblada, burguesa, con dos camas, en la que Brunilda le lee un cuento a su hija antes de dormir. Sigfrido se encuentra cerca, apesadumbrado. Cuando la niña se duerme y se queda sola, de su cama y de la de al lado emergen tres criaturas monstruosas, con una máscara y garras verdes, que son las Nornas. El dúo de Sigfrido y Brunilda es una discusión de separación más que uno de amor. El héroe va a abandonar el hogar familiar, y la valquiria se muestra enfadada, suplicante. Grane es un anciano mayordomo que acompaña a Sigfrido. Sobrecogedor ver a la niña abrazarse a su padre, pero no será la única desgracia que le acontecerá. El primer acto muestra un cómodo y moderno salón, con los Gibichungos como unos  estrafalarios, turbios nuevos ricos, con una foto de los tres de safari sobre una pobre y cazada cebra. Ya es habitual mostrar a Gunther como un niño malcriado, pero aquí se ve que es el más malvado de todos, no por perverso sino por estúpido. Llama la atención que lleve una camiseta en inglés con brillantinas que dice "¿Quién carajo es Grane?" Hagen parece más bien propenso a hacerle el trabajo sucio. Por primera vez se muestra un beso homoerótico en el Festival, con Gunther y Siegfried besándose en la boca para sellar su hermandad. Gutrune es una drogadicta que viste modelos llamativos y extravagantes. Grane el mayordomo aparece torturado al final de la primera escena. Waltraute aparece como una señora mayor deformada por las cirugías. Pero llama la atención cómo Brunilda la expulsa con Nothung, la espada que esta vez no se llevó el héroe. Cuando aparece Gunther (realmente Sigfrido), se toma el atrevimiento de amordazar y atar a una silla a la niña y de intentar someter a Brunilda con asfixia. 

En el segundo acto, Hagen aparece preparándose para boxear en solitario, en un escenario de lonas transparentes, donde reinan el vacío y la iluminación. Alberich aparece, atormentando a su hijo, y boxeando con él. ¿Una alusión a Rocky y su amigo Paulie? Cuando se va, aparecen Gutrune (vestida de cuero) y Sigfrido con su hija, esta última maltratada por la servidumbre, a la que luego deja a Hagen, quien aparte de Brunilda es quien más amable es con ella, y la protege cuando aparecen los Gibichungos vestidos con hábito negro y capuchas rojas con el rostro de Wotan, una mezcla entre el Emperador Palpatine de Star Wars  y Eyes Wide Shut de Kubrick. La escena central, el enfrentamiento entre Brunilda y los demás es quizá el de mayor tensión dramática, además de un alivio para su pobre hija, pues mamá ha llegado.

El tercer acto es quizá el de mayor impacto visual, y el único que merece la pena estéticamente, con la salvedad del salón del prólogo. Una piscina vacía, sucia, que alude a un fondo del Rin seco, en la que Sigfrido y su hija han ido a pescar algún pececillo, cosa que la niña consigue, mientras las tres hijas del Rin, de nuevo caracterizadas como prostitutas avejentadas, advierten al héroe de lo que le ocurrirá. Al fondo, un paisaje al atardecer, mientras el resto de personajes observan la acción desde el borde. Hagen mata a Sigfrido con un cuchillo. Tras una conmovedora escena de despedida entre él y su hija (el aria final de Sigfrido), la niña, al ver que no reacciona su padre, es acompañada amablemente por Hagen a salir de la piscina. Al final, las hijas del Rin ponen la máscara de Wotan a la niña, y esta muere fulminada. Brunilda canta su escena en la piscina junto al cadáver de su marido, mientras besa la cabeza decapitada de Hagen, y luego se tumba a su lado para esperar la muerte. El paisaje desaparece, es sustituido por unas luces fluorescentes, mientras que en la piscina se proyectan a dos fetos, incluido el cordón umbilical, abrazados. ¿Son los niños que traerán la esperanza a la humanidad? ¿O todo ha sido un experimento de laboratorio? ¿O alude al final de un serie, cuando los focos se apagan?

Pero si a muchos el montaje les decepcionó, tampoco les ha entusiasmado lo que se escuchó.

Cornelius Meister en el foso no ha logrado tampoco una lectura que eleve, sino más bien una rutinaria, que se vale del gran sonido de la Orquesta del Festival de Bayreuth para salir adelante. Pero si los tempi son habitualmente lentos, la espectacularidad raramente está presente, y en un momento tan clave como la Marcha Fúnebre, hay más rapidez y brusquedad que solemnidad y contundencia. Y de hecho, se llevó un sonoro abucheo, pero tampoco fue el único. Como siempre, el Coro dirigido por Eberhard Friedrich se lleva la palma, con sus geniales voces masculinas.

Irene Theorin como Brunilda, ya tira más de tablas que de capacidad vocal para sacar adelante al personaje. La voz suena uniforme, y si bien el centro sigue sonando bien, los agudos ya tienden al grito, como en el acto segundo donde hay un momento en que llegan a romperse.

Clay Hilley, sustituyendo a Stephen Gould, ha sido en cambio una agradable sorpresa. Este joven tenor tiene una voz de sonido agradable, heroica. Más ahorradora de medios vocales que tendente a dar voces, su tono ligeramente baritonal y con agudos firmes se corona como una de las revelaciones del festival.

Albert Dohmen, el Wotan de la antepasada producción y el Alberich de la anterior, vuelve a estar ligado al Anillo una vez más, ahora como Hagen. Sin ser un bajo profundo, se convierte en el indiscutible líder del reparto, con su oscura voz y su adecuada proyección que le permiten sacar un personaje que no le va en principio a su tesitura. Como actor, aún tiene presencia y autoridad pese a que la dirección de actores suaviza mucho al malvado personaje.

Michael Kupfer-Radecky como Gunther saca adelante al personaje, con una voz no precisamente bonita pero conveniente a lo odioso que lo hace este montaje. Elisabeth Teige fue la mejor voz femenina de la noche, con una Gutrune de voz contundente, oscura,  carnosa, pero también de dulce agudo.

Olafur Sigurdarson también  ha sido un estupendo Alberich, pero ligero para la parte, aunque en esta obra no afecta a su breve aparición. Christa Mayer ha cantado una Waltraute decente, con un bello timbre oscuro, de contralto, aunque no siempre rotundo. 

Del resto del reparto, las hijas del Rin y las Nornas dieron un nivel notable, pero tampoco sobresaliente. Okka von der Damerau fue una Primera Norna más dulce y encantadora (pese al horrible vestuario) que de ultratumba. Kelly God en cambio sí fue una estupenda Tercera Norna. Stephanie Houtzeel, la bella y gran mezzosoprano americana, repite como Wellgunde, tras el Anillo anterior, aunque esta vez de las hijas del Rin la palma se la lleva la debutante Lea-ann Durbar como Woglinde. Mención de honor para los actores que han tenido que interpretar a Grane y la hija de los protagonistas, por todas las canalladas que han aguantado en escena. Grandes intérpretes.

Como es habitual en Bayreuth, los abucheos han sido para la parte escénica, que ha tenido que soportar en silencio un abucheo unánime. Valentin Schwarz parecía aguantar el tipo porque no le quedaba más remedio, mientras que otros como Tcherniakov o Kosky los han aguantado mejor en otras ediciones. Tampoco se libraron Theorin ni el director Meister. La orquesta, como siempre, se llevó una sonora ovación, así como del elenco se lo llevaron Dohmen, Hilley y Mayer. 

Bayreuth es un lugar de experimentación desde hace décadas. Y en Alemania, un lugar de discusión nacional. Quizá por eso siempre atraiga atención. Haya tenido éxito o no, esta representación sí que ha logrado lo que quizá pretendían Schwarz, Katharina Wagner, y el público que protestó: que se hable de ella. Y gracias a la televisión alemana, el mundo entero puede participar de este debate una vez más. Nada podría hacer más feliz a Wagner.

Las fotografías no son de mi autoría, si alguien se muestra disconforme con la publicación  de cualquiera de ellas en este blog le pido que me lo haga saber inmediatamente. Cualquier reproducción de este texto necesita mi permiso.


sábado, 30 de julio de 2022

Lo que la guerra separe, que lo una la danza: El Lago de los Cisnes por el Ballet de Kiev.

Madrid, 29 de julio de 2022.

Este año parecía que no, pero al final sí, hay ballet en Madrid este verano. La interminable guerra de Ucrania, no solo ha diezmado vidas, ciudades y causado oleadas de refugiados, además de elevar el coste de vida en Occidente sino que también ha afectado a la vida cultural. El boicot a las instituciones rusas por parte de los principales teatros occidentales llevó, entre otros, a la cancelación de la actuación del Ballet Bolshoi de Moscú en el Teatro Real el pasado mayo. De ahí, que se pudiera pensar que las tradicionales temporadas de ballet clásico en la capital, habitualmente a cargo de compañías privadas rusas, se verían comprometidas. La mala imagen de la marca Rusia en este momento no parece propicia para compañías habituales de la ciudad (con muchos bailarines ucranianos en la plantilla pese a los nombres de las compañías) como el Ballet de San Petersburgo de Andrey Batalov o el Russian National Ballet de Sergei Radchenko. Sin embargo, las compañías privadas ucranianas han salido al rescate para el deleite de los madrileños, solidarios con su tragedia.


A varios de estos bailarines, la guerra les ha sorprendido de gira por Occidente, lo que también les ha supuesto apoyo por parte de  instituciones como la Ópera de París. En el caso que nos ocupa, el Ballet de Kiev está dirigido por Viktor IshchukAnna Sophia Scheller, bailarines principales del Ballet de la Ópera Nacional de Kiev, que se presenta en España por primera vez, con El Lago de los Cisnes, del gran Piotr Ilich Tchaikovsky, como presentación, ya que para las navidades llevarán El Cascanueces o Giselle, a varios teatros de nuestro país. Empezaron la semana pasada en el Teatre Tívoli de Barcelona, pero tuvieron que afrontar problemas, como la imposibilidad de algunos de sus bailarines masculinos de poder salir del país. 

Ahora llega al Teatro Coliseum de Madrid, donde habitualmente se representa el musical "Tina". No estoy muy convencido de la capacidad del Coliseum, pese a tener una sala moderna pero acogedora, para representar un ballet en condiciones, después de la decepción que me supuso ver un Cascanueces allí, hace cinco años. Pero en este caso, el espectáculo no salió tan mal como entonces. Nada más entrar, el amplio y negro escenario del Coliseum, que no permite poner la decoración verde boscosa que tuvo en Barcelona,  recibe al espectador con un telón negro al fondo, que dice "El Lago de los Cisnes, Ballet de Kiev". Como es habitual también en estas compañías, la música es grabada, pero no supone un problema, al menos para mí. Uno siempre se emociona con la música, pese a que en las introducciones parte del público suela hablar, sin valorar que la Obertura es tan famosa como el tema del cisne o el paso de cuatro. Escuchar el arpa en el segundo acto, o el final tan apoteósico, siempre resulta una maravilla, aunque venga de un altavoz. Los decorados son paisajes con una iluminación azul, mas un convencional salón real dibujado en el tercer acto, que se nos revelan tras el final de cada obertura.  La falta de un telón en el borde del escenario se resuelve con que tras el final feliz, se apagan súbitamente las luces, tras el último acorde, lo que refuerza la sensación que no puede haber nada más.

Una cosa que me gustó mucho, fue que el hermoso, también conocido y con frecuencia cortado en estas compañías, Andante con Moto, del famoso paso a seis, fuese incluido en la representación. Pero no como el primer baile del cisne negro, sino como obertura del acto cuarto, con el escenario a oscuras. Sin duda, era un efectivo momento de suspense que incrementaba la tensión tras la intensidad del acto anterior y el desenlace que estaba por llegar. Y luego ver a los cisnes entrar en la oscuridad para luego levantarse el telón y mostrar el azul intenso del lago. 

La pareja protagonista para estas funciones está formada por la jovencísima bailarina alemana Julianna Correia Dreyssig, de tan solo 17 años, en el rol de Odette/Odile , y por el ucraniano Ievgen Lagunov, miembro del Ballet de la Ópera de Budapest, en el rol del príncipe Sigfrido. Ambos vinieron acompañados por una treintena de bailarines, de los cuales el cuerpo de ballet ascendía a veinte, de los cuales los cisnes eran dieciséis.


Correia, a su joven edad, y a la que espera un futuro prometedor, sin duda se ha apuntado un éxito personal con su gran interpretación de Odette/Odile, deslumbrando al público con su agilidad, su técnica deslumbrante, su destreza en las complicadas escenas en el lago, su elegancia seductora como el cisne negro,y su sincronización con la música, que la hacen brillar en los actos segundo y tercero, en los que sus intervenciones fueron memorables.                                                                              

Lagunov como Sigfrido, se mostró un poco más discreto frente a la protagonista, pero supo salir airoso del reto de interpretar al héroe por antonomasia del ballet, especialmente en su danza final del acto primero y en la famosa coda del tercero. Lástima que el tamaño reducido del escenario le limitara en sus movimientos.

Me enerva mucho que en muchas de estas compañías no haya en el programa de mano una lista del reparto completo, pues creo que sin duda nos merecemos saber quién es quién. Aun así, el Rothbart, quien fuera, cumplió con su personaje, destacando sobre todo en su danza de introducción en el segundo acto. De quien sí pude adivinar quién era fue Kostiantyn Mayorov como Benno, el amigo de Sigfrido. Mayorov sí destacó en sus danzas del primer y tercer acto, además de tener un porte atlético impresionante, lo que le daba un mayor vigor en su interpretación, a la par que Sigfrido. Del resto del elenco, a destacar las cuatro solistas de la famosa danza de los pequeños cisnes, y los de la danza napolitana. 

Es una alegría volver a ver ballet en la capital, tras los obstáculos de la pandemia, y ahora de la invasión rusa de Ucrania, lo que le da un toque de empatía. Pero sobre todo, el que todos los veranos e inviernos haya una pequeña temporada de ballet en la capital española, pese a las limitaciones, especialmente de repertorio, pero que viene a cubrir el vacío por parte de las grandes instituciones culturales hacia algo tan valorado por el gran público como la danza clásica.

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martes, 19 de julio de 2022

ESP/ENG : Christian Gerhaher y Anna Lucia Richter cantan a Wolf en la Zarzuela.



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Madrid, 18 de julio de 2019.

Termina la temporada del Teatro de la Zarzuela con una cita imprescindible para los amantes del lied: el barítono Christian Gerhaher, uno de los liederistas más importantes de la actualidad, y la mezzosoprano Anna Lucia Richter interpretan en el Teatro de la Zarzuela uno de los ciclos de lied más famosos: Las Canciones Italianas de Hugo Wolf, o Italienisches Liederbuch, sobre poemas italianos traducidos por Paul Heyse, premio Nobel de literatura, al alemán. Al piano, les acompañaba el joven Ammiel Bushakevitz.

La semana pasada, Gerhaher y la soprano Julia Kleiter dieron un recital del Ciclo de canciones españolas. Ahora es el turno de las italianas. Hugo Wolf es uno de los más grandes compositores de lied. En el momento de componer este ciclo, las creaciones miraban hacia el exótico sur, después de tomar a la mitología nórdica como referente. Las canciones italianas hablan del amor, de la guerra, de la muerte, incluso tienen momentos cómicos como la parte final de la segunda parte. La belleza del lied, en la que piano y voz se complementan para crear algo mágico, que da rienda suelta a las emociones, es algo que abunda en este ciclo.


Gerhaher tiene una voz de barítono clara, ligera. Ciertamente conoce este repertorio y es expresivo, capaz de cantar en piano, como susurrando la canción al oído del espectador, aunque también es capaz de sacar todo el volumen posible y llegar generosamente a la sala, pasando de un registro a otro como en Selig ihr Blinden, die ihr nicht zu schauen, uno de los mejores momentos de la noche. La segunda parte fue sin duda la mejor, donde pudo sacar todas sus posibilidades vocales, como en la bella Benedeit die sel’ge Mutter, que abordó desde un piano fabuloso. En las canciones finales, las más jocosas y ácidas, sacó a relucir su caudal vocal.

Richter en cambio posee una enorme, bella y rica voz. Esta soprano que ahora es mezzosoprano, interpretó todas sus canciones con su potente volumen, sus agudos  increíbles y su grave que suena como gélido, además de su exquisitez en el canto, y también su vis cómica en las canciones más divertidas. Una agradable sorpresa para quien no la haya visto en su concierto de 2020 en este mismo teatro. 

Bushakevitz acompañó a los artistas, mimando sus voces en todo momento, aunque también pudo destacar, especialmente en las canciones más lentas, donde con sus tempos más pausados recreaba el ambiente íntimo y de belleza de las composiciones, aunque también supo agilizar en las más divertidas.

Termina así el XXIII Ciclo de Lied, así como la Temporada 2021-2022 del Teatro de la Zarzuela, que varias alegrías nos ha traído, y que sigue conquistando al público por su variada, interesante y asequible programación. Qué bien que lo haya hecho con la belleza de la música de Wolf.



Christian Gerhaher and Anna Lucia Richter sing Wolf at the Teatro de la Zarzuela.

Madrid, July 18, 2022.

The 28th Lied Cycle at the Teatro de la Zarzuela has concluded tonight with one of the major pieces in German lied: Hugo Wolf's Italian Song Book, sung by a major liederist, the German baritone Christian Gerhaher and the young mezzo-soprano Anna Lucia Richter, both accompanied by Ammiel Bushakevitz at the piano. 

This work puts music to a collection of Italian poems translated into German by Paul Heyse, 1910 Nobel Literature prize. These songs talk about love, death, war, and also comical situations. Last week, Gerhaher and Julia Kleiter sang Wolf's Spanish Song Book. Now, he returns with the Italian cycle complete. 

Gerhaher is a baritone with a light-toned voice, like humming to the listener's ear,  but also able to extract the most powerful volume and an impressive low voice. He was able to pass from one register to another in songs like Selig ihr Blinden, die ihr nicht zu schauen, one of the best moments in the night. In the second part he reached his peak, giving a beautiful rendition of Benedeit die sel’ge Mutter, singing from a piano line who had a beautiful effect. In the comical songs he raised the volume and voice to sound funnier.

Richter was a true surprise, to all of us who didn't attend her Madrid debut liederabend in 2020. Hers is a beautiful, rich, and volume generous voice. This young mezzo-soprano has beautiful high notes, also remarkable low voice and a great sense of humor in the comical songs. 

Bushakevitz accompaigned well and taking care of the singers' voices. In the most quiet, intimate songs he used slow tempi to recreate in their beauty and also to help the singers to also recreate the typical magic of lied, when voices and piano merge into a rich, introspective and charming music world.

And so concludes the 2022-2023 season at the Teatro de la Zarzuela, which so many joy has brought this year to the fans of this genre, with unforgettable productions of titles such as La Tabernera del Puerto or El Barberillo de Lavapiés, apart from the long-awaited and very successful Lisette Oropesa's debut in this genre with an unforgettable concert. After the ecstasy last night with Domingo's concert, its a joy to finish the vocal season with the beauty of Wolf's music, served by such accomplished singers.



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lunes, 18 de julio de 2022

Plácido Domingo returns home: moving comeback to the Teatro Real with Sonya Yoncheva.


Madrid, July 17, 2022.

In June 2019, Plácido Domingo gave a concert at the Catedral de la Almudena in Madrid, and after the end of the recital, a walkabout waited for him, the most beloved opera singer worldwide, an opera star who was let to do whatever he wanted: to continue his career singing baritone roles, to much acclaim, or even conducting at Bayreuth Festival. A true living legend. However, something happened in August 2019: a group of women in the United States (where he established his worldwide legend status) accused him of sexual harassment and abuse of power. Inmediately, not only the scandal began but also the MeToo movement (which  took to the court with solid proofs, and deservedly, to several show business moguls accused of atrocious sexual charges) fell upon him with all its fury, as well as the cancellation culture. At the beginning, Domingo apologised for any disturbance, stating that the parameters in which we today analyse relationships weren't the same than in the past, and later he denied firmly any accusation.

Even when American opera houses ran investigations, Domingo wasn't charged and there were neither formal accusations nor a trial. But his U.S. career met with an abrupt end, as every American theatre canceled their collaborations and scheduled performances with him. However, not everyone neglected him: his opera colleagues defended him publicily, among them several female singers, as well as his legions of fans worldwide, the "dominguistas".

His 50-year Met career ended shortly before the premiere of a new Macbeth production. In his native Spain, the Ministry of Culture cancelled a performance at the Teatro de la Zarzuela, and Domingo himself retired from the Traviata production set for May/July 2020 at the Teatro Real. Meanwhile, the Covid-19 pandemic spread all over the world, and Domingo himself got the virus. 

After the big lockdown, he resumed his career at the Bolshoi Theatre in Moscow, and then came Vienna, Verona, Paris (not the ONP, though, but the Salle Gaveau), Munich, and future New stages to come like Paraguay and Bolivia. In June 2021, he returned to Spain, but at the Auditorio Nacional in Madrid, where he was received with a long and loud ovation. Such success raised outrage in the Spanish Ministry of Equality, whose minister protested about it in Twitter, as well as other female political figures, the same ones who lobbied to cancel the accompaigning orchestra in Mérida, Extremadura.

But he, and we his fandom, lacked the Teatro Real, the opera house in his birthplace Madrid, where he reigned until 2019, being its leading star for 22 years, since its re-opening in 1997. Today, he has returned. Nevertheless, he hasn't done in the official schedule, but in the Universal Music Festival, held by the Teatro Real every summer,  for pop stars such as Elton John, Joan Baez, or the pianist James Rhodes. Indeed, Anna Netrebko's next recital on July 25 will be featured in this festival, after being postponed last September.

He returns alongside the famous soprano Sonya Yoncheva, and the Teatro Real Orchestra, conducted by Jordi Bernàcer.

Part One

Sinfonía - La forza del destino, Giuseppe Verdi - Orquesta Titular del Teatro Real

Nemico della patria - Andrea Chénier, Umberto Giordano - Plácido Domingo

Pace! Pace, mio Dio! - La forza del destino, Giuseppe Verdi - Sonya Yoncheva

Perfidi… Pietà, rispetto, amore…Macbeth, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo

Sinfonía - Luisa Miller, Giuseppe Verdi - Orquesta Titular del Teatro Real

Madamigella Valery? - La traviata, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo and Sonya Yoncheva

Part Two

Pleurez pleurez, mes yeux - Le Cid, Jules Massenet - Sonya Yoncheva

O vin, dissipe la tristesse - Hamlet, Ambroise Thomas - Plácido Domingo 

Méditation - Thaïs, Jules Massenet - Orquesta Titular del Teatro Real

Ciel! Mio padre! - Aida, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo and Sonya Yoncheva

Encores:

Petenera, from "La Marchenera", Federico Moreno Torroba - Sonya Yoncheva

Amor, vida de mi vida, from "Maravilla", Federico Moreno Torroba - Plácido Domingo

Torero quiero ser from "El Gato Montés", Manuel Penella - Plácido Domingo and Sonya Yoncheva



Aged 81, Plácido Domingo is still very active on stage.  However, the voice is not the same, because of age, the Covid and for sure the scandal. One of the keys of keeping himself for a long time and to a great success, has been the fact that Domingo has kept, administrated his voice with much intelligence, adequating it to what he could sing at every moment. That is why he could have preserved such beautiful, powerful and vigorous voice. In addition, his undeniable charisma and amazing presence on stage, his sense of drama, have always helped in this success. When appearing on stage, he was received with a 2-minute ovation, which could have lasted longer if he hadn't made a gesture to begin the concert.

Now with an unstable legato, Domingo uses his still remaining beautiful notes and tone to ensure his usual level. For example, in the amazing first line, "Nemico della patria" he still sounds as the old Domingo, the tenor who has delighted us for decades, but in other cases volume is not enough. I was surprised that the "Pietà, rispetto" has been transposed to adequate into his current vocal state, but he could still show some power in the final line "la nenia tua sarà". In the Aida duet he wasn't as enough as Yoncheva, despite an amazing singing in "dei faraoni tu sei la schiava". In the encores, which were zarzuela and Spanish opera, he won over the audience with a devotion, a command of the style which helped any vocal limitation. When singing, Amor, vida de mi vida, the audience was enraptured, as well as amused, delighted in the duet from El Gato Montés. 

Yoncheva had a personal success too. Her beautifully dark-toned voice, high notes and pianissimos, as well as her big volume, dazzled the audience too, despite some nasal vibrato in the Pace, Pace mio dio. In the Aida and Traviata duets, she did shine with her singing, specially the pianisssimo in "Dite alla giovine". In the aria from Le Cid, she gave a remarkable performance. The first encore, was the romanza "Petenera" from Maravilla, a zarzuela by Moreno Torroba, which she already sang marvellously last year at the Teatro de la Zarzuela, showing how she commands this genre.

The Teatro Real Orchestra conducted by Jordi Bernàcer fulfilled its commitment to accompaign the singers, but it was noticeable that the maestro Bernacer chose slow tempi, which favorised the violin in the Thais Meditation and the Overture from La Forza.

At the end, the audience gave a strong ovation to Domingo, despite the tickets weren't sold out, maybe because of the prices and the absence of cultural authorities. Domingo was moved and the applause was long. He has returned after three years which must have seemed him like eternities, because of Covid and the scandal. Two things are clear: Domingo needs the stage to live. The other one is that his name is part of the operatic history in the second half of 20th Century, and the operatic mainstream cannot be understood without his presence, despite some important venues efforts to forget it.  Whatever the difficulties he could confront, whatever hus conduct or misconduct could be, whenever we listen to a modern, digital Don José, Otello, Radamès or zarzuela, Domingo is always there, and will always be, that is the legacy of an artist.  


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El regreso de Plácido Domingo a su teatro: entrañable concierto en el Teatro Real con Sonya Yoncheva.


Madrid, 17 de julio de 2022.

En junio de 2019, Plácido Domingo se daba un baño de multitudes en la Catedral de la Almudena. El cantante de ópera más famoso y posiblemente el más admirado del planeta. Un artista que despertaba en España una admiración y respeto casi unánime entre muchos españoles, cosa rara en un país dado a politizar a sus celebridades. Un artista que en un escenario pudiera hacer cuanto quisiera, que contaba con no pocos aplausos: desde interpretar roles de barítono, con la misma pasión de siempre, hasta dirigir la orquesta del Festival de Bayreuth, reservada para los grandes de la dirección de orquesta. De repente, unos meses más tarde, en agosto de ese mismo año, un grupo de mujeres en Estados Unidos acusó a Domingo de acoso sexual y abuso de poder. No fue acusado formalmente ante un tribunal, no hubo juicio, pero sobre el tenor español cayó no solo la furia del movimiento Me Too (que en Estados Unidos había hecho caer a peces gordos del mundo del espectáculo, esta vez sí con pruebas y juicios) sino también la de la cancelación, sin considerar la presunción de inocencia. Domingo en un principio se disculpó por el daño posiblemente hecho, aunque aseguró no haber acosado a nadie. Luego, negó toda acusación. No obstante, también tuvo muchos apoyos, no solo de su legión de admiradores, los llamados dominguistas, sino también de sus colegas de profesión, con muchas mujeres entre ellos. 
Sin embargo, las puertas se cerraron no solo en Estados Unidos, el país que le convirtió en un dios de la lírica, sino también en España, ya que el Ministerio de Cultura le canceló una función en el Teatro de la Zarzuela, y él mismo se retiró de sus funciones previstas en La Traviata para el año 2020. Entre tanto, la pandemia del Covid-19 llegó y cerró los teatros y toda la vida social. Domingo, para colmo de males, enfermó de Coronavirus. Tras el parón pandémico, Domingo retomó su carrera. Primero en en el Bolshoi de Moscú, luego en Viena, y después vinieron Verona, Múnich, París, Buenos Aires, además de nuevos escenarios en Europa del Este, y finalmente, en junio de 2021 volvió a su Madrid natal. Una ovación de ocho minutos le recibió en el Auditorio Nacional, en una gala benéfica. Un éxito que disgustó a la ministra de Igualdad, y a otras damas de la izquierda política española. Sus admiradores, que aún se cuentan por cientos de miles, millones, en el mundo, nunca le dieron la espalda. Sin embargo, faltaba volver al escenario donde era el rey absoluto hasta 2019: el Teatro Real de Madrid. Este regreso se ha dado, pero no en la programación de abono, sino en el marco del Universal Music Festival, organizado por el Real para estrellas del pop. 


Junto a él, la Orquesta Sinfónica del Teatro Real dirigida por Jordi Bernàcer, y la famosa soprano Sonya Yoncheva.  

El programa, fue el siguiente:

Primera parte

Sinfonía - La forza del destino, Giuseppe Verdi - Orquesta Titular del Teatro Real
Nemico della patria - Andrea Chénier, Umberto Giordano - Plácido Domingo
Pace! Pace, mio Dio! - La forza del destino, Giuseppe Verdi - Sonya Yoncheva
Perfidi… Pietà, rispetto, amore…Macbeth, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo
Sinfonía - Luisa Miller, Giuseppe Verdi - Orquesta Titular del Teatro Real
Madamigella Valery? - La traviata, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo y Sonya Yoncheva

Segunda parte

Pleurez pleurez, mes yeux - Le Cid, Jules Massenet - Sonya Yoncheva
O vin, dissipe la tristesse - Hamlet, Ambroise Thomas - Plácido Domingo 
Méditation - Thaïs, Jules Massenet - Orquesta Titular del Teatro Real
Ciel! Mio padre! - Aida, Giuseppe Verdi - Plácido Domingo y Sonya Yoncheva

Propinas:
Petenera - La Marchenera, Federico Moreno Torroba - Sonya Yoncheva
Amor, vida de mi vida - Maravilla, Federico Moreno Torroba - Plácido Domingo
Torero quiero ser - El gato montés, Manuel Penella - Plácido Domingo y Sonya Yoncheva



A sus 81 años, Plácido Domingo sigue estando en activo en los escenarios. Ello no quiere decir que la voz no haya acusado cada vez más desgaste en los últimos tiempos, tanto por la edad, el Covid, y el escándalo. A lo largo de su gloriosa carrera, Domingo ha sabido administrar su bella, vigorosa, potente voz de forma inteligente y adecuarla a lo que los medios le permitían con el transcurso del tiempo, lo que ha hecho que la magia de verle, oírle, haya durado tanto tiempo. Además, tiene el innegable carisma y entrega propios de un animal escénico. A su entrada, el público se puso en pie y aplaudió. Esta ovación habría durado más si no hubiera sido porque el propio Domingo hizo un gesto para empezar. 


Ya sin un legato estable, Domingo aprovecha las notas, los agudos y el timbre que le quedan para recordarnos la gloria con la que hemos crecido.  Hay momentos en los que parece que todo sigue tan bien como siempre, esa forma de abordar la tremenda frase "Nemico della patria", pero en otros, el volumen a veces no le acompaña. Me llama la atención que hayan bajado el tono en "Pietà, rispetto", del Macbeth que ha cantado en los últimos años en todo el mundo, incluido en Madrid, hace cinco años, pero aún  queda pasión, garra escénica en frases como "La nenia tua sarà". En el dúo de Traviata y en el de Aida, aun dándolo todo, a veces me parecía que recurría  al parlato, aunque luego remontaba con frases como "dei faraoni tu sei la schiava". Las propinas fueron otro cantar. Domingo ha sido uno de los embajadores de la zarzuela, cantándola en todas partes. Y fue aquí donde conquistó a su público. Primero con Amor, vida de mi vida, donde cantó con su habitual fuerza y gallardía, y luego en el dúo final "Torero quiero ser", a dúo con Yoncheva, donde conquistó con su gracejo y sus movimientos en escena, además de con un canto entregadísimo. 


Yoncheva se apuntó un éxito personal. La diva búlgara deleitó una vez más al Real con su potente voz, su tono oscuro y su gusto para el canto, además de unos bellos pianissimi. Desde el dúo de Traviata, donde conmovió al público en el Dite alla giovine, pasando por una verdaderamente gloriosa segunda parte para ella, empezando con una bellísima interpretación del aria Pleurez mes yeux, y luego en el dúo Ciel, mio padre, donde deslumbró con su dramatismo y su agudo deslumbrante.  En las propinas, empezó con una interpretación de "Petenera" de la Marchenera, con la que ya conquistó al público del Teatro de la Zarzuela el año pasado, pero aún mejor estuvo en el dúo final con Domingo.

La Orquesta del Teatro Real dirigida por Bernàcer, cumplió con su cometido de acompañar a los solistas, si bien el director de orquesta optó por unos tempi lentos en los momentos orquestales. En la obertura de la Forza del Destino el viento estuvo a su buen nivel habitual, aunque no tanto los metales. El mejor momento orquestal sin duda fue la Meditación de Thais de Massenet, donde como era de esperarse, el primer violín se llevó una sonora ovación.



Al final, el público obsequió con una gran ovación a Domingo, quien debería de haber vuelto en la programación oficial y no fuera de la misma. Un público que no ha dado la espalda al tenor, pese a que no llenaba la sala, quizá por los altos precios de las localidades. Plácido Domingo vuelve a su teatro, a su público, tras unos tres años que le deben de haber parecido tres eternidades, por todo lo que ha tenido que enfrentar, y también por cómo ha cambiado la vida lírica y la vida de todos tras esta pandemia. Nadie sabe si la carrera de Domingo vuelva a ser la que era antes de lo sucedido, aunque también el estado vocal es importante a la hora de decidir ese futuro. Pero sí hay una cosa fuera de toda duda. Bueno, dos. La primera, que necesita a la escena y a su público como el aire. Y que una vez que se haya retirado, cualesquiera que sean las adversidades que le pudieran haber sobrevenido, y cualquier conducta que pudiera haber tenido en su vida, el nombre de Plácido Domingo está escrito con letras de oro en la historia de la lírica de la segunda mitad del siglo XX. Y esta, por mucho que ahora algunos teatros importantes quieran olvidarlo, no se entiende sin su presencia. Ni tampoco buena parte del mundo lírico de hoy. Su arte le sobrevivirá, y cada vez que oigamos un Radamés, un Otello, un Don José, un Cavaradossi, o grabaciones de zarzuela, él y su poderosa voz siempre estarán presentes. Ese es el legado de los grandes artistas.


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